Xtories

El ladrón de relatos

Victoria lleva años escribiendo en secreto lo que nunca se atreve a vivir. Pero cuando el rencor y el deseo se cruzan con un viejo amor universitario, la línea entre la fantasía y la realidad se desdibuja. Esta noche no hay vuelta atrás: va a comprobar si el pasado puede ser mejor que el presente.

VickySG10K vistas9.1· 20 votos

El amor puede ser lo más maravilloso del mundo, nadie me oirá decir o escribir lo contrario, pero ¿cuántas buenas oportunidades dejamos escapar por su culpa? En ocasiones, demasiadas, aunque solo nos damos cuenta cuando ya no queda nada de la pasión de los inicios y todo lo que permitimos que no sucediera se ha convertido en arrepentimiento.

Esto no lo digo porque le haya ocurrido a una amiga o a una simple conocida, no, yo voy de frente y reconozco que me ha pasado a mí. Como la mayoría, me enamoré de jovencita, pero tuve la mala fortuna de que el sentimiento fuera correspondido. Lo normal es que ese primer amor fracase a las primeras de cambio, sin embargo, a mí me tocó la relación duradera.

Obviamente, por aquel entonces estaba encantada de que lo nuestro se prolongara en el tiempo, porque Álex me parecía un chico increíble. Desde que nos conocimos siempre demostró una inteligencia superior a la media, quizás no la aplicaba a los estudios, pero sabía sacarle partido y no me cabía duda de que tenía por delante un gran futuro.

Como los años pasaban y seguíamos juntos, puse bastante de mi parte para que encontrara su camino. Mientras que yo iba a la universidad para alcanzar mi objetivo de ser enfermera, él se dedicaba a holgazanear a la espera de tener una idea que pudiera traducir en grandes cantidades de dinero. Era listo, pero no andaba sobrado de talentos.

Álex se manejaba bastante bien con los ordenadores y era un embaucador, dos cualidades a las que pretendía sacar partido esforzándose lo menos posible. Fui yo la que le di la idea de crear una página web, un sitio en el que pudiera contar historias que captaran la atención de la gente. Siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, decidió que fuesen los demás quienes las contaran.

No sucedió de la noche a la mañana, pero su web fue ganando popularidad, cada vez más personas compartían sus historias sin más propósito que el de ser leídos y recibir la aprobación de desconocidos. Los escritores no ganaban nada, pero Álex empezaba a llenarse los bolsillos con las marcas que estaban dispuestas a pagar por anunciarse en la página.

Olvidando que casi todas las ideas habían sido mías, me sentía muy orgullosa de él. En vez de rendirse y optar por el mismo camino que la mayoría, esperó hasta dar con la idea que le hizo ganar dinero fácil. Cuando eso sucedió, yo ya era enfermera y llevábamos cinco años juntos, momento de dar un paso hacia delante en la relación.

Decidimos alquilar un piso para vivir juntos. No quiero decir que fuese una mala idea, porque tarde o temprano todas las parejas que se supone que funcionan lo hacen, pero desde entonces no fuimos precisamente a mejor. Todos sus pequeños defectos, esos que viéndolos solo de vez en cuando podían parecer incluso encantadores, en la convivencia se volvieron insoportables.

Era como si llevara cinco años ocultando su verdadera personalidad y al vivir juntos ya daba por hecho que no me iba a perder y se dejó ir. También cabía la posibilidad de que yo no hubiera querido darme cuenta antes, pero la cuestión es que enseguida tuve claro que nos esperaban más malos momentos que buenos. Y yo casi nunca me equivoco.

Romper una relación no es sencillo ni siquiera cuando llevas poco tiempo, así que después de más de cinco años, con proyectos en común y gastos a medias, se vuelve mucho más complicado. Lo normal es dejarlo pasar a la espera de que todo mejore, pero eso nunca ocurre, solo se acumulan más motivos para dejarlo y menos valor para hacerlo.

Entre las excusas que encontraba para no plantar a Álex la más poderosa era que su página web seguía en ascenso. No es que siguiera con él por el dinero que eso le podía generar, pero pensaba que era mejor esa seguridad que lanzarme a lo desconocido. Fue por eso que busqué más puntos en común, algo que nos pudiera unir más.

- Victoria, hoy toca noche loca.

- Tengo turno en el hospital, te lo dije ayer.

- Joder, nunca estás cuando tengo ganas.

- Podría decir que nunca tienes ganas cuando estoy.

- Las tengo, pero no te digo nada para que no creas que solo pienso en eso.

- Pronto te compensaré.

- Me pasaré la noche revisando historias, que últimamente envían cosas muy raras.

- Puede que pronto escriba yo también un relato.

- En mi web solo se publican cosas de nivel.

- Es que ni pienso publicarlo, listo.

- ¿Entonces?

- Quizás así comprenda mejor el mundo en el que estás metido.

- Eso es como si a mí me da por sacar sangre para entender el tuyo.

- Hago mucho más que eso.

- Y yo no escribo, solo gestiono la web.

- Tranquilo, que no dejaré que lo leas.

- ¿No será que quieres escribir uno guarrillo?

- No es mi género favorito.

- Mejor, lo que tú y yo hacemos es mejor que no conste por escrito.

- Desde luego, porque creo que nadie se lo creería...

El sexo era un tema al que nunca le había dado excesiva importancia, pero daría para escribir mucho más que un simple relato. Como Álex fue mi primera vez, nunca tuve la oportunidad de comparar, de saber si su técnica era buena o si el tamaño de su herramienta estaba dentro de la media. Con los años, a base de hablar con amigas, me fui dando cuenta de que no había salido muy bien parada.

Pero no era mi insatisfacción sexual de lo que pretendía escribir en esos relatos con los que pensaba ocupar mis escasos ratos libres. Prefería contar historias de amor, algo que sí que había tenido, aunque en esos momentos de mi vida me hubiese encantado reescribir ciertos aspectos de mi relación con Álex, cada vez más.

Así fue cómo empecé a dejar volar mi imaginación, a plasmar en mi ordenador historias de jóvenes enamoradas y de hombres dispuestos a hacer cualquier cosa por ellas. Se podría decir que comenzó como una experiencia bastante grata, hasta que me di cuenta de que a ellas les ponía mi cara, pero los protagonistas nunca tenían la de Álex.

Me costó, pero acabé aceptando que era a otro al que veía siempre a mi lado. Marcos, el único tren que dejé escapar y del que realmente me arrepentía. Lo conocí en la universidad y de inmediato saltaron chispas entre nosotros. Al ser yo era una chica fiel ni se me pasó por la cabeza ponerle los cuernos a Álex. Bueno, sí que lo pensé, pero no lo hice, que es lo que cuenta.

A partir de entonces me comencé a preguntar con frecuencia qué habría sido de Marcos y si la vida me hubiese ido mejor a su lado. Al menos él comprendería mi profesión, lo que suponían las guardias, y tendríamos algo de lo que hablar. Nunca seríamos millonarios, que era la esperanza que aún conservaba con Álex, pero tampoco lo necesitaba.

Conforme más escribía, más presente tenía a Marcos, y eso me pasaba factura a la hora de relacionarme con Álex en todos los sentidos. Mi novio estaba demasiado pendiente de sus propios asuntos como para darse cuenta de que me ocurría algo, pero a mí me inquietaba que no fuese capaz de seguir con él y toda mi vida se pusiera patas arriba.

- ¿Cuándo me vas a dejar leer tus relatos?

- Nunca, ya te lo dije.

- Pero nadie te va a dar una opinión tan experta como la mía.

- No me hace falta, lo que escribo es para mí.

- Eres una desconfiada, así no sé cómo quieres que nos casemos.

- Un momento, aquí nadie ha hablado de boda.

- Es lo normal, ¿no?

- Esas cosas hay que hablarlas con calma.

- Vamos, Victoria, sabes que lo nuestro es para siempre.

- ¿Por qué estás tan convencido?

- Porque no vas a encontrar a otro como yo.

- En eso tienes toda la razón.

- Mi brillante idea nos mantiene a los dos y no tardaremos en estar forrados.

- ¿Perdona?

- Ya, sé que tú también trabajas, pero yo gano bastante más.

- La idea no fue tuya, eso para empezar.

- Soy el amo de esa puta web, yo decido quién publica y quién no.

- ¿Te dedicas a censurar?

- Solo a los escritores más exitosos, nadie puede brillar más que yo.

- Eso no está bien, Álex, gracias a ellos la página tiene éxito.

- No hables de lo que no sabes, porque corres el riesgo de hacer el ridículo.

- Después no te quejes si vas perdiendo escritores y lectores.

Como si dirigiera un auténtico negocio de éxito en vez de una web cutre, Álex se comportaba cada vez más como un auténtico cretino. Como a ese juego podíamos jugar los dos, decidí buscar a Marcos en redes sociales e iniciamos un inocente intercambio de mensajes. No tardé en escribir un relato sobre lo que me estaba ocurriendo... y acababa por todo lo alto.

Seguía sin ser partidaria de la infidelidad, pero la prepotencia de Álex no podía quedar sin castigo. Resultaba imposible no imaginarme saldando la deuda pendiente que tenía con Marcos, convirtiéndolo en el segundo hombre que metía en mi cama, aunque solo fuera por darme el gusto de meterme por primera vez un pene que no fuese microscópico.

Pese a que mi imaginación iba por su cuenta, Marcos y yo nunca hablábamos de esos temas. Lo que sí parecía que teníamos claro ambos era que nos apetecía quedar para tomar un café y ponernos al día. Aunque eso no fuese infidelidad, no pensaba contárselo a Álex. Pese a su chulería, no dejaba de ser un celoso inseguro.

En mi vida había puesto tanto esmero en arreglarme para ir a una cafetería. Quería gustarle a Marcos, que me mirara como cuando íbamos a la universidad y volver a sentirme deseada. Eso fue justo lo que ocurrió, por ambas partes, porque él seguía estando igual de bueno, puede que incluso más. Esa tarde iba a ser todo un desafío.

- La mejor estudiante con la que jamás he compartido clase.

- ¿Dónde?

- No te hagas la modesta, Vic, sabes que nadie te superaba.

- Sin embargo, el que tiene un puestazo ahora mismo eres tú.

- Suerte, y sacrificar el resto de mi vida prácticamente por completo.

- Te en vídeo incluso en eso.

- No creo que a tu chico le hiciese gracia que le dedicaras a unas horas al trabajo.

- Pues lo que yo creo es que ni se daría cuenta.

- No me habías dicho que tuvierais problemas.

- Yo no lo llamaría así.

- ¿Entonces?

- Álex tiene su forma de ser y yo la mía.

- Si en algún momento te planteas dejarlo...

- Es mejor que no termines esa frase.

- Lo digo en serio, tú y yo tenemos algo pendiente.

Justo en ese momento vi pasar a Álex por delante de la cafetería. Pasó de largo, pero por un instante me pareció que nos había visto a través de los cristales. Dejé de sentirme cómoda, por lo que pudiera pasar al regresar a casa, y se esfumó cualquier posibilidad de dejarme llevar con Marcos, y no precisamente por falta de ganas.

Al despedirnos dijimos que nos volveríamos a ver, aunque yo no estaba muy convencida de ellos. Ese hombre era una tentación enorme, verlo, a no ser que me decidiera a hacer una locura, solo me podía acarrear problemas. Volví a casa con miedo, lo último que me apetecía era discutir con mi novio y tener que darle explicaciones.

Para mi sorpresa, Álex no me dijo absolutamente nada. Quizás en realidad no me había visto, o al igual que yo, él tampoco quería discutir. En cualquier caso, era lo mejor que podía pasar. Más tranquila, decidí escribir un rato después de cenar, plasmar en un relato todo lo que había sentido a reencontrarme con Marcos.

Cogí el portátil y me senté en el sofá, como hacía siempre que me ponía a escribir. Abrí la carpeta en la que tenía guardados los relatos y... no había nada. Dentro de mis escasos conocimientos de informática, los busqué por todas partes, incluida, obviamente, la papelera de reciclaje. Era lo único que faltaba en el ordenador, se habían esfumado.

Mi idea más inmediata fue pedirle ayuda a mi novio, pero justo antes de hacerlo se me pasó algo por la cabeza. Era imposible que los relatos se hubieran borrado solos, alguien lo tenía que haber hecho. Descartada yo misma por razones lógicas, Álex era el único que tenía acceso a mi portátil. ¿Era su venganza silenciosa por lo que había visto esa tarde?

- ¿Ya te acuestas? Pensaba que ibas a escribir un rato.

- Estoy cansada, no se me ocurren buenas ideas.

- Por eso no podrías publicar en mi web.

- He leído bastantes de esas historias y muchas son un bodrio.

- ¿Crees que las tuyas son todas dignas de alabanzas?

- Puede que sí, pero no lo sabes porque no las has leído, ¿no?

- Me lo tienes prohibido.

- Claro, porque pertenece a mi privacidad, así que no es cosa tuya.

- Entonces ¿todo bien con tus relatos?

- Perfectamente, ¿por qué lo preguntas?

- Por nada, mujer...

Ya no me cabía la menor duda de que había sido él, que me había borrado los relatos porque le resultaba más sencillo vengarse de esa manera que admitir que me había con otro y lo que eso pudiera provocar. Pero en ese momento era yo la que necesitaba resarcirse, y todas mis ideas apuntaban hacia la misma dirección.

Al día siguiente me desperté aún más convencida de que aquello no podía quedar así, tenía que hacer algo. Álex llevaba tiempo demostrando con su manera de comportarse que no se merecía estar conmigo, pero lo de los relatos fue la gota que colmó el vaso. Si me molestaba que hubiese visto a otro, más le iba a fastidiar lo que tenía pensado hacer.

Estaba totalmente decidida, pero como me conocía, me di un día entero para pensármelo bien. En el hospital no dejaba de darle vueltas al asunto, y todo me hacía indicar que no debía echarme atrás, era mi oportunidad. Ni siquiera esperé a que terminara el turno, fui al cuarto de baño y desde allí mismo llamé a Marcos.

- ¿Estás ocupado?

- Acabo de parar para comer, ¿pasa algo, Vic?

- No, solo quería hablar contigo.

- Me alegro, porque temía que no quisieras volver a saber de mí.

- Yo no me olvido fácilmente de los viejos amigos.

- ¿Eso es lo que somos?

- Depende... ¿sigues viviendo cerca de la facultad?

- Estoy buscando algo mejor, pero de momento sí.

- ¿Y en qué momento podría encontrarte allí... a solas?

- Mañana mismo tengo todo el día libre.

- Pues espérame a la misma hora del otro día, vamos a saldar las deudas.

Se tenía que acabar el vivir arrepentida de haberlo dejado escapar, de seguir con un tío que no se esforzaba lo más mínimo por hacerme feliz y que no valoraba todo lo bueno que yo le había aportado. Me merecía follar con Marcos, probar algo nuevo y poder al fin comparar, después ya vería que decisión tomaba respecto a la relación.

Creí que las dudas me asaltarían en cualquier momento y acabaría reculando, pero no fue así. Mis ganas aumentaban a cada instante, me excitaba solo con imaginarlo. Ni siquiera recordaba la última que estuve tan cachonda, si es que en alguna ocasión lo había estado. Marcos parecía estar igual que yo, tenía que ser algo épico.

Me arreglé aún más que para nuestro reencuentro, aunque de una manera mucho más sexy. Un escote de vértigo y una falda bien corta para que le quedara claro desde el principio que no estaba en su casa para recordar de nuevo los viejos tiempos. De hecho, mi intención era no tener que hablar de absolutamente nada.

Por ese mismo motivo, en cuanto me abrió la puerta me lancé a por él. Un primer beso pegado a los labios y en segundo ya en plena boca. Aunque se sorprendió, Marcos me correspondió y tardó muy poco en hacer que nuestras lenguas se encontraran. Cerró la puerta de una patada y reculando torpemente me llevó hasta su habitación.

Solo nos habíamos morreado durante un par de minutos y ya tenía el tanga empapado, los fluidos comenzaban a descender por mis muslos. Estaba ansiosa por follármelo, pero antes necesitaba comprobar si realmente llevaba años engañada. Solo necesité llevar una mano a la entrepierna de Marcos para descubrir que sí.

Lo que ese muchacho tenía entre las piernas era al menos el doble de grande que la de Álex. Le bajé la cremallera a toda prisa, necesitaba sostenerla entre mis manos, notar el calor de su piel y llevármela a la boca. La de mi novio me cabía entera, sin ningún esfuerzo, pero de la de Marcos solo pude engullir la punta. Eso sí, lo di todo para que disfrutara.

Pasé la lengua por su polla, desde la base hasta el glande. Era como si por primera vez me permitieran jugar con una de verdad, una reservada para mayores. Arrodillada ante él, se la seguí mamando mientras me sostenía por la nuca y me atraía hacia su cuerpo para que se la comiera entera. Tenía el coño encharcado.

Me ponía muy caliente pensar en que derramara todo el semen en mi boca, pero necesitaba urgentemente que me diera placer. Me puse de pie y Marcos le entendió a la perfección, hizo que me tumbara en su cama, me subió a la falda, me retiró el tanga y me devolvió el favor lamiéndome la raja. Mis gemidos debieron escucharse a varios kilómetros de distancia.

Mientras Marcos me proporcionaba placer oral, yo me deshice de los pocos botones que quedaban abrochados en mi blusa y comencé a apretarme las tetas. Era algo que no había hecho nunca, pero el cuerpo me lo pedía. Movía de forma impulsiva las caderas para apretar mi sexo contra su boca. Lo comía mucho mejor que Álex, no fue ninguna sorpresa.

Estaba a punto de estallar cuando Marcos debió sentir la misma necesidad que yo y dejó de lamérmelo para tumbarse sobre mi cuerpo desnudo. Parecía dispuesto a penetrarme, pero quería ser yo la que lo cabalgara hasta quedarme seca. Él no puso ningún inconveniente, así que me coloqué encima, volví a sostener su obra de arte entre mis manos y me la metí. Al menos todo lo que me cupo.

Puse las dos manos sobre sus pectorales y él me imitó, acariciando con sutileza mis pechos. En el momento en que comencé a trotar a gran velocidad, introduciéndome cada vez más centímetros, sus dedos empezaron a juguetear con mis duros pezones. Aquello no se parecía en nada a todo lo que había hecho hasta la fecha.

En cuestión de segundos ya me había logrado meter su rabo entero, en una mezcla de dolor y placer que me volvía loca. Marcos seguía jugando con una de mis tetas, me pellizcaba el pezón, pero con la otra mano me tenía agarrada por el culo. No pensé en Álex más que para compararlos a los dos y darme cuenta de que todos esos años me había perdido muchísimas cosas.

- Ojalá te hubiera follado nada más conocerte.

- Ahora no estaríamos viviendo este momentazo, Vic.

- Júrame que vamos a repetirlo.

- Todas las veces que tú quieras.

- Joder, Marcos, tienes una polla enorme.

- ¿Te gusta?

- Ahhh, hostia, sí, me encanta.

- Quiero que te corras para mí.

- Tú también, relléname de leche.

- No me he puesto condón.

- Ohhh, da igual, tú sigue y dámelo todo.

Desde debajo, Marcos comenzó a empujar con fuerza, haciendo que me llevara todavía más. Yo seguía cabalgando, con una mano aún en su pecho y con la otra enredada en su pelo. Cuando el placer llegó a mi cuerpo, haciéndome temblar de pies a cabeza, él clavó los cinco dedos en mis nalgas y ese corrió casi a la vez.

Exhausta por el esfuerzo y aún sin poderme creer que algo así fuera real, me tumbé a su lado para recuperar las fuerzas, pero no fui capaz de soltarle la tranca. Todavía expulsaba gotas de semen caliente, no veía el momento de provocar que volviera a eyacular en cualquiera de mis agujeros. Iba a ser una tarde muy larga y placentera.

Estaba decidida a dejar a Álex, pero haciendo las cosas medianamente bien, por eso no quise llegar demasiado tarde a casa. Aunque lo más probable era que mi novio sospechara, porque había vuelto a desaparecer sin darle explicaciones, no noté enfado en él, más bien al contrario, parecía muy entusiasmado con algo que tenía que contarme.

- ¿A qué viene tanta alegría?

- Me han hecho una oferta por la página.

- ¿Una oferta? Es una web muy sencilla, cualquiera podría crear una igual.

- Dicen que se tardan años en conseguir la cantidad de usuarios que yo tengo.

- Pero no la puedes vender, te da bastante dinero.

- Una cantidad ridícula, si lo comparamos con lo que me han ofrecido.

- ¿En serio?

Tal y como siempre esperé, Álex se hizo millonario gracias a la idea que en su día tuve. Su éxito se debía a mí, pero no estaba dispuesto a reconocerlo de ningún modo, así que no me quedó más remedio que seguir a su lado para poder disfrutar de la fortuna que en realidad me correspondía a mí y a todos los que habían hecho grande la web con sus relatos.

Me tragué el orgullo y continué escribiendo como vía de escape, era la única manera de huir, de plasmar todas las fantasías que ya no viviría. Quizás algún día se haga justicia y pueda llevar las riendas de mi vida y mis relatos, pero hasta entonces no me queda más remedio que soportar a Álex, un inútil de pene diminuto que se lucra del esfuerzo de los demás.

FIN/PRINCIPIO