Con una antigua amiga de mi mujer
Teresa le confió un secreto: Belinda ama que le coman el coño. Con esa llave en la mano, el narrador busca a la antigua amiga en un hotel por horas, dispuesto a probar si la realidad supera la fantasía, pero el placer compartido deja a uno de los protagonistas con la cuenta pendiente.
Los comentarios de mi pareja sobre una antigua amiga me pusieron sobre la pista. Me contó que Belinda se había separado recientemente. Que se había “lanzado a la piscina” buscando nuevas relaciones que llenaran su vacío y compensaran el desencanto de su ruptura. Esto le habia llevado a descubrir lo mucho que le atraía el sexo, el sexo oral en particular. Había descubierto que le encantaba que le comieran el coño.
Teresa me contó esas cosas sobre su amiga porque estaba segura que yo le guardaría el secreto, como si fuera una gran confidencia, que nadie más se iba a enterar de el libidinoso proceder de su amiga. Mi esposa estaba en lo cierto, yo soy un hombre discreto y en el que se puede confiar. No se me ocurriría ir divulgando las intimidades de nadie y menos si las supe por medio de mi mujer.
También es verdad que esa información es muy interesante y nada me impide utilizarla en mi propio provecho. Saber que a Belinda le encanta el sexo oral es muy interesante y morboso para mi.
Recuerdo a Belinda como una mujer alta y delgada, con caderas definidas. Solía llevar ropa que acentuara su cintura estrecha y su culo prominente. Siempre pensé que detrás de ese cuerpo de apariencia frágil se escondía una mujer fuerte, a la que no se podía contentar con cualquier cosa. Ella cuidaba mucho su aspecto, quería sentirse bella y por lo tanto, había que saber acercarse para que se sintiera cómoda y motivada para mostrarlo.
Ahora, que segun mi esposa “ha vuelto al mercado” y que le atrae el sexo oral, estoy seguro que se estará cuidando mucho para que al abrir las piernas su entrepierna resulte bien apetitosa. No me quito esa idea de la cabeza, me lo imagino y estoy deseando probarlo. Estoy convencido de que a ella le encantará la experiencia. Estoy preparado y deseoso de tenerla al alcance de mi boca.
La casualidad hizo que unos días más tarde coincidiéramos a la salida de unos grandes almacenes. La invité a tomar algo y nos fuimos a tomar un café juntos para recordar los viejos tiempos cuando éramos estudiantes. Tras una conversación muy amigable vi la oportunidad de darle una sorpresa y así observar su reacción ante una invitación muy descarada.
Tomé su mano entre las mías, y tras darle un beso introduje mi lengua entre sus dedos, haciendo una metáfora sobre cómo sería hacer algo semejante entre las piernas. Quise ver su reaccion sabiendo que le atraía que le hagan sexo con la boca. La maniobra fue muy arriesgada y el resultado en principio no fue bueno. Se fue sin despedirse y supuse que no le había gustado nada mi atrevimiento. Se me escapó, pero eso no volverá a suceder.
Un par de días más tarde, Teresa me dijo que había vuelto a encontrar a su amiga. Me dijo que Belinda se interesó mucho por mí, que qué hacía, donde trabajaba y otras preguntas semejantes. En ningún momento mencionó que nos habíamos visto y el incidente de la cafetería. Esto yo lo interpreté como un mensaje, quería volver a contactar conmigo. Mi juego de lengua entre sus dedos y el chupetón en su nudillo no habían sido tan desagradables como me pareció en un principio.
Eso hizo que creciera mi interés y que la buscase. Yo estaba ansioso por jugar con mi lengua con ella. Me hice el encontradizo a la salida de su trabajo y finalmente concretamos una cita. Noté que Belinda sentía ganas de pasar un buen rato conmigo, con la pareja de su amiga; comer el fruto prohibido le llenaba de morbo. Yo no sabía si habían comentado entre ellas algo sobre mi, aunque su interés parecía indicar que sí. Por otra parte, yo tenía muchas ganas de practicar mis habilidades y sobre todo, tenía ganas de comprobar si Belinda tenía el coñito tan delicado y sensible como mi mente calenturienta imaginaba.
Belinda en un principio se resistió, no se atrevía entrometerse en la vida de su amiga recientemente recuperada. Finalmente aceptó un encuentro en uno de esos hoteles que alquilan habitaciones por horas. Allí la privacidad está garantizada. Acordamos que el compromiso que adquiriamos entre nosotros era limitado. Si algo no iba bien, lo dejaríamos de inmediato, sin nada que explicar, ni nada que reprochar entre nosotros, eso nos permitió agendar nuestra cita.
No soy un hombre extraordinario pero soy bastante resultón. Soy alto, con un cuerpo fibrado, no soy musculoso pero soy ancho de hombros, brazos potentes y manos poderosas. Dicen de mí que tengo las manos de un jugador de balonmano, de joven participaba en competiciones de canoas y ahora cuando voy al gimnasio me suelo poner en la máquina de remo. Y a pesar de todo se conservan suaves y las manejo con delicadeza cuando se trata de hacer caricias.
...
En la habitación Belinda y yo nos miramos. Los dos sabemos que estamos alli para practicar sexo, que solo nos une el deseo de experimentar y pasar un rato de emoción y placer. Nos besamos y empezamos a desnudarnos. Belinda lleva una falda de tubo y una blusa camisera de color blanco. La desabrocha con parsimonia para quedarse en bragas y sujetador negros, subida en unos zapatos de plataforma que hacen su figura mas esbelta. Pechos medianos, cintura bien definida y piernas estilizadas…uhmmm tal como la imaginaba.
Mientras me desnudo, Belinda se echa sobre la cama boca arriba. Permanece quieta…a la espera. Los brazos cruzados sobre el cuerpo como si quisiera proteger su pecho. A la altura de los tobillos cruza unas piernas interminables. Me gusta ver su braguita negra, tensa desde las caderas hasta su entrepierna mostrando un abultamiento justo en el monte de venus.
Me acerco con parsimonia, le doy un beso y paso el dorso de los dedos por encima de la braga, voy hacia el ombligo y después me voy hasta alcanzar el prominente hueso de su cadera…voy a un lado y a otro. La percibo algo cohibida…no es la “mujer devora hombres” que describió Teresa al hablar de ella. Al tocar su vientre noto como se encoge…aprieta las piernas y reprime un suspiro.
―Estas preciosa…eres una mujer muy atractiva… quizás esto que te digo no te lo creas, pero estoy tan nervioso como impaciente… es mi primera vez― le digo con voz pausada y calida.
―Jajaja…¡no me digas eso…que me haces reir!... ¿quieres hacerte pasar por un jovencito inexperto?...jajaja― ríe, yo veo que vamos bien― Anda…ven aquí con tu mamasita… que le voy a acurrucar ― me dice risueña
―Relájate…vamos a disfrutar mucho los dos…todo va a ir de primera― trata de darme tranquilidad y seguridad sobre lo que va a suceder― nadie se va a enterar― añade segura de si misma.
Es tan delgada y sus caderas estan tan marcadas que queda un pequeño hueco entre el borde de la braga y su bajo vientre…por ahí cuelo mis dedos, acercándome cada vez más a su sexo.
―¡Ay, ay… cuidado! ― gime al sentir la yema de mis dedos acercándose a la parte abultada de su entrepierna (ya he dicho que tengo unas manos muy grandes)
Con ambas manos tomo los extremos de la braga y tiro de ellos hacia abajo. Belinda eleva el culo solo lo justo para que pueda pasar y se enrolle sobre sí misma convirtiéndose en un amasijo de tela.
―Uhmmm ¡qué tesoro tenemos aquí! ― le digo rozando con la punta de los dedos justo encima del triángulo que se forma entre sus piernas. Lo tiene perfectamente depilado, con las piernas apretadas entre si solo queda a la vista un abultamiento blandito que es la antesala de su sexo.
Al ver mis manos tan cerca de su vulva me dice:
―Manuel…quiero que me cuides mucho…mucho mucho…confío en ti y sé que me vas a tratar con mucho cuidado― me dice susurrando― dudando que mis manos se sepan comportar al acariciar su parte más íntima.
―Tranquila…seré suave como la seda― le anuncio al tiempo que le voy separando las piernas poco a poco haciendo gala de mi ternura.
Quiero que me muestre ese coñito rico por el que me muero por comer y el que ella quiere ofrecerme para que lo complazca con mi boca. Le besuqueo desde el ombligo hasta la cadera. Me encanta besuquear su vientre, caracolear con la lengua en su ombligo. Belinda contrae la barriga y hace que mi cara quede incrustada en su vientre. Aguanta la respiración mientras paso la lengua por la piel y luego se suelta. Vuelve a contraer la barriga mientras empiezo a tocarle la entrepierna. Hago que mi boca descienda poco a poco hasta las ingles, allí saco la lengua y recorro la línea donde se une la pierna.
La tengo distraída con estos ardiles para que mi mano vaya separando las piernas lentamente. Me sitúo entre sus piernas, las levanto apoyadas sobre mis antebrazos y contemplo la maravilla que tiene entre las piernas.
―Guauuu, ¡qué pedazo de coño tienes! ― se me escapa el comentario al ver su magnífica vulva.
Me esperaba encontrar una rajita fina, con labios delgados y apretados, que guardan con celo una delicada perlita. Una vulva en consonancia a un cuerpo muy esbelto y sin demasiadas carnes. Para mi completa sorpresa es un coño compuesto por dos labios mayores de generoso volumen, unos labios menores que emergen desde el interior con un aspecto de traje de volantes. Envuelven una capuchita con forma de calamar, pero que en vez de tentáculos deja asomar una cabecita rosada.
―¡Madre mía!… ¡Qué maravilla!...puedes estar orgullosa, tienes un coño delicioso ― le digo sin salir de la sorpresa que me ha causado ver su vulva por primera vez.
―¿tú crees?― pregunta mostrando cierto pudor.
―Absolutamente…me muero por probarlo…quiero saber a qué sabe, por oler a qué huele y por dejar que mi boca y mi lengua se humedezcan con sus jugos.
Me encanta comerle el coño a mi mujer, ella me ha enseñado a hacerlo, a sacar el máximo partido del sexo oral. Viendo el coño de Belinda tengo que admitir que su coño queda empequeñecido. La riqueza en matices y rincones del coño que tengo delante es incomparable.
―Ponte aquí… así con el cojín de dormir debajo de la cadera ― le digo para que coja una postura más cómoda. Hago que levante las piernas doblándolas un poco. Queda como una ranita bocarriba… con el coño bien dispuesto para que un goloso como yo le dé un buen repaso.
Pongo mi mano izquierda sobre su vientre, le masajeo apretando y aflojando la presión sobre la piel. Belinda reacciona al sentir mi pesada mano sobre el vientre, lo hace subir y bajar como si tuviera un fuelle en el interior. Aprieto con mi mano hacia abajo.
―Ooooohhhhh…― gime como si al sentir la presión de mi mano sobre su vientre se liberase algo en su interior.
Aprieto y aflojo varias veces. Meto el dedo medio en la vagina… y obtengo idéntico resultado…hondos gemidos de placer al sentir la presión de mi mano sobre su vientre. Mientras presiono con una mano, con la otra acaricio sus labios. De nuevo, meto el dedo bien adentro, aprieto hacia arriba y hago que las presiones de mi mano sobre el vientre y mi dedo en su vagina se comuniquen.
―Ooooohhhhh…― gime de nuevo sintiendo el latigazo de su orgasmo.
Me gusta mucho sorber sus labios menores arremolinados alrededor de su clítoris. Lo que Belinda aprecia más es que con el pulgar apriete sobre la capucha de su clítoris para que la piel se retire hacia arriba y aparezca esa perlita redonda y brillante. Los lengüetazos que le doy le martirizan, unas veces despacio y con la lengua plana y ancha, otras con golpes rápidos.
Con la yema de mis dedos restriego sobre sus labios, en las ingles y su monte. Mis babas y sus jugos forman una mezcla ideal para lubricar su piel. El dedo medio se cuela entre los labios y entra en su vagina, empujo fuerte y simultáneamente aprieto su vientre.
―Ohhhh, ohhhh ¡qué canalla eres!...¿dónde has aprendido estas cosas?...¡me vuelves loca! gime agitándose sobre la cama con cuidado de no separarse lo más mínimo de mi cara.
Eso me hace recordar lo que me advirtió Teresa refiriéndose a su antigua amiga: ¡Menudo zorron debe estar hecha, seguro que va levantando la pareja de sus amigas!. Tú, ten cuidadito…no dejes que se te acerque…tu eres mío y solo mío.
Sus palabras resuenan en mi cabeza amenazantes…¿Qué le voy a hacer? Estoy borracho del jugo de su coño y no me puedo parar. Para ganar algo de tiempo y recuperar el aliento, mis dedos también entran en acción. Me gusta juguetear cuando la vulva está así. Me gusta sacar jugos de aquí y llevarlos allá, me atrevo a meter el dedo mojado en el ano hasta la primera falange…me gusta marranear, se que a Teresa le encanta que lo haga y hoy también lo quiero reproducir con su amiga.
Después de una pausa, con el aliento recobrado, me acerco a su coño y le soplo un fino chorro de aire, como si estuviera silbando, pero sin ruido. De abajo a arriba, separando sus carnosos labios para entrar bien adentro y sobre su generoso clítoris.
Belinda coge mi cabeza con sus manos y me fuerza a que restriegue toda la cara con su húmedo sexo.
―Ohhhh, ohhhhh ― grita con desespero ― Ohhhh, ohhhhhh ― repite mientras frota su coño con mi boca.
―Ohhhh, ohhhh― dice al disfrutar de su orgasmo
Me llena la boca con una explosión de jugos inmensa, moja mi cara, sus jugos me chorrean por la barbilla y el gusto fuerte de su coño me embota todas las papilas de la lengua.
― Ohhhh, ohhhh…¡qué rico! ¡que rico!... es delicioso. Ohhhh, ohhhh…¡qué rico! ― no deja de repetir.
Me recuesto un poco, a su lado para recobrar el aliento y contemplar como de coño rezuma su néctar. De vez en cuando siente una punzada incontrolada a modo de réplica amortiguada de su orgasmo mientras mi mano acompaña a su vientre, subiendo y bajando cada vez con una cadencia más lenta.
Tras unos instantes de reposo me aparta de su entrepierna, se incorpora y se dirige al baño dando saltitos de lo contenta que está. Recostado espero a que vuelva para la segunda parte. Estoy seguro que cuando regrese sabrá premiar adecuadamente mi esmero y cuidados. Gracias a mis caricias le he proporcionado un enorme orgasmo y creo me compensará hasta igualar nuestros anhelos.
Tras darse una rápida ducha vuelve muy sonriente envuelta en la toalla.
―¿no te vas a vestir?... se nos está haciendo muy tarde. En menos de treinta minutos tengo que estar con unos clientes― me dice mientras se pone el sostén y luego desenreda las bragas
¡Menuda decepción!... todas mis expectativas se han ido por el desagüe. Miro mi entrepierna y veo como mi polla se encoge lentamente. No haré mas comentarios, la frustración es mayúscula, lo único que me anima es que antes de irse, me dice:
―Tenemos que quedar otro día…¡eres un amante extraordinario! Lo he pasado genial…has sabido encontrar mi punto más sensible.
―Vaya, vaya…te a encantado como te he comido tu hermoso coño y como premio me dejas aquí tirado― le reprocho.
―No te lo tomes así… hoy no me puedo quedar mas tiempo…te lo compensaré la próxima vez…siempre y cuando lo hagas tan bien como hoy― me responde con cierta suficiencia.
Me he quedado solo…tengo dos alternativas: La primera hacerme una paja a su salud, o mejor dicho recordando el pedazo de coño que tiene entre las piernas, o irme a casa con el rabo entre las piernas esperando que se me pase el berrinche lo antes posible.
...
―Tienes mala cara, cariño. ¿Te ha pasado algo en el trabajo? ― pregunta mi pareja, Teresa, al llegar a casa.
―Nada, nada… un día más en la oficina con los problemas de siempre― le miento tratando de poner mejor cara para que no siga preguntando.
Lleva puesta una camiseta enorme que le sirve de vestido corto, va descalza. Observando cómo se mueven sus pechos bajo la tela deduzco que está casi desnuda. Tiene una piernas muy bonitas, al moverse la curva de sus glúteos se empieza a dibujar. ¡qué buena está!.
Me acerco por detrás, la abrazo con intención de retenerla haciéndole ver que «tengo muchas ganas» al apretarme contra su culo
―¡Quieto…quieto!...¿qué pretendes? ¿buscas relajarte teniendo sexo?...Si, ¿verdad?― dice al tiempo que trata de zafarse de mi abrazo.
―Vamoooos…por fa…hazlo por mi…tu sabes que yo siempre trato de complacerte…en todo lo que te gusta― le argumento como último recurso para que me deje desahogarme con ella.
―Hoy no puede ser…me ha venido la regla― menudo jarro de agua fría. Se terminó de joder el dia…no podría ir peor.
Teresa se revuelve…me mira y mirándome muy fijamente a los ojos me dice:
―Tengo una solución alternativa… tu decides…si te sirve solo tienes que decirlo― me dice con tono de: “o lo tomas o lo dejas. Tú decides y debes hacerlo rápido”
―¿de que se trata?― pregunto expectante.
―Vamos a la cama y deja que haga mi mágia― me guiña un ojo y me arrastra tras de si.
Un par de minutos después estoy desnudo tumbado boca arriba, Teresa sentada sobre mis muslos con las rodillas apoyadas a ambos lados de mis caderas.
―Vamos a ver qué podemos hacer para dar un poco de paz y relajación a mi señor― dice mientras empieza a manosear mi verga. Esta no tarda nada en reaccionar, tiene el recuerdo de esta tarde y ahora mi pareja sabe perfectamente lo que debe hacer para despertarla.
Me la menea despacio, primero con una mano, luego con la otra, alternado entre ellas como si fuera una competición entre ellas. Cuando ya la tengo bien dura, la toma con ambas manos, la abraza entre los dedos y hace subir y bajar el pellejo con energía. Una paja a dos manos…¡que maravilla!
―¿te gusta así, mi amor?― me pregunta sin levantar la cabeza. Teresa está ensimismada con el meneo que me está dando. Se escupe en la palma de la mano derecha y me la coge fuerte, con decisión y ritmo tira del pellejo hacia abajo una y otra vez golpeando cada vez en el escroto.
―Uhmmm…madre mía…Uhmmm cariño ¡cómo te adoro!― logro decir entre gemido y gemido.
Cuando ya creo que me voy a correr…cuando mi cuerpo se tensa antes de la explosión…Teresa rodea el capullo con su mano izquierda, lo aprieta y lo retuerce un poco en contra de lo que hace la mano derecha que mantiene el tronco quieto.
―¿te gusta?...― pregunta desafiante.
―Ya debes saber que tú eres mío y solo mío. No dejes que se te acerque a ti ninguna pelandusca… ya sabes a lo que me refiero ¿verdad?
―Si, si mi amor…soy tuyo y puedes hacer lo que quieras conmigo…pero, por favor termina…termina ya.
Como si fuera la señal acordada para empezar la carrera, Teresa se lanza a masturbarme como si no hubiera un mañana. Una mano, la otra, las dos juntas…rápido…despacio y a saltos…menudo repertorio. La veo hacerlo y gozo doblemente, por los estímulos que me produce en el miembro y por la satisfacción que me produce verla tan entregada a la tarea.
Me corro, Teresa hace que el semen caiga sobre mi vientre y pecho. Hasta que no ha sacado hasta la última gota no ha parado. Le he tenido que hacer ver que me debía soltar porque estaba demasiado sensible y sus manoseos empezaban a ser dolorosos.
―La leche de mi macho es solo para mí― dice orgullosa y satisfecha arrastrando sus dedos sobre mi barriga para recoger mi semen y llevárselo a la boca lamiendo la yema de los dedos.
Deverano.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Conseguí que mi marido me follara como a una puta.
Manuel siempre creyó que su esposa era aséxica, hasta que descubrió los correos de su supuesto amante.
Comparte:Infidelidad ocultaDominacion masculinaDeseo reprimido
- Hetero: General
El morbo de los pezones sensibles
Lleva meses sintiendo su mirada pesada sobre su piel, pero hoy la oficina está vacía y el contrato está firmado.
Comparte:Dominacion masculinaPoder y controlDeseo reprimido
- Hetero: Infidelidad
Jugando con fuego (Libro 5, Capítulos 29 y 30)
Edu tiene el control, María tiene el cuerpo, y yo solo tengo los ojos. La casa se vacía de nuestras vidas para llenarse de la de él, y el silencio…
Comparte:Dominacion masculinaPoder y controlSumision como liberacion
- Hetero: Infidelidad
El nuevo compañero de trabajo
Las negociaciones en Ibiza son solo el pretexto; la verdadera transacción ocurre entre las sábanas.
Comparte:Infidelidad ocultaDominacion masculinaPoder y control
- Hetero: Infidelidad
El tercer maestro. Acoso y derribo.
Llevaba años buscando a alguien que pudiera romperla, y cuando por fin apareció, no fue el joven que esperaba, sino el padre.
Comparte:Dominacion masculinaInfidelidad ocultaSumision como liberacion
- Hetero: General
Juegos de matrimonio - Después del trabajo
Ella espera en la puerta, sabiendo que bajo su abrigo no lleva nada. Él la toma de la mano y la lleva al lugar más público que pueda imaginar, donde…
Comparte:Dominacion masculinaSumision como liberacionPoder y control