Xtories

Vacaciones en la República Dominicana. Día 4

Belén sabe que su marido la ha dejado sola con el guía y su primo para que haga lo que quiera. Fran no solo lo permite, sino que lo graba. Esta noche, el riesgo de ser descubiertos en el hotel se mezcla con la promesa de un placer compartido que desdibuja los límites de la traición.

Ella con otros7.7K vistas8.3· 8 votos

Día 4:

La noche y el día anterior había sido sumamente moviditos. Todo lo que pasó desde que llegaron a Santo Domingo, y sobretodo desde que conocieron a Carlos les había devuelto por completo a situaciones que ya habían vivido.

Pero ¿Qué pasó para que ambos calificaran el polvo como el mejor que le habían echado en su vida? Era obvio que el ritmo que había marcado Carlos desde el principio les había puesto a mil, a los dos. El muy cabrón sabía cómo tratar a una mujer y también a una pareja con sus gustos tan peculiares. Cómo había abordado a Belén en su bar, creando esa atmósfera perfecta, cómo se la había comido y metido mano a la vista de todos, y de Fran, en el Florida, cómo había bailado con ella, prácticamente follándosela en mitad de la pista, exhibiendo su tremendo calentón a todos los que estaban en la discoteca… Y bueno, ese fue el error de Carlos, ahí la cagó. Si, la cagó.

Como buen macho latino y conquistador no supo manejar su ego ante el tremendo atractivo sexual de Belén, no supo quedárselo para él, necesitaba pavonearse y lucir su conquista.

Recuerdan a la mujer que le preguntó a Fran, cuando estaba grabándoles en mitad de la pista, que si “era su esposa”. Ella era la esposa de Carlos.

Resultó que Carlos era un vividor y mujeriego, eso lo imaginaron fácilmente Belén y Fran al poco de conocerle, lo que no pensaron, porque sinceramente a ellos les daba igual, era que estaba casado. Y si, la chica que preguntó a Fran en la pista, era su mujer.

Les vió por primera vez tonteando en la cervecería, ella estaba allí en la cocina, pero no le dio mayor importancia, Carlos era así con todas las mujeres, sobretodo las extranjeras, un ligón empedernido. Tampoco le dio importancia cuando antes de cerrar el bar, le dijo que se iba a echar una partida de poker con los chicos, que cerrase ella el bar y que no le esperase levantada, porque ya sabia cómo se las gastaba la panda. Pero cuando llego a casa, justo después de cerrar ella sola el bar, tarea que no le gustaba hacer, una amiga intima, que estaba al tanto de las correrías de Carlos, le envió un mensaje con un video de Carlos morreándose y metiendo mano a la turista del bar en el Florida, montó en colera. No era ni la primera, ni la segunda, ni la tercera vez que le ponía los cuernos, y el muy gilipollas cada vez que lo había se tenía que pavonear. Asi que se arregló, le pidió a la amiga que les siguiera para saber dónde iban y salió a su búsqueda. Y en la discoteca, justo cuando estaba luciendo su pasión por Belén y ella por él, les alcanzó. Vio a un hombre grabándolo todo, supuso que era el marido y se acercó a él. “Cornudo y apaleado” pensó. Se ocultó hasta que terminaron el baile para no montar un escándalo en mitad de la pista y cuando volvieron a la barra fue hacía ellos.

“Buenas noches Carlos” le dijo muy civilizadamente. A él le cambió por completo la cara.

“Hola mi amor” respondió Carlos.

“Acabaste pronto la partida de póker por lo que veo” le dijo su esposa.

Carlos, con todo lo grande y chulito que parecía se empequeñecía “La cancelaron mi amor”

“Ya, y mira que suerte que te encontraste con los turistas que habías conocido en el bar y estabas enseñando a esta (omitió lo de zorra) y al cornudo de su marido como se baila” le replicó mientras Belén y Fran contemplaban absortos la escena.

“No digas nada que ya nos conocemos y tira para casa si no quieres que te monte aquí un escándalo” Carlos, completamente sumiso, sin ni siquiera mirar a Belén y Fran se encaminó a la puerta. Belén y Fran se miraron perplejos.

La esposa de Carlos se acercó a Belén y la agarró de la cintura, Belén estaba acojonada, y fue bajando su mano primero la sobó el culo y después metió su mano por la abertura del vestido llegando al coño de Belén “Mira como ha puesto mi macho a esta zorrita española. ¿Estas cachonda verdad?” Le preguntó a Belén que no pudo contestar.

Se separo de ella y se acercó a Fran, le agarro de la cintura y le plantó un morreo, mientras bajaba su mano para comprobar que Fran seguía tan empalmado como le había visto en la pista “Y tu también le andas a la zaga, ya te habías imaginado a mi macho metiendosela a tu mujercita, ¿verdad?”

Sin decir más, allí les dejó plantados y se fué.

A pesar de que nadie les conocía, y que nadie se había dado cuenta de lo que había pasado, ambos quería que la tierra se les tragara. Belén quiso salir de allí corriendo, estaba muerta de vergüenza, pero Fran la calmó. “Si salimos ahora nos les encontraremos seguro, así que porfa, vamos a hacer cómo si no hubiera pasado nada, nos terminamos la cerveza y después ya veremos”.

Belén estaba en shock, todavía no se lo acaba de creer, era algo que jamás les había pasado. Cuando comenzó a reaccionar, antes de que dijese nada Fran abrazó a su mujer y la besó. “Amor, esos dos no nos van a joder la noche, él se lo ha buscado. Así que por favor, ni lo pienses, por favor.” Belén miró a su marido y le plantó un morreo como hacia tiempo. Fran siempre Fran, para lo bueno y para lo malo, él siempre estaba allí, incitándola a lanzarse, acompañándola y aguantando todos sus traumas. Estaban en pleno morreo cuando notó como la mano de su marido se colaba por el vestido buscando su coño, Belén se separó un poco como para decirle “donde vas” aquello no era lo que más le apetecía en ese momento, después de lo que había pasado, aunque no le había dado ni tiempo a que se le bajase el calentón que tenía. No le detuvo. La mano de Fran llegó a su coño, notó como sus dedos se colaban por su sexo desnudo, como comprobaban que seguía mojada, como su clitoris estaba completamente dilatado, sensible a cualquier roce. Miró hacia uno y otro lado, nadie les veía, estaban apartados de la gente “Nadie nos ve” le dijo él “Y no pretenderás que el cornudo de tu marido sea el único que no te toque el coño esta noche para comprobar lo caliente que te ha dejado el cabrón ese” le dijo Fran al oido a Belén mientras su mano comenzaba a masturbar su clitoris. Ella no dijo nada, se limitó a sentir y dejarse llevar.

“Amor, le ha faltado poco para metertela en mitad de la pista, joder como me ha puesto el muy cabrón… Cuando te ha agarrado del muslo y te ha subido la pierna para colocarte el paquete directamente contra tu coño, creí que me moría” le decía Fran mientras comenzaba a notar las primeras contracciones de su mujer “Que zorrita eres, mi amor, se la has puesto durísima, seguro que se la hubieras sacado allí mismo y te la hubieras metido. Te imaginas, uff, seguro que si. Dime como la tenía” “Uhmmm” gimió Belén “tenía un pollón y dura como el acero”… “Y asi se la habías puesto tu solita de lo buena que estás y lo cachonda que eres”. “Ahhh, me voy a correr” dijo Belén… “Si, por favor, hazlo aquí, en mitad de la discoteca donde todo el mundo te ha visto dejándote casi follar por otro. Córrete para el cornudo de tu marido” y Fran acelero el ritmo de la paja para sentir como su mujer se corría en sus manos.

“Eres un guarro, amor, ¡cómo te amo!” Le dijo Belén morreándole de nuevo.

“Y estoy demasiado cachondo. Te quiero follar ahora mismo” le dijo Fran.

Belén miró a su alrededor, a pesar de que nadie les veía, era demasiado peligroso. Metió su mano por la cintura del pantalón de Fran en busca de su polla, la tenia como una piedra… “Vaya, veo que no puedes esperar” le dijo mientras le morreaba. “Vayamos al baño”. Y eso hicieron.

Por suerte el baño estaba vacío. Se metieron en uno de los cubículos. Fran se bajo los pantalones. Belén se sentó en la taza del water y comenzó a hacerle una mamada antológica. “No sabe lo que se esta perdiendo el tío este, ¡¡¡como la chupas cariño!!!” “Te gusta cornudo, a mi también, aunque más me hubiera gustado que fuera la de Carlos, seguro que me costaba tragármela entera” “Levanta, que te la voy a meter… seguro que por el coño no te hubiera costado tanto” Belén se puso de pie apoyándose contra la pared de la puerta, se subió el vestido y Fran desde atrás se la clavó. Su coño estaba calado. “Joder Fran, la siento como nunca, como estás””Lo que sientes es que no fuera otra polla más grande la que te estuviera follando ahora ¿verdad? Estas tan mojada que seguro que la estabas esperando” “Siiiii, llenándome por completo, seguro que me habría corrido nada más metérmela. Uhhhmm. Dame más fuerte cornudo” En pocas ocasiones Fran había sido capaz de empotrar a su mujer como había visto hacerlo a otros, pero esa noche estaban tan salidos y fuera de si que joder que si lo hizo. Belén no tardó en correrse, Fran no se detuvo, Belén volvió a correrse de nuevo y Fran paró. “Cómemela, quiero correrme en tu boca y que no dejes ni una gota” le dijo mientras ella se ponía en cuclillas.

Justo en ese momento, alguien golpeo en el baño.

“Eh los de dentro, que las demás también queremos usarlo” dijo una voz de mujer apremiándoles para que lo dejaron libre.

Fran se subió los pantalones corriendo, el empalme que lucía era difícil de ocultar. Ayudó a Belén a arreglarse y salieron.

La chica que había llamado a la puerta del baño no debía tener más de 20 años y alucinó cuando vio salir a dos turistas cincuentones. Los dos la sonrieron, Belén se detuvo a lavarse las manos, como sin dar importancia a lo que estaban haciendo y después salieron de la mano hacia la puerta de la discoteca. Nadie se enteró de lo ocurrido. Ya en la calle echaron a correr de la mano, como si hubieran hecho algo malo. Se morían de la risa. En nada estaban en el hotel, en el ascensor Fran volvió a abordar a Belén, busco su coño, y ella su polla, pero no les dio tiempo a más.

Entraron en la habitación. Se desnudaron precipitadamente “Pues vas a tener que esperar para mamármela, porque ahora mismo solo pienso en follarme de nuevo ese coñito, ven” le dijo Fran a Belén metiendo sus dedos en el coño de Belén y comenzar a martillearlos para arrancarla un squirt… Y joder lo que salió por ahí, Belén comenzó a correrse de nuevo, mientras no dejaba de chorrear y chorrear al ritmo de los dedos de Fran “Como a mi me gusta, bien mojado” “Cerdo” le dijo ella… “Y lo que a ti te gusta” y volvió a metérsela de nuevo.

Los muelles de la cama sonaba, Belén gemía y gemía sin cortarse un pelo, Fran bramaba como un toro con cada envestida. Era escandalosamente lujurioso. Hasta que por fin ambos se corrieron juntos y cayeron rendidos sobre la cama.

Cuando Belén se despertó por el sol que entraba por la ventana, la habitación parecía un campo de batalla. Olía a sexo que echaba para atrás. A su lado

yacía Fran, sorprendentemente empalmado, con una cara de felicidad como no le había visto en mucho tiempo. Notó su coño dolorido, miro de nuevo a su marido. “Joder, que polvo, el mejor de su vida” pensó. Fran no lo pensó al despertarse. Lo mismo pensó, mientras miraba como Belén se había quedado dormida en sus brazos.

“¿Qué tal estas, amor?” Dijo Fran al ver que su mujer estaba despierta.

“Bien jodida” le contestó Belén, ella nunca hablaba asi y jamás se hubiera imaginado que serían las primeras palabras que le diría a su marido, pero era toda la verdad “Muy pero que muy bien jodida, amor” le repitió a su marido mientras buscaba su boca.

“Habrá que repetirlo ¿no?” Le dijo él.

“Mira, ahora mismo no, porque tengo el coño dolorido, pero esta noche no te digo yo que no” respondió muerta de risa Belén.

“Pues ya sabes, habrá que ligarse a otro maromazo que se curre los previos” le respondió él.

“Ja, ja…” dijo en tono satírico “Lo haré si me vuelves a follar asi” dijo ella.

“Te volveré a follar asi, si te pones tan zorra como ayer”.

Eran las 10:00 y tenían por delante todo un día más, con su noche en Santo Domingo.

Desayunaron copiosamente en el hotel, el día iba a ser largo y Belén quería visitar todos los lugares emblemáticos de la capital. Antes de llegar a la Plaza del Conde ya les habían entrado más de cinco chicos y chicas ofreciéndose como guías, debían cantar a turistas, se preguntaron.

No tenían dudas de que querían que alguien les enseñase todos esos sitios que querían ver, de otra manera no lo conseguirían, pero Fran tenía en mente quedarse con el mejor guía y el más guapo. Y así fue. Un dominicano de metro noventa, mulato y fibrado con una sonrisa de oreja a oreja, cuando se dirigió por primera vez a Belén.

Le contrataron para todo el día y fue Belén la que le explicó todos los lugares que quería ver.

“Muy bien señora y de camino les podré enseñar otras gollerías que le encantarán” la contestó Oswaldo, que así dijo llamarse el chico “pero todo lo que quiere ver está distante y tendremos que andar mucho y durante largo rato.”

A Fran la idea de pasarse el día de arriba para abajo viendo museos no le acababa de convencer, pero no le quedaba otra, y menos después de todo lo que le estaba dando Belén en ese viaje.

Oswaldo era muy simpático y culto, les fue hablando durante todo el recorrido de la historia de las casonas por donde pasaban, les explicó con detalle el origen y el contenido de los museos, sin dejarse ningún detalle, o eso le parecía a Fran que no tenía ni idea. Lo que sí le llamó poderosamente la atención fue que pasados los primeros 20 minutos, el chico prácticamente dejó de dirigirse a él para centrar su atención sobre Belén, también porque era la que mostraba mayor interés, todo hay que decirlo.

Al llegar la hora de comer les recomendó un restaurante casero, fuera de las rutas turísticas, donde parecían conocerle, y le invitaron a comer con ellos. La charla cambió por completo, les habló sobre su vida, era licenciado en filología, “¡lo peor que pudo escoger!” Se quejó por la falta de oportunidades laborales que había tenido en la vida. Había intentado irse para España hacía unos años, pero fue justo en diciembre del 19 y la cosa estaba muy mal por allá con el COVID así que desistió por completo y ya nunca más lo volvió a pensar. Era soltero, aunque tenía un chaval de 5 años, que vivía con su madre, fruto de la encerrona del COVID dijo, con una prima hermana, de la que nunca estuvo enamorado, pero con la que convivió durante esos meses. “Ustedes ya saben” les dijo expresando claramente con sus manos que se la había follado. Hasta les enseñó unas fotos del chaval y su madre. Ellos que eran muy extrovertidos no dudaron en contarle un poco de su vida, del motivo de su viaje, su 25 aniversario, y como se lo habían planteado en plan aventura, a conocer la isla de los locales y no de los turistas. Le contaron lo que habían hecho hasta la fecha y los planes para los siguientes días.

“Por lo que me cuentan de los sitios donde estuvieron, imagino que anoche fue pesado para usted Belén, una mujer tan bella, debió estar toda la noche espantando moscones” dijo después de que le hablásemos de los bares y la discoteca donde estuvimos con Carlos.

“No me llames de usted, que me haces mayor” le recriminó Belén intentando cambiar de tema.

“Jajaja, como es esta mujer” respondió Fran. “No Oswaldo, no se nos acercaron moscones, se le pegó uno toda la noche, jajaja”

“No me digan y fue molesto con uste…” corrigió al darse cuenta “con vosotros”.

“No para nada” dijo Belén. “Un chico tan guapo y seductor como tú”

“Jajajaja, ya veo, ya” dijo Oswaldo al darse cuenta.

“Hasta que apareció su mujer y se le llevó de las orejas” apuntó Fran arrancando las risas de todos.

Belén ya veía las intenciones de Fran y aunque el Oswaldo le parecía que tenía un polvazo, tampoco era cuestión de forzar la cosa siendo todavía la hora de comer y quedándoles toda la tarde de pateo por la ciudad. Así que aprovechó para levantarse e ir al baño.

“Me gusta, pero no te lances que te conozco” le dijo a Fran al oído para que no la oyese Oswaldo y les dejó solos.

A Fran no se le escapó el repaso que Oswaldo pegó a su mujer y a su culo cuando esta se dirigía al baño.

“Eres un hombre afortunado Fran, menuda mujer que tienes” le dijo.

“Muchas gracias, hombre, ya veo que te gusta” le respondió Fran.

“¡Y a quien no! Es una mujer culta, súper simpática, educada y extrovertida…” dijo tímidamente a lo que Fran le respondió con un gesto de “¿solo? No te detengas”

“Además de ser guapísima y estar requetebuena, con un cuerpazo y un culo en el que cualquiera se perdería durante días” apuntó Oswaldo.

“Jajaja, no te cortas, no” le respondió Fran.

“Jajaja, si me corto más es porque estás tú, y soy respetuoso, sino ya le habría dicho cuatro cosas que yo me sé” contestó Oswaldo.

“Pues por mi no dejes de hacerlo, jajaja, ya verás como ella tampoco se corta de nada delante de mi” le respondió Fran.

“Por cierto, te cambio de tema no sea que nos pille hablando de ella. Tengo que alquilar un coche para ir a Las Terrenas los próximos días y no se dónde hacerlo, ¿conoces algún sitio bueno, barato y de fiar?” Le preguntó Fran cortando el tema al ver que Belén volvía junto a ellos.

Oswaldo al verla, debió decidir que iba a por todas, se levantó y muy caballeroso retiro la silla para que se pudiera sentar, no sin antes pegarle un repaso visual que ella sin duda notó.

“Pues si ver Fran” le dijo, un primo mío trabaja en un alquiler de autos, es de los más grandes del país, lo malo es que la oficina, queda a 15 minutos en coche de aquí.

“¡Qué bueno! Dime como se llama que lo busque y mire a ver por internet” respondió Fran.

“No mejor todavía, llamó a mi primo y que me cuente” le dijo Oswaldo.

Oswaldo así lo hizo, primero le dió unas cuantas indicaciones y después le pasó el teléfono para que Fran le detallase días y todas esas cosas. Al final llegaron a un buen acuerdo, ya se habia mirado previamente todas las web de alquiler de coches de la capital, y Fran quedó que pasaría a por el coche esa misma tarde.

“A las 17 he quedado con tu primo Aris.” Les dijo.

“Genial Fran, aunque te dije que estaba un poco lejos de aquí” le respondió Oswaldo.

“¡Y son las 15! No nos dará tiempo a ver mucho más” apuntó Belén.

“Bueno, a ver, yo no es que tuviera muchas ganas de ver muchos más museos, ya me conoces, también puedo acercarme yo, recojo el coche y después nos vemos” dijo Fran como solución.

A Belén no le gustó demasiado la idea de Fran, no es que le diera miedo quedarse sola en una ciudad que apenas conocía con un completo desconocido, que también, es que se temía que Fran la estuviera montando una encerrona de las suyas con Oswaldo.

“Mujer, quédese tranquila, que estará en buenas manos” le dijo Oswaldo al ver como le cambiaba la cara. “Todavía nos quedan la casa de Colón y el Alcanzar. Y solo con el Alcazar tomaremos al menos una hora”

“Pues perfecto, entonces, me libro de dos horas de turismo y os espero a la salida” dijo Fran.

“Bueno vale, porque yo la última tarde en Santo Domingo no quería perderla en un rent a car” dijo clavando sus ojos en Fran como reprochándole el plan sorpresa.

Terminaron de comer y continuaron el paseo por la zona colonia. Entre las explicaciones que daba Oswaldo cada vez que pasaban por algo histórico, comentaban el resto de las vacaciones de la Isla. Cuando le dijeron que irían hasta las Terrenas, este se alegró, él era natural de allí, es más, su hijo vivía allí con su madre y aunque ya hacía unos cuantos años que se había ido para la capital, conocía bien la zona. “Una pena que esté tan lejos y no se lo pueda enseñar” dijo en algún momento de la conversación…

Fran se despidió de ellos en la Puerta del Alcazar, no sin antes de que Belén le apartase un momento para hablar con él

“Eres un capullo, me dejas sola con este para que me lo ligue, ¿verdad?” Le recriminó.

“Amor, ¿te da miedo?, porque sino quieres no voy. No es mi intención, pero si surge…” respondió Fran.

“¡Cabrón!” Le dijo ella.

“Ya, a ti también te ha caído bien y te gusta. Tu a él desde luego si” dijo Fran.

“Pues si, no te lo voy a negar… Pero eso de que le gusto, a ti siempre te parece que les gusto a todos los hombres”

“Me lo ha dicho cuando has ido al baño, que si no llego a estar yo ya te habría dicho mil piropos. Es un buen tío. Vais a estar dos horas solos y rodeados de turistas. No te comas la cabeza. Si cuando vuelva, te apetece que le propongamos algo, fantástico, sino, ya veré la forma de quitármelo de en medio” le dijo Fran a su mujer para tranquilizarla.

“Eres un guarro, Fran, ya decidiré yo lo que hacemos después”.

“Tu mandas amor, siempre” y Fran le plantó un morreo a su mujer.

“Oswaldo, dame tu número de celular y os llamo cuando esté por aquí” le pidió Fran a Oswaldo y este accedió rápidamente.

Los 15 minutos que decía Oswaldo se convirtieron en no menos de 30. El tráfico de la la ciudad era infernal. Fran llegó al rent-a-car y allí estaba esperándole Aris, el primo de Oswaldo. A Fran le pareció tan majo como su primo y mucho más tiraron buenorro como le gustan a Belén. Cuando acabaron de hacer los papeles, el seguro y acordar que lo devolvería en el aeropuerto de Punta Cana, le entregó el coche: un sub de Kia. No era el modelo más nuevo, ni tampoco parecía un coche de los de rent-a-car, pero estaba muy bien y a Fran le gustó la idea de no llamar la atención de turistorros el resto del viaje. Al despedirse de Aris y decirle que volvía al centro, este se ofreció a acompañarle, pues terminaba su jornada y donde iba Fran le quedaba cerca de su casa. Fran se lo agradeció. Por el camino, Aris le iba indicando atajos para evitar el atasco, a pesar de que Fran llevaba puesto el Waze. Aris le contó que su primo era un buen tío, el más preparado de la familia, pero algo bohemio, que podría haber trabajado en cualquier parte, pero que le gustaba conocer gente y por eso se dedicaba al turismo. También le habló de Las Terrenas, él tambien era de aquella zona, y de lo buen padrazo que era Oswaldo, que a pesar de la distancia, siempre que podía se escapaba para allá a ver al pequeño. En 15 minutos exactos estaba aparcado en una zona próxima al Alcazar.

Aris se adelantó a Fran y llamó a su primo para decirle que ya estaban por allí. Este le dijo que todavía les quedaba como media hora de recorrido y quedaron que les esperaríamos en un bar cercano que ambos conocían. Como Aris no tenía que hacer, se ofreció a acompañarle y así saludaba a su primo. El hombre, que era también muy agradable, estuvo dándole consejos de conducción en el país, situación de las mejores playas y otro tipo de recomendaciones para la siguiente etapa del viaje. También le advirtió de que aunque con el coche no tendría ningún problema en llegar a determinadas playas, por lo aisladas que estaban no era demasiado recomendable que fuéramos solos. Fran tomó buena nota de todo lo que Aris le dijo, y al poco vieron a Oswaldo y Belén salir del Alcazar y encaminarse hacia ellos. Por como venían hablando y gesticulando Belén parecía encantada con el guía y Aris no tardó en darse cuenta.

“Oswaldo me dijo que tu mujer era toda una preciosidad y no exageraba” se atrevió a decir Aris a Fran cuando se aproximaban a ellos, con una cara de “carajo amigo, que buena que está”.

“Que cumplidos sois los dominicanos” le dijo Fran y guiñándole el ojo “pero no es a mi a quien tienes que decírmelo” dejándole claro que no le importaba que que lo hiciera. Y así hizo.

“Pero, primo, de dónde te cayó este ángel” dijo poniéndose de pie. Dirigiéndose hacia ella, tomó su mano y como en las mejores películas, Belén dio una voltereta para dejarse ver.

“Tú debes ser Aris” le dijo Belén, visiblemente agradecida ante el piropo que le acababan de echar, plantándole dos besos y mirando a Fran sorprendida de lo bueno que estaba el primo.

“Y tu, Belén, la mujer que ha puesto patas arriba a la isla entera y al loco de mi primo” le respondió galantemente y sin dejar de admirarla.

“No quiero ni pensar como es el resto de vuestra familia conociendo a vosotros dos” le respondió Belén.

“A nosotros nos llamaban los feos” dijo Oswaldo “imagínate el resto” y echaron todos a reír.

Pasadas las presentaciones, los cuatro se sentaron en la terraza donde estaban y Aris que sin duda era el más hablador, volvió al tema del viaje a Las Terrenas relatando todo lo que había que ver obligatoriamente y lo que podría resultar peligrosos. En un momento dado Belén intervino.

“Bueno es que ya hemos estado hablando Oswaldo y yo, y Fran seguro que te alegrará saber que Oswaldo se ha ofrecido a hacernos de guía, asi él aprovecha, va hasta allá gratis y en coche, en vez de el autobús, y se queda unos días con su hijo y su familia” dijo Belén muy segura de si misma.

Oswaldo temiendo que a Fran hubiera sentado mal “Y nos podemos turnar conduciendo, los dominicanos tenemos algo de peligro al volante”.

Aris intervino “Qué grande, primo, siempre buscando la ocasión para ver al niño” quitando hierro al asunto.

“Pues a mi me parece genial, gran idea chicos” afirmó Fran.

“Y por las mañanas cuando le deje en el colegio, vendrá a buscarnos para guiarnos a todas esas playas que quieres conocer” añadió Belén.

Fran no dudo en mirar a su esposa, el ya tenía claro que Belén no decía las cosas como si nada, y se preguntó que más habría hecho durante a la visita al Alcazar, el le había dado pie a Oswaldo y ya sabía de lo lanzados que eran los dominicanos y como le había cogido el gusto a su mujer.

“No seas mal pensado” le replicó Belén “que irá a dormir a casa de su madre”.

“O no” dijo Aris con mucha lujuria “Tal vez le tengas que pedir ayuda con esta hermosura, no se porqué pero creo yo que ni entre los tres que estamos aquí nos la acabaríamos” A lo que todos se partieron de risa, incluso Belén que negaba con la mano, como diciendo que no.

Cada vez se iban soltando más y más, y cortándose menos con la presencia de Fran, tanto ella como ellos, y ojo Fran también que estaba en sus salsa. En un momento dado, Oswaldo le preguntó a Fran por el coche que le había dado su primo con la excusa de “Déjame verlo que este es un pirata” y como el coche estaba aparcado a 2 minutos escasos, Oswaldo y Fran se fueron a verlo, dejando a Belén con Aris

“Fran quería pedirte disculpas si me precipité con mi ofrecimiento” le dijo Oswaldo “no os distraeré mucho durante vuestras vacaciones, pero me pareció una buena idea y asi aprovecho para ver al niño”

“No te preocupes, yo estoy encantado de que nos acompañes, hasta pensé proponértelo, pero me daba miedo por Belén que es más suya para estas cosas, pero habiéndolo dicho ella, sin ningún problema, de verdad” le confirmó Fran.

“Si, bueno, sabes” dijo como dudando si seguir “… Belén me acabó contando lo del moscón que tuvieron de noche y como fueron a bailar con él hasta que apareció su mujer”

“¿Si? ¡Qué buena que es!” Se sorprendió Fran de que Belén se hubiera atrevido a contarle nada.

“A mi me encantaría acompañaros esta noche a bailar, como te dije tu mujer es preciosa y francamente divertida, pero si mañana vamos a Las Terrenas, debería marchar hoy pronto para arreglar unos asuntos” dijo Oswaldo

“Por eso no te preocupes, si hoy no puede ser ya saldremos algún día en Las Terrenas, recuerda que serás nuestro guía, también por la noche” le dijo Fran guiñándole un ojo.

“Allí seguro, no lo dude, aunque el ambiente es más tranquilo que acá en la capital” contesto Oswaldo “yo lo siento porque ella pareció contármelo como para que hoy saliera con vosotros”.

“Jajaja, que zorra que es” dijo Fran muerto de risa “uy perdona, no quería hablar asi de ella, es que le gusta demasiado la juerga y en este viaje se me esta adelantando en todo”

“Jajaja, ya comprendo, pues no tengais ningún inconveniente en comentárselo a Aris, el también es muy bailón” dijo Oswaldo mirando hacia donde estaban Belén y Aris, “y parece que se han caído bien” indicándole hacia ellos.

Allí estaba Aris, había arrimado la silla a la de Belén y le debía estar diciendo piropos, porque ella no paraba de reír y seguirle la corriente. Mientras ellos siguieron hablando del coche y Oswaldo comprobando que todo esta en perfecto orden, Fran no les podía quitar el ojo de encima, ¡se estaba poniendo a mil! Vio como Aris puso la mano sobre el muslo de Belén en varias ocasiones, incluso como ella se azuzaba la melena, símbolo inequívoco de que estaba comenzando a ponerse cachonda.

“Visto, mi primo se ha portado” dijo Oswaldo dando por concluida la revisión.

“Jajaja, y se está portando ahora mismo” dijo Fran mientras iban hacia ellos.

Al llegar junto a ellos, Aris no se cortó un pelo. Se levantó de la silla para dejar el sitio a Fran, y para mostrarles el empalme que marcaba, aunque Belén ya se debía haber dado cuenta

“Fran, esta mujer tuya me pone loquito” dijo sin ocultar su erección.

“Ya veo ya” dijo Fran.

“Prometo que yo no he hecho nada” dijo Belén mostrando su lado más inocente.

“Es que no te hace falta hacer nada, preciosa, pocas veces conocí a una mujer tan… “Aris se cortó en terminar la frase.

“… cachonda?” Dijo Fran.

“Eso, aunque yo iba a decir bella” respondió Aris y todos se echaron a reír.

Tras las risas y un rato de conversación del mismo estilo con Belén como protagonista absoluta, ella le dijo a Fran que le enseñase el coche. Una excusa, que todos sintieron por igual, pero entendieron que quería decirle algo a su marido. Y así fue se acercaron al coche a “revisarlo”.

“Estamos locos, amor, ¿otra noche más de juerga?” Le dijo nada más separarse.

“Tal y como acabamos ayer yo lo suscribo a diario” dijo Fran.

“Si, vale y yo también, pero tuviste suerte, jajaja, sino llega a aparecer su mujer” replicó Belén.

“Pues hoy no habrá mujeres que te salven de un polvazo, ¿tú has visto como tienes a Aris?” Dijo Fran.

“Y a Oswaldo, aunque tú no te hayas dado cuenta” dijo Belén

“¿Te vas a follar a los dos?” Preguntó Fran.

“Estamos en año olímpico ¿no?” La respuesta de Belén le encantó a Fran, le hizo recordar una aventura que tuvieron hace muchos años con dos chicos, muy similar a la que se les planteaba. Belén se quedó mirando la cara de salido que ponía Fran, aquello le encantaba “pero no podrá ser, Oswaldo me dijo que tendría que irse a arreglar unos asuntos si iba a ser nuestro guía en Las Terrenas” le dijo con cara de pena Belén.

“Y eso te lo dijo antes o después de que le contaras la noche con el moscardón” preguntó Fran sin dejarla contestar “como me gusta que seas tan zorra, seguro que le has calentado a base de bien en el Alcazar”

“¿Yo? Me parece que aquí los hombres se calientan solitos, jajaja”

“Bueno que, entonces, vamos a por Aris y en Las Terrenas a por él otro. Así todo queda en familia, jajajaja” le dijo Fran.

“Qué cornudo estás hecho amor… y como me conoces” dijo Belén dejando el coche atrás y llegando donde estaban sus dos nuevos amigos.

Al poco Oswaldo dijo que se tenía que marchar, no sin antes agarrar a Belén, pegándola un abrazo y dos cariños besos “Te dejo en buenas manos, preciosa, pero me debes un baile estos próximos días”. Ella se apretó aún más con él le devolvió los dos besos y le dijo “lo estaré esperando”.

Quedó con ellos para encontrarse allí donde estaban, junto al coche, sobre las 12 y se despidió.

“Bueno pareja, ¿tendremos que cenar algo? Me permitís alguna recomendación.” Dijo Aris.

“¿Qué hora es?” Preguntó Belén.

“Las siete y media” le contestó Fran.

“Aris, me dejas pasar por el hotel, a darme una ducha y cambiarme para la cena” preguntó Belén.

“Uhmm, más bella no te puedes poner” dijo mirándola de arriba abajo.

“Si puede, si, y te va a sorprender. Propongo tomarnos una cerveza tú y yo, en el bar del hotel mientras esperamos a la dama” propuso Fran.

“Si es para que se engalane más, acepto la invitación” dijo Aris.

Ni que decir tiene que mientras Belén se arreglaba, Aris estuvo sondeando a Fran, quedándole clarísimo que estaba tratando con un vicioso de narices, que quería ver cómo su mujer follaba con otro.

Cuando Belén apareció en el bar del hotel, casi una hora después, a Aris se le escapó un sonoro “Madre mía, que rica que esta mi doña” que oyó todo el mundo. Fran estaba alucinado, nuevamente le había vuelto a sorprender. Belén llevaba el pelo mojado, como si hubiera salido de la ducha en ese mismo momento y vestía un vestido largo de tirantes, con la espalda al aire, muy trasparente y unas cuñas que la elevaban hasta los cielos… o la altura del mismísimo Aris, que era aún más grande que su primo.

“Ay mi niña, con el hambre que tengo y el hambre que me acabas de dar” le dijo descaradamente acercándola hacia él sin importarle que todo el mundo estuviera mirándonos después de la entrada de Belén. “Y como hueles, te comería todita aquí mismo” le dijo. Aris notó la suavidad de la seda del vestido y no se cortó en pasear su mano por el cuerpo de Belén. No había marcha atrás, Fran se lo había dejado claro y Belén luciendo ese look tan provocador y sexy se lo confirmó.

Salieron para el sitio que había propuesto Aris para cenar,

Aris cogió a Belén de la cintura mientras Fran iba por el otro lado, sin enterarse de que la mano de Aris ya se había colado por la espalda en el interior del vestido y podía agarrar sin ningún problema el culo de Belén.

Estaba muy cerca, les estaban esperando y parecieron ser conocidos de él, puesto que le saludaron muy efusivamente.

Fran disfrutó de la cena, tanto como lo hicieron ellos, a pesar de que seguramente ninguno recordase al día siguiente ni lo que comieron, ni lo que bebieron. Los pezones de Belén completamente marcados en la fina seda de su vestido les estaban volviendo locos a los dos, al punto de que a Fran hasta se le coló en la comanda “pezones con salsa criolla” lo que hizo que ni la camarera, ni ninguno de ellos, pudieran aguantarse la risa y mirar directamente a Belén. Quedó más que obvio que Aris y Belén no dejaron de toquetearse por debajo de la mesa durante los primeros platos, como no pudieron resistirse a comerse la boca, mientras Fran salía a fumar viéndolo todo desde la distancia.

“Tu hembra besa demasiado” le dijo Aris a Fran al entrar, por si no se había dado cuenta. “Y tu amigo” confirmó Belén.

No hubo postres, ni tampoco una copa después que alargar la agonía sexual que los tres padecían. Si, agonía, más que necesidad, más que impaciencia, más que deseo irrefrenable.

Aris se la metió nada más entrar en la habitación, sin apenas darle tiempo a bajarse los pantalones, a Belén ya la habían desnudado entre los dos en el ascensor, a Fran no le dio tiempo a grabarlo con su móvil.

El primer orgasmo de Belén con polla ajena, como lo calificó Fran después de mucho tiempo, fue tan rápido que hasta la mismísima Belén casi se lo perdió. El resto de la noche no. Y prueba de ello, lo tenía Fran en su móvil.

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