El apartamento de la playa 3
El sol se pone y el apartamento se llena de sudor y deseo prohibido. Tres hombres maduros ya han marcado su cuerpo, pero la noche apenas comienza. ¿Está lista para perder el control y convertirse en su juguete favorito?
3.
Agotada se durmió totalmente cachonda y excitada, siendo sobada por los tres maduros que no dejaron un solo centímetro de su cuerpo sin esparcir de crema, por el cansancio de la carrera mañanera y los juegos con aquellos sementales y el bestial orgasmo al que la habían llevado.
Se despertó entre hormigueos, gimiendo. Notó dos lenguas y dos bocas húmedas, dientes traviesos jugando con sus pezones, mordiéndolos, chupándolos como si no hubiera un mañana, estirándolos con los dientes, provocándole dolor y placer a la vez mientras sus manos se posaban en las cabezas de sus dos pervertidos viejos.
Los labios de su coño y el mismo coño, su clítoris, eran atacados por un tercer atacante que le arrancaba oleadas de placer. Flexionó las piernas y levantó el culo lo suficiente para que las callosas manos de quien fuera que estuviera en sus bajos las colocara debajo de su culo y pudiera acceder con más facilidad a sus orificios.
La lengua, al ver pista libre, se dirigió a su culo y el lametazo fue desde el agujero de su ano, que se contrajo al contacto con la punta de la lengua recorriendo esta su perineo y la raja completa provocando un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo.
Un “joder” salió de sus labios. Se los humedeció con la lengua. Los tenía resecos. Una mano agarro su pecho apretándolo fuertemente mientras una boca se fusionaba a la suya entremezclando las lenguas. Abrió los ojos y vio la cara lujuriosa de Marcos sonriéndola mientras su mano agarraba sus mejillas y se las apretaba con sus arrugados dedos, entreabriendo su boca, mientras observaba como un largo y espeso rio de saliva salía de sus agrietados labios para entrar en la suya propia.
Le cerró la boca con la mano, y un “traga” llegó a sus oídos. Tragó mientras oleadas de placer la recorrían. Sentía como un orgasmo la recorría y apretó con sus manos la cabeza que le comía el coño y lo atrajo hacía el mismo mientras cerraba las piernas aprisionándola. Arqueó la espalda mientras su cuerpo se estremecía de placer. Duró unos segundos interminables y se dejó caer sobre la toalla respirando afanosamente.
Su pecho subía y bajaba intentando relajarse. Las caricias habían desaparecido. Abrió los ojos y les vio de rodillas delante de ella, tocándose las pollas endurecidas.
- Joder cabrones. Vais a acabar conmigo – Se quitó las gafas y se incorporó sobre los codos mirándoles con una gran sonrisa en los labios – Quiero esas pollas dentro.
Los tres maduros rieron. Sus miradas eran la de tres perfectos viejos salidos que sabían que tenían entre manos a una ninfómana de primera.
Javier, con la mano pringada de sus propios jugos llevó dos dedos a su boca que no perdió tiempo en abrir y tragar lo que le ofrecía.
- Vamos al agua a bajarnos esto y nos vamos al apartamento que estaremos más tranquilos y podremos disfrutar del pedazo de puta que estas hecha. Tú ponte ese vestidito sin nada debajo y no te limpies. Las zorras como tu tienen que desprender el olor de lo que están hechas.
Silvia los vio marchar hacia el agua. Uno gordo, otro escuálido y su vecino con sus anchas espaldas, su culo duro y prieto y sus piernas moviéndose rápidas hacia el agua.
Llevó su mano a su coño y lo sintió irritado por la comida y la posterior corrida. Se levantó y, tal y como le había ordenado, se echó por encima el vestido de ganchillo, viendo como volvían del agua con las pollas en reposo, goteando agua y como su propio coño volvía a excitarse por tal visión.
Se pusieron los bañadores y recogieron las escasas pertenencias. La cuesta fue un sinfín de manos que la sobaron, comportándose de camino al apartamento por la gente que pasaba. A pesar de su desnudez, poquísima de la escasa gente con la que se cruzaron, intuyo que iba totalmente desnuda bajo ese escueto vestido.
Mientras subían las escaleras del edificio, Javier aprovechó para pedir comida a domicilio a un restaurante chino cercano a la urbanización. Pasaron por delante de la puerta del apartamento de Silvia y apenas dieron una decena de pasos hasta llegar a la de Javier.
El pasillo en el que se encontraban delimitado por una barandilla de largo a largo que daba paso a un espectacular bosque de pinos, encontrándose las vista al mar al otro lado del edificio.
Las manos de Marcos y Pablo no cesaban de recorrer su cuerpo sacándole gemidos de placer mientras las suyas propias recorrían los abultados bañadores. Javier los miró riendo, menando la cabeza mientras abría la puerta de su apartamento y los hacía pasar.
Las manos de Silvia se dirigieron a su cabeza y se deshizo el moño, dejando su pelo suelto, ahuecándoselo con las manos y dejando que cayera sobre su espalda. Se lo notaba sucio, con arena y sal del mar impregnados. Se giró, quedándose frente a los tres maduros y se quitó por la cabeza la escueta prenda que portaba.
- Necesito una polla dentro de mi coño – Los tres hombres tocándose las pollas por encima de los bañadores se rieron a carcajadas.
Pablo se bajó su bañador y se frotó el pene bajo su enorme barriga.
- Te vas a hartar de polla zorra. No sólo el coño te vamos a rellenar. Vas a parecer un puto pavo relleno.
Se dirigió a ella, la cogió por la cintura y le dio una fuerte cachetada en el culo que hizo que se irguiera de puntillas por el dolor emitiendo un gemido de dolor mientras se llevaba la mano al culo enrojecido. A pesar de ello una sonrisa asomó a su bello rostro.
- ¿A qué hora llega la comida? – preguntó
Javier miró el reloj que había en la pared y la miró con ojos penetrantes.
- En media hora estará aquí. Tenemos tiempo de tomar un pequeño aperitivo.
Las carcajadas de los cuatro resonaron en la habitación. Pablo la estrujó contra sí, tomando un pecho y estrujándolo mientras se llevaba el pezón a la boca chupándolo estruendosamente y dejándolo lleno de babas.
- Ahora es mía. Me la pido media hora joder. Tengo ganas de reventarla o me reventará a mí la polla. Pasa zorrón, que sabes a mar y me gustan las almejas saladitas.
La empujó suavemente a la habitación adyacente y dejó a Marcos y a Javier con una sonrisa de lobos salidos mirando como mansamente la chica cedía a los deseos de Pablo.
***
Pablo no cerró la puerta, no necesitaba intimidad. En innumerables ocasiones habían usado y follado a varias mujeres entre los tres, entre ellas a la madre de la chica que se encontraba delante de él, con una sonrisa en su rostro, mostrándole sin ningún tipo de rubor su escultura cuerpo, de pechos pequeños, pero en su sitio, barriga donde se denotaban abdominales (no como la suya, pensó relamiéndose los labios), que daban a paso a su sexo que se percibía húmedo, con piernas firmes y endurecidas por el deporte que la mantenía en esa buena forma.
Sentía tras de sí los murmullos de sus dos compañeros de traperías, el sonido de las lengüetas de las latas de cerveza al abrirse. Una sensación abrumadora de sed se abrió en su interior, pero no precisamente de cerveza.
Su mano acarició lentamente la mejilla de Silvia, notando su suavidad, bajó por su hombro y se dirigió a su pecho que subía y bajaba lentamente. La excitación era palpable en ella ya que su pezón se endureció al segundo cuando dos de sus dedos lo aprisionaron. Jugó un instante con él, mirando como cerraba los ojos embelleciendo aún más su rostro. Continuó bajando, repasando su endurecida barriga y el ombligo, palpando su sexo depilado y húmedo, muy húmedo, sacándole un gemido de placer que hizo que su piel se pusiera de piel de gallina. Volvió a subir su mano a su mejilla, la paso por detrás de su cabeza, apartando el pelo y agarrando su nuca, atrayéndola hacia él.
Sus labios se encontraron. Húmedos, salados por la salinidad del mar. Sus lenguas se entrelazaron, mientras su otra mano la cogía por el culo y la llevaba hacia su propio cuerpo, notando su tersa barriga contra su panzón. La excitación del momento hizo que su polla se irguiera.
Sus miradas se cruzaron. Silvia le lamió los labios, el bigote. Se sentó en el borde la cama que tenía detrás, con las piernas abiertas y cogió suavemente con su mano la polla mientras la otra iba a su bolsa escrotal y empezaba a masajeársela lentamente sin dejar de mirarlo a los ojos.
Sobraban las palabras. Su lengua recorrió su barriga mientras su mano pajeaba lentamente el pene, descapullándolo a cada leve movimiento, dejando al descubierto un glande violáceo que empezaba a despuntar liquido preseminal. Su lengua recorrió la base recogiendo el líquido. Se relamió los labios, le sonrió y en el siguiente movimiento su boca se cerró alrededor del mismo chupándolo como si fuera un caramelo.
Pablo resoplaba. Sus manos se cerraron en torno a la cabeza de Silvia y empezó a empujar lentamente su miembro dentro de su cavidad. Cerró los ojos mientras notando bajo su polla la lengua de ella. Se deslizaba una y otra vez dentro. Sabía que la suya no era una polla larga como la de Marcos ni grande como la de Javier, pero, aunque de 15 cm, era gruesa y estaba alucinando con la boca de aquella chica que la tragaba sin reparo alguno.
Apenas rozaba su campanilla y a pesar de ello se le ponían los pelos de punta cada vez que empujaba su miembro bien adentro, notando sus huevos golpeando con la barbilla de ella y conseguir que emitiera alguna que otra arcada.
Las manos de ella se aferraron a sus muslos y posteriormente a su culo, haciendo fuerza ella misma para metérsela bien adentro a pesar de la dificultad de su barriga chocando con su frente.
Sintió que se correría en breve si seguía así a pesar de lo que deseaba correrse en su garganta. La sacó de su boca, llena de babas que quedaron colgando en hilos, de su polla a sus labios, que se encargó de recogerlo con los dedos y llevárselos a la boca chupándolos y dejándolos limpios.
- ¡Joder que cerda eres! – Le susurró entre gemidos apagados.
La tumbó en la cama y ella misma se abrió los labios y sus dedos, los labios de su coño ofreciendo su agujero totalmente húmedo.
Su mano derecha se fue a su polla masajeándosela lentamente, viendo el espectáculo que le ofrecía, para no perder erección. Silvia se echó más atrás en la cama, poniendo su cabeza en la almohada, viendo como el maduro se subía a la cama, poniendo sus rodillas a ambos lados de ella.
- ¿Condón? – Le preguntó.
Su cabeza negó, relamiéndose los labios, llevando sus dedos a sus pechos, sus pezones.
- ¿Te va bien así? – Le dijo entre gemidos
Pablo asintió. Llevó la polla a sus labios vaginales moviéndola arriba y abajo entre ellos, impregnándolos de sus jugos, sintiendo como ella se retorcía y cerraba de nuevo los ojos. Vio como su gesto era de dolor a pesar de que entró en ella como si hubiera mantequilla en aquella oquedad.
Resoplaron los dos. Ella del tenue dolor por el grosor de la polla, el de placer por la estrechez de su coño. Empujó lentamente hasta chocar pubis con pubis, notando su barriga contra la de ella y resopló satisfecho.
Estuvieron unos instantes así, acomodándose uno al otro. Las manos de ella se posaron en sus riñones mientras abría los ojos y le observaba.
- ¿No ibas a reventarme hijo de puta?
Las palabras de ella hicieron saltar una chispa en su interior. Salió de su interior y se dejó caer sobre ella clavándosela duramente, haciendo que su menudo cuerpo se arqueara y gimiera de placer.
Estuvo bombeándola duramente, empezando a sudar, cayendo sobre ellas las gotas de sudor. La habitación se llenó de gemidos de ambos y al poco Marcos y Javier empezaron a jalearlo desde el salón-comedor, recordándole que ellos aún habían de catar a la zorra, que no la destrozara, que recordara que aún tenían tarde y noche para jugar con ella.
Pablo se estremeció cuando notó como el orgasmo le venía. Sus huevos se hincharon cuando la descarga de estos inundó el interior del coño, al mismo tiempo que las uñas de ella se clavaban su espalda con la corrida que a ella también le sobrevino.
Se dejó caer sobre ella y esta empezó a quejarse riendo.
- ¡Ostia cabrón! Como no salgas de encima vas a poder sacarme por debajo de la puerta de lo planita que voy a quedar.
Pablo se incorporó, resoplando, cayéndole el sudor por la frente y la barbilla, sonriendo, sacándose la polla y repasando con su mano el chorretón de semen que sobresalía de su coño e indicándole que empujara.
Ahueco la palma y cayó un buen goterón de leche en ella. Mirándola con cara de pervertido, paso con sus piernas por encima de ella, agarrándose la polla pringada con la otra mano libre y le indicó que abriera la boca y dejó caer el contenido en ella, viendo con satisfacción como tragaba relamiéndose los labios.
¡Buena guarra estas hecha! Ahora falta dejar limpia a esta – Llevó la sucia polla que ya perdía erección a su boca y la metió dentro, dejando que trabajara y se la dejara reluciente.
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- Relato #209554— title-regex: contiguous parts (2 -> 3)
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