Xtories

Saboreando los cuernos - Parte 1

Eric siempre tuvo miedo de decirlo en voz alta. Pero cuando la confesión cruza el umbral del silencio, la respuesta de Andrea no es el rechazo, sino una sonrisa traviesa que promete cambiarlo todo.

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Eric estaba sentado en el sofá del salón, jugueteando con el mando a distancia mientras en la televisión pasaban una comedia romántica que ambos habían visto al menos tres veces. Andrea, con su cabello castaño recogido en un moño desordenado, se acurrucaba a su lado, riendo en los momentos predecibles de la película. Todo parecía una noche cualquiera, pero Eric no podía concentrarse. Su corazón latía con fuerza, y las palabras que llevaba días ensayando se arremolinaban en su mente.

—Oye, Andrea… —comenzó, apagando el televisor de golpe. Andrea levantó la vista, sorprendida.

—¿Pasa algo? ¡Estaba en la mejor parte! —bromeó, dándole un ligero codazo.

Eric sonrió nervioso, frotándose las manos.

—Quiero hablar de algo… algo que llevo pensando desde hace un tiempo. —Su tono serio captó la atención de Andrea, quien ladeó la cabeza, curiosa.

—¡Uy, eso suena a confesiones! A ver, ¿qué me ocultas? ¿Te comiste la última magdalena del desayuno? —bromeó, intentando aliviar la tensión que percibía en él.

Eric soltó una risita nerviosa.

—No, no es eso. Es algo… diferente. ¿Recuerdas cuando hablábamos de fantasías? Cosas que nunca hemos hecho pero que nos llaman la atención…

Andrea asintió lentamente, intrigada.

—Sí, claro. ¿Por qué?

Eric tragó saliva. Sentía el calor subiéndole al rostro, pero reunió valor y continuó.

—Bueno, hay algo que siempre me ha rondado la cabeza, pero nunca me he atrevido a decirlo. Es una fantasía que tengo… y me da un poco de vergüenza.

Andrea alzó las cejas, divertida.

—¿Vergüenza? ¡Ahora sí que me tienes intrigada! Vamos, dime, ¿te gusta vestirte de Batman o algo así? —se burló cariñosamente, dándole un ligero empujón en el brazo.

Eric rio nervioso y negó con la cabeza.

—No es eso. Es… diferente. Es algo que tiene que ver contigo.

Andrea parpadeó, ahora genuinamente interesada.

—Conmigo. ¿Qué clase de fantasía?

—Me gusta la idea de… verte con otro hombre.

El silencio que siguió fue abrumador para Eric, quien apenas se atrevió a levantar la vista para ver la reacción de Andrea. Ella, sin embargo, no parecía escandalizada. Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, casi traviesa.

—¿Qué? ¿En serio? —preguntó, y luego soltó una carcajada. —Eric, ¡eso sí que no me lo esperaba!

—Lo sé, suena raro… —se apresuró a decir él, moviendo las manos en un gesto defensivo. —Pero no es que quiera que pase de la nada. Es una idea, algo que me da morbo pensar. No sé cómo explicarlo…

Andrea siguió riéndose, pero su expresión era más de sorpresa que de burla.

—¿Te pone la idea de que esté con otro tío? —dijo, mordiéndose ligeramente el labio inferior en un gesto juguetón. —Eric, ¡eres más pervertido de lo que pensaba!

—No es eso, o bueno, sí, pero… —Eric se detuvo, exhalando un suspiro. —Es algo que me excita pensar porque confío en ti. No se trata de celos ni nada así. Es como si… verte disfrutar me hiciera feliz.

Andrea lo miró, más seria por un momento, y luego sonrió ampliamente.

—¿Y qué quieres que diga? ¿Que te lleve la contraria? Porque la verdad… suena divertido. ¡Nunca me había planteado algo así!

Eric se quedó boquiabierto.

—¿De verdad? ¿No te molesta?

Andrea se encogió de hombros, cruzando las piernas en el sofá.

—Molestarme, no. Me sorprende, claro, pero también me parece… curioso. Incluso emocionante. Aunque tendríamos que hablar bien de esto antes de hacer algo, ¿eh? No quiero que acabes mordiéndote las uñas en una esquina si te arrepientes.

Eric sintió que un peso enorme desaparecía de su pecho. La risa cálida de Andrea y su reacción abierta eran todo lo que necesitaba para saber que había hecho bien en sincerarse. Quizá, pensó, este era solo el comienzo de algo mucho más grande para ambos.

—Entonces… ¿te interesa explorar esta idea conmigo? Solo hablando, por ahora. Nada de decisiones precipitadas.

Andrea le guiñó un ojo.

—Hablar siempre es un buen comienzo, ¿verdad, cariño? ¡Pero eso no significa que no me divierta imaginar cosas locas contigo! Vamos, dime, ¿cómo te lo imaginas?

Eric sintió que el calor subía a sus mejillas otra vez, pero también que la tensión en el ambiente había desaparecido. Era un tema serio, pero podían abordarlo desde el juego y la confianza. Quizá esta conversación era un terreno seguro para explorar deseos y descubrir juntos qué les deparaba el futuro.

—Bueno… —empezó Eric, buscando las palabras—. He imaginado algunas cosas. Por ejemplo, la idea de verte coquetear con alguien en un pub, mientras yo estoy cerca, observando. Sería como una especie de juego entre nosotros, sin que necesariamente pase algo más.

Andrea arqueó una ceja, intrigada.

—¿Coquetear? Vaya… No suena tan descabellado. Aunque me sentiría un poco nerviosa. ¿Qué más has imaginado?

—También… —Eric dudó un momento, pero decidió continuar—. También pensé en cómo sería ir a un lugar como un club swinger. Imagino que estarías vestida de una manera que llame la atención, algo que te haga sentir segura y sexy. Solo imaginar cómo otros te miran… no sé, me produce una mezcla de celos y excitación.

Andrea lo escuchaba atentamente, su expresión oscilando entre curiosidad y diversión.

—Vaya, cariño. Tienes una imaginación bastante activa. —Hizo una pausa y luego añadió, con una sonrisa traviesa—. Ahora que lo pienso, yo también he tenido alguna que otra fantasía.

Eric se inclinó hacia adelante, sorprendido y curioso.

—¿De verdad? ¿Qué tipo de fantasías?

Andrea jugueteó con un mechón de su cabello, como si estuviera evaluando cuánto compartir.

—Bueno… —dijo finalmente—. Siempre me ha intrigado la idea de estar con dos hombres al mismo tiempo. No sé, es algo que me parece emocionante y un poco prohibido, como si pudiera explorar dos energías distintas a la vez.

Eric sintió una punzada de celos mezclada con una creciente excitación.

—¿De verdad te gustaría eso? —preguntó, su voz entre sorprendida y curiosa.

Andrea asintió, un leve rubor tiñendo sus mejillas.

—Es solo una fantasía, claro. Pero escucharte hablar de tus ideas me hace pensar que quizá no sea tan descabellado explorar esas cosas juntos. Siempre que ambos estemos cómodos.

El ambiente entre ellos cambió. La conversación, aunque todavía cargada de nervios, se había vuelto más íntima y erótica. Hablar de estos deseos les abría una puerta que ninguno había considerado hasta ahora, pero que ambos estaban dispuestos a cruzar, poco a poco y con total complicidad.

Andrea se levantó del sofá, su sonrisa traviesa intacta.

—¿Sabes qué? Ya que te gustan tanto las ideas locas, se me acaba de ocurrir algo divertido. ¿Y si nos vamos de copas al pub este fin de semana? Tú te quedas en la barra, finges que no me conoces, y yo me visto súper sexy. Vamos a ver si soy capaz de llamar la atención. Podríamos jugar a ver qué pasa. ¿Qué te parece?

Eric la miró, sorprendido pero emocionado.

—¿En serio? ¿Te apetece hacer algo así?

Andrea se encogió de hombros, divertida.

—¿Por qué no? Me parece una forma segura de empezar. Solo será un juego entre tú y yo, ¿vale?

Eric asintió, sintiendo una mezcla de nervios y expectación recorrer su cuerpo.

—Vale. Me encanta la idea.

Andrea le lanzó una mirada llena de complicidad.

—Entonces es un trato, cariño. Este fin de semana será nuestra primera "aventura". Pero no me hagas esperar demasiado, ¿eh? —le dijo antes de volver a sentarse, con una risa cómplice que llenó el salón de anticipación.