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Lucía - El viaje a la playa VI (interludio)

Thiago la mira desde la distancia, impasible, mientras dos desconocidos la poseen. En su mente, los límites se disuelven y el placer se vuelve un juego de miradas prohibidas. Pero al abrir los ojos, la realidad la espera desnuda y expectante.

Bauglir V7.1K vistas8.0· 9 votos

Esta es la sexta entrega del cuento Lucía - El viaje a la playa. Les recomiendo antes leer los capítulos anteriores para entender la evolución de los personajes, sus personalidades y sus deseos. Espero lo disfruteís tanto como yo escribirlo. Si les gusta, déjenme saber para seguir escribiendo más capítulos, así como cualquier recomendación, sugerencia o corrección.

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El atardecer pintaba la playa de colores rojizos, cobres y dorados. Los rayos de sol bañaban el cuerpo de Lucía que había adquirido un color tostado brillante que contrastaba con el blanco perfecto del atrevido bañador de una pieza que le cubría apenas el cuerpo. Estaba acostada a un lado de una piscina infinita con una copia de vino en la mano. Se sentía contenta, plena y satisfecha.

A unos cuantos metros, Thiago la miraba con gesto interesado y extrañado, mientras bebía lo que parecía un mojito.

La música sonaba a lo lejos, suave y lenta, creando una atmósfera mágica y seductora. Lucía cerró los ojos y le dio el último trago a su vino mientras escuchaba unos pasos que se acercaban despacio hacia ella y una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios.

Pronto, se hicieron visibles los dos jóvenes que caminaban rumbo a la mujer que seguía con la cabeza recargada sobre el camastro de playa. Lucía abrió los ojos. A su derecha encontró a un joven adonis de piel tostada, cabello rubio tostado un poco largo y alborotado, barba sombreada y una sonrisa maravillosa. Su cuerpo era esbelto, pero perfectamente delineado con las proporciones perfectas. Sus brazos se adivinan fuertes, su vientre ejercitado parecía querer mostrar el camino hacia su entrepierna con sus músculos marcados y apuntando como una flecha. Era Luca, el joven de acento curioso que habían conocido en ese viaje y al que le había permitido verla masturbarse frenéticamente el día anterior.

Giró un poco la cabeza y se bajó los lentes de sol para poder apreciar al espécimen de macho que la admiraba al otro lado del camastro. Un dios de ébano, de cabello corto y una barba de candado perfectamente recortada. Su sonrisa con los dientes más blancos, la hipnotizaba, pero sus ojos ansiosos, tuvieron que bajar para admirar el escultural cuerpo de aquel negro, con pectorales definidos, hombros anchos y un abdomen perfecto. No pudo evitar seguir con su mirada hasta su entrepierna, donde encontró un bulto de gran tamaño que de inmediato le provocó una sensación en el estómago de vértigo. Era Joao, el amigo brasileño de Luca, quién en su mano derecha cargaba con una botella de vino blanco espumoso y hacía un gesto de ofrecimiento a Lucía.

La mujer se incorporó y acercó la copa al hombre con una mirada seductora, quién de inmediato comenzó a llenar la copa. Lucía lo miraba directamente a los ojos desde abajo, ya que ella estaba sentada y él de pie. Una visión erótica y maravillosa. El hombre, que tampoco estaba poniendo atención a la copa, pareció no importarle cuando la copa, rebosante comenzó a derramar vino. A ella tampoco le importó y sus manos se mojaron, casi tanto como su vulva.

De pronto, Lucía sintió una mano fuerte tomándola por el cuello desde atrás. Luca había tomado la iniciativa. Su mano recorrió lenta y seductoramente el cuello de la mujer y llegó a la parte alta de su pecho, justo antes de llegar a sus senos. El vino seguía derramándose lentamente. La mano del joven se adentro a la tela del traje de baño y con experiencia se aferró a uno de los pechos perfectos de Lucía, quién no pudo dejar de emitir un ligero gemido y cerrar los ojos. Guiada por la mano de Luca, cambió de posición de forma que terminó sentada, de frente a Joao. Ahora el joven rubio incorporó su otra mano a la seducción y comenzó a recorrer los brazos y espalda de la mujer.

Joao siguió sirviendo vino, pero ya no sobre la copa, sino sobre las tetas ahora descubiertas de Lucía quién sin abrir los ojos, sentía las fuertes manos de aquel hombre recorrer sus pechos mientras sentía la húmedad y la frescura del líquido que le bañaba el cuerpo entero empezando por su cuello y terminando en su parte más húmeda y caliente. No podía esperar a que el otro hombre se sumará al juego.

De pronto, el baño de vino paró y Lucía abrió los ojos, la botella de vino dejaba caer unas últimas gotas. Ella, mirando fijamente a los ojos a Joao abrió la boca, sacó la lengua y la acercó para atrapar aquellas pequeñas gotas que representaban el último aliento de la botella, ahora vacía. El dios obscuro que la sostenía sonreía con malicia. Detrás de él, Lucía encontró con su mirada a Thiago, su hombre, aquel con quién había llegado a este viaje que le cambiaría la vida. El observaba con su bebida en la mano y un rostro inexpresivo todo lo que estaba sucediendo. Lucía no tenía miedo ni pudor y le mantuvo la mirada directa a los ojos, mientras en tetas, un hombre le apretaba de manera deliciosa ambos senos y el otro terminaba de derramar líquido precioso sobre su cuerpo.

Un segundo después, Joao dejó la botella en el piso y se hincó frente a Lucía. Las manos de Luca se retiraron de los pechos para dar espacio a los labios del negro que comenzaron a besar aquellos pezones rozados y duros, mientras sus manos comenzaron a recorrer ambos muslos de Lucía. Mientras tanto, Luca posaba una mano sobre el cuello de la mujer en un gesto autoritario y su pulgar sobre sus labios, mientras con la otra hacía algún movimiento que Lucía no alcanzó a ver ni sentir, pero pronto adivinó al escuchar el sonido continuo y cercano a su oído.

Joao comenzó a utilizar la lengua y le lamía lentamente cada rincón de sus senos y de su abdomen. Lucía no había cerrado los ojos y miraba directamente a los ojos a Thiago que observaba de lejos con apariencia calmada y aplomada mientras miraba a su mujer ser tocada por otros dos hombres.

Luca, con una mano mantenía firme a Lucía y con la otra se masturbaba mirándola ser devorada por su amigo. Así estuvieron un par de minutos más, hasta que Lucía no se pudo contener, necesitaba más.

Se giró, se puso en cuatro sobre el camastro y quedó de frente la pija preciosa de Luca, perfectamente depilada, larga, gruesa y dura, con una cabeza perfecta. No pudo evitarlo y se la llevó a la boca. Del otro lado, su culo frondoso y delicioso quedó de frente a Joao, quién seguía hincado. El hombre no perdió ni un segundo y rápidamente terminó de quitarle el bañador para dejar completamente expuesta la vulva y el ano perfecto y rosado de la mujer.

Lucía sintió el sabor de aquel exquisito pene en su boca, el sabor del líquido preseminal, el sabor salado del sudor y el aroma que la hacía mojarse como ninguno. Su lengua recorrió aquel tronco despacio mientras el otro hombre la terminaba de desnudar.

Su cuerpo se llenó de electricidad y casi explota en un orgasmo cuando la lengua de Joao se posicionó sobre su vulva completamente expuesta. Comenzó despacio, recorriendo sus labios exteriores, luego pasó por sus ingles para después llegar al clitorís donde con maestría se detuvo unos minutos. Lucía tenía problemas para respirar entre los gemidos ahogados y aquella tremenda polla que se estaba comiendo. La lengua de Joao recorría cada centímetro de sus labios y con un ritmo suave y sensual hacía círculos alrededor del clítoris hinchado de la mujer. A su vez, la lengua de Lucía recorría lentamente el glande Luca y disfrutaba el sabor semidulce del líquido que salía a través de pequeñas gotas.

El ritmo de ambos se incrementaba conforme pasaban los minutos y Lucía se sentía embriagada de una emoción desconocida para ella, era pasión, era deseo, una energía salvaje que se apoderaba de su mente y de su cuerpo. Todas las inhibiciones habían desaparecido y estaba lista para convertirse en una diosa sexual, sin límites, llena de poder y placer. Su cuerpo, sus labios, su lengua, sus piernas, su sexo, no seguían instrucciones, se movían a la voluntad del erotismo que quemaba el vientre. Mientras ella se encontraba en este onírico estado, Thiago se acercaba lentamente al trío que se encontraba gozando a un lado de la piscina.

Thiago se acercó despacio, tranquilo, observando cada detalle de la maravillosa escena. Su mujer, en cuatro puntos, con la polla de un joven en la boca y con la boca de otro mozo en su vulva. Escuchaba los gemidos de Lucía que se le atoraban en la garganta a causa del tamaño de aquella pija que le llegaba más allá de la garganta, pero ella diligentemente trataba de llegar hasta la base. Thiago miró los pezones duros de su mujer y como los dedos de sus pies se contraían de placer.

Lucía abrió los ojos, y levantó la mirada, para encontrarse con la de Luca, que con expresión llena de placer y vicio le sonrió, mientras ella se esforzaba por insertar la totalidad de aquel duro pedazo de carne en su boca y su garganta. Poco a poco Lucía sentía que la electricidad que le recorría el cuerpo iba a llenarla completamente haciéndola explotar en un orgasmo mientras Joao aumentaba el ritmo al que su lengua recorría aquel clítoris y se alternaba con pequeñas mordidas y succiones. Los músculos de la mujer se tensaron, pero justo cuando estaba a un par de segundos de llegar, el joven negro que la devoraba se detuvo y Lucía cerró los ojos con fuerza al encontrar contenido aquel maravilloso orgasmo. Casi con enojo, se sacó la polla de Luca de la boca y volteo su mirada para encontrarse con Joao sonriendo, completamente consciente de lo que acaba de hacer y sabiéndose poderoso. La mujer le regresó la mirada y entendió que aún faltaba camino por recorrer.

De pronto, recordó que Thiago estaba mirándolos, y giró su cabeza, para buscarlo y lo encontró mucho más cerca de lo que estaba antes. Apenas a unos metros de ellos, disfrutando tranquilamente una bebida, sentado en un camastro de playa. Sus miradas se mantuvieron fijas por lo que parecieron ser unos minutos eternos. Ninguno de los dos entendía muy bien lo que estaba pasando, pero ninguno de los dos lo iba a detener. Mucho menos ella.

Mientras la pareja se miraba a los ojos, Joao y Luca intercambiaron de lugar. El juego de miradas entre Lucía y Thiago fue interrumpido cuando las manos de Luca, se posicionaron sobre los muslos de la mujer y con un movimiento firme pero delicado la impulsó para darse la vuelta y terminar como todo había empezado, recostada, boca arriba en aquel camastro. Enfrente de ella, también sobre el camastro, se encontraba Luca con su miembro levantado, brillante y húmedo entre la saliva y sus gotas preseminales. La mirada de Lucía encontró también a su lado derecho los muslos de Joao apenas cubiertos por un traje de baño de nylon y a pesar de estar cubierto Lucía podía ver casi con detalle perfecto la tremenda pija que se encontraba atrapada por debajo de la tela, gruesa y larga y la mujer no pudo evitar pensar que esa sería la verga más grande que había visto en vivo en toda su vida. No se contuvo y con su mano derecha bajó lentamente el resorte de la prenda para liberar aquel monstruo que inmediatamente se presentó firme, grande e imponente apenas a unos centímetros del rostro de la mujer, quien no pudo evitar hacer un gesto de sorpresa al presenciar aquel monstruo negro de cabeza casi morada, reluciente y lista para ser devorada. Lucía giró su cabeza para encontrar la mirada de Thiago, quién no perdía un sólo detalle de lo que estaba sucediendo. Hubo complicidad en sus ojos y sin dejar de mirarse, observó como la mujer comenzó a recorrer con su pequeña mano blanca y delicada aquel gran pedazo de carne, de arriba a abajo, lento, explorando cada pliegue, cada vena, cada curvatura. Mientras tanto, más al sur, Luca comenzó a recorrer con delicadeza los muslos de la mujer y se acercaba peligrosamente a su sexo, húmedo e inflamado, que pedía a gritos volver a ser atendido. Pronto, dos de sus dedos llegaron a su clítoris y sin perder ni un sólo segundo comenzaron a estimularlo con pequeños y delicados círculos alrededor causando que los dedos de los pies de Lucía se contrajeran de placer junto con sus pantorrillas y sus muslos en un gesto involuntario pero ella no desvió la mirada de su pareja que se encontraba a apenas a unos cuantos metros de la escena.

Mientras los dedos de Luca, seguían recorriendo suave y delicadamente el clítoris y los labios de la mujer, ella se mojó los labios y giró la cabeza para encontrarse de frente con la enorme pija negra de Joao apenas a un par de centímetros de su boca. Ella no lo pensó ni un segundo y como si alguna fuerza de la naturaleza similar a la gravedad atrajera sus labios a aquel glande, abrió su boca y lentamente comenzó a devorar aquel monstruoso pedazo de carne. De inmediato sintió el sabor dulzón del líquido preseminal que preparaba al hombre para lo que era ya inminente. Sus labios siguieron bajando y con su lengua sentía las venas y los pliegues de aquella tremenda polla. Logró meterlo hasta su garganta, pero apenas había llegado a poco más de la mitad, pero Lucía era una competitiva y perfeccionista, no le gustaba hacer las cosas a medias, así que siguió adentrando más y más aquel animal en su garganta hasta que un reflejo la detuvo por un segundo. Tuvo una arcada, pero su calentura era demasiada y no quiso sacarse aquel gran delicioso hombre de la boca. Simplemente comenzó a recorrer de arriba a abajo y bajar con su lengua y con sus labios, procurando no dejar ni un sólo centímetro sin disfrutar, sin saborear. Joao sentía olas de placer que le recorrían el cuerpo cada vez que los labios de Lucía pasaban por su frenilllo, y por su glande, sentía aquella lengua experta, recorrer y probar los tres cuartos de pija que alcanzaba la mujer a engullir. A la par, la mano derecha de Lucía comenzó a acariciar los testículos del hombre. Primero apenas con sus uñas y después acariciando delicada pero firmemente el escroto del dios de ébano.

Lucía abrió los ojos de nuevo, para encontrarse con los de Thiago y contrario a todo lo que ella consideraba que era, sus valores, sus ideales, se sintió orgullosa, empoderada, sensual, dueña de si misma, de su cuerpo y de su placer y su sentimiento iba más allá. En esos momentos, mirando fijamente a su hombre, con una pija negra y gigante en su boca y abriendo los muslos para que los labios de Luca besaran su vulva palpitante y hambrienta, ella era la reina del lugar, la dueña absoluta del mundo, con dos machos viriles listos para complacer sus deseos y Thiago, tenía enfrente la imagen más artística, hermosa, visceral y sensual que jamás había presenciado. El piel blanca de su mujer, ahora ligeramente tostada contrataban oníricamente con el negro profundo de la piel de Joao que insertaba una y otra vez su polla en la boca de Lucía. Así también, su pequeño tamaño con todo su escultural figura se miraba frágil y sumiso ante los cuerpos marcados y fornidos, que la masajeaban, la lamían, la llenaban y la consentían. Thiago, sacó un cigarro y siguió hipnotizado ante aquel majestuoso espectáculo.

Lucía tomó el cabello de Luca que se encontraba entre sus piernas y lo tiró delicadamente para levantarle la mirada. Una vez que sus ojos se encontraron, la boca de Lucía soltó el pene de Joao, y con un hilo de saliva que aún conectaba sus labios con el miembro duro del joven, miró fijamente a Luca y con una sonrisa que se esposaba en su labio.

-Cógeme.- le dijo con determinación y le mantuvo la mirada.

Luca, se incorporó, y puso una rodilla sobre el camastro, mientras su otro pie lo colocó en piso, haciendo una pose de conquista con mi pija hermosa erecta, apuntando hacia el sexo húmedo de Lucía.

No dejaron de mirarse, mientras Luca colocaba su glande sobre la entrada de la mujer y lo presionaba con su mano, lo que hizo el clitorís de Lucía casi explotar de placer. No puso más, levantó un poco las piernas y mientras seguía pajeando a Joao con una mano, su otra mano se posó sobre la cadera de Luca y lo atrajo hacia ella con fuerza.

Luca entendió el mensaje en menos de un segundo y con su mano dirigió su falo a las profundidades más íntimas de Lucía quién gimió o gritó en una explosión de placer y electricidad que le recorrió el cuerpo y el alma. En un segundo se sintió completamente llena, las paredes de su vagina abrazaban y recibían el duro miembro de Luca en apasionadas embestidas, firmes pero cuidadosas y su cuerpo entero se erizó, se llenó de fuego y de sudor y en apenas unos segundos su vida entera pareció ponerse en pausa con un placer profundo, violento y salvaje. El mayor orgasmo de su vida se asomaba entre sus muslos…

Lucía abrió los ojos, el sonido de un retrete la despertó y casi se muere del disgusto al descubrirse así misma en el cuarto del hotel, desnuda, si, pero sin Luca y Joao llenando sus orificios y su hombre, mirando orgulloso y entretenido.

En cambio, Thiago salió del baño del cuarto y saludó a Lucía con una sonrisa.