Xtories

La aventura con Mireya I

Llevaba años mirándola en silencio, soñando con lo que nunca se atrevió a pedir. Pero esa noche, la oficina se vacía, el alcohol corre y la amistad deja de ser una excusa. Esta vez, él no piensa irse solo.

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A Mireya la conocí en la universidad, una chica hermosa, con unas tetas firmes y un culo hermoso. Era un placer solo verla caminar, pues siempre venía en ropa que mostrará su parte de su cuerpo: ombligueras, faldas, vestidos cortos etcétera. En lo personal era difícil verla directamente sin que mi verga se parara, pero hice el intento pues dentro de todo logré una amistad más allá con ella.

Si bien como persona no era suficiente para mí la calentura que me provocaba nunca se esfumó, solo la controlaba mientras cada quien tenía una vida romántica. Pasaron los años hasta que terminamos la carrera, pero habíamos formado un grupo muy unido con otros compañeros y frecuentemente hacíamos fiestas para convivir y si era el caso, presentar nuestras conquistas.

Por esas épocas terminé con Linet, un ligue del gym y en esa reunión Mireya nos presentó a Felipe, un godín con mucho ego que conoció en su nuevo trabajo. De entrada, no me cayó bien pues se estaba dando a la vieja más sabrosa que había conocido y me cayó peor cuando en la plática grupal insinuó que mi ex me había dejado por qué (a su juicio) parecía cholo.

No seguí la convivencia con él porque terminaríamos mal, pero en la fiesta Mireya aprovecho para pedirme ayuda con unas bases de datos que requería y sin problemas accedí quedando de vernos al día siguiente por la noche en su casa.

Al prepárame decidí que tal vez sería bueno que desquitara mis ganar con la chica y de paso bajarle los humos al pendejo ese, por lo que me vestí en función del prototipo que a mi amiga siempre le gustó en la universidad y comenzar a jugar con la situación.

Saco, camisa, condones y colonia, además de un chocolate que le encantaba fueron mis armas para llegar a la pensión donde rentaba con varias personas, entre ellos su hermano, con quién también me llevaba muy bien, pero en un contexto diferente.

Mireya me recibió con un top y una falda blanca, dejando ver un conjunto de lencería del mismo color y percibiendo el aroma me abrazó más de lo normal pues se dejó llevar por la imagen que solo yo sabía a la perfección que le encantaría. Hasta antes de conocer al tipo pensaba que estaba mal emplear esto en su contra, pero ahora, pues todo se vale en el amor y en la calentura ¿No?

En fin, pasamos y terminamos el trabajo muy rápido, por lo que nos quedamos platicando con una botella de vino que ella me ofreció. Hablamos de la vida, de nuestros recuerdos hasta llegar a Linet donde no quise hondar mucho al tiempo que yo me juraba incrédulo de verla con alguien como Felipe

-Pero si es un imbécil- le dije directamente- tu odias a ese tipo de personas- el alcohol definitivamente ayuda ante estas situaciones.

-Claro que no, es solo que me gusta como es…ya sabes- me respondía vacilando la situación

- Ese wey ni ha de saber coger- aseveré firmemente

- ¿Ya te lo cogiste? Debiste decirme no- me respondía Mireya riendo mientras su falda se levantaba.

- No es por ahí, es por qué no creo que te complazca, cualquiera haría un mejor trabajo, hasta yo- envalentonado le contesté eso, pues esperaba que el alcohol no me dejara solo en la cruzada.

- Si así fuera Linet seguiría contigo – me espetó en la cara

Eso me dio un momento de valentía muy cabrón, me levante y tome su mano para jalarla hacia mí, y en un movimiento intrépido tome su rostro con mi mano izquierda mientras la derecha tomaba su torneada cadera.

-Te aseguro que te complacería mejor que el- le dije mientras

-¿Qué haces?- me preguntó extrañada por lo que estaba pasando, ese era el momento decisivo si paraba con esto o continuaba hasta tener la victoria. Me decidí por lo último

-Demostrando mi palabra, te puedo dar todo lo que Linet se perdió- quería que más que yo ella accediera a esto por la buena.

-Tengo a Felipe- me decía mientras se relamía los labios

-Tenlo, yo solo te voy a dar una probadita- le dije con la mayor seguridad que había tenido en mi vida.

Acto seguido le robé un beso. Por primera vez probé esos carnosos labios, y contrario a lo que pensaba ella me correspondió, y mientras nuestras bocas peleaban mis manos comenzaban a operar en quitar su ropa. Desabroché su top y su falda dejándola en ese conjunto blanco que previamente pude ver transparentar de en su ropa, mientras ella ya había desabrochado mi camisa

En lencería admiraba mejor su figura, esos senos prominentes que saltaban alegres al quitarle el sostén. Los estrujé, los lamí, disfrutando su delicado sabor, era un sueño cumplido y al darle vuelta pude ver mejor ese culo firme. Sin paciencia reventé la tanga del conjunto y al fin la tenía desnuda ante mí. Rocé levemente su coño y le di una nalgada que generó un leve gemido en Mireya, lo que siempre imaginé en mis noches de ociosidad ahora estaba frente en vivo.

Ella tomó la iniciativa de hincarse ante mí y liberar mi ya muy erecto miembro del pantalón. Inmediatamente comenzó a darme una placentera felación. Era mejor que Cleopatra, se notaba que era excelente en lo que hacía, el morbo se manifestó en la fantasía y por momentos lo sacaba de su boca y golpeaba su cara con mi verga, a cambiar ella me devolvía una cara de satisfacción y retomaba su trabajo.

No quería llenar esa preciosa y magistral boca aún, por lo que la recosté sobre el sillón, abrí sus delicadas piernas y coloqué mi miembro en su entrada, rozándola muy suavemente pues eso hacia entrecortar la respiración de Mireya.

-Ruégame- le ordené, quería que cayera completamente en este affair.

-Dame ya, la quiero dentro de mi- me suplico mi hermosa acompañante

Sin más comenté a embestirla. Si vagina húmeda era increíble, y estaba apretada cosa que me volvía loco. Mireya solo gemía de placer y yo volvía a disfrutar de sus hermosos pechos, me hipnotizaba como se movían al ritmo de las embestidas, los palmeaba pues quería verlos rojos, que se marcará quien los estaba disfrutando con alguna marca sobre su piel. Su delicada cara enmarcaba el placer que sentía al compás del sonoro ritmo algo rudo que estábamos manteniendo.

A lo lejos su celular sonaba, era claro que Felipe estaba buscándola, por lo que no deje que prestara atención, seguí embistiendo su coñito.

-No me voy a detener- le dije

-No lo hagas, por Dios me encanta- me decía mi hermosa acompañante, con cierta conciencia que la estaban buscando.

-¿Segura? Puedo parar para que le contestes al godín- me burlaba un poco de la situación

-No, no, quiero que me cojas más, ah ah, hazme tuya ah ah ah- Ya había cedido al placer que estaba disfrutando y pide sentir como llegaba su primer orgasmo que humedecía mi miembro y el sillón en el que estábamos. Decidí darle unos minutos de respiración para cambiar de posición, sentándome en el sillón con la verga a tope.

- Pues si quieres más móntate hermosa – Ella como rayo se subió a mí y de golpe mi verga entro nuevamente en su panocha. Mireya subía y bajaba a un ritmo considerable, pues yo la guiaba con mis manos, que ahora estaban es su cadera. Y con ese cambio aprovechaba para seguir lamiendo sus tetas y darle más nalgadas, ella se dejaba hacer, ya era mi puta en ese momento.

Mi otrora amiga estaba tan gozosa que decidió apoyarse en mis hombros y que las embestidas fueran más rápidas aún, el ritmo fue tan perfecto para ambos que mientras ella tenía su segundo orgasmo de la noche yo me corría dentro de su coño. El semen inundó su concha, el éxtasis nos hizo besarnos. Después de un respiro solo se recargo en mi pecho y pude sentir su corazón bombeando a tope. Mi verga seguía dura dentro de ella, pero quería ir a más, quería gozar de ese culo de diosa.

Mis manos seguían recorriendo su cuerpo ya se manera más suave, sin embargo, opte por meter mi dedo índice en su boquita y ella cual si fuera mi pene lo comenzó a chupar, en una muestra más de su experiencia, hasta que lo saque y lo dirigí hacia su cerrado ano, lo que a pesar del cansancio se sobresaltó.

-No espera- con su mano separó mi dedo- ahí no

-¿Por qué?- con la respiración pausada le pregunté

-Soy virgen de ahí- me dijo con cierta inocencia, pero eso me hizo aferrarme más a la mera

-Dámelo, dame tu culito, te va a gustar- Busque convencerla

-Pero dicen que duele- me respondió sin soltar mi mano

- Estas conmigo, te voy a hacer que lo goces, anímate- le dije al punto que le robaba un beso, ella accedió y bajo de mi verga mientras yo la acomodé con su hermoso trasero al aire.

Ese manjar había que disfrutarlo, pues es un arte desvirgar un culito, por lo que comencé a lamerlo delicadamente, como la cubierta de un poste erótico, lo que nuevamente hacía gemir de placer a la dama, mientras delicadamente usaba mi dedo para puntear ligeramente ese anito.

Con la persistencia su culito levemente se iba dilatando, pero mi verga ya exigía poseer ese tesoro. Pero antes debía asegurarme de tener buena lubricación, por lo que nuevamente acerque mi polla a la hermosa boca de mi anfitriona.

-Dale un poco, para que esté lubricado y entre mejor- le dije tranquilamente mientras acariciaba su mejilla, ella no tardó en acceder y a pesar de tener una mezcla de mi semen y sus fluidos ella disfrutaba de mi rabo. En unos minutos salivó tanto que brillaba de lo húmeda que la estaba dejando, lista para la acción.

-Mira te va a doler, pero es solo al inicio, deja que yo lleve esto- le comenté mientras ella solo asintió y con cierta predisposición agarro un cojín del sillón y lo mordió.

Como mi verga ya estaba lista comencé a puntearla. Apoyé mis manos en su cadera firmemente, pues puede que le dolería y quisiera apartarse. Tome el control y comencé a insertar mi hombría. Ella emitía gemidos adoloridos, temí que se arrepintiera por lo que deslice mi mano izquierda hacia su clítoris y lo estimule firmemente lo que asimiló positivamente moviendo suavemente su cuerpo hacia mi.

Mi verga invadía pocos poco ese culo precioso, aunque cuando iba a la mitad no aguante y decidí entrar de una, lo que obligó a mi amante a ahogar sus gritos con el cojín.

-Ya preciosa, ya entro, en unos minutos lo vas a disfrutar- intentaba calmar a Mireya mientras tomaba aire, durante todo este rato seguí contra su clítoris para que aguantará. Mientras esperaba seguía recorriendo su cuerpo, acariciaba sus pechos desde un nuevo ángulo y besaba su nuca donde aún se emanaba un dulce perfume que ella usaba.

Comencé a embestir con un ritmo medio, mientras seguía admirando el cumplimiento de mi sueño, desvirgar ese culito cambio la perspectiva del deseo que siempre tuve de poseerla, pues ni en el mayor sueño húmedo contemplé ese hecho. Más aún que en esa posición el tercer orgasmo llegó a la misa de mis pajas.

Comencé a impelerla más fuerte. Daba golpes a ese culito ya rojo de tanta acción y ella seguía gimiendo, cada vez más fuerte

-Ah ah, me encanta – espetaba con mucha excitación mi amiga

- Te lo dije, este culito estaba esperándome, y solo será mío ¿Ok?- el sentimiento se apoderó de mí, pues ese agujero de placer debía ser mío exclusivamente por lo menos un tiempo.

-Si si, solo será tuyo- ella aceptó sin chistar, al parecer ya no había ni rastro del godín en su mente.

Eso me hizo darle aún más duro, con lo que nuevamente me corrí dentro de ese culito, y ella llegó al cuarto orgasmo. Mi semen terminó escurriendo de su ya desvirgado agujero, mezclado con algo de sangre que demostraba la desfloración.

Yo salí de ella para sentarme en ese sillón y la jalé hacia mí para que se recostara en mi pecho. Ella se acomodó mientras mi mano se posaba en su abdomen. Ambos nos sentamos a procesar lo que había pasado, y retomamos las copas para terminaremos el vino, no sin antes inmortalizar esto con unas fotos que hice con mi móvil.

Nos pusimos cómodos y nos quedamos dormidos hasta las 4 am. Ella me despertó tranquilamente para que nos alistáramos para nuestras respectivas actividades. Su rostro tenía una cara de satisfacción.

Arreglamos un poco la sala pues a las 6 todos los que vivían en la pensión comenzaban sus actividades y ella no quería que nos vieran ahí. Subimos a su cuarto y nos dimos un baño. Pero en esta vez ya en un plan más tranquilo.

Cuando nos alistamos decidimos hablar de lo acontecido

-¿Cómo llegamos a esto?- Mireya pregunto no lamentándose, pero si con cierto escepticismo.

-Pues estábamos en confianza, ¿Te gustó?- le respondí con cierta preocupación.

-Si, pero no puedo dejar a Felipe- me espetó tajante

- Yo te lo dije ayer, no tengo problema si estás con él, pero ¿te quedarías solo con el? Porque yo te vi muy entusiasta con lo que hicimos- ante todo no olvidaba mis planteamientos iniciales

- Pues tal vez si, me gustaría ver qué más podemos hacer- coquetamente se acercó a mi, yo no lo pensé más y me robé un beso.

- Te llevo al trabajo- le dije, como un acto de amistad más que de romanticismo

-Si solo termino unas cosas, dame un momento- me respondió mientras tomaba sus cosas, yo accedí y bajé las escaleras. Al casi llegar a la puerta me topé a Andrés, el hermano de Mireya, y sin saber que hacer me escondí en las escaleras, pues no quería ningún problema. Cuando se fue rápido me fui a mi carro y esperé a mi musa, quien no tardó en llegar con un vestido entallado y una sonrisa en su rostro.

Emprendimos el camino sin decir nada hasta llegar a una cuadra mi ahora amante rompió el silencio

-Déjame a una cuadra, si haremos esto debemos ser discretos- claramente acepté gustoso, pues significa que ella había accedido a que siguiéramos con esto, nuestra aventura.

A lo lejos la vi llegar a su edificio donde Felipe la esperaba, dándole un beso. Algo que me daba cierta satisfacción, porque ese beso de buenos días va aderezado con mi semen y el pendejo lo estaba disfrutando.

Continuará

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