Evelyn, su primera vez compartida (capítulo 5)
El juego comienza con una mano cerrada y termina con un secreto compartido bajo la mesa. Él solo miraba, pero esta noche la mirada se vuelve carne, y el silencio del restaurante esconde un grito que nadie más debe escuchar.
Luego de elegir la mano derecha de Evelyn y saber que mi premio sería estar a cargo conducir de regreso. Todo el suspenso se traslado a conocer qué habría en la mano izquierda de Evelyn y cuál sería la recompensa para Dan.
Yo ya había reconocido un adorno de la braga de mi esposa, que apenas se escapaba de su puño izquierdo.
Elegir la mano derecha de Evelyn fue para mi excitante y tremendamente morboso.
Dan miraba extrañado la mano extendida de mi esposa, aun no entendía muy bien el juego. Evelyn notó la confusión de Dan y le explica: -significa que mi marido manejará de regreso, mejor dicho, él estará a cargo de llevarnos a casa. Eso ganó él al elegir mi mano derecha.
Dan asintió con su cabeza y entonces se acercó a Evelyn y tomó la mano empuñada de mi esposa. Poniendo fin al suspenso que solo yo y Evelyn conocía…
Evelyn, no sé si estaba nerviosa, ansiosa o temerosa, pero se demoró en abrir su mano izquierda y mostrarnos lo que ocultaba, la tensión en el ambiente aumentaba. Así Evelyn, lentamente le abrió su mano, Dan extrañado no lograba distinguir el objeto que le mostraban. Lo tomó y lo acercó hasta él para verlo mejor.
Descubrí en la cara de Evelyn su cara de timidez infantil…
Dan lo miró y vio una prenda de lycra, lo palpó entre sus dedos y sin entender lo que era. Lo tomó con sus dos manos y a contraluz pudo descubrir de qué se trataba.
La cara de Dan se iluminó, su bigote recortado remarcaba ahora su sonrisa lujuriosa, puso la braga sobre la mesa y la extendió. Nosotros fuimos capturados nuevamente por su manejo y teatralidad.
Le seguíamos sus movimientos con expectación…
Dan, al igual que lo hizo con la bralette de Evelyn, sobre la braga extendida comenzó a dibujar círculos con la yema de sus dedos, parecía que realmente estuviera acariciando el pubis de mi esposa. Evelyn reaccionó buscando refugio en su asiento, su espalda se apoyo en el respaldo de la silla. Yo los miraba a ambos tratando de guardar esos instantes para siempre.
Ahora Dan tomó el calzón y lo empuñó en su mano, se lo llevó hasta sus narices en el preciso instante que éramos interrumpidos por el garzón-amigo-mirón. Él nos comunicaba que la cocina cerraría en los próximos 30 minutos, el bar y la música en una hora. Nos miró como esperando una respuesta, ninguno de nosotros atinó a responderle, estábamos deseando que se fuera y nos dejara seguir con nuestro juego. Así que le dije: -Muchas gracias, amigo, le avisaremos-
El garzón se retiró, sin antes inspeccionar en detalle a mi esposa buscando si mostraba algo más…
Dan, había apoyado su mentón en el puño que contenía el calzón de Evelyn, levantó la cabeza, volvió a llevar a sus narices la braga, la aspiró profundamente, cerró los ojos y retuvo para si los aromas íntimos de mi esposa…
Abrió los ojos y preguntó con una sonrisa fingida y burlona, mirando fijamente a Evelyn: -Cómo me pueden asegurar que estas bragas pertenecen a alguna dama… y generalizó, a alguna dama presente en esta noche-
Yo miraba a mi esposa, expectante de saber cómo respondería a esta pregunta…
Evelyn hilvanó nerviosa algunas palabras, entendí que le propuso ir a bailar a Dan, pero una pulsera que llevaba en su muñeca y que estaba al borde de la mesa, le atrajo y la deslizó deliberadamente hasta que cayó al piso, justo entre los asientos ambos.
Escuché el sonido metálico contra el piso cerámico, los miré a ambos como un estúpido. Dan le sonrió a Evelyn y ahora cómplice de la acción fingidamente exclamó: Ohhh, se te ha caído la pulsera¡!!
Raudamente, Dan echó su silla hacia atrás y remató: -déjame recogerla-.
Así, impidiendo que alguien más ayudase en el rescate de la pulsera, se agachó y en cuatro patas estaba debajo de nuestra mesa.
Comprendí lo que ocurriría y no dejé de observar a Evelyn que ahora miraba a la pista de baile, sin mirar a nadie en particular, era una mirada al horizonte expectante de lo que se vendría.
Yo inspeccionaba su rostro atento a sus reacciones.
Hasta que ocurrió, primero abrió su boca y ojos sorprendida, luego frunció el ceño y cerró los ojos, las uñas de sus dedos se clavaron en mi pierna, arañaba mi pierna y estrujaba mi piel, contuve el dolor y me atreví a mirar debajo de la mesa…
Allí estaba Dan entre las piernas de Evelyn, su vestido estaba recogido hasta los muslos, le destacaban su piel suave y blanca pese a la oscuridad que los amparaba, de seguro la estaba lamiendo y saboreando, se acompañaba de los dedos de una de sus manos…
Eso explicaba el placer que Evelyn estaba sintiendo…
Mi erección era insoportable, mis pulsaciones iban a la par de los latidos de mi corazón, me parecía que todo el mundo podía escucharlos y me delatarían y apuntarían como el cornudo de la noche.
Dejé de mirar bajo la mesa y descansé en el respaldo de mi asiento. Miré a Evelyn que no dejaba de estrujar mi pierna, su cara estaba llena de placer, cerraba y abría los ojos alternadamente y sus gemidos eran cada vez más seguidos y fuertes.
La rodeé con un brazo por los hombros y la acerqué a mi, me miró y sus ojos contenían lágrimas de gozo, busqué sus labios y estos palpitaban al borde del llanto de placer, a mi esposa la tenían al punto de llevarla al éxtasis. Nuestros labios se juntaron y apagaron sus gemidos de placer.
Evelyn me introdujo su lengua en mi boca como nunca antes lo había hecho y cuando encontró la mía, la entre cruzó en un nudo de fusión…
Su beso era tan apasionado que me quitaba el aire, tanto que separé nuestros labios y pude respirar y Evelyn gemir con los dientes apretados...
Yo estaba excitadísimo, también quería se parte de esa máquina de placer, busqué desesperado bajo la mesa la entrepierna de Evelyn, pero mi mano chocó con la cabeza de Dan y luego su mano hizo un ademán que me la expulsaba, ese territorio ya no me pertenecía.
Volví a mirar a mi amada esposa, que ahora se echaba hacia atrás en la silla y se mecía como si cabalgara.
Evelyn mantenía sus ojos cerrados y al parecer estaba experimentando el mejor orgasmo de su vida…
En cada movimiento sobre su silla, su vestido en la parte superior se abría y me mostraban sus senos llenos y pezones erectos golpeando sobre la tela.
En un acto de lujuria con mis manos abrí su vestido y liberé sus tetas. Evelyn fue más allá y sin abrir los ojos se dejó caer el vestido desde sus hombros.
Sus tetas quedaron al aire y ahora se mecían al ritmo del placer que le brindaban en su sexo…
El espectáculo era increíble, mi mujer estaba al borde del orgasmo sentada en un restaurante con las tetas al aire.
En un momento de racionalidad, miré a mi alrededor para saber qué tan expuestos estábamos.
En nuestro sector ya no quedaba gente, las mesas vecinas estaban todas desocupadas…y la luz estaba concentrada en la pista central de baile, donde unas cuatro parejas entusiastas mantenían al DJ trabajando.
Eso me tranquilizó y me concentré en disfrutar a mi mujer, en este sueño tan anhelado, que esta noche se hacía realidad.
Volví a admirar el cuerpo de mi mujer y ver como sus senos se batían en el aire, al ritmo de los lamidos de Dan. Agarré la teta más cercana a mi y le succioné el pezón con fuerza, provoqué una reacción inesperada en Evelyn, me tomó del pelo y me apretó contra su pecho. Con mi otra mano le agarré la otra teta y sin dudarlo le pellizqué el pezón, un alarido atravesó el salón…
-continuará-
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