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Rendición y Deseo. Capítulo 3

Laura sabe que su matrimonio está estancado, pero Iván le ofreció una llave para salir de la rutina. Ahora, con el número del desconocido en el bolsillo y la mirada de su esposo fija en él, la línea entre la fidelidad y la traición se desdibuja en cada susurro.

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Capitulo 3. La atracción de lo prohibido.

Al día siguiente al ser sábado se levantaron algo tarde de la cama y desayunaron juntos sin hablar nada de la coche anterior, aunque ambos sabían que esa noche continuaba retumbando en sus cabezas.

Laura decidió aprovechar la mañana para ir al gimnasio, por lo que se vistió y se despidió de Daniel dirección al gimnasio. No podía quitarse de la cabeza la figura de Iván: su seguridad, su manera de hablar, cómo parecía dominar la habitación con una simple mirada. A cada instante, su mente volvía a la despedida, a la sonrisa enigmática de Iván cuando le había insinuado que podrían volver a verlo.

Daniel en cambio no le gusta mucho el tema de ir al gimnasio, no le gusta el aire de “machitos” Que se respira allí, como él decía, por lo que decidió salir a correr para despejar su cabeza. Mantenía la vista fija en la acera, mientras corría, con una sensación de incomodidad que no terminaba de entender. No era exactamente celos lo que sentía. Era algo más profundo, una mezcla de inseguridad y curiosidad que lo hacía sentirse vulnerable. Nunca antes se había sentido tan fuera de lugar como la noche anterior en el pub, y aunque había algo en Iván que lo intimidaba, tampoco podía negar que le intrigaba.

Cuando llegaron a casa Daniel se fue directo a la ducha y Laura se puso a terminar de preparar la comida ya que ella aprovechaba las instalaciones del gimnasio y se duchaba allí. Mientras comían, a ambos se les notaba que sus mentes andaban fuera de esa habitación y Laura decidió romper el silencio.

—¿Qué te pareció el lugar? —preguntó, tratando de sonar casual, aunque en su interior deseaba desesperadamente saber qué pensaba Daniel. Él se tomó su tiempo para responder. —Es… diferente. No estoy seguro de qué pensar. Supongo que es interesante, aunque… no sé si es para nosotros. Laura lo miró de reojo mientras dejaba el móvil encima de la mesa donde estaban comiendo. —¿De verdad no te gustó nada? Pensé que… no sé, podría ser algo divertido para los dos. Ademas tu cosita ayer no decía lo mismo —dijo dirigiendo su mirada a su entrepierna. Daniel suspiró, dando un trago largo a su vaso de agua. —Ayer lo pasamos muy bien, eso es cierto, pero no es eso, Laura. Es solo que… no estoy acostumbrado a ese tipo de ambientes. Sentí que no encajaba. Laura notó la inseguridad en su tono, y en lugar de insistir, decidió cambiar de estrategia. —Yo lo encontré interesante. Fue algo diferente, ¿no? Y… Iván parecía alguien bastante… —hizo una pausa, buscando la palabra adecuada— seguro de sí mismo. Daniel asintió, aunque evitó mirarla directamente. —Sí, supongo que sí. Laura decidió no presionarlo más y decidió cambiar de tema mientras terminaban de comer, pero no podía ignorar lo que sentía. Por primera vez en años, algo había despertado en ella: una curiosidad, un deseo de explorar que no estaba dispuesta a ignorar. Esa noche, mientras se acostaban, cada uno quedó atrapado en sus propios pensamientos. Laura, acostada boca arriba, repasaba mentalmente cada detalle del encuentro con Iván. En su mente, su figura se mezclaba con fantasías que nunca antes se había permitido explorar. Daniel, en cambio, sentía una mezcla de alivio y desasosiego. Había algo en la manera en que Laura había interactuado con Iván que lo incomodaba, pero al mismo tiempo despertaba en él un impulso extraño, una necesidad de ver cómo se desarrollaban las cosas. Al día siguiente, mientras desayunaban, Laura fue más directa. —¿Crees que deberíamos volver al pub alguna vez? Daniel la miró, sorprendido por su franqueza. —¿Volver? ¿Tan pronto? Ella se encogió de hombros, tratando de sonar despreocupada. —No tiene que ser ahora, pero… no sé, me pareció un lugar interesante. Creo que podría ser bueno para nosotros probar algo más. Daniel bebió un sorbo de café antes de responder. —Supongo que podría ser… si es lo que quieres. Laura sonrió, agradeciendo su respuesta, aunque en el fondo sabía que él aún tenía dudas. Aun así, no iba a dejar que eso la detuviera. Algo había cambiado dentro de ella, y estaba dispuesta a explorar hasta el final. En los días siguientes, el nombre de Iván permaneció como un eco en la mente de ambos, aunque ninguno lo mencionaba directamente. Laura se encontraba a menudo pensando en él durante sus momentos de soledad, mientras que Daniel, aunque intentaba no admitirlo, se preguntaba qué era lo que lo había afectado tanto de esa noche. Finalmente, después de días de silenciosa tensión, fue Laura quien tomó la iniciativa. —Daniel, creo que deberíamos volver este fin de semana. No para nada demasiado serio, solo para disfrutar del ambiente… y, si Iván está allí, podríamos saludarlo. Daniel vaciló por un momento, pero al final asintió. —Está bien. Supongo que podemos intentarlo una vez más. Laura sintió un cosquilleo de anticipación. Sabía que esta vez sería diferente. Sabía que algo estaba a punto de cambiar para siempre.

La respiración aún entrecortada llenaba la habitación en penumbra. Laura y Daniel yacían juntos, con sus cuerpos aún tibios tras el momento mas íntimo y satisfactorio que habían compartido en mucho tiempo. Hacia meses, quizás hasta mas de un año, que no tenían sexo entre semana y acababan de tener una sesión de sexo de lo mas placentera para ambos. Laura, recostada sobre su lado, acariciaba distraídamente el pecho de Daniel, quien miraba al techo en silencio, como si estuviera procesando todo lo que acaba de suceder.

Por primera vez en meses, el vacío que solía acompañar esos momentos había desaparecido, remplazado por una sensación de conexión diferente aunque cargada de un matiz que ambos aun no podían definir. Laura rompió el silencio.

— Ha estado… bien, ¿no? —dijo en un tono casual, mientras sonreía.

Daniel giró el rostro hacía ella, correspondiéndole la sonrisa.

— Sí, creo que hacía tiempo que no… —vaciló, buscando las palabras correctas, — que no nos sentíamos así.

Laura asintió, pero no podía dejar de pensar en lo que había llevado a ese cambio. Las imágenes de Iván, su voz grave, sus palabras cargadas de confianza, pasaban por su mente como destellos que se mezclaban con el recuerdo del pub. Sentía que algo había despertado en aquella noche, algo que ahora reclamaba más.

Se incorporó ligeramente, apoyando la cabeza en su mano.

— ¿Te has dado cuenta de que esto cambió después de lo del otro día? —preguntó con cautela, observando la reacción de Daniel.

Él frunció ligeramente el ceño.

— ¿A qué te refieres?

— A nuestra visita al pub. A todo lo que pasó ahí… y a Iván. —Dijo su nombre con deliberada suavidad, como si quisiera medir el impacto que tenia en su pareja.

Daniel no respondió de inmediato. Se movió incomodo, apartando la mirada hacia el techo de nuevo.

— Supongo que fue algo… diferente.

Laura no estaba dispuesta a dejar que la conversación muriera ahí.

—¿Diferente? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? —Se inclinó un poco hacía él, buscando su mirada. —A mí me dejó pensando, Dani. Pensando en… nosotros, en lo que hemos dejado de lado, en lo que podríamos descubrir si nos atreviéramos.

—¿Atrevernos a qué? —preguntó él en un susurro, como si temiera la respuesta.

Laura sonrió con un toque de malicia.

—A salir de nuestra zona de confort. A volver a un lugar como ese. A probar cosas nuevas, juntos.

El silencio se extendió entre ambos, cargado de significado. Daniel podía sentir su propia resistencia mezclada con una curiosidad inconfesable. Finalmente, suspiró.

—¿Tienes ganas de que sea el sábado para volver al pub, no?

— No solo tengo ganas, Dani —respondió Laura con firmeza—, creo que lo necesitamos.

Daniel la miró por un momento, buscando alguna señal de duda en sus ojos, pero solo encontró determinación.

— Está bien. —Su voz salió mas baja de lo que esperaba pero con media sonrisa dibujada en su rostro.

Laura sonrió y dejo escapar un suspiro de alivio. Mientras volvía a recostarse junto a él, sintió cómo un pequeño nudo de emoción se deshacía en su interior. Había logrado dar el primer paso, y sabía que esta vez las cosas serían diferentes.

Esa noche, mientras ambos se quedaban dormidos, sus pensamientos siguieron caminos distintos. Laura no podía dejar de anticipar el reencuentro con Iván y lo que podría significar para ellos. Daniel, en cambio, luchaba por entender por qué sentía una mezcla de inquietud y expectativa al pensar en volver a ese lugar… y en volver a ver a Iván.

El día en que decidieron volver al Aurora, la atmósfera entre Laura y Daniel estuvo cargada de tensión. No era el tipo de incomodidad que solía surgir en sus rutinas diarias, sino algo más complejo, una mezcla de anticipación, incertidumbre y un deseo que ninguno de los dos terminaba de poner en palabras. Laura pasó gran parte del día eligiendo su atuendo, algo que hacía mucho tiempo no la preocupaba tanto. Optó por un vestido negro ajustado, de tirantes, que resaltaba sus curvas de forma provocativa y dejaba entrever un precioso escote. Se maquilló con cuidado, destacando sus ojos verdes y añadiendo un toque de labial rojo que le daba un aire de confianza renovada. Daniel, por su parte, eligió una camisa oscura y unos pantalones sencillos, sintiéndose un tanto fuera de lugar al lado de Laura, quien parecía irradiar una energía distinta, más segura, casi desafiante.

El Aurora estaba aún más vivo que la última vez. Las luces oscilaban entre tonos cálidos y oscuros, mientras una música envolvente parecía fusionarse con el murmullo de las conversaciones a media voz. Al cruzar la entrada, Laura sintió cómo su corazón latía más rápido. La tensión de la semana, las expectativas, todo desembocaba en ese momento. Daniel, en cambio, notó cómo su nerviosismo volvía a aflorar al cruzar la puerta. Laura lo tomó de la mano y le dedicó una sonrisa tranquilizadora. —Relájate. Esta vez estamos aquí para disfrutar.

Daniel iba un paso detrás de ella, menos seguro, tratando de encontrar su lugar en ese ambiente que todavía le resultaba ajeno. Pero Laura caminaba con confianza, como si el pub hubiera despertado en ella una nueva versión de sí misma, una que se sentía a gusto con las miradas que se posaban en su cuerpo mientras el vestido negro se amoldaba perfectamente a sus curvas. Entonces lo vio. Iván estaba apoyado en la barra, con una copa en la mano, hablando con un par de desconocidos. Parecía más relajado que la vez anterior, pero su presencia era igual de imponente. Laura sintió un leve escalofrío recorrer su espalda. Había algo en él que la atraía de una manera que no podía explicar, una energía que iba más allá de su físico. Iván se percató de su presencia antes de que ella pudiera decir algo. Su mirada se cruzó con la de Laura y, por un momento, todo el ruido del lugar pareció desvanecerse. Su sonrisa ladeada apareció como una señal de reconocimiento. Sin perder tiempo, Iván dejó la copa en la barra y caminó hacia ellos con la misma seguridad que la primera vez. —Laura. Daniel. Me alegra verlos de nuevo. —Su voz grave acarició el aire, y Laura sintió un calor súbito en su pecho. —No podíamos quedarnos con la curiosidad de una sola visita —respondió Laura, devolviéndole la sonrisa mientras inclinaba ligeramente la cabeza. Iván dejó que su mirada recorriera a ambos, aunque se detuvo más tiempo en Laura. Su tono se volvió más bajo, casi íntimo. —Este lugar tiene una forma de invitar a regresar. Me alegra que hayan decidido hacerlo. Laura sintió un leve rubor en sus mejillas, pero no apartó la mirada. Había algo hipnótico en cómo Iván hablaba, en cómo parecía dirigirse a ella de una manera que hacía que todo lo demás desapareciera. —¿Y qué tal tú? —preguntó ella, inclinándose ligeramente hacia él—. ¿Vienes aquí muy a menudo? Iván sonrió, con ese aire de misterio que parecía ser parte de su esencia. —Lo suficiente como para saber que cada noche tiene algo único que ofrecer. —Su mirada se hizo más intensa—. Y ustedes parecen ser el tipo de pareja que sabe cómo aprovechar eso. El comentario hizo que el pulso de Laura se acelerara. Sintió cómo su respiración se volvía un poco más pesada, aunque intentó mantener la compostura. Mientras tanto, Daniel observaba la interacción desde un lado, sintiéndose cada vez más pequeño. La confianza de Iván parecía llenar el espacio, desplazándolo casi por completo. Iván los guió hacia la barra y pidió una ronda de copas sin siquiera consultarles. Mientras Laura hablaba con él, inclinándose ligeramente hacia adelante para escucharlo mejor, Iván dejó que su mirada bajara sutilmente hacia el escote que el vestido negro enmarcaba de manera impecable. No se esforzó demasiado por disimularlo, aunque no fue descarado. La intención era clara: quería que Laura lo notara… y también Daniel. Laura sintió la mirada de Iván, y lejos de incomodarla, la hizo sentirse poderosa, deseada. Sus labios se curvaron en una sonrisa leve mientras volvía a levantar la vista hacia él, como si aceptara el juego sin necesidad de palabras. Cuando las copas llegaron, Iván se giró hacia ellos, entregándole primero la de Laura. Sus dedos rozaron los de ella al pasarle la bebida, un contacto breve pero que envió un escalofrío por todo su cuerpo. Laura levantó la copa, sintiendo que sus labios se curvaban en una sonrisa involuntaria. —Gracias —dijo suavemente, sin apartar la mirada de él.

Mientras bebían, Iván mantuvo la conversación fluida. Habló sobre el ambiente del pub, sobre las posibilidades que ofrecía un lugar como ese. Pero, aunque sus palabras parecían casuales, había algo en su tono que dejaba claro que estaba insinuando mucho más. Laura respondía con naturalidad, pero cada vez que sus miradas se cruzaban, el aire se cargaba de electricidad.

Daniel se mantenía en un segundo plano, escuchando pero sintiéndose cada vez más fuera de lugar. Iván notó esto y, en un gesto deliberado, se dirigió directamente a Daniel. —Dime, Daniel, ¿qué opinaste de la última vez que estuvieron aquí? —preguntó con una sonrisa, pero su tono tenía un matiz de desafío. Daniel titubeó, sintiéndose como un adolescente al que le pedían recitar frente a toda la clase. —Fue… interesante. Nunca habíamos estado en un lugar así antes. Iván arqueó una ceja, divertido. —"Interesante". Una palabra neutral. ¿Eso significa que aún no te has decidido a explorar del todo? Laura intervino antes de que Daniel pudiera responder. —Estamos en proceso —dijo, mirándolo directamente—. Creo que ambos estamos aprendiendo cosas nuevas.

—¿Y tú? —preguntó Iván en un momento, inclinándose hacia ella de forma que su voz apenas era un murmullo—. ¿Qué esperas encontrar aquí, Laura? La pregunta la tomó por sorpresa. Podía sentir su aliento cerca de su oído, y la proximidad hizo que su piel se erizara. Tomó un sorbo de su copa para ganar tiempo, pero sabía que no podía evitar responder. —Supongo que… experiencias nuevas. Algo que nos saque de la rutina. Iván asintió, como si su respuesta confirmara algo que ya sabía. —Creo que estás en el lugar adecuado. —Su mirada bajó brevemente hacia sus labios antes de volver a sus ojos—. Aunque eso depende de cuánto estés dispuesta a explorar. Laura sintió que su corazón daba un vuelco. Nunca había tenido una conversación tan cargada de tensión, de promesas implícitas. Se dio cuenta de que estaba inclinada hacia Iván, como si su cuerpo respondiera a él de manera inconsciente. Mientras tanto, Daniel observaba desde un lado, sintiéndose completamente desplazado. Había algo en la forma en que Iván miraba a Laura que lo inquietaba profundamente, pero no podía apartar la vista. Y lo peor era que, en el fondo, una parte de él estaba… fascinada.

Iván se giró hacia Daniel, como si notara su incomodidad. —¿Qué opinas, Daniel? —preguntó, con un tono casi desafiante—. ¿Crees que este es un buen lugar para descubrir algo nuevo? Daniel titubeó, sintiéndose atrapado. —Supongo que… podría ser. Iván sonrió, como si la respuesta lo divirtiera. —Es un buen comienzo.

Finalmente, cuando llegó el momento de despedirse, Iván sacó un pequeño papel del bolsillo y lo dobló cuidadosamente antes de dárselo a Laura. Sus dedos rozaron los de ella una vez más, y sus ojos se clavaron en los suyos con una intensidad casi hipnótica. —Por si alguna vez quieren ponerse en contacto fuera de aquí —dijo con una media sonrisa, su voz baja y cargada de intención. Laura lo tomó, sintiendo que su mano temblaba ligeramente. —Gracias… Iván. Iván sonrió y se acercó a Laura, inclinándose para besarla en la mejilla, pero lo hizo tan cerca de sus labios que por un momento pareció un beso más íntimo. Luego se giró hacia Daniel, tendiéndole la mano con un apretón firme que duró apenas unos segundos más de lo necesario. —Un placer volver a verlos, Daniel. Espero que esta noche haya sido interesante. Daniel asintió, incapaz de responder con palabras. Iván se giró y desapareció entre la multitud, dejando a Laura y Daniel en la puerta del pub, envueltos en una mezcla de emociones que los acompañaría hasta su próxima visita.

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Después de muchos años leyendo relatos de todo tipo me he animado a empezar a escribir y espero que les guste.

Tengo bastantes capítulos ya redactados, aun que no se todavía la duración que tendrá esta primera novela, asi que cualquier idea o crítica constructiva será bien recibida y seguramente me sea de mucha ayuda.

Espero sus comentarios. DPB