Xtories

Estas mirando a mi mujer?

Darneb creía que su mirada indiscreta era un secreto, pero Rose y su esposo Denis tenían otros planes. Lo que comenzó como una simple observación en el bar se convierte en una invitación prohibida al parking del hotel, donde los límites de la infidelidad y el voyeurismo se difuminan bajo la luz de las farolas.

darneb15K vistas8.0· 12 votos

La vida va mucho más allá de trabajo casa y casa trabajo, pero hay poca gente que lo ve así, y poco a poco se encierran en sí mismos, sin disfrutar de lo que realmente tienen. Y luego hay otros que buscan exprimir cada momento con la mayor entrega y alegría, esa gente al final encuentran a sus semejantes, y por eso me gusta escribir.

Hace unas semanas estaba de viaje de trabajo en Madrid, tenía una reunión el viernes y otra el lunes a primera hora por lo que no me valía la pena volver y decidí quedarme el fin de semana.

Aproveche para cenar con amigo en la ciudad, pero él se retiró nada más terminar por lo que volví al hotel, la verdad no me apetecía retirarme tan pronto por lo que acabe tomando algo en el bar. Viernes noche gran ciudad bar de un gran hotel, tan solo había unos pocos que se tomaban la copa antes de salir a quemar la ciudad.

Yo estaba con mi copa inmerso en mis pensamientos, cuando vi pasar una pareja que justo llegaba. Se veía que estaba de escapada, ella estaba imponente, vestida para matar, un vestido verde que realzaba cada forma de su cuerpo, mis ojos se fueron sin ningún pudor detrás de sus curvas.

Me acomode para tener un mejor vista, el vestido corto provocador hasta casi diría algo indecente, pero muy elegante. Desde donde estaba me dejaba parcialmente ver el escote, bueno más bien la redondez de sus pechos, no excesivamente voluminosos pero perfecto y sus pezones desafiantes se estrellaban contra la tela. No podía dejar de mirar, además su cara tenía una mezcla de inocencia y sensualidad salvaje, esta noche se quién sería la reina de mi paja.

Ella se dio cuenta de mi indiscreta mirada, yo me di cuenta que se había dado cuenta, pero en lugar de mirarme con desdén, me sonrió o mi parte más viciosa y pretenciosa pensó que eso es lo que estaba ocurriendo.

A él lo tenía de espalda, por lo que estaba cubierto o eso pensé, nuestras miradas se cruzaban con más frecuencia, mi imaginación me estaba jugando una mala pasada, me pregunte.

Deje de mirarla por un momento, mientras imaginaba como sería su voz, como olería, como sería mordisquear sus pezones, como sería jugar con ella.

- Perdone buenas noches. Me dijo una voz de hombre.

Esa voz me saco de mis impuros pensamientos de una patada, levante la cabeza y aunque solo le había visto de espalda me di cuenta que era su pareja. Me hice minúsculo, me quería morir, este hombre venía a reprenderme. Mantuve la compostura y fui igual de educado que él.

- Buenas noches, si dígame. Conseguí decir

Su cara no era de enfado, pero llevaba mirando a su pareja más de 15 minutos, seguro que ella se lo había dicho, y tenía que aguantar el chaparrón que parecía que se avecinaba.

- Perdone no somos de la ciudad y es nuestra primera vez, hemos pensado que nos podría quizás aconsejar un sitio para tomar una copa y con buena música.

Que aliviado me sentí, me merecía seguramente el chaparrón, incluso ahora hablando con él la seguía mirando, era más fuerte que yo, era como un imán. Mientras le daba varias opciones mis ojos seguían recorriendo sin ninguna buena intención sus piernas, sus pechos, su sensual boca e intentando atravesar esa tela y hacerme con esos pezones.

El volvió a su sitio o seguía mirando con más descaro, que sus piernas se cruzaran y descruzaran no ayudaba nada a que yo parara, eran casi con un péndulo. Y me estaba sonriendo siendo completamente consciente de como la miraba, y lo que en mi mente veía en realidad, la mujer sensual provocadora que se escondía detrás de esa cara de ángel.

Mis ojos se clavaron en los suyos mientras ella reía pícaramente, y su chico se volvió a levantar, esta vez sí que venía a decirme algo, se levantó con una cierta rapidez.

- Mi chica y yo estábamos pensando si te quieres tomar algo con nosotros. Dijo.

No soy para nada tímido de carácter, pero me pillo fuera de juego, yo pensaba que se venía un momento tenso y todo lo contrario. Eso si mis pensamientos impuros sobre esa sensual mujer me tenían físicamente en una posición incómoda, se me incorporaba de golpe mis pensamientos quedarían expuestos. Tanto morder sus pezones, tanto disfrutar de sus labios, su escote habían despertado y mi pantalón dejaría buena cuenta de ello.

- Muchas gracias, sería un placer. Dije pensando en cualquier cosa anti sexual para frenar mis impulsos y poder levantarme con una mínima dignidad.

Me levante tras él y nos fuimos hacia su mesa, me mordía el alma para bajar mi calentura.

- Yo soy Denis y ella es Rose. Me dijo tendiéndome la mano.

- Yo soy Darneb. Dije acercándome a ella para darle dos besos.

Si ya me había hipnotizado la provocativa media desnudez del vestido y su mirada, su olor me impacto aún más, daban ganas de comérsela entera.

- Encanta Darneb, y cuéntanos que haces aquí solo un viernes por la noche. Me pregunto.

Mientras mi boca iba por un lado contando los pormenores de mi viaje, mi ojos y mi mente estaban centrados en Rose. Desde donde estaba antes sentado podía ver como se marcaban sus pezones, desde aquí veía que no había sujetador, su oscuridad y su dureza era mucho más que latente. Sus labios brillaban no sé si era el gloss del pinta labios o que eran naturalmente así, su mirada era de viciosilla que no ha roto un plato. Sus piernas seguían con esa provocadora costumbre de cruzarse y descruzarse, poniéndose aún más en valor.

El camarero vino a decirnos que estaban a punto de cerrar, los tres nos miramos y no queríamos aún terminar la noche.

- Darneb vayamos a uno de esos sitios que me recomendabas.

Sin pensarlo mucho, pagamos la cuenta del bar y nos fuimos a por un taxi.

No sé cómo fue pero Rose termino en el centro, sus piernas, sus pechos, sus pezones, eran dinamita. Su aroma, su sonrisa, su voz eran fuego para esa dinamita. Su sensualidad invadió el taxi, mis manos inocentemente buscaban rozarla y ella totalmente era consciente. Un viaje corto pero intenso, que unido a las copas no hacía más que provocar mi libido.

Unas copas más, la música, me vi en la pista de baile con ella, Denis decía que se quedaba al cargo de las cosas. La musica parecía ser parte de su cuerpo, si antes en la silla sentada emanaba sensualidad, si antes en el taxi con inocentes roces era una ninfa, ahora en la pista desatada era una pantera. Mis cursos de tango, bachata por fin tenían su fruto.

Rose era un festival de sensualidad e insinuación, no solo para nosotros, el resto de la sala seguía atentamente cada uno de sus insinuantes movimientos. Ese vestido dejaba entrever su cuerpo, sus curvas, sus pechos, era un volcán.

Ella era incombustible, me uní a ti y desde la mesa veíamos como se le iban acercando y bailando con ella, se había convertido en el centro de la noche.

- Darneb estas hipnotizado por los pechos de mi mujer. Dijiste sin más.

Me quede mudo, era un de esas preguntas que uno no sabe cómo contestar, que decía si no puede dejar de mirar esos suaves pechos con sus electrizantes pezones, negar la mayor, cualquier respuesta me colocaba en una extraña posición.

- Vaya mujer que tienes. Conseguí decir. No decía nada y lo decía todo.

- Me encanta ver como otros hombres disfrutan de ella, incluso que la hagan disfrutar.

Me estabas proponiendo un trio, era eso, me estaba poniendo muy nervioso.

- Es un placer verla disfrutar. Dije pero imaginando como seria verla disfrutar, bien fuese solo como voyeur o participar y disfrutar de ese sensual cuerpo.

Rose seguía con su show, ahora ya eran dos los que bailaban con ella y con cierto descaro ella les seguía provocando, poníamos notar como le encantaba ser esa reina de esa fiesta, envuelta de sensualidad y coquetería. Rose volvió hacia nosotros y te abrazo, te dijo algo al oído y la contestaste, por el volumen de la música no pude escuchar, pero tras ese abrazo tomo mi mano y me llevo de vuelta a la pista de baile con sus dos nuevos amigos.

Los tres bailábamos con ella bajo los hechizos de su sensualidad, nuestros ojos sin ningún pudor se colaban bajo ese vestido queriendo arrebatárselo, no competíamos todo lo contrario, cada uno buscaba su parcela de deseo. La musica cambio y sin previo aviso se colgó de mí, y pasamos a un baile cuerpo a cuerpo, nuestros nuevos amigos no sé fueron al contrario se recreaban y parecía que mentalmente se fundían con nosotros.

- Has sido todo un descubrimiento Darneb. Me dijo al oído. Me encanto como me mirabas en el bar y me imagino lo que pasaba por esa cabecita, eres un guarrillo.

¿Qué le harías a una chica como yo?

Las palabras de Rose me calentaban aún más de lo que ya estaba, y mi cuerpo comenzaba a reaccionar. Mis manos pudieron controlarse pero mi lengua no, imparable dejo todas mis cartas boca arriba. Sin dejar nada atrás le iba relatando cuanto mi cerebro llevaba conteniendo desde que la vi sentada.

- Vaya, vaya Darneb. Ósea que me comerías enterita. Me dijo con una voz que parecía que ya lo estaba haciendo. Creo que como sigas hablando no vas a poder separarte de mí sin que el bar entero note lo dura que se te ha puesto.

Definitivamente necesitaba parar si no quería convertirme yo en el centro de todas las miradas, intente pensar en algo que me bajase el empalme para poder salir del centro de la pista. No fue ni facil, ni rápido pero aunque no quedara muerta por lo menos no estaba brillante imperial.

De la misma manera que me trajo a la pista me devolvió a la mesa, agarrado a su mano salimos de la mirada de todos.

- Denis no veas como se le ha puesto a Darneb, y la de cosas que pensaba mientas me miraba en el bar.

- ¿Por qué no nos tomamos la penúltima en la habitación y nos cuentas a los dos Darneb?

Quien iba a rechazar semejante propuesta, nos terminamos la copa, me acerque a la barra a pagar, mientras mi cabeza seguía en esa espiral, aunque no sé un momento de lucidez me impacto.

Dentro de esa lucidez se me ocurrió pedir al camarero si podía llamar a un taxi, él nos avisaría cuando estuviera. El viaje de vuelta fue mucho más intenso que el de ida, Denis le indicaba el hotel al conductor y yo besaba sin control a Rose. Mis manos se llenaban de tus pechos, de tus piernas, de tu entrepierna, levantaban tu vestido. Las tuyas jugaban por encima de mi pantalón y el de Denis. Nuestro amigo el taxista tan solo tenía ojos para el retrovisor, una carrera con vistas.

- Los señores ya han llegado, dijo después de estar unos minutos parados, disfruto él y disfrutamos nosotros.

Salimos de ese taxi listos para cualquier cosa, por lo que nos apresuramos hacia el ascensor nada más pasar la puerta del hotel.

- Os importa si vamos un momento al parking se me olvido algo en el coche. Dije. Además hay algo que siempre he querido hacer.

Nadie puso una pega, por lo que se cerraron las puertas, gire a Rose y abrí la cremallera de su vestido dejándolo caer por completo, quedándose tan solo con sus tacones.

- Denis tienes una mujer que es una puta de primera. Dije mientras se abría las puertas del ascensor y acariciaba ese fantástico culo. He pensado que sería muy egoísta por mi parte que solo fuese yo el invitado esta noche.

Me encanto ver la cara de Rose cuando se dio cuenta, dos de los que estaban en el bar bailando están allí. Mientas que pagaba y pedía el taxi charle con ellos en la barra, no prometí nada pero podía notar como Rose deseaba ser deseada, ser piropeada como la zorrita que era, ser manoseada, ser disfrutada, poder disfrutar, era un riesgo pero quien no juega no gana.

La sonrisa de Denis me dejo claro que era el camino, tu beso impulsivo, profundo y lascivo me lo reconfirmo, y el baile volvió a empezar. Este baile fue muy diferente, las manos ya eran modositas, las caricias no eran inocentes y los besos no tenían fronteras. Tan solo tus tacones te separaban de la desnudez, uno por cada lado te levantaba y se turnaban tu boca, Yo devoraba tus pezones mientras que mis dedos coqueteaban con tu clítoris, Denis disfrutaba viendo como eras deseada en ese parking de madrugada. No creo que fuera idea de ninguno follar ahí mismo, pero se estaba complicando, nuestros nuevos amigos ya tenían sus pollas fuera. Yo poco a poco había cambiado mi boca de tus pezones a tus labios y clítoris, y Denis torturaba placenteramente tus pezones. De los cinco, una se iba a correr en breve, todos podíamos notar como tu cuerpo se contorsionaba buscando algo más de placer en cada beso que te daban, en cada beso que recibías en tu sexo, en cada suave tortura de tus pezones.

- La putita de tu mujer se va a correr, mírala como disfruta. Decía uno de ellos

Te respiración se contuvo, se hizo un silencio, tu cuerpo tembló, te viste a ti misma denuda, abierta de piernas, manoseada y devorada por unos desconocidos, en un parking de un hotel, fue imposible aguantar más, tu sexo lloro de placer, tu cuerpo fue fulminado por un rayo, mientras nos anunciabas como te corrías con voz rota y lujuriosa.

- Buenas noches Rose, toma aire que esto no ha hecho más que comenzar. Te dije antes de besarte con mi boca llena de tus jugos.