Vacaciones en la República Dominicana. Día 5
En el paraíso caribeño, las reglas de la fidelidad se disuelven con la brisa marina. Fran y Belén no solo comparten su vida, sino sus cuerpos con otros, transformando cada atardecer en una nueva oportunidad para cruzar líneas que nunca quisieron trazar. Esta noche, la tentación tiene nombre de mulata y el permiso está firmado.
Día 5
Aquella mañana lo que despertó a Fran no fue el maravilloso día que hacía en Santo Domingo, ni la vista de la playa de Bávaro, aquella mañana con un fuerte olor a sexo en el ambiente, lo que le despertó a Fran fue la molesta y casi dolorosa erección que tenía, provocada por todos los recuerdos de la noche anterior.
Recordaba que voluntariamente y en contra de la voluntad de Belén se había ido a dormir sin correrse ni una sola vez, a pesar de haber visto como Aris lo había hecho hasta cuatro veces, en el coño, el culo, pechos y boca de su mujer. A pesar de que le había sido imposible llevar la cuenta de las veces que ella se había corrido, incluso con su boca y manos colaborando mientras Aris la embestía. Se había dormido extremadamente cachondo y así se había levantado.
La miró y su amada, con una expresión de felicidad que solo las muy bien folladas consiguen lucir, continuaba durmiendo plácidamente.
Se incorporó, cogió el móvil, lo silenció y buscó todas las grabaciones de la noche anterior. “Joder que bien graba el móvil nuevo” fue lo primero que pensó al ver con un magnífico detalle como su mujer engullía la tremenda polla de Aris con la mayor facilidad del mundo. Se miró las manos y con la derecha arqueó los dedos como recordando que anoche la cogió.
“Joder, Fran sabes lo que me gustaría… agárramela con una mano y enfilala en el coño de Belén“le había dicho Aris como leyéndole el pensamiento.
Alucinó con la impresionante toma de su mano agarrando y dirigiendo tamaña polla a la entrada del coño de su mujer y como en segundos desaparecía por completo, hasta lo más profundo de su mujer, y con su cara, sin inmutarse, solo reflejando placer y más placer.
“Qué hace mi cornudito, estás viendo los vídeos que grabaste para pajearte” le dijo Belén como buenos días. El de un rápido movimiento quedó tumbado junto a ella, como queriéndole enseñar los vídeos. “Fran, no me hace falta verlo ahora, los guardo en mi retina” y se pegaron un morreo matutino a la altura de los que se dieron la noche anterior, con y sin Aris.
“Estamos como una cabra” le dijo ella.
“Yo creo que no, que lo que estamos es demasiado vivos, disfrutando de todos, absolutamente todos los placeres que nos da la vida. Si eso es estar loco, quiero que me encierren amor, pero contigo que eres la que provoca mi locura… Lo que si es una auténtica locura es lo zorra que estás hecha y lo que puedes aguantar ¿cuánto estuviste follando sin parar? ¿Dos horas y media?¿Tres? Al pobre Aris le dejaste seco, no creo que hubiera follado tan seguido y a ese ritmo en su vida.”
Poco después, tras unos arrumacos matutinos, y con Fran tan empalmado como despertó, se levantaron, desayunaron y cuando estaban con el checkout, a Fran le llegó un WhatsApp de Oswaldo indicándole que ya estaba en el coche esperándoles.
Nada más verle apoyado junto al coche, Fran no pudo resistir decirle a Belén, “¿Te vas a follar a toda la familia?”
“A este si, desde luego, habrá que ver cómo son los otros” le dijo a Fran y poco después estaba dándole dos besos y un buen abrazo a Oswaldo.
Oswaldo se empeñó en conducir, alegando que conocía demasiado bien el camino, mejor que cualquier app, y sobretodo, para evitar que la policía les parase e intentara sacar dinero con una mordida, típica a los turistas, Fran no se negó. Durante el viaje, aunque el ambiente estaba más frío que la tarde anterior, Fran sacó a relucir lo bien que lo habían pasado con Aris, en especial Belén la noche anterior.
“Ya me dijo que, dios que mujer, primo, me dejó seco y para el arrastre. Demasiado bueno como para no vivirlo “comentó Oswaldo que le había escrito su primo. “¿Tú la pasaste bien?” Dirigiéndose a Belén. Esta se incorporó un poco sobre el asiento y le dio, como pudo, un besito en el cuello. “Si, lo pasé genial, aunque espero pasarlo aún mejor estos días” le susurró.
Hablaron sin tapujo alguno y con total confianza, como lo hubieran hecho Fran y Belén solos, incluso Fran le enseñó algún vídeo de Belén montando a Aris “No te pases Fran, no creo que Oswaldo quiera verlo” le reprochó. “Te equivocas, es muy morboso tenerte delante y verte en el celular” le contestó Oswaldo. “Caray Belén que rico se ve que lo haces”
Tardaron solo 2 horas y menos mal que condujo él, la circulación por Las Terrenas con tanta moto era un caos. Al pasar junto a una de esas casa coloniales, bastante abandonada, tan típicas de la isla, les indicó que esa era la casa donde vivía su mamá con dos de sus hermanos, chico y chica, más pequeños que él. Los otros tres ya estaban emancipados y con familia propia y apenas se veían pues vivían en Puerto Plata y Punta Cana.
Les hizo un tour por el pueblo enseñándoles la playa y varios chiringuitos donde se comerían bien. A lo que Fran insistió en parar a comer algo en uno de ellos “si no te esperan todavía, Oswaldo” Y eso hicieron.
La comida, al igual que el viaje fue de lo más relajado. Oswaldo llamó a la madre de su hijo para decirle que ya había llegado y donde estaba, y a los pocos minutos, en los postres apareció su hijo corriendo con un “Papiiii” que llamó la atención de todos e hizo que Oswaldo corriera hacia él.
Era un chaval de unos 5 años, muy guapo, como no podía ser de otra manera en su familia, pelo rizadisimo y
largo, y algo más blanco que Oswaldo, pues su madre lo era. Una chica también muy guapa, pero poco agraciada físicamente. Estuvieron un rato más, Oswaldo cogió las bolsas que había traído consigo, les había dicho que cosas para el niño y sus hermanos, les indicó el camino hacia el hotel y se despidieron quedando para más tarde.
El hotel era uno de esos hoteles boutique con seis o siete bungalow en forma de cabaña alrededor de varias piscinas. Les gustó mucho y la encargada fue muy agradable y atenta. Cada día les servirían el desayuno en la terraza de la habitación, no había restaurante ni zonas comunes más allá de la recepción y esta cerraba a las 18, por lo que tendría que entrar y salir del hotel con un código que les dio. También les informo que alojados solo había, ni esperaban más por ser temporada baja, dos parejas, unos americanos “algo mayores que ustedes que se marchan mañana” y una “linda pareja de brasileños que ahora mismo deben estar descubriendo alguna de las exóticas playas de la zona”.
Deshicieron la maleta, y como eran casi las 17, decidieron quedarse un buen rato tirados en las hamacas de la piscina hasta que se hiciera la hora de la cena.
Fran aprovechó para escribir a Oswaldo que todo perfecto, este tardó en responder, diciéndole que estaba en casa de su mamá con el niño y les invitaba a pasarse por allí, antes de que fueran a cenar, no les acompañaría pues quería hacerlo en familia, y que su mamá había insistido en que ellos también se quedaran con la familia a pasar la velada, pero que no se sintieran obligados si no les apetecía, incluso les recomendó un club playero para cenar y tomar una copa después, donde solía haber muy buena onda, y a escasos quinientos metros del hotel.
A Belén la idea de parar por una noche no le parecía nada mal, con lo que le pidió a Fran que aceptase la invitación de la madre de Oswaldo y le preguntase la hora y donde podían comprar un postre o algo para llevarla.
Como tenían un par de horas por delante, estuvieron zanganeando en la piscina y tumbonas. Conocieron a los turistas americanos, unos jubilados muy simpáticos que como ellos mismos les dijeron volvían a Florida al día siguiente.
Belén casi una hora antes, como era habitual se metió en el bungalow para arreglarse, mientras Fran continuó metido en la piscina. En ese rato llegaron los brasileños, también muy simpáticos y dicharacheros, y muy guapos. Debían tener unos treinta y cinco o cuarenta, ambos con cuerpos muy currados, en especial ella, que era una mulata con un culazo increíble, mientras que el parecía un surfero de california, con una buena melena oscura.
Le saludaron, se presentaron y estuvieron con él en la piscina un buen rato, contándole las excursiones que habían hecho y playas que habían descubierto. Si hubiera sido por Fran allí se había quedado esperando que Belén saliera y les diera palique, pero se le echaba la hora encima y tenía que arreglarse. Le dijeron que después irían al mismo club que le había recomendado Oswaldo y quedaron que tal vez se verían.
“¿Te gustaría follartela?” le dijo Belén a Fran cuando este le habló de los brasileños.
“Uff, esta muy buena y nunca me he follado a una mulata. Si. Podíamos intentarlo estos días, él seguro que te gustará y me dijeron que se iban un par de días después de nosotros” respondió Fran.
“¡Bravo amor! Pues a por ellos iremos.
Llegaron a la casa de la madre de Oswaldo y allí estaba toda la familia esperándoles. “Efectivamente, Oswaldo y Aris eran los feos” pensaron al ver a la madre, una señora sobre los sesenta y cinco que debió ser un bellezón en su época porque seguía siendo guapísima y con mucha clase, y a los hermanos. La chica no llegaba a los diecinueve, morena aunque más clara que Oswaldo y muy parecida a su madre. El chico, algo mayor, y tan alto como Oswaldo y Aris, pero mucho más delgado y con una cara completamente angelical. Guapísimo dijo Belén. También estaba Toni, el hijo de Oswaldo colgado a la pierna de su padre y un primo, hermano Aris y de la misma edad que Oswaldo, otro bellezón con un cuerpazo de revista y tan agradable y divertido como sus primos y su hermano.
Todos les acogieron increíblemente como unos más, estaban muy agradecidos por haber traído a Oswaldo. Por lo que dijeron llevaban tres meses, la vez que más, sin verle.
La cena fue muy agradable y casi terminando Toni cayó rendido. La abuela y Oswaldo lo acostaron y a su vuelta, prácticamente les echo “vamos que los jóvenes tienen que divertirse” les dijo animándose a ir al club. Eso hicieron Oswaldo, su hermano Carlos y su primo Liberto, Fran y Belén se fueron hacia el club.
El ambiente estaba muy animado, mucho turista mezclado con los locales en una especie de chiringuito, restaurante y bar de copas con dj. Al entrar Fran vio a los brasileños que en seguida se acercaron a saludar al grupo y conocer a Belén. Se sentaron todos juntos en una mesa baja sobre la arena de la playa y estuvieron charlando sobre las excursiones y las playas que debíamos hacer. Oswaldo estaba sentado junto a Belén, y a pesar de las ganas que ambos se tenían, ninguno de los dos dio señales en toda la noche. La que si lo hizo fue Melisa, la brasileña, que no le quitaba el ojo ni a Fran ni a Liberto.
Para el día siguiente quedaron que irían a Playa de Ermitaño, una de las más lejanas, casi a una hora y media. Los brasileños se apuntaron, por lo que decidieron que irían en un solo coche, Belén, Fran, Melisa, Joao y Oswaldo. Oswaldo se encargaría de llevar algo para almorzar y bebidas.
Oswaldo se atrevió a sacar a Belén a bailar, aunque no a acercarse demasiado, eso sí, lo disfrutaron porque Belén increíblemente, para Fran, le había cogido el ritmo al baile y lo hacía genial.
La brasileña se animó con Fran. Todo un desastre a pesar de que Fran presumía de bailarín, al punto que tuvo que dejarlo y ceder su sitio a Liberto, quien todo pasión, hizo un dúo con Melisa de lo más armonioso y sensual.
Esa noche se retiraron pronto, no ocurrió nada más, los locales tenían que madrugar para trabajar y los demás también querían descansar. Salieron todos juntos, y a la altura de la casa de Oswaldo se despidieron hasta el día siguiente. Brasileños y españoles continuaron hasta el hotel. Belén hablando con Joao, manteniendo la distancia prudentemente y Melisa con Fran, que por el contrario, porque no paro de tocarle y provocarle. Nada más pasó, entraron juntos al hotel y se despidieron muy cariñosamente en la puerta del bungalow.
Mientras se preparaban para acostarse Fran recibió un mensaje de Oswaldo, “muchas gracias pareja por devolverme a casa unos días y Fran, por favor, dile a Belén que el baile me supo a poco, aunque lo justo para no dejar de pensar en ella hasta que tengamos una nueva oportunidad”, Belén le contestó con un audio “Estoy deseándolo”.
Ya en la cama escucharon gemidos en el bungalow de los brasileños, Joao debía estar dándole una buena ración de sexo a Melisa, o al revés, porque los dos gemían y se decían de todo. Fran se empalmó. Belén le cogió la polla y le dijo “Yo hoy no puedo, dejemos descansar a este por lo menos un día, ayer me lo reventó Aris y espero que mañana lo haga Oswaldo, pero seguro que tú tienes ganas de la cachonda de la brasileña ¿verdad?”. Fran afirmó con la cabeza indicándola que siguiera “aunque prefiero que el surfero brasileño te folle a ti, mi amor” le dijo Fran mientras Belén comenzaba a mamársela lentamente. “¿Está muy bueno verdad?” La preguntó. “Si amor, lo está y me lo follaré si tú haces lo mismo con Melisa, aunque tampoco me importaría follarme a Liberto, está casi más bueno que Aris, ni a Carlos, que aunque es algo más joven seguro que es igual de bicho que sus primos” le dijo Belén mientras continuaba masturbándole.
“¿No quieres ver tus vídeos de anoche mientras te la chupo? Le pregunto.
Fran no lo dudo, y así lo hizo. Encendió su móvil, buscó los vídeo y les dio al play. Apoyo el móvil sobre la cama de tal manera que Belén también podía ver las imágenes mientras delicadamente continuaba con su mamada.
No tardó mucho Fran en correrse copiosamente en la boca de Belén, quien muy morbosamente la abrió para mostrarle la corrida y se la tragó mientras le besaba.
Ese día no dio para más. El siguiente se presentaba demasiado interesante.
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