Xtories

Saboreando los cuernos - Parte 3

La luz del amanecer no borra las imágenes de la noche anterior: ella coqueteando con un desconocido mientras él la miraba, impotente y encendido. Ahora, entre sábanas revueltas, deciden que esto no es un accidente, sino un juego que quieren repetir. ¿Están listos para cruzar la línea una vez más?

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Capítulo 3: Deseos Despertados

La luz del sol se filtraba por las cortinas, iluminando la cama revuelta. Eric ya estaba despierto, con el cuerpo relajado pero la mente ardiendo de imágenes de la noche anterior. Andrea, aún dormida, descansaba a su lado, con las sábanas apenas cubriendo su cintura. Su piel desnuda se veía cálida y suave bajo la tenue luz, y Eric no pudo evitar que su mirada recorriera cada curva de su cuerpo.

De repente, Andrea se movió, abriendo los ojos lentamente. Encontró a Eric mirándola, y una sonrisa perezosa se dibujó en sus labios.

—Buenos días… —murmuró, con la voz ronca por el sueño.

Eric no pudo resistirlo. Se inclinó hacia ella y la besó, profundo, con una intensidad que la hizo abrir los ojos por completo.

—Buenos días —susurró contra sus labios, sin apartarse.

Andrea rio suavemente, pero su sonrisa se tornó traviesa al notar cómo la mano de Eric empezaba a deslizarse por su muslo desnudo, acariciándola con lentitud.

—¿Así de cariñoso te despiertas siempre o es que todavía estás pensando en anoche?

Eric dejó escapar un suspiro entrecortado mientras su mano subía hasta la curva de su cadera.

—No puedo sacarme de la cabeza lo que pasó, Andrea. Estabas tan… provocativa. No solo estabas preciosa, eras pura tentación.

Andrea lo miró fijamente, y la chispa en sus ojos fue suficiente para que su cuerpo despertara por completo.

—¿De verdad te gustó tanto? —preguntó ella, moviéndose para quedar debajo de él, con las piernas ligeramente abiertas, como si quisiera provocarlo aún más.

Eric bajó la cabeza, dejando un beso húmedo en su cuello mientras sus manos exploraban libremente su cuerpo.

—Me encantó. Estabas increíble coqueteando con él. Cómo te movías, cómo te reías… Cómo lo dejaste tocarte. Dios, Andrea, me volviste loco.

Andrea gimió suavemente al escuchar sus palabras, sintiendo el deseo de Eric reflejado en cada caricia. Sus piernas se envolvieron alrededor de su cintura, atrayéndolo más cerca.

—Me sentí… diferente —admitió ella, su voz cargada de excitación. —Saber que tú me mirabas, que estabas disfrutando… Fue como si algo dentro de mí despertara.

Eric levantó la cabeza para mirarla directamente a los ojos.

—Te veías tan segura, tan… jodidamente sexy. No podía apartar la vista de ti. Solo pensaba en lo que quería hacerte cuando estuviéramos solos.

Andrea deslizó las manos por su espalda, clavando ligeramente las uñas mientras movía las caderas, buscando más contacto.

—Pues aquí estamos. ¿Qué vas a hacerme, Eric?

Sus palabras, cargadas de desafío y deseo, lo encendieron aún más. Sin decir nada, Eric bajó hasta capturar uno de sus pezones con la boca, lamiendo y succionando hasta arrancarle gemidos. Su otra mano bajó lentamente, acariciándola entre los muslos, encontrándola ya húmeda y lista.

Andrea arqueó la espalda, empujándose contra su mano.

—Dios, Eric… no pares.

—¿Te gusta que hablemos de anoche? —susurró él, bajando hasta sus labios, dejando que su dedo se deslizara por su entrada, acariciándola sin llegar a penetrarla.

—Me encanta. —Andrea movió las caderas contra su mano, buscando más. —Dime más. Dime qué pensabas mientras me mirabas.

Eric dejó escapar un gemido ronco, moviendo sus dedos más rápido mientras su boca volvía a devorar la suya.

—Pensaba en cómo ese cabrón deseaba lo que solo yo puedo tener. En cómo lo dejabas acercarse, tocarte, pero al final… eras mía.

Andrea lo besó con fuerza, interrumpiendo sus palabras. Su mano bajó entre sus cuerpos, encontrando la dureza de Eric y acariciándolo lentamente.

—¿Y si hubiera querido más? —preguntó ella, provocadora, mientras guiaba su miembro hacia ella, rozándolo contra su entrada. —¿Te habrías vuelto loco?

Eric gimió, incapaz de contenerse más. Se hundió en ella con un movimiento lento pero firme, haciéndola gemir alto.

—Sí, Andrea… pero también me habría excitado más de lo que puedo admitir.

Andrea envolvió sus piernas alrededor de él, moviéndose al mismo ritmo que Eric, dejándose llevar por el calor que consumía a ambos.

—Entonces… ¿te gustaría que lo hiciéramos otra vez? —preguntó ella entre jadeos, mientras sus uñas se clavaban en su espalda.

Eric bajó la cabeza, mordiendo suavemente su cuello mientras aceleraba el ritmo.

—Andrea… quiero hacerlo todo contigo. Lo que tú quieras, lo que nos haga sentir así.

Los gemidos de ambos llenaron la habitación, cada palabra y confesión añadiendo una capa más de excitación. Cuando llegaron juntos al orgasmo, sus cuerpos temblaron al unísono, y Eric se dejó caer sobre ella, sin soltarla.

—Esto… —murmuró Andrea, con la respiración agitada—. Esto es algo que no quiero que termine.

Eric la besó suavemente, todavía dentro de ella, como si quisiera sellar la promesa en sus palabras.

—No va a terminar. Esto es solo el principio.

Andrea se tumbó a su lado, jugando con un mechón de su cabello.

—Una mezcla de cosas. Nerviosa, porque sabía que tú estabas ahí, mirándome. Insegura, porque nunca había hecho algo así. Pero sobre todo… excitada. Saber que él me deseaba y que tú estabas disfrutando de verlo fue… increíble.

Eric se inclinó hacia ella, atrapando sus labios en un beso cargado de pasión. Sus manos recorrieron el cuerpo de Andrea, como si no pudiera resistirse a reafirmar que ella era suya, incluso en este nuevo juego que ambos estaban explorando.

—Dime algo… —murmuró Eric entre besos, deteniéndose un momento para mirarla a los ojos—. ¿Te gustaría repetirlo? ¿Ir más lejos?

Andrea sonrió, dejando que sus dedos se deslizaran por el pecho de Eric, bajando lentamente hasta su abdomen.

—Creo que podría gustarme. Pero, cariño, esto no es solo para mí. Quiero que tú también lo disfrutes. ¿Tú estás listo para algo más?

Eric dudó por un segundo, pero luego asintió.

—No voy a mentir. Me pone nervioso, pero no puedo dejar de pensar en ello. Anoche, cuando te vi coqueteando, fue como… como si se encendiera algo en mí. Me dan celos, sí, pero también me excita saber que todo es un juego entre nosotros.

Andrea se inclinó sobre él, besándolo de nuevo.

—Entonces, hagamos algo. Vamos a planearlo mejor esta vez. Podríamos repetir lo del pub, pero… con algunas reglas nuevas.

Eric arqueó una ceja, intrigado.

—¿Qué tipo de reglas?

Andrea se levantó de la cama, completamente desnuda, y caminó hacia la cocina. Eric no pudo evitar admirarla mientras se alejaba, cada movimiento suyo era una invitación al deseo. Ella regresó con dos tazas de café y se sentó junto a él, cruzando las piernas de manera provocativa.

—Reglas como… no puedo irme con nadie. Pero puedo coquetear más, dejarme tocar un poco más si me siento cómoda. —Hizo una pausa, mirando su taza. —Y tú, mientras tanto, puedes estar cerca, observando. O incluso participar un poco si quieres.

Eric bebió un sorbo de café, intentando procesar la propuesta mientras el calor subía por su cuello.

—¿Participar? —preguntó, claramente intrigado.

Andrea sonrió, dejando su taza a un lado.

—Podrías unirte a la conversación, quizás intervenir si sientes que las cosas se están yendo demasiado lejos. Pero no te preocupes, cariño. Nunca haría nada que te haga sentir incómodo.

El ambiente se llenó de una mezcla de expectación y deseo. Ambos sabían que estaban cruzando una nueva línea en su relación, pero también sentían que estaban más unidos que nunca.

Eric asintió finalmente, su mirada fija en la de Andrea.

—Hagámoslo. Pero quiero que tú elijas todo esta vez. El lugar, lo que te pongas, cómo actuamos. Quiero verte disfrutarlo como nunca.

Andrea sonrió, su expresión era una mezcla de picardía y ternura.

—Entonces, esta noche, me pondré algo que te deje sin aliento. Y veremos hasta dónde podemos llegar.

La complicidad entre ellos estaba más fuerte que nunca. Ambos sabían que estaban construyendo algo único, explorando territorios desconocidos, pero siempre juntos, siempre cuidándose. Y mientras el día avanzaba, la promesa de lo que les esperaba esa noche llenaba el aire con una tensión deliciosa y cargada de deseo.

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