Xtories

El apartamento de la playa 4

El timbre suena justo cuando ella termina. Javier no le da opción: tiene que atender al repartidor, desnuda, sucia y oliente a sexo. La humillación es total, pero el placer, también.

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4.

Ante la atenta mirada de los otros dos, que bebían directamente cada uno de su lata de cerveza, acomodados en el sofá, vieron salir a Pablo arrastrando los pies, totalmente desnudo y sonriendo tontamente.

- ¡Coño, Javier! Esta es mejor que la puta de su madre – dijo en voz baja para que no la oyera Silvia desde la habitación. Cogió una cerveza, dio un buen trago y eructó ruidosamente. – Me ha dejado totalmente seco.

- Si, ya vemos que te ha dejado la polla como un cacahuete – Marcos palmeó la mano de Javier mientras veían a Silvia apoyada en el umbral de la puerta de la habitación.

La chica los observaba con una sonrisa bobalicona. Se la veía como una diosa salvaje. Una amazona con su melena salvaje tapándole parte de sus pechos. Se dirigió a ellos, cogió la lata de Javier y levantó la cabeza tragando el resto de lata, tensando sus pechos con el movimiento, viendo embelesados el movimiento de su garganta tragando. Eructó satisfecha y dejó la lata en la mesita sin doblar las piernas y dejando sus tiernos pechos colgando.

- Me voy a la ducha – les dijo.

La mano de Javier le agarró la muñeca y vio como negaba con la cabeza.

- Las cerdas como tú no se bañan. No pongas esa cara. Nos gustas así, oliendo a hembra en celo. Siéntate a mi lado y descansa un rato.

Hizo ademán de sentarse en el brazo del sofá, pero de nuevo la cabeza de Javier negó ante la mirada divertida de sus dos amigos. Señaló el suelo y cogió otra lata de la mesita abriéndola con un chasquido.

Silvia entendió perfectamente su lugar y excitada les siguió el juego. Se puso de rodillas al lado de su macho mientras este bebía un trago de su lata y acariciaba tiernamente su cabeza, hablando de cosas triviales con sus amigos como si ella no estuviera allí.

Los miraba extasiada, con el sexo pringoso de la corrida de Pablo. Sentía la mano de Javier masajeando su cabeza y cerró los ojos disfrutando del momento. Jamás pensó que estaría en esa situación y el morbo superior a sus fuerzas.

- Ven – Le dijo Javier un rato después

Se levantó y se sentó en su muslo desnudo. A través del bañador se notaba su bulto y el prepucio que salía por encima de la goma de este. Una mano aprisionó su pecho y lo masajeó suavemente alternándolo con pequeños apretones en su pezón, endureciéndolo. Miro a los otros dos, Pablo totalmente espatarrado con su enorme barriga desparramada y la polla morcillona descansando en su muslo y Marcos mirándola lascivamente, con la mano dentro del bañador ajustándose su largo miembro.

Silvia se relamió y busco con su boca la de Javier fundiéndose en un beso donde se encontraron las lenguas e intercambiaron saliva.

- Joder cerca, como me pones – La mano abandonó su pecho y agarró el cachete del culo atrayéndola a él.

En ese momento llamaron al timbre del apartamento y la miró fijamente.

- Vamos, no hagas tardar al chico de la comida. Se buena con él y pone el trapito que no vea lo puta que eres – Las risas de los tres maduros acompañaron a Silvia mientras se dirigía a la puerta del apartamento, sabiéndose aún más zorra con ese vestidito de ganchillo que aún provocaba más en su cuerpo desnudo.

Abrió la puerta para encontrarse con un chico obeso, con el casco mal puesto sobre la cabeza y sudando a mares. Los manchurrones en los sobacos se extendían por la camiseta y los pantalones cortos le caían mostrando la cinturilla de los calzoncillos cada vez que los levantaba sobre su prominente barriga.

Se quedaron unos instantes mirándose, ella sonriendo, mostrando su cuerpo a pesar de la repulsión que le provocaba el chico allí plantado, y éste con un par de bolsas llenas de tuppers de comida en una mano y el datáfono en la otra, mirándole lujuriosamente lo menudos pechos a través del vestidito de rejilla y relamiéndose los labios.

El chico sonrió mirándola descaradamente mientras le entregaba las bolsas. Silvia las cogió sin apartarle la mirada, sonriéndole, asimismo.

Dejó las bolsas en el suelo y cogió el tique que le entregaba en una mano regordeta de dedos gruesos y uñas negras, dándose cuenta de que no llevaba nada más que lo puesto encima. Se dio la vuelta corriendo pasillo abajo, adentrándose en el apartamento, donde se encontraban los tres maduros, dejando una vista espectacular de su culo bamboleándose a cada paso que daba en la carrera.

Los tres maduros la esperaban con una media sonrisa en la boca.

- ¿Y la comida? No me digas que has dejado al pobre chico en la puerta. ¿Hay algún problema? – La sonrisa de Javier era ya perfectamente abierta, al igual que la de sus dos amigos que miraban la escena con ganas de divertirse.

Silvia apartó el enorme sombre de paja y cogió el bolso que había en el suelo rebuscando en su interior cayendo en la cuenta de que sólo había cogido la crema y las llaves de su apartamento. Sacó las dos cosas junto a las gafas y se quedó mirando a los tres hombres con cara compungida.

- Te… tengo que ir a casa. Esta mañana me he olvidado de coger la cartera y no tengo con que pagarle

- Vamos mujer. ¿No me dirás que no tienes con que pagarle la comida al pobre chico? ¿Quizás con una comida tuya? ¿O algo más? – Levantó la mano señalándola de arriba abajo – Será que no tienes armas para cubrir los gastos o agujeros para que los rellene y vea que tienes un buen gesto con él con el trabajo que debe tener a estas horas. Ve y a ver qué haces y en un ratito voy a pagarle yo… pero recuerda que tienes que devolverme el pago.

Se sintió muy puta en ese momento. Dejó las cosas en el bolso y se dirigió a la puerta. El chico tenía el casco de la motocicleta en el suelo y se palpaba sin disimulo el paquete que se marcaba en los finos pantalones cortos. Se relamía mientras veía como se acercaba, mostrando sus pezones endurecidos a través de las rejillas de su vestidito.

- Ya he oído a Don Javier. ¿Eres su nueva puta? La anterior es de su edad, pero mama de muerte, aunque de ti prefiero una buena paja zorra. Hueles fatal desde aquí. No quiero ni tocarte. A ver qué sabes hacer.

Silvia se sintió excitada con las palabras. Si era cierto que no se había duchado desde de que había salido del agua y el sudor y el semen seco de la follada anterior impregnaban su cuerpo.

Vio como el chico se desabrochaba los pantalones y se los bajaba junto a unos calzoncillos sucios. Era una polla normalilla, llena de pelos alrededor. Sintió como le cogía la muñeca y llevaba su mano al endurecido miembro.

La palma recogía todo el tronco. Retiro el pellejo y apareció un glande sonrosado. Lentamente cerró los dedos alrededor y empezó una paja lenta mientras las manos recorrían su cuerpo, levantando el vestido y masajeando sin contemplaciones su culo.

- Joder puta que bien lo haces. Dale más rápido que aún tengo repartos que hacer. Lástima no tener más tiempo.

En ese momento apareció Javier con cincuenta euros en la mano y se los tendió al chaval indiferente al movimiento del brazo de la joven ni del chapoteo que se oía.

- Coño, Alberto. Cuanto tiempo sin verte. Se te ve bien jajaja

Alberto sonrió tontamente recogiendo el dinero, resoplando.

- Esta sí que es joven Sr. Javier ¿La ha cambiado por la otra? Vamos coño, acelera que se me hace tarde.

Silvia aceleró el ritmo de la paja, apretando la polla mientras aceleraba el ritmo y masajeando fuerte la bolsa peluda del chico. La mano de Javier apareció con un botecito redondo de plástico y se lo dio.

- Que caiga todo aquí que lo guardaremos para después. Vas a ser la más cerda del lugar. Nos vemos Alberto. Hasta la próxima.

Alberto cogió fuerte los pezones de Silvia y los apretó mientras su polla palpitaba. Esta sintió el dolor y más excitada aún, puso el bote en diagonal a la polla y vio como tres trallazos de semen impactaban en el mismo llenándolo bastante.

El cuerpo del chico se estremeció cuando la mano de ella recorrió todo el prepucio recogiendo los restos llevándosela la boca, limpiándose la palma y los dedos uno a uno ante la estupefacción del chaval.

- Joder, pero que cerda estas hecha. A ver si tengo suerte y Don Javier me deja catarte.

Se subió rápido los calzoncillos y pantalones, recogió el casco y se fue sin despedirse.

Silvia se apoyó en el portal relamiéndose los dedos y preguntándose una vez más en que juego había entrado. Puso la tapa en el bote, cogió las bolsas con la mano limpia y cerró la puerta.

Los tres maduros la esperaban en el comedor sonrientes, satisfechos de la puta con la que se habían topado. Ninguno de los tres llevaba bañador y lucían sus pollas al aire. Aun relamiéndose y fantaseando con la tarde que se avecinaba.

Javier la miró sobándose la polla con mirada lasciva sorbiendo de la lata de cerveza que sostenía en la mano libre.

- Estas hecha toda una zorra. Quién hubiera dicho que la niña, la adolescente, la mujer que tengo ante mi guardaba toda esa lujuria dentro de sí. Tienes 5 minutos para ducharte y quitarte toda la porquería de encima. 5 minutos para ducharte, no para tocarte que, seguro que te mueres de ganas de correrte de nuevo y de eso ya nos encargaremos nosotros, ¿verdad chicos?

Rieron la gracia y al ver que miraba el reloj y después a ella, se dirigió rápido a la ducha y se metió bajo el agua fría lo que provocó que se endurecieran aún más, si se podía, los pezones, ocasionándole un dolor que aún la excitó más, si era posible.

El jabón pasó rápidamente por su mano, enfundada en un guante de baño, restregándose bien los pechos, las axilas, el coño y el culo y aclarándose después con el agua fría. A pesar del calor reinante, al cerrar el grifo, un escalofrío le recorrió el cuerpo desnudo. Se secó rápidamente como pudo, y medio húmeda, salió tal cual al comedor donde los tres maduros charlaban entre ellos ajenos a su presencia.

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