Jamal de sangre y cuero Johana
Marina no solo es tu jefa, es quien tiene las llaves de tu sumisión. Esta noche, el despacho queda atrás y entras en la mazmorra donde tu cuerpo ya no te pertenece.
Johana
Llegamos a mi casa y nos hicimos otro café. Ángela preparó el ordenador en la mesa del comedor mientras yo servía las tazas. Nos sentamos juntos a ver las fotos.
—Están sin retocar, pero aún así han salido unas fotos espectaculares.
—A ver. Siempre me han dicho que soy muy fotogénico.
—Pues te han dicho la verdad. Mira las poses. Parece que has estado haciéndolo toda la vida.
—Hice un catálogo. Pero era de ropa interior y no salía mi cara.
Ángela seguía pasando fotos y cada una que veíamos, me sorprendía más.
—Eres muy buena fotógrafa. Se nota que eres profesional. Es un placer trabajar con alguien así.— Podía sonar a halago, pero era la realidad. Era una fotógrafa magnífica.
—El placer es mío. Y hablando de placer…
Ángela cerró el ordenador y se puso de pie, se giró hacia mí y se sentó a horcajadas sobre mis muslos. Me sujetó la cara y me dio un beso que hizo que mi verga despertara.
—Tenemos que ir a por la moto.— Le dije, intentando pararla—. Quiero ir a primera hora.
—Y yo quiero que me folles. Ya iremos a por la moto después.
—Tu te lo has buscado.
La cogí por el cuello y seguí besándola, mientras me ponía de pie con ella encima. Así como estaba, la senté en la mesa y me bajé los pantalones. Se remangó la falda hasta dejarla por encima de su cintura y cuando se iba a bajar el tanga, lo cogí y se lo rompí en dos, lo tiré a un lado y sacando un condón, me lo puse, apunté mi polla y de un golpe se la metí más de la mitad. Estaba húmeda y su vagina acogió mi embestida sin problema. Aún así, un gemido se escapó de su boca.
—Me vas a reventar, cabrón.
—Esto querías. Pues esto vas a tener. Te voy a follar bien follada. Seguí empujando con fuerza y con ganas. Estaba a punto del orgasmo. Al notarlo, la sujeté por debajo de las rodillas y la levanté de la mesa. En el aire, la podía manejar a mi antojo. Paso sus brazos alrededor de mi cuello y comencé a balancearla, mientras tenía su primer orgasmo.
—Me corro, me corro. Ufffffff.
Comenzó a convulsionar en esa posición y mientras yo la seguía balanceando, sus paredes vaginales cobraron vida y se aferraron a mi miembro, queriendo exprimirlo.
Esa sensación me encantaba. Saber que había llevado a una mujer al orgasmo me daba un grado de satisfacción y de poder inigualable.
Cuando Ángela recuperó el resuello, la bajé al suelo y le di la vuelta. Apoyó las manos en la mesa y así como estaba, volví a hundirme en ella. Pase una mano a su cadera y la otra fue a parar a su pelo. Tire de su pelo había atrás, hasta notar como tensaba la mandíbula. Le di entonces un azote que resonó en todo el comedor.
—Córrete semental. Vamos, quiero notar como se hincha tu verga dentro de mí.
Al oír esto, aceleré mis movimientos, buscando vaciarme en su interior. Antes de alcanzar mi objetivo, Ángela tuvo otro orgasmo. El calor de su interior, el aumento de la humedad y las contracciones de su cueva amasando mi falo, provocaron mi inmediata reacción y cinco segundos después de su orgasmo, eyaculé en el interior del condón y me dejé caer encima suyo por unos instantes.
—Jamal. Me encanta coma me follas.—Dijo, girando la cabeza todo lo que podía.
—A mí también me gusta follar contigo, Ángela.
Nos recompusimos del orgasmo y nos arreglamos la ropa. Entonces, Ángela cogió el tanga y me dijo:
—Esto ya no me lo puedo poner. ¿Ahora, que hago?
—Mmmmmm. Se me acaba de ocurrir una idea. Luego te lo cuento.
Nos acabamos el café y tras recoger el ordenador y meterlo en la funda, salimos de casa.
Llegábamos al concesionario de Ducati a las cinco de la tarde. Hacía poco que habían abierto y llegábamos los primeros.
—Hola Johana. Buenas tardes.
—Buenas tardes. Aviso a Javier, creo que ya tiene todo preparado.
Momentos después, aparecía el vendedor, por la misma puerta que el día anterior.
—Buenas tardes, Jamal. ¿Tienes ganas de llevártela, ehhh?
—Sí, claro. Estoy como un chiquillo. Moto nueva.
Javier me explicó con todo detalle lo necesario sobre el funcionamiento de la moto. Me había sacado el carnet con una Honda CB de 500, hacía cinco años. Así que no tenía muchas dudas sobre la instrumentación. Pero la Ducati era una moto de otro nivel y Javier comenzó a explicarme los modos de conducción y todas las ayudas electrónicas que llevaba el modelo que me había comprado. Era el tope de gama y tenía más de ciento quince caballos. Al no estar acostumbrado a ese tipo de conducción, cualquier ayuda y consejo, me vendría bien.
—Sobre todo al principio, ten cuidado con la potencia. No es una Naked como las demás. Tiene más de cien caballos y si le metes, arrea.— Me avisó Javier—. Es mejor que al principio la lleves en modo urbano, para que no tenga tanta potencia.
—El domingo voy a tomar clases de pilotaje a Calafat.
—Pues perfecto.— Dijo, enseñándome las llaves—. Pues esto es suyo. A disfrutarla, con mucho cuidado y a partir del domingo, a darle gas.
Sacó la moto a la calle y la dejó aparcada en la puerta, mientras entraba conmigo a por las demás cosas.
Me puse la cazadora y cogí uno de los cascos. El otro se lo di a Ángela para que me lo guardara en su coche. Salimos a la calle, me monté y la puse en marcha. Aceleré y una corriente en modo de vibración, recorrió todo mi cuerpo. Me encantaba esa sensación de potencia.
Ángela me dio un beso y me dijo:
—Tienes buen gusto.
—¿Lo dudabas?— Le dije, llevando una mano a su culo y dándole un beso.
—Mañana te llevaré el casco al centro deportivo. Ahora vete a estrenar tu juguete nuevo.
Se fue andando por la acera, meneando las caderas de manera muy sensual hasta llegar a su coche.
Cogió su Mercedes y desapareció entre el denso tráfico de Barcelona.
Tras despedirme de Javier, me puse el casco y lentamente me incorporé a la circulación. Me notaba raro, eso no era un scooter y me sentía torpe los primeros metros. Al final decidí sentir la moto un poco más libremente. Así que, di la vuelta y me encaminé hacia la salida de la ciudad. Tomé la A2, que era la autopista de Zaragoza. Una vez el tráfico fue más fluido, me puse en el carril de la izquierda y le di gas. La aceleración de la Monster me dejó asombrado. Ver la aguja de la velocidad subir de esa manera, era algo espectacular. Aceleraba más que un deportivo. En la autopista, fui practicando los cambios de carril y todo el tema de los intermitentes, iba tan concentrado que no me había dado cuenta, que no había puesto música. A unos treinta kilómetros, entré en una gasolinera. Fui al surtidor de gasolina y llené el depósito hasta arriba. Fui a pagar y me compré un Monster de cereza. Moví la moto a un lateral de la gasolinera y mientras me bebía el Monster, abrí Soundcloud y busqué una sesión de Andrés Honrubia, un DJ de House pachanguero, que mete mucha caña y mezcla a la perfección el House con música urbana.
Así, volvería a Barcelona más animado.
Decidí probar el modo; Launch Control. El que gestiona las arrancadas para optimizar la salida de la moto. Me puse en el carril de aceleración de la gasolinera y me concentré en agarrarme a la moto. Solté el embrague y en ese mismo instante, sentí un tirón en mi brazos que me dejó impresionado. La aceleración de ese monstruo, era increíble. Acabando el carril de aceleración, me incorporé a la autopista, a más de ciento ochenta. Dejé de acelerar al ser consciente que no podía dominar la moto a esas velocidades. Aunque la moto pedía más. Me había comprado una bestia. Regresé a la ciudad más tranquilo y al entrar de lleno en el tráfico, me di cuenta que la moto era el medio de transporte ideal para ese escenario.
Llegué al bloque de mi apartamento y accioné el mando del garaje. El apartamento tenía una plaza de garaje incluida. Ahora sí que la iba a usar.
Aparqué y bajé de mi montura. La miré orgulloso, andando hasta llegar a la puerta, me giré y le di las buenas noches a mi nuevo juguete.
Llegué a mi apartamento y al cerrar la puerta, me desnudé y me dispuse a seguir viendo, Sky Rojo.
Las sensaciones de mi cuerpo eran contradictorias, estaba emocionado por las emociones que la moto me provocaba, pero estaba intranquilo, porque no controlaba totalmente las respuestas de la Ducati.
Me hice la cena y me fui pronto a dormir. Al día siguiente, tenía una reunión con el gerente de la marca de complementos, de la que también iba a ser el buque insignia. Me gustaba eso de ser el primero en todo y parece ser que al lado de Joan y Marina, así iba a ser. Les gustaba mi imagen, mi manera de ser, mi presencia y porque no decirlo, mi polla. Todo estaba yendo muy rápido, pero las cosas hay que cogerlas como vienen. Y yo estaba preparado para todo.
Me levanté y después de ponerme la ropa de correr, bajé al garaje para ver mi moto. Ahí estaba, roja y reluciente. Mi pepino.
Salí a la calle y me puse a correr sin rumbo alguno, simplemente dejándome llevar por los pies. Mi apartamento estaba céntrico, así que al poco rato de estar corriendo, llegué hasta el inicio de las ramblas. Me di media vuelta y seguí corriendo, llevaba siete kilómetros cuando pisaba de nuevo el recibidor del bloque de pisos donde vivía temporalmente.
Me preparé un café y me fui directo a la ducha. Comenzaba otro día intenso, en mi nueva vida. Anhelaba Marbella, pero por otra parte, estaba deseando exprimir todo lo que tenía por delante.
El garaje estaba en silencio total. Me subí a la moto y la puse en marcha. El suelo temblaba de las vibraciones del motor. Me puse el casco y arranqué. Subí la rampa y enderecé por la calle de salida. Aceleré esa bestia y de un tirón llegué al cruce. Puse el modo ciudad de la configuración del motor y me incorporé al tráfico, en dirección al centro deportivo.
Aparqué en el subterráneo perteneciente al edificio del gimnasio y fui directo al ascensor que llevaba a la planta principal. Pasé por recepción saludando a la recepcionista y fui directo al vestuario.
Me puse los cascos y empecé a entrenar. Al rato, pasó Joan por la sala.
—Buenos días, Jamal. Cuando acabes de entrenar, me dices, que quiero que me entrenes hoy. Me toca sesión y como ya estás. Aprovecho que tengo al mejor.— Me dijo, guiñándome un ojo.
—Pues claro, luego entrenamos. Cuando acabe te digo.
—Voy a cambiarme y estaré en mi despacho.
Eran las once de la mañana y casi estaba acabando mi rutina, cuando Marina apareció por la puerta de la sala de pesas. Nada más verme, vino hacia mí.
—Buenos días, Jamal.
—Buenos días, Marina.
—¿Ya estás acabando? Me ha dicho Joan, que luego entrenaba contigo.
—Sí, sí. Luego lo entrenaré. Así después vamos a la reunión, juntos.
—Muy bien. Luego nos vemos, entonces.— Dijo mi jefa, alejándose, contoneando las caderas, sabedora de que le estaba mirando el culo.
La sensualidad que desprendía Marina, era evidente. Esa seguridad en sí misma, la hacía tremendamente atractiva.
Acabé el entreno y fui al despacho de Joan.
—Joan, ya estoy listo.
—Tenemos una hora, para entrenar y ducharnos. La reunión está programada para la una de la tarde, justo antes de comer. Hoy comeremos fuera.
Fuimos a la sala de pesas y nos pusimos en faena. Empezamos una rutina de cuerpo entero, quería saber en qué estado de forma estaba mi jefe. Máquina tras máquina, Joan demostró estar en forma. Pero eso no era suficiente para mí. Quería potencia y cuando exigía más, me encontraba con falta de fuerza. Joan, podía dar mucho más con el entrenamiento correcto.
—Necesitas potenciar tu fuerza. Deberías trabajar con más intensidad.
—Este mes que vas a estar aquí, entréname. Así mejoraré lo que necesite. Quiero ponerme más fuerte.
—Me parece perfecto. Pero para eso nos tenemos que sentar y planear los entrenos.
—No hay problema. Tengo tiempo y medios. Ahora también te tengo a ti. He tenido entrenadores. Pero nunca he tenido la suficiente continuidad.
—Pues eso tiene que cambiar. Necesito compromiso total por tu parte.
Joan me estrechó la mano con fuerza.
—Trato hecho.
Hicimos estiramientos y nos fuimos al vestuario. Joan se fue a su despacho. Tenía ducha allí.
Faltaban veinte minutos para la una, así que me fui al bar a tomar algo. Me pedí un agua y me senté en una de las mesas, a mirar el móvil.
Marina apareció detrás de mí, con un café en la mano y se sentó en mi mesa.
—¿Qué? ¿Buscando plan para esta noche?
—Que va, mirando traje completo para la moto. Solo tengo la cazadora.
—¿Quieres plan para esta noche? Es viernes y toca dar una vuelta.— Dijo Marina, con tono sensual.
—No lo había pensado. Pero, ahora que lo dices, no me importaría.
—Hay una fiesta Fetish, en un club BDSM al que solemos ir.
—Sí, tengo ganas de probar un poco más de BDSM. Me apunto.
—Si vienes conmigo a la mazmorra, probarás más, mucho más.— La cara de Marina se transformó, sus pupilas se agrandaron y abrió la boca.
—Está noche, quedamos a cenar y después nos iremos local BDSM. Somos socios. No se puede ir sin invitación y es muy exclusivo.
Tras un rato hablando, nos fuimos camino del despacho de Joan, teníamos la reunión con el gerente de la marca de complementos.
Marina, entró sin llamar. Ya nos estaban esperando. Nos sentamos en la mesa de reuniones y comenzamos a hablar. Querían de nuevo mi imagen, para lanzar una línea de gafas deportivas. Ya tenían gafas de sol normales y esto era un paso más en el desarrollo y expansión de la marca. Acepté las condiciones del contrato, pero quise poner mi granito de arena y de paso hacer mi colaboración más exclusiva.
—Estoy de acuerdo con los términos del contrato. Pero quiero desarrollar mi propia línea de gafas deportivas. Vamos a preparar unas gafas exclusivas para deportes de aventura. Soy corredor de Spartan Race y no llevamos gafas porque casi ninguna cumple con lo que necesitamos para ese tipo de carreras. Lo mismo pasa con barranquismo, surf y otros deportes extremos.
—Eso lo tenemos que hablar más en detalle. Lanzar una línea de gafas no es tan fácil. Pero se puede hablar.
Joan me estrechó la mano y cerramos así el trato. Otro añadido a mis ingresos.
—Bueno, yo me voy, que me esperan a comer en casa, dijo Jaume.— Así se llamaba el gerente de la marca de complementos: Icecube.
—¿Vamos a comer?— preguntó Marina.
—Sí, claro.— Respondió su marido.
—Por mí, perfecto.— Les dije a los dos.
—Pero antes de ir al restaurante, quiero ver tu moto.— Dijo Marina.
Salimos del despacho y bajamos al aparcamiento. Allí estaba mi Monster nueva. Limpia y reluciente.
—Vaya bicho. Es muy grande.— Comentó Marina al verla—. Te gusta llevar cosas grandes y potentes entre las piernas.
La mano de mi jefa fue a parar directamente al bulto de mi entrepierna. Lo apretó y enseguida consiguió lo que andaba buscando. Que ese bulto creciera. Joan, mientras tanto, se había puesto a su lado y le tocaba el culo sin ningún tipo de disimulo.
—¿Tienes ganas de follártelo?— Preguntó a su mujer, mientras le mordía el cuello.
—Siempre que lo veo, tengo ganas de follármelo. Y hoy me lo voy a follar. Pero no ahora. Esta noche va a venir a la Órbita de Neo con nosotros. Allí, os follaré a los dos.
Joan me miró con ojos de deseo y morbo. Marina controlaba el juego. Yo estaba deseoso de que llegara el momento de follarme a esa hembra y de jugar otra vez en una mazmorra.
Salimos del parking y los tres volvimos a portarnos bien. Fuimos a comer al mismo restaurante de siempre y esta vez comencé a ejercer de entrenador con Joan.
—Joan. Nada de alcohol. Si tengo que sacar lo mejor de ti durante este mes. Vas a tener que hacerme caso en todo lo que te diga.
—Con lo que me gusta el vino.— Dijo, echándose a reír.
—¿Vas a entrenar a Joan?— Preguntó Marina.
—Sí. Eso parece. Este mes es de mi propiedad. Lo voy a transformar. Está en forma. Pero lo voy a afinar.
—Mmmmm. Estoy deseando verlo.— Marina se relamió, sin ningún disimulo.
El resto de la comida transcurrió entre bromas, ocurrencias y frases con doble sentido. Tenía la tarde libre y decidí darme otra vuelta con la moto. Esta vez me iba a la carretera de la costa. Primero autopista hasta Vilanova y después carretera de costa, era la carretera del Garraf. Llena de curvas sinuosas, que me hicieron extremar la prudencia, debido a mi poca experiencia. Me recordó al trayecto hasta San Pedro, desde mi casa. Pensando en hacerlo en moto, iba a ganar mucho tiempo en verano, cuando los turistas colapsan todos los accesos a la ciudad. Regresé a Barcelona a mitad de tarde. Todavía tenía tiempo de ver un capítulo de la serie. A eso de las ocho de la tarde me fui a la ducha, a prepárame para lo que me iba a acontecer esa noche. Me perfumé a conciencia, se preveía una noche intensa.
Había quedado a las diez, con Joan y Marina, para tomar una copa antes de ir al local. Ya había estado en la mazmorra de la mansión, pero aparte de ese día, nunca había estado en ambientes de ese estilo.
Cené ligero para no sentirme pesado, si tenía que follar.
A las nueve y media cogí un taxi que me dejó en la puerta de un club de copas.
Pasé adentro y fui directo a la barra. No veía a Joan ni a Marina. Así que, después de ojear el local, localicé una mesa vacía y fui a sentarme. Una camarera se acercó al instante y me tomó nota. Me pareció mal pedir agua y esta vez, pedí un gin-tonic, de Gin Mare. Esa ginebra, estaba destilada en Vilanova. La ciudad en la que había estado esa misma tarde con la moto, la misma ciudad de la fisio del Arena. Mientras esperaba a mis jefes, me dediqué a observar la decoración del local. Era un local amplio y estaba decorado como si fuera una jungla. Tenía una palmera en el centro y del techo colgaban helechos, todas las paredes estaban pintadas en tonalidades verdes y el suelo imitaba a la tierra mojada. Un sitio acogedor y cálido. Ideal para charlar mientras tomabas algo tranquilo o como primera copa, como era nuestro caso.
A los diez minutos de llegar, aparecieron por la puerta, mis anfitriones.
—Jamal. Ya perdonarás, pero Marina tenía que ponerse así de espectacular.— Mientras decía eso, le daba una vuelta cogida de la mano. Llevaba un vestido largo entallado de color vino, con unos zapatos de tacón, que todavía estilizaban más sus piernas.
Joan llevaba unos pantalones vaqueros y una camisa negra, un estilo muy casual, al lado de la elegancia de su mujer.
—¿Qué bebes, Jamal?
—Un gin-tonic, de Gin Mare. Lo han preparado muy bien.
—¿Bebiendo alcohol? ¿Qué se celebra?— preguntó Marina.
—Se celebra la vida. Él aprovechar las oportunidades y las ganas de emprender nuevos proyectos.
—Está noche vamos a celebrar otra cosa.— Dijo Marina, poniendo cara de sádica—. Los dos, vais a ser mis esclavos. En cuanto entremos por la puerta del club, se acabó Jamal. Serás mi perro, y obedecerás todo cuanto te diga.
La idea de ser sumiso de Marina, me agradaba. Dejarte llevar por alguien así, tenía que ser muy morboso y excitante. Lo había experimentado con Cristina. Pero algo me decía que con Marina iba a ser diferente.
—Estoy deseándolo. Mi ama.
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