El apartamento de la playa 2
El agua salada no es lo único que la moja. Bajo la mirada de cuatro hombres que no piden permiso, Silvia descubre que su juventud es el único tributo que necesitan.
2.
Meciéndose en el agua boca arriba y con los ojos cerrados al compás de las olas, Silvia sintió como unas manos fuertes y callosas se apoderaban de sus pechos estrujándolos suavemente. Dándole la vuelta, la boca de Javier se fundió con la suya mientras su cuerpo perdía la horizontalidad y posaba las piernas alrededor de su cintura sintiendo la endurecida polla del maduro entre sus muslos, sus piernas, su raja.
Javier la miró con lascivia, agarro su pene y se la introdujo en su cueva de una estocada gimiendo los dos mientras los otros dos maduros se pajeaban bajo las aguas.
- Deja para el resto – gritó Pablo, guiñando un ojo a Marcos
Las piernas de Júlia se ciñeron aún más alrededor del cuerpo de Javier, notando el grosor de la polla inundando su interior, pubis con pubis, aplastando sus tetitas contra su pecho mientras se morreaban sin cesar.
Un largo suspiro salió de sus labios y un – “joder” – se oyó cuando el maduro salió de dentro de ella y la echaba en bomba al agua. Se sumergió oyendo como reían y fue un verdadero espectáculo verla salir recogiéndose el pelo alrededor de su cara, echándoselo atrás, con los brazos en alto y tensando sus pechos mientras les sonreía.
- Esto es un aperitivo putita – le soltó Javier mientras le echaba agua
Los otros dos se animaron y en un instante se vio rodeada por los tres. Seis manos la sobaron sin cesar, pechos, culo, coño. Sus agujeros fueron inundados por los traviesos dedos de los maduros que la dejaron con un calentón de órdago.
Ella tampoco se quedó atrás, su boca buscaba las suyas. Sus manos sus pollas endurecidas.
Finalmente, entre risas, salieron del agua y se echaron sobre las toallas que extendieron entre miradas y risas. Ella mirando las pollas que no perdían vigorosidad y ellos admirando el fibrado cuerpo de la joven, cubierto de diminutas gotitas de agua que iban resbalando suavemente por él. Sus piernas musculosas que daban paso a un culo redondo y duro, un abdomen terso y liso, unos pechos pequeños pero redonditos y que aguantaban aún la fuerza de la gravedad coronado por pezones endurecidos, el pelo mojado a su espalda dejando a la vista su cara de ángulos rectos, pestañas largas y ojos verdes.
Mientras se estiraban en las toallas, se quedó de pie frente a ellos, relamiéndose coquetamente los labios, con las piernas entreabiertas mostrando su raja totalmente depilada y sus labios sobresaliendo levemente. Se echó las manos atrás tensando una vez mas los pechos mientras se hacía una coleta en el cabello húmedo dejando a la vista su bello rostro.
Era una delicia verlos estirados sobándose las pollas cada una con sus particularidades mientras la miraban con cara de viciosos salidos.
Se puso en cuatro abierta de piernas mostrándoles sus orificios y cogió el bote de bronceado.
- ¿Cómo lo hacemos? ¿Os embadurno yo a vosotros primero o al revés? Con el solazo que pega nos vamos a quemar.
Pablo, con el capullo totalmente descubierto y pringoso la miro sonriente entre bufidos
- Coño nena. Nosotros podemos embardunarte directamente de nuestros envases. Venga, empieza por mí.
Bajo la mirada atenta de los otros dos, Silvia se arrodilló con las piernas abiertas entre los tobillos del maduro que se relamía los labios bajo su bigote canoso, que empezó a pajearse más duro aún. Se echó un buen pegote de crema en las manos y se las frotó sin perder contacto visual y empezó a masajear sus muslos. La fricción de sus manos fue subiendo hasta llegar a la entrepierna, apartó la mano de la polla y mientras las suyas recorrían la panza abultada su boca engulló el pene. Estuvo unos instantes subiendo y bajando su cabeza, jugueteando con la lengua. Los otros dos espectadores veían como el tronco y el glande aparecía y desaparecía de la boca de la joven bajo los resoplidos de su amigo.
Sus manos se posaron en la cabeza de la chica y esta se las apartó sonriendo y negando con la cabeza. Sólo se oía el rumor de las olas al llegar a la orilla. No había nadie alrededor y el ambiente de excitación y morbo se podía cortar con un cuchillo.
La lengua de Silvia recorrió el tronco y el glande de Pablo mientras se echaba adelante y sus tetitas quedaban entremedio de la misma. Sus manos recorrían ya los pezones del maduro y aprovechó para retorcerlos un poco mientras su cuerpo se restregaba arriba y abajo sobre él. Poco a poco fue subiendo y sus caras quedaron una delante de la otra. De nuevo la lengua juguetona salió para rozar los labios y el bigote del maduro. Este abrió la boca y sacó la suya rozándose con la de ella, hasta que se acoplaron perfectamente y se fusionaron en un beso lascivo. Ella con sus manos a ambos lados de las orejas peludas de él, y este con las suyas en ambos cachetes del culo de ella, frotando su pene en la vagina y la barriga de ella que no cesaba de moverse.
De golpe, se incorporó y sus manos aún pringosas de crema volvieron a la enorme barriga de Pablo mientras le sonreía, se llevaba las yemas de los dedos a su barriga y recogía el pringue del maduro llevándoselo a la boca mientras se levantaba del todo.
- Mmmmmm. Luego te doy por la espalda – le dijo con voz susurrante mientras se movía dos palmos para situarse en la misma situación que con Pablo, pero entre las piernas de Marcos.
Este miró a su compañero que tenía los ojos cerrados y suspiraba entrecortadamente, mientras dejaba su polla en paz para evitar correrse.
Silvia repitió la misma operación que con Pablo, aunque esta vez lo que sus manos tocaron fueron huesos bajo la piel del maduro sin dejar de mirar la polla que palpitaba sola. Agarró suavemente los grandes y peludos huevos y los sobó observando como la polla delgada y larga parecía tener vida propia a cada sacudida suave que le metía al saco escrotal.
Sus dos manos se cerraron alrededor del tronco y aun así una parte del miembro sobresalía, por lo que aprovechó para metérsela en la boca y entretenerse un rato con ella. A diferencia de Pablo, Marcos no resoplaba, pero su penetrante mirada la intimidaba y excitaba a la vez. Se notaba que era, quizás, el más dominante de los tres, aunque intuía que Javier era quien llevaba la voz cantante del trio.
Su echo sobre él y su boca se fusionó también con la del maduro maravillándose sorprendida de notar la polla cerca de sus pechos tal cual estirada estaba. – Joder pensó – como me meta esto me la saca por la garganta.
Excitada a más no poder, empezó a moverse sobre el maduro, pero éste la cogió de los hombros y negó con la cabeza mientras sonreía.
- Mejor me reservo putita. Como continúes así…. No respondo y tengo las pastillas en el apartamento.
Las risas de los otros dos se oyeron en la playa, roto por un estallido que resonó cuando la mano de Javier golpeó con una cachetada fuerte y seca en el culo de Silvia.
Esta, dolorida, se llevó la mano al culo que le picaba por el golpe y se quedó de rodillas mirando a Javier que la miraba frotándose la polla.
- Quedo yo. A ver si voy a quemarme y aún quedas tú que ya tienes la espalda roja, sobre todo la zona del culo.
Riendo, y con la mano aun frotándose el cachete, Silvia se incorporó y empezaba a colocarse en posición igual que con los otros dos maduros cuando Javier la detuvo.
- No.
Sorprendida y con las manos embadurnadas de crema se quedó quieta mientras Javier ponía bajo su cabeza su escasa ropa y la de ella apoyándola en ella.
- Pon tu coño aquí – dijo señalando su cara – no necesito mucha crema. Quiero lamer ese coño saladito y chupar esos labios que te cuelgan. Ahora ellos te pondrán crema a ti no sea que te quemes.
Excitadísima, colocó sus pies a ambos lados de la cabeza de Javier y fue bajando hasta ponerse de cuclillas, mostrando unas vistas increíbles de su sonrosado y húmedo sexo, hasta que la punta de lengua lo recogió de arriba abajo recogiendo todos los jugos que había en él. Cerró los ojos gimiendo mientras apoyaba sus manos en sus pechos esparciendo por ellos la crema. Sus muñecas fueron apresadas y separadas de su cuerpo para ir a parar a las pollas de los dos maduros que empezaron a jugar cada uno con uno de sus pechos.
Empezó a pajearlos lentamente sintiendo un placer indescriptible por la juguetona lengua de Javier que se había afianzado a sus muslos no dejando que se apartara. Abrió los ojos cuando sintió un dolor punzante en su pezón derecho y vio dos dedos de uñas largas apresándolo, clavándose duro y retorciéndolo posteriormente.
- ¿Creías que eras tú la única que sabía jugar con pezones zorra? – le espetó Pablo.
Bajo su prominente barriga sobresalía la polla que no cesaba de pajear. La mano de éste se aferró a su nuca y acercó su cabeza a su miembro. Golosa, sin dejar de masturbar la polla de Marcos, abrió la boca y la engulló, notando como sus huevos tocaban su barbilla. No era una polla larga, le llegaba lo justo a su campanilla, pero era gorda y le llenaba la boca.
Con un suspiro de satisfacción, Pablo sacó la polla, le golpeó la mejilla un par de veces con ella y se la volvió a meter, repitiendo la operación un par de veces.
Sentía como su sexo se mojaba más y más por el trabajo que realizaba Javier en sus bajos. Empezó a temblar. La lengua se metía en su oquedad, chupaba y estiraba sus labios menores estirándolos, recorrían el corto recorrido hasta su orificio anal y la metía dentro todo lo que podía.
Marcos, viendo lo que se avecinaba cogió la cabeza de la chica y la dirigió a su polla mientras retorcía su pezón izquierdo y dándole una bofetada. La corrida se sintió cuando, junto a la acción de Marcos, Pablo también le cogió su pezón derecho y clavó sus uñas sin piedad.
No tuvo tiempo para quejarse mientras sentía como la corrida se esfumaba reemplazada por el dolor que sintió en sus pechos.
- A ver qué sabes hacer – le dijo Marcos
Su miembro, erecto se introdujo en su boca lenta, pero sin pausa. La cogió de la cabeza y fue metiéndola, resoplando. Llegó hasta la campanilla, provocándole una arcada. Se la sacó y le dio una torta suave.
- Relaja la garganta – le soltó serio
Con ojos llorosos, sintió como volvía a metérsela. Sacó la lengua, dejándola debajo de la polla que, inexorablemente, volvía al ataque. Una nueva arcada le produjo la punta de la polla al chocar con sus amígdalas, pero esta vez no ceso en el movimiento.
- La quiero toda dentro. Vamos que puedes – oyó mientras volvían a venirles oleadas de placer
Sintió como su esófago cedía. Las babas que había soltado y que caían por su barbilla, manchando sus pechos, facilitaban la entrada de la delgada polla en el interior de su garganta. Un silbido por parte de Pablo llegó a sus oídos cuando, después de lo que parecía un tiempo interminable, la tuvo toda dentro. Una vez más tenía unos huevos pegados a su barbilla. Notaba la garganta llena. La mano de Pablo agarró su cuello mientras silbaba de admiración. A través del cuello notaba la polla de su compañero.
- Joder – dijo observando como la cara de Silvia se tornaba cada vez más roja – Menuda tragaderas tiene la zorra.
Aguantando lo que pudo, mantuvo la mirada con Marcos, quien la miraba con cara de satisfacción. La sacó poco a poco, sacándola toda pringosa de babas y cogió su barbilla morreándola.
- Eres una puta de campeonato – le dijo mientras le escupía en la cara y le restregaba el escupitajo por toda la cara.
En ese momento, un violento orgasmo recorrió su cuerpo. Javier no dejó de chupar y lamer durante el intenso momento. Su cuerpo se tensó, agarrándose a los muslos de los dos maduros que la iban sobando mientras se reían.
Agotada, con los gemelos y los muslos cargados por la posición en la que había estado y la garganta irritada, se dejó caer en la toalla con una sonrisa de satisfacción en su rostro mientras Javier se colocaba a su lado, cogía el bote de crema y echaba un buen chorro en su barriga lisa y dura, empezando a esparcirla lentamente por todo su juvenil cuerpo.
- Descansa niña. Nosotros aún tenemos que descargar y tenemos tiempo. Tú carga pilas.
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