Inocentes juegos con los amigos
Laura prometió que el juego sería inolvidable, pero nadie esperaba que las reglas cambiara tan rápido. Lo que comenzó como una diversión inocente en pijamas terminó con las inhibiciones destrozadas y los cuerpos entrelazados en la oscuridad. Esta vez, no habrá vuelta atrás.
Hola de nuevo chicas y chicos que aun me leen; recuerdo que hace un tiempo les comenté como en un viaje con amigos y se dio uno de los primeros encuentros amistosos entre nosotros, bueno ahora corresponde les comenté cuando esto ya fue oficial.
Como era nuestra tradición los veranos nos íbamos de vacaciones a una casa en el campo con los amigos, esta vez íbamos todos, habíamos logrado coincidir los 6, Cesar con Sandra, Esteban y Laura, y mi marido y yo. Ya era nuestra 4 noche y solo quedaban 3 más para irnos cuando Laura, una de las atrevidas del grupo lanzó una de sus ideas, que después se han ido haciendo ya tradicionales.
-Por qué no jugamos esta noche a algo entretenido, algo que nos ayude a todos poder reírnos y hacer de estas vacaciones inolvidables, estoy cansada de jugar a las cartas mientras uds juegan PlayStation – dijo con una voz de niña mimada. Luego continuó, añadiendo – Después de que quede todo ordenado, nos juntamos a las 10 de la noche aquí y yo les tengo un juego.
Todos la miramos con risa y nos hicimos gestos de aprobación y burla; pero creo que todos teníamos curiosidad por lo que Laura propondría. Cuando ya estaba todo en perfecto estado, con mi marido nos dirigimos a la sala central de la casa y vimos que Laura había hecho todo un espacio corriendo los muebles y sillones hacia las paredes dejando al centro solo cinco sillas. Ya cuando estábamos todos allí, nos miró y dijo.
-Ok, esto vamos a hacer, jugaremos a la sillita musical…- de inmediato fue interrumpida por Cesar, quien indicó que no era un juego muy entretenido; pero Laura retomó la palabra.
- ¡Espera!, para que sea competitivo, allí esta el control de la música, justo al lado de 3 corridas de 6 copitas de tequila, programé la primera canción para que se detenga aleatoria, entonces corremos desde la ronda hacía el mueble con las copitas y el primero que termina se gana el control y puede detener la segunda ronda cuando desee; vamos por la segunda corrida de copitas y nuevamente el primero se gana el control y así con la tercera ronda igual- explicó muy detalladamente.
- y luego de esa ronda, y los que no tomamos…- preguntó mi marido.
- Allí está lo bueno, todos vamos a tomar y nos ayudará al juego real; después de eso apagaremos todas las luces y el que ganó la última ronda de copas, queda para siempre con el control, pero ahora si nos sentaremos en las sillas- dijo Laura riéndose, y luego añadió – Antes de partir, hay un código de vestimenta; varones, short o pijama y nosotras, solo pijama.
- Va a quedar la embarrada, entre trago y vueltas, super mareados- dije riéndome – Pero me parece entretenido- agregué.
Laura solo me miró y dijo que después se pondría mejor. Luego de ir a nuestras habitaciones para cumplir con el código de vestimenta exigido por Laura, al llegar una vez más a la “sala de juego” pude ver que los hombres iban con sus pijamas, que por ser verano era cortos, algo así como un short y polera de telas delgadas; por nuestra parte, yo tenía un conjunto de dos piezas una polera de tirantes y short tipo hot pants abajo, Sandra con una camisola corta y Laura con una enagua bastante corta.
Empezó el juego y entre rondas y tragos, fuimos poniéndonos cada vez más desordenados y bulliciosos, entre algunas canciones los chicos alentaban a saltar, creo yo con la idea de ver como se movían nuestros pechos. Llegó el último trago y fue Sandra quien quedó con el control en su poder; Laura en ese momento tomo la palabra una vez más.
Dentro del juego al comenzar, fuimos perdiendo por reírnos, hablar y hasta suspirar, la primera en pagar fue la misma Sandra, que debió sacarse su camisola, debiendo jugar sin nada desde muy temprano. Llegó un momento en que Laura dejó de prender las luces, y los castigos o momentos de levantarnos de las sillas eran más largos o con una acción extra, como besar al hombre en la silla, o al del lado.
En un momento ya todas girábamos sin nada y yo me sabía estaba mojada, pues me sentaba en diferentes lugares y a ratos sentía como el bulto de quien estaba debajo era más grueso y duro. Parece que Laura sabía eso mismo y en un momento dijo que yo, justo yo, explicará lo que tenía debajo y si estaba o no mojado.
-Hmm, es algo duro, parce ser grueso, lo siento justo, justo entre mis nalgas, al medio y hacia abajo, está a ciertos ratos palpitante. No sé si está mojado- Terminé por decir.
-Por qué no puedes decir eso- Me increpó Laura.
-Pucha, es queee, es que no sé, porque yo estoy asi, mojada- señalé, lo que me dejó en evidencia.
Laura se río en la oscuridad y solo agrego que no me preocupara, y muy resuelta dijo que ella estaba igual. Lo que generó las risas de todos. Sandra en ese momento antes de encender la música, dijo.
-Creo que todos debemos estar en las mismas condiciones… Sin nada- dijo casi como una orden.
Cuando la música paró, me di cuenta de que, al menos, el varón sobre el que me senté había tomado la sugerencia, sentía su pene aplastado por mi trasero, estaba tibio, y si, mojado; al parecer estaba caliente pues me sujeto de mis tetas y movía sus piernas para que el pene se alineara con mi trasero lo mejor posible, yo abrí mis piernas y muy rápido lo acomodé dentro de mi conchita muy húmeda y caliente. Lamentablemente fue por poco rato, pues la música partió al rato.
Cuando se detuvo, esta vez, fue algo más raro aun, quien estaba sentado, estaba como esperando el momento, pues tenía el pene sujeto y al momento de sentarme fue casi directo a dar con mi concha mojada, deslizándose hasta el fondo, generando el respectivo suspiro descontrolado, pero me lo guardé lo que más pude.
Laura no decía nada y Sandra no partía con la música, y de repente se oyeron los suspiros acelerados de uno de los varones, y allí siento una voz susurrante en mi oído que me dijo.
-Esos también están culeando- era la voz de Esteban, quien en ese instante me sujeto por las caderas y empezó a embestir sobre mi como queriendo aprovechar el tiempo que tuviésemos, lo que me terminó por soltar las inhibiciones pocas que me quedaban y le tomé sus bolas calientes con ambas manos y se las mantenía apegadas a mis piernas.
Siguió a esto una ronda más y en esta ocasión no aguanté la sensación y creo haber sido una de las primeras en quejarme al momento de sentarme, y era porque el varón de turno tenía una calentura desbordada y empezó a acomodar su pene hasta lograr introducirlo en mi trasero por completo, estábamos tan mojados ambos que no fue ni siquiera doloroso su ingreso, al contrario, fue algo placentero, a tal nivel que yo misma saltaba sobre él para sentir ese entra y sale delicioso por atrás.
Laura dejó pasar unos minutos y muy silenciosamente prendió la luz sin aviso alguno, dejando en evidencia que yo estaba sobre Cesar y que Sandra estaba con Esteban y mi marido con el pene duro expuesto debía estar con Laura. Solo nos miramos y todos nos sorprendimos, pero nadie se movía, Laura con una sonrisa al lado del interruptor miraba a las otras dos parejas cambiadas. Hasta que finalmente dijo.
-SI no quieren pagar, mejor que sigan, pero allí hay sillones mas cómodos- señaló apuntando los sillones mientras con la mirada le apuntaba el pene a mi esposo.
No había terminado de decir todo, cuando sentía como las manos de Cesar me tomaron los muslos y me levantaron, me sujetó de tal manera que hizo que me mantuviera con su pene dentro, pero podía sentir como se movía de diferentes formas dentro de mí mientras caminaba hacia uno de los sillones. Al llegar allí, me dijo.
-Ahora sí, este juego se puso bueno, ahora podemos seguir hasta que se acabe- dijo, pero sin cautelar su tono, permitiendo que los demás le oyesen.
Mi marido al oírlo solo exclamó – Diablo conocido- dando a entender que sabía que había tenido sexo con Cesar otras veces.
-Juguete nuevo para otros- le respondí, en referencia que sería su primera vez con Laura.
Cesar no escatimo en finezas y separó mis nalgas con una fiereza que me contagio toda su calentura, allí no empezamos a mover desenfrenadamente, y mi trasero era totalmente suyo y en mi concha había algunos de sus dedos que taladraban y frotaban a ratos mi vulva con una rica sensación de placer.
Mi marido no aguantó la calentura de verme como me comían el trasero y como Esteban había puesto de rodillas a Sandra delante de su silla y le succionaba toda la verga. Tomó a Laura la llevó al sillón más largo y la puso de perrito, Cesar me contó que le pasó la lengua por detrás y le metió el pene en el trasero también. Laura seguía siendo la jefa de un juego que ya no era el original, y luego de muchos minutos en la posición que habíamos adoptado, señaló.
-Hay que cambiar de posición- mientras sacaba el pene de mi esposo de su trasero y se acomodaba para recibirlo ahora por su brillosa vagina.
-¿Y de parejas no? - agregó Sandra, quien tenía sus labios rojos y mantenía el pene de Estaban en sus manos.
Esteban sin pensarlo, se paró hacia mí, apartó a Cesar y rápido me dijo que quería algo de sabor y metió su lengua en mi vagina, lo que hizo que cerrara mis ojos para disfrutarlo y acariciar su cabeza mientras su lengua escarbaba dentro de mí. Yo estaba fuera de mí, aun tenía la sensación de tener el pene dentro de mi trasero, aun con Laura y Sandra moviéndose para cambiar de posiciones, pude ver que Cesar se paraba para ir a otro lugar, no lo dejé irse sin un adiós; le agarré su muy parado pene y lo presioné con fuerzas, moviéndolo como queriendo sacar esa leche antes de irse, no lo logré pues lo tomó Laura su esposa.
Así como estaba pude ver como mi marido, sentado recibía sobre él a Sandra para penetrarla por la vagina, quien comenzó a cabalgarlo lentamente. Yo cerré los ojos y me dejé llevar por una lengua dentro de mi vagina. De repente Cesar, comenzó a moverse, sin sacar su lengua dentro de mí y quedó de tal forma que me invitaba a un 69, solo abrí mi boca y comencé a comerme todo lo que su pene tenía para mí. Sabía que había estado culeando con las otras chicas, pero yo también tenía en mí parte de los penes de los demás, ya no sabía cuantas veces me senté con el pene dentro, sin saber quién era.
Era un ambiente muy caliente, de repente Laura comenzó a dar unos fuertes gritos -Dámelo, dámelo, fuerte, fuerte- decía al momento que acababa sobre mi marido con sus piernas abiertas sobre él, mientras él tenía sus enormes tetas dentro de su boca y uno de sus dedos dentro de su trasero, solo se movía un poco más y dejó su leche dentro de Laura, quien al pararse dejó escurrir el espeso y tibio líquido que mi esposo le había tirado, su pene salía mojado y rojizo. Así fue como me lo describió Cesar, pues yo no ví nada, solo vía las bolas de cesar en cara.
-Quiero lo mío- le dije a Cesar, moviendo mi lengua brutalmente y con mi mano, ayudando a la masturbación sin que saliera de mis labios ese grueso trozo de carne.
Antes que Sandra y Esteban, logré obtener mi premio, Cesar se apretó hacia abajo, deslizando su pene hasta mi garganta, allí sentí como su verga se puso más gruesa y a palpitar aceleradamente, dejando escapar muy bruscamente una gran cantidad de semen espeso, tanto que fue inevitable que salpicará fuera de mi boca lo que no logré tragar. El con su lengua dentro de mi muy mojada concha, comenzó a frotar con sus dedos mi vulva, tan rápido y fuerte que no pude controlar mi cuerpo y solté un chorro enorme, como me contó Cesar después, dejando su rostro totalmente mojado, lo que encontró delicioso.
Mientras nos enderezábamos, pude ver como saltaba la leche de estaban, quien había sacado su pene de Sandra, para que se lo agarrara y tirase el semen sobre todo su abdomen, ella creyendo que no la veían, le hizo una mueca a Esteban quien con sus dedos llevó ese líquido hasta la lengua de Sandra, quien comió todo lo que había quedado fuera.
Sin decir mucho nos fuimos a dormir con nuestros maridos, al otro día Laura llegó al desayuno sin ropa y antes de sentarse dijo.
-Que lata, hay sillas desocupadas, y yo que quería sentarme tranquila- dijo con sus brazos alzados, dejando ver sus enormes tetas y su concha abierta.
A lo que mi marido solo respondió que ya no era necesario buscar sillas, mejor desayunar en los sillones; dando a entender que lo que había pasado en la noche, no sería algo pasajero o de una sola vez… y les puedo asegurar que así ha sido por varios años.
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