Dos cerditos en pandemia 1ª parte
El confinamiento encierra a dos amantes que deciden bajar las barreras de la estética por el placer puro. Ella acepta ser su 'loba peluda' si él la desmonta sin piedad; él acepta el desafío, sabiendo que su boca será el único lugar donde ella perderá el control.
No me gusta hablar de aquella época, pasaron cosas desagradables, pero sí deseo compartir lo que me sucedió con Luis, mi pareja, en aquella primavera de 2020.
La verdad es que el estado de alarma me pilló un poco desprevenida y.. asilvestrada en mi cuidado estético.
Luis y yo llevamos dos años conviviendo, él es alto y fuerte, muy guapo, complaciente y atento conmigo y un poco guarrete y perverso en la cama, pero sólo de vez en cuando, cosa que me encanta, aunque trato de hacerme la modosita reacia, ya que sé que eso lo pone burrísimo y muy caliente.
El hecho es que el confinamiento no me pilló en bragas, sino en pijama de pantalón largo, con cita para depilarme una semana más tarde y con un mar de dudas ¿Qué iba a pasar con nuestra relación, sería capaz de soportar tantas horas de encierro y convivencia forzada?
- Luisito, apunta en la lista cera depilatoria, cuchillas lady, algún aceite de argán para calmar la piel luego.. buuuufffffff qué fastidio tener que hacérmelo yo, los gabinetes de estética deberían de ser un servicio esencial, como las farmacias (nos reímos de mi ocurrencia).
- Cariño, hace una temporada que me ronda una idea y ahora es el momento de proponértelo (me abrazó meloso por la cintura y apartó el pelo de mi nuca, dejando sobre esa zona un beso que me puso los vellos de punta, y no sólo los de los brazos).
Hace tiempo que me ronda la idea de que te pases una temporada sin depilarte..
- Cóooomoooo!? Estás chalado!!
- Sí, estoy loco.. pero por ti, quiero verte tal y como eres, vamos a pasar mucho tiempo juntos, llevamos 2 años de relación, no me voy a asustar por nada tuyo, quiero que el mes que viene seas mi loba peludita (esto último me lo susurró con un aliento tan caliente como el rabo del diablo, sentí que mi entrepierna se fundía como mantequilla, de buena gana hubiera dejado que me follase sobre la encimera de la cocina, en plan "El cartero siempre llama dos veces", pero aún no tenía claro eso de dejar caer mi pijama y mi glamour hasta el suelo y mostrarme abierta de piernas y entrepierna peludas para mi Luis, así que me hinqué de rodillas y fue su pijama el que cayó hasta los tobillos, al tiempo que me metía hasta la campanilla su pollón gordo, morcillón, dejando que sus enormes pelotas me golpeasen en la barbilla, algo que me ponía a mil y que era imposible de realizar cuando mi niño alcanzaba su esplendor en grosor y longitud.
- Cariño, no estoy limpito, anda, desnúdate, que te voy a follar bien follada.
- Te parece que me importe lo sucia o limpia que esté tu polla? (le respondí con la boca llena de carne, lo que lo puso a bufar como un toro).
Mientras me metía uno de sus monumentales testículos en la boca farfullé: Lo que sí quiero es que no te recrees, cariño, córrete rápido, que las baldosas me están matando las rodillas.
Sus ojos brillaron con esa maldad que saca a relucir cuando consigo sacarle el depravado que lleva dentro.
- Así que mi esposita quiere un rapidín de leche calentita, eh? Pues sácate rápido la parte de arriba del pijama y sigue chupándome los huevos, que quiero verte esas tetas de vaquita bella que te gastas.
Dejé de comerle los testículos el tiempo imprescindible para despojarme de la camisa del pijama y dejar al aire esos dos monumentos de pechos que, sin soberbia, sé que tengo; son preciosas, llenas, nada caídas, con unos pezones rosados y del tamaño de una galleta, que, cuando mi Luis me pone a tope, se ponen erectos y desafiantes.
Moví un poco mis tetas adrede, buscando ponerlo aún más caliente, mientras seguía ensalivándole el escroto sin importarme lo más mínimo que llevase sin ducharse desde el día anterior, era mi hombre, me había calentado y lo iba a deslechar en cuestión de minutos, luego ya decidiría si me depilaba o acababa accediendo a su extraña petición.
- Qué me gustas, estás guapísima con mis huevos en tu boca y restregándome las tetas en los muslos, pero me temo que te vas a hartar de polla para que tus rodillas no sufran.
Dicho y hecho: me sacó su huevo de la boca, me agarró fuerte del pelo y se puso a follarme la boca con aquel rabo tan gordo y largo que me dislocaba. Me dejé hacer, como si mi boca fuera un coño, dejando que su húmedo prepucio golpease mi campanilla, babeando y soltando sonidos guturales, mientras me castigaba el clítoris como una posesa, tratando de ignorar el dolor de mis rodillas.
Afortunadamente mi maridito no prolongó su brutal follada oral, en cuestión de 5 minutos comenzó a bufar como un toro y se corrió en mi boquita como un auténtico señor en un burdel, soltando varias descargas de espeso semen que no dudé en tragarme mientras me derretía de gusto por el dedazo que me había propinado y por la satisfacción de haber dejado a mí maridito usarme como a una cualquiera, pero yo no lo era, ambos sabíamos que era su señora y su puta.
Me levantó del suelo y me cubrió de besos, metiendo su lengua en mi boca, sin importarle que estaba llena aún de su semen.
- Sabes que te amo, que me vuelves loco y que no sabría ni querría vivir sin ti?
- Pues si tanto me quieres déjame que vaya al cuarto de baño y me asee un poco, que me has dejado encharcada arriba.. y abajo.
- Quieres que te deje yo bien limpita?
- Noooooo, anda, déjame un ratito en paz, hasta una dama tan putita como yo necesita un poco de intimidad, o también quieres verme haciendo gárgaras y despegándome las bragas empapadas?
- Mmmmmm.. suena bien..
- Anda, anda, no seas tan cerdo y déjame un rato a solas.
Cerré la puerta del baño y me desnudé, poniéndome frente al espejo. La verdad es que, a mis 26 años, estaba hecha un mujerón, no tenía una talla 36, pero sabía que mis piernas torneadas, mi culo de melocotón XL, mi vientre plano, mí coño dibujado con pincel, mis pechos grandes y hermosísimos, dislocaban por igual a hombres y mujeres, pero sobre todo a mi Luis.
Escudriñé todo el vello que ya poblaba mis piernas, inglés, axilas.. aquello empezaba a ser vergonzoso, pero la verdad es que, con el confinamiento, no se atisbaba la playa ni de coña. Por otra parte recordé el consejo de mi madre la tarde antes de irme a vivir con Luis: "Hija, sé una señora ante todo, y una madre ejemplar cuando llegue el momento, pero en cuanto se cierre la puerta de tu casa, la de tu alcoba, no le niegues nada a tu marido, complácelo y cumple todas sus fantasías, pero que lo haga contigo, que no sienta la necesidad de buscar fuera lo que tiene en su casa y en su cama. Y cuando te enfades con él, haz las paces en la cama, igual que cuando él se enfade contigo, entra al catre desnuda y que él decida si quiere seguir enfadado. Y búscale tú a él, no dejes que sea siempre él quién te busque, que se sienta deseado, así será feliz a tu lado y no buscará nada fuera."
Me duché y decidí que la cuchilla no pasaría por ciertas partes de mi cuerpo durante el tiempo que mi Luis gustase. Salí en pijama antimorbo, babuchas de paño y toalla liada en la cabeza.
- Amor, si lo que quieres es una mujer peluda y descuidada, así sea, mientras no me lo pidas no me depilaré. Pero cejas, bigote y axilas quedan fuera del trato, de acuerdo?
Luis me abrazó y me dió un beso con lengua en el que una gourmet como yo aún saboreó restos de su leche.
- Contraoferto, querida: de cuello para abajo nada de depilación. Yo también me cuidaré de cuello para arriba, no quiero abrasarte la piel en tus zonas más delicadas.
Mientras decía esto me quitaba el pijama, las babuchas volaron y allí estaba yo, despatarrada en el sofá, con la toalla en la cabeza y mi marido arrodillado ante mí y su boca hundida en mi limpita entrepierna, me estaba propinando una comida de coño (y culo) que me puso a soltar flujo y gemidos como cuando era una adolescente en el asiento trasero de algún coche.
- Cariñoooooo.. deja algo para otro día.. no podemoooooos follar todo el tiempo como conejosssss.. qué gustooooo.. sigue, no pares.. chúpame el culo, que está limpito, y méteme 2 dedos.. oooooooohhhhgggh.. mira mis pezones, mmmmmmmm..
Con la mano derecha usaba dos dedos para frotar mi suelo pélvico, al tiempo que me chupaba el culo y me punteaba el esfínter con la lengua. La mano izquierda la usaba para acariciar mis enhiestos pezones de forma alterna, mientras yo.. aullaba como la loba peluda en la que me quería convertir, su loba peluda.
No tardé ni diez minutos en soltarle en la boca una corrida espesa como la de un macho, muy fragante y clara, señal de que estaba ovulando. Me sentía muy hembra boca arriba en el sofá, abierta de piernas, dejando que mi marido limpiase con su lengua todos los restos de corrida de mi cada vez más frondosa entrepierna, sin importarme que me viera con aquellas piernas que comenzaban a estar peludas como las de un futbolista de los 80s.
Me costó más recuperarme del orgasmo que llegar a él, pero allí estaba mi niño, amoroso y dedicado a besar mis labios vaginales, mi monte de Venus, la cara interior de mis muslos, mientras acariciaba mis pies de geisha (tenerlos bellos y cuidados era una mis líneas rojas innegociables, además, a él le encantaba, de vez en cuando, acabar masturbándose con ellos y soltar interminables y copiosas corridas que me los dejaban embadurnados en leche; para eso era imprescindible que uñas, dedos, talones.. estuvieran siempre impecables.
- Ven, cariño.. móntame y hazme tuya
- No, nada me gustaría más que hacerlo, pero tengo trabajo, he esperado un poco a que acabaras en la ducha para agradecerte tu regalo peludo con una comida de coño, no sólo para tener sexo. Te amo.
Me besó y me dejó en el sofá, desnuda, aún abierta de piernas y con el coño hecho moscatel por aquella negativa a desahogarse, por su cunnilingus de agradecimiento y su amor hacia mí.
Me levanté y me vestí antes de dejar
me ir y tener que hacerme un dedo para calmar mi enamoramiento de Luis.
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