Mi abuelo adora a mi mujer 14
La casa ya no es solo suya; ahora es el escenario de un juego donde cada hombre de la familia busca su aprobación. Desde el abuelo hasta el primo adolescente, todos están a sus pies, literal y figuradamente. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llevar esta tentación mientras su esposo observa y participa?
Comenzó entonces un periodo extraño. Los primeros días de trabajo de Margo recordaban a los últimos antes de la baja, pero ya se había normalizado en casa el sexo con mi abuelo. Por las mañanas no jugaban, como hacían al principio. Mi abuelo le preparaba el desayuno y charlaban un poco. Margo se despedía sentándose en su regazo y dándole besos fogosos, y no volvía hasta casi de noche. La primera noche, nada más entrar, tras besarme cariñosamente, le dijo a Rafael que subiera con ella. “Tú ve preparando la cena, cielo, no tardaremos mucho”. Y al poco escuché a Margo gemir, escuché azotes, y, finalmente, oí su orgasmo. Bajó mi abuelo mientras ella se duchaba. Entró en la cocina tocándose la polla por encima del pantalón.
- ¿Intenso? –le pregunté.
- No veas cómo viene. Creo que se ha aguantado las ganas todo el día.
Cuando bajó, me preguntó si los había oído. Le confirmé que sí. Era lo que deseaba. Después de cenar estuvimos un poco en el sofá, mi abuelo masajeando sus piececillos, hasta que nos fuimos a la cama, mi abuelo a su cuarto y nosotros al nuestro. Entonces me contó:
- Llevaba varias horas pensando qué hacer en cuanto llegase a casa. Subí a Rafael a nuestro cuarto, me arrodillé y comencé a chuparle la polla como si fuera la última del mundo. Me puse en cuatro, me remangué el vestido, me bajé las medias y las braguitas y le pedí que me follase como a una vulgar puta. Me dio azotes en el culo, me tiró un poco del pelo y me corrí cuando metió su dedo gordo en mi culito.
Mientras me lo contaba, se había ido desnudando. Al llegar al final, ya me estaba cabalgando. Estaba mojadísima.
Los días siguientes fueron similares, con pequeñas variaciones en cuanto a con quién empezaba, cómo o cuándo. Y enseguida llegaron cambios importantes. A mí me quitaron casi todos los días de teletrabajo. Ahora, sólo tendría dos a la semana. Margo comenzó a sentirse mal en el trabajo. Los jefes se habían molestado con su baja y la estaban castigando, y ella estaba harta de pasar todo el día fuera de casa, por lo que, a las pocas semanas de reincorporarse, negoció con la empresa un despido para poder cogerse el paro y preparar oposiciones.
Y llegamos al mes de diciembre. A comienzos de mes, tuvimos comida familiar en casa. Vinieron mis padres, que se acercaban a los 60 años, mi tía la divorciada, que era la hermana de en medio, y mi otra tía, la más joven, con su marido y su hijo, de unos 19, y nosotros tres. Era la primera vez que nos juntábamos después de haber comenzado la aventura bizarra con mi abuelo. Margo bromeó con lo bonito que sería anunciar el nuevo compromiso. Yo me reí un poco pero mi abuelo estaba un poco tenso. Volvían a él los remordimientos. Y el miedo de imaginar a su familia enterándose de todo. Pero no había razón para temer que algo así pudiera pasar. Actuaríamos como una familia normal. Y con normalidad transcurrió la velada. Nos abrazamos a todos y nos pusimos un poco al día. Todos coincidieron en que mi abuelo se veía muy feliz y que le había hecho bien tenernos en casa.
Mi tía, la joven, nos pidió que se quedase durante las navidades mi primo con nosotros. Pasaban por un momento de mucho estrés y mucho trabajo ella y su marido, y sólo iban a sacar tiempo para celebrar la comida de Navidad y la Nochevieja, para lo que vendrían a casa del abuelo el tiempo justo. Así que, desde mediados de mes, tuvimos a mi primo de 19 años en casa.
Se llamaba Álex, y era un chico menudo, narizón y con gafas, con el pelo algo largo y rizado, con apenas una pelusilla como barba. Típico adolescente de desarrollo tardío. Y debía andar salidísimo. Durante la cena familiar, no dejaba de mirar embelesado a Margo y al escote de mi tía divorciada, que a su edad seguía teniendo un buen par de tetas gordas, todo hay que decirlo.
Me preocupaba cómo iría a integrarse en una casa en la que estaban pasando cosas poco normales. Era un crío. ¿Qué vería o escucharía? ¿Nos volveríamos normales por su presencia y para evitar daños mayores? Rafael estaba preocupado y optaba por dejar las cosas estar hasta que se fuera. Ningún riesgo. Margo, en cambio, parecía divertida.
El chico llegó a casa un domingo. Salimos con él a tomar algo por la ciudad y a cenar fuera. Cuando llegamos, nos tiramos un poco en el sofá a reposar la comida y charlar. Margo le pidió a mi abuelo un masaje en los pies, que le dolían por los tacones. Mientras Rafael masajeaba los dulces pies de mi esposa, seguimos charlando. Álex nos contaba sus movidas en la universidad, historias con sus amigos, cómo veía a sus padres ahora que estaban tan estresados… y mientras hablaba, no apartaba la vista de los pies de Margo. Ella se había dado cuenta. Sus pies eran miel en nuestra familia, parecía ser.
- ¿Y no hay ninguna noviecita? –le preguntó ella, consciente de la atención desmedida de mi primo y de que la pregunta le torturaría un poco más.
- No… no se me dan muy bien las chicas. No soy de los guapos de clase y a mis 19 años todavía ni me ha crecido una barba decente…
- No es tan importante como piensas. Aprende a hablar con ellas, a hacerlas reír, y tarde o temprano caerá alguna, ya verás –respondió ella.
- No te atormentes, hijo. Yo tampoco fui nunca de los guapos ni de los altos, e igualmente conquisté a vuestra abuela, que era de las mujeres más guapas de su pueblo.
- Y Toni a mí –añadió mi esposa riendo.
- Pues no sé cómo lo hicisteis, me tenéis que contar vuestros trucos. ¿Cómo te enamoraste de mi primo?
Y le contamos nuestra historia, resumiendo mucho y con bromas.
- A mí, una mujer como tú ni me mira en la uni –sentenció con tristeza Álex.
- Pues yo te encuentro muy mono, pero amo a tu primo y te saco unos cuantos años, pero de veras, valórate mejor.
Margo estaba siendo tierna con él. Me ponía en el lugar del chico, a su edad, con sus complejos, y me habría enamorado instantáneamente de mi mujer.
Nos despedimos y nos fuimos a la cama. Margo y yo follamos discretamente y, después, nos quedamos dulcemente dormidos.
El lunes, yo teletrabajaba y Margo ya estaba disfrutando de las vacaciones que tenía que liquidar antes de finalizar el contrato y quedarse en paro. Salieron a dar una vuelta los tres por la mañana y luego los escuché charlar y reír abajo, en el salón. Todo con total normalidad. Por la noche, mi abuelo comenzó a masajear los pies de Margo, como siempre, y mi primo no se pudo contener. Ese mismo día, tras haber vuelto del paseo, ya había vuelto a presenciar uno de los masajes de mi abuelo, y se ve que llevaba todo el día dándole vueltas.
- Prima, ¿dejarías que el abuelo me enseñase a dar unos buenos masajes de pies? Veo que te da muchos y que lo hace muy bien.
- ¿Quieres aprender a ligar con las chicas con buenos masajes de pies? Es muy buena idea, créeme. Lo difícil será conseguir que te dejen intentarlo –dijo riendo Margo- pero yo te dejo practicar con los míos.
Esto último lo dijo moviendo sus deditos de los pies. Para que pudiesen enseñarle a masajear debidamente tan deliciosa parte del cuerpo femenino, tuve que irme del sofá para que se sentase mi primo. Margo estaba sentada con las piernas extendidas sobre el regazo de Rafael, y mi primo tenía sus pies encima del suyo. Paternalmente, mi abuelo comenzó a indicar a mi primo cómo hacer sus masajes. Mi primo iba manoseando los pies de mi esposa siguiendo sus indicaciones: apretando aquí, acariciando allí, estirando ligeramente allá… Mi esposa estaba en la gloria, con los ojos cerrados y reafirmando a mi primo cuando hacía algo bien.
Después de un buen rato de lección, mi abuelo se despidió para irse a dormir, pero todavía siguió mi primo masajeando los pies de Margo. Yo empezaba a quedarme dormido también cuando habló mi esposa:
- ¿Qué haces?
- ¿El qué? –preguntó nervioso mi primo.
¿Qué pasaba? Miré hacia ellos y estaba mi primo con sus manos entorno a uno de los delicados pies de mi esposa.
- Que te he pillado –dijo ella riendo- venga, confiesa lo que estabas haciendo, no me voy a enfadar.
- Yo… lo siento, prima, tenía curiosidad por saber cómo…
- ¿Por saber cómo olían mis pies?
- Sí…
- Qué vergüenza, Álex. ¿Cómo le haces eso a una chica, olerle los pies, con lo que nos avergüenza que puedan oler?
- No, no, si los tuyos huelen genial, en serio. Por eso quería olerlos, para confirmar lo que me parecía…
- Hmm… tienes que pedirme permiso la próxima vez, Álex. ¿Y entonces, a qué dices que huelen?
- Sí, prima, lo siento. Huelen muy bien, muy suave, casi a nada, pero huelen a limpios y un poco dulce.
- Tampoco te ha dado tiempo a olerlos mucho, porque en cuanto abrí los ojos, bajaste las manos para que no te pillase –volvió a reírse de él.
Alzó entonces un pie y se lo acercó a la nariz. Sonriente. Mi primo cerró los ojos oliendo ese pie. Era un acto sexual que a su vez pasaba por inocente. Margo me miró, sentí su excitación. Era el tercero de mi familia que caía rendido a sus encantos. Temí entonces que mi esposa quisiese ir con él tan lejos como con mi abuelo.
- Qué bien hueles, prima. Además, eres guapísima. Gracias por ayudarme a practicar con los masajes. Toni, eres mi ídolo, en serio, ojalá tenga la misma suerte que tú en el amor. Es genial estar aquí con vosotros.
Charlamos un poco más y nos fuimos a la cama.
- Eres perversa –le dije, juguetón, a mi mujer.
- ¿Yo? Son los varones de tu familia los que se vuelven indiscretos con mis piececitos –nos besamos- ¿A ti también te vuelven loco?
Y me puso los pies en la cara mientras sacaba mi polla del pantalón. Yo le bajé sus pantalones lo justo para poder masturbarla. Y oliendo y lamiendo sus pies, me corrí con su paja, pensando en lo que daría mi primo por cambiarse por mí. Después de correrme yo, ella también llegó, gracias a mi mano, mientras metía sus deditos en mi boca.
El día siguiente fue un día normal. Yo tuve que ir a la oficina hasta por la tarde y, de noche, mi abuelo masajeó los pies de mi esposa mientras mi primo trataba de centrar su atención en la televisión, fracasando constantemente y mirando de reojo el masaje.
El día siguiente fue parecido, pero, de noche, Álex volvió a preguntar, muy tímido, si podía volver a practicar. Mi abuelo se puso realmente didáctico enseñándole, aleccionándole acerca de lo importante que es mimar a una mujer, alegrarle cada día y cada noche, ser detallista… después de un buen rato, mi abuelo se fue a la cama y se quedó mi primo con los pies de mi esposa:
- Qué suaves son tus pies, prima, seguro que te los cuidas mucho -sacó Álex conversación.
- Sí, claro. Son una parte del cuerpo que puede ser muy bonita o muy horrible -respondió ella riendo.
- En tu caso, es muy bonita. Los chicos no solemos tenerlos bonitos…
- Bueno, pero una cosa es que no sean tan bonitos y otra que los descuidéis y luzcan horribles. Yo a Toni hace años que le obligué a llevarlos cuidados: cortarse las uñas, cuidar la piel… -comentó ella, mirándome con cariño.
- ¿Cómo voy a pedirle a mi mujer que se mantenga hermosa, suave, perfumada… si yo no doy nada a cambio? Creo que es algo importante que debemos interiorizar los hombres, Álex, ¿verdad, cielo? -intervine yo. Ella asintió.
-Me va a venir muy bien la convivencia con vosotros -dijo mi primo, y se quedó un rato en silencio- Esto… ¿me dejarías olerte otra vez tus suaves y cuidados pies? Si no te genera incomodidad, claro.
Margo no respondió de palabra. Como la otra noche, alzó un pie hasta su nariz, orgullosa, soberbia. Mi primo olió, embriagado.
-Te dejo finalizar el masaje dándole un besito a cada pie. Si quieres.
A mi primo le brillaron los ojos. Depositó, cariñoso, un beso en la planta del pie que tenía frente a su nariz, y que él sujetaba con una mano. Besó justo donde acaban los deditos. Margo bajó el pie y le subió nuevamente el otro, que mi primo besó en el mismo punto. Con los pies de nuevo en su regazo, charlamos unos minutos más y nos fuimos a la cama.
Margo estaba cachonda. Nos desnudamos y se sentó encima de mi cara, mirando en dirección a mi polla. Le comía el coño mientras ella comentaba cosas del masaje.
- Por cierto, al bajar los pies, tras sus olérmelos y besármelos, noté la polla de tu primo erecta.
Yo interrumpí mi comida para responder:
-Joder, mi amor, es muy fuerte que ahora estés jugando con mi primo, es un crío. Se estará haciendo una paja ahora mismo recordando tu olor.
- Pero cielo, te prometo que no pretendo nada.
- Ya, tampoco con mi abuelo…
-Me buscan. Me buscáis, en esta endiablada familia tuya.
- Qué morro tienes…- volví a lamer su coñito mientras ella se restregaba y me masturbaba.
Paré un momento para añadir:
- Dios, pero te amo mucho, Margo.
- Y yo, Toni. Eres el amor de mi vida, nos pasen las cosas traviesas que nos pasen.
Nos corrimos los dos y estábamos tumbados ya en silencio cuando mi mujer me volvió a hablar:-
- Cariño, sigo alterada, me noto caliente, y llevo unos días pensando en cómo lo estará llevando tu abuelo. Hace tiempo que no hace nada conmigo, tras haberse acostumbrado a todo lo bueno. Creo que voy a ir a verle, sin hacer ruido.
- Está bien, cielo. Pero tened cuidado, la cama suena.
Y se puso una camiseta mía, que le quedaba holgada y le cubría el culo, y salió, descalza y sin nada debajo. Yo ya me había dormido cuando ella volvió.
- Mierda, lo siento, no quería despertarte, estabas tan mono…
-No pasa nada, amor. ¿Habéis follado?
Cogió una mano mía y la llevó a su coño. Estaba lleno de semen, esa humedad aceitosa era inconfundible.
- Llevaba sin correrse desde la última vez que estuvimos juntos, el pobre. No quería hacer nada conmigo por Álex, pero…
- ¿Cómo le convenciste? ¿No haríais ruido? Yo me quedé dormido y no puedo decirte si se os oía.
- No, no. Fue superdiscreto. Tras comerle la boca, le dije que, como no quería follarme pero estaba cachonda y no llevaba nada debajo, me iba a apoyar en su cómoda y a masturbarme recordando cómo me follaba antes, cuando todavía me deseaba. Y empecé a tocarme el coño, con el culo en pompa, en su dirección. Llevaba un rato así, cuando le escuché moverse en la cama. Le sentí acercarse y poner una mano en mi cadera. Con la otra mano, apuntaba su polla hacia mi vagina y, por fin, me la metió, hundiéndose lentamente, disfrutando de sentir su polla abriéndome. Fue delicioso. Tras un par de empujones y notar que fácilmente hacía sonido de carne contra carne, limitó sus movimientos al máximo mientras acariciaba mi clítoris. Le pedí que me tapara la boca y me corrí, mordiendo sus dedos. Él se corrió dentro de mí en un par de empujones más. “Cómo te he echado de menos, mi niña” me dijo, todavía dentro de mí.
- Y al otro lado de la pared, mi primo, que seguramente hacía rato que se acababa de correr recordando el olor de tus pies. Sigues siendo la reina malvada de esta casa, con todos a tus pies.
A Margo le gustaba que le dijera esas cosas. Nos dormimos abrazados.
Continúa en
- Relato #225647— title-regex: contiguous parts (13 -> 14)
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