Xtories

Jamal de sangre y cuero. Julia

El sudor de la sesión de fotos aún brilla en su piel cuando Ángela le susurra al oído lo que haría con él si no fuera por el trabajo. Jamal sabe que está en el centro de su atención, pero no imagina que su cuerpo es solo el primer paso para un juego de poder y deseo que está a punto de comenzar.

Eric Salazar3.6K vistas

Julia

Me desperté a las seis y media, a toque de despertador. Me quedé un rato en la cama pensando y meditando. Me levanté quince minutos más tarde y me puse la ropa de correr. Salí a la calle y eché a correr en dirección a la montaña. Por suerte, para mí, esa parte de la ciudad estaba cerca de la naturaleza y en menos de diez minutos, ya había salido del casco urbano. A la derecha tenía el Tibidabo. La montaña me llamaba, pero me quedaba lejos. Otra mañana me iría a correr por allí. Fui un rato corriendo paralelo a la carretera que subía a Vallvidrera, ciudad a la que llegué muy rápido. Pasé por la parte derecha y seguí subiendo hacia arriba. Gire a la izquierda y enseguida encontré montaña cerrada. Me metí en un entramado de senderos que me tuvo entretenido casi media hora. Las zapatillas respondían bien. Pero ese modelo era de asfalto y se quedaba corto en agarre. Necesitaba zapatillas de trail. Por la tarde iría de compras otra vez. Casi una hora más tarde decidí volver a la civilización y acercarme al centro deportivo. Afloje la marcha y bajé mi zona de pulsaciones todo lo que pude. Llegué a las nueve menos diez. Saludé a las chicas de recepción y me fui a la ducha. Me puse ropa limpia y salí al bar, a desayunar y esperar a Ángela.

Para esperar, cogí el móvil y revisé mis redes. Había colgado el vídeo entrenando y un par de fotos. Había bastantes; me gusta y lo había visto casi todos mis seguidores. Tenía cinco nuevos Followers y más me gusta en otras publicaciones antiguas.

Estaba acabando de desayunar cuando Ángela entró por la puerta.

—Buenos días.— Me dijo, dándome un beso.

—Buenos días.—Respondí, devolviéndole el beso.

Pidió algo de desayunar y mirándome a los ojos me preguntó:

—¿Qué, listo para la sesión? Luego viene el gerente y quiere ver alguna foto. Al final la decisión es nuestra, pero él también tiene que estar de acuerdo con usar tu imagen para la marca.

—Después tenemos la reunión.

—Sí, ya lo sé. Tengo que tener preparada alguna foto con producto. Algo serio, en plan catálogo.

—Cuando quieras podemos empezar. Yo vengo de correr veintiún kilómetros y ya estoy caliente. Bombeo un poco y listo.

—Vete a la sala a bombear, que yo voy al despacho a buscar la cámara y unos botes

Me fui para la sala y me eché en el press de banca. Era mi ejercicio favorito y el que más me hinchaba el cuerpo entero. Hice dos series con bajo peso pero muchas repeticiones, para llenar el músculo de sangre pero sin agotarlo. Me fui a la barra de dominadas e hice otras dos series de quince dominadas cada una. Ya estaba congestionado y listo. Con las venas marcadas y el tono de piel más brillante. Sin sudor, pero un poco más brillante.

—Muy bien. Pareces un stripper. Estás muy guapo así.— Me dijo mi fotógrafa, mordiéndose el labio inferior—. Te la chuparía ahora mismo.— Dijo en mi oído acercándose peligrosamente.

—Porque no querrás.— Contesté, intentando picarla.

—No debemos. Te cambiaría demasiado la cara y no conviene que sudes más.— Añadió, volviendo a modo profesional.

Cogí el bote de proteínas y me lo fui poniendo en varios sitios, variando de postura, mientras Ángela no paraba de disparar. Media hora más tarde dio por finalizada la primera parte de la sesión.

—Voy a la oficina, al ordenador. Necesito verlas en grande para ver si vale alguna. Quédate entrenando si quieres. Vuelvo enseguida. No sudes mucho, por si acaso.

—Ok, espero tus noticias.

Salió hacia la oficina, bamboleando sus caderas, sabedora de que le estaba mirando el culo. Me encantaba ese culo, aunque me gustaba más el cuerpo de su hermana. Marina era una auténtica hembra, mientras que Ángela era más tierna, tenía muy buen cuerpo, pero no con la madurez y las curvas que lucía su hermana mayor.

Seguí entrenando un rato más, hasta que me llegó un Whassup.

—Ven a la oficina. Ya tengo listas algunas.

Fui hacia la oficina y al entrar, vi a Joan sentado en su mesa, mientras que Ángela estaba en la mesa de reuniones.

—Buenos días Joan.— Dije nada más entrar en el despacho.

—Buenos días, Jamal.

—Nos han gustado estas tres.— Dijo Ángela, haciéndome un gesto parta que me acercara a la mesa grande.

—Son muy buenas. Buena luz y buena toma. Parecen de un catálogo de verdad.— Dije todo orgulloso.

—De eso se trata. De que sea un catálogo de verdad.— Añadió Joan desde su escritorio.

—Voy a retocarlas para cuando llegue Martín.

—Martín es el gerente de la marca de suplementos. Luego lo conocerás, Jamal. Es muy majo. La semana que viene podremos ir un día a las instalaciones y así podrás ver el producto. Como lo procesamos y como se distribuye. Podrás coger lo que necesites y empezar a hacer post en tus redes.

—Sí. Me gustan esas cosas. Tiene que ser muy curioso.

—Está muy bien. Te gustará. La calidad y la limpieza es una pasada.— Completó, Ángela.

—Jamal. Luego nos iremos a comer por ahí.— Avisó, Joan.

—No me he traído ropa.

—No importa. Puedes ir así.

No me gustaba la idea de ir a comer vestido de deporte. Así que salí a recepción y pregunté a la chica donde había una tienda de ropa cerca. A dos calles había una.

Sin pensarlo dos veces me encaminé hacia allí. Al llegar a la puerta, me di cuenta de que estaba en el barrio más exclusivo de Barcelona. Las marcas que se veían en el escaparate eran las más caras que podías comprar en tiendas de ropa: Armani, Dolce & Gabbana, Dior, Versaçe, etc. Y yo yendo a comprar allí en mallas y tirantes. Me daba vergüenza hasta entrar en la tienda. Pero mi dinero era igual de válido que el de cualquier otro.

Nada más cruzar la puerta, una chica rubia guapísima, salió a mi encuentro.

—Buenos días. ¿Puedo ayudarle en algo?

—Sí, por favor. Necesito unos vaqueros y una camiseta.

Iba vestido con la ropa de entrenar y desentonaba mucho en un lugar así.

—¿Llevaba alguna idea en concreto?— Preguntó la chica sonriendo, al ver mi cara de apuro.

—Algo corriente. Me he dejado la ropa en casa y vengo de entrenar en el gimnasio.

—Acompáñeme, por favor.

La seguí por el pasillo de la tienda, hasta la parte de atrás.

—Aquí tenemos la gama básica de Emporio Armani y Dolce & Gabbana.

Empezó a enseñarme camisetas muy chulas. Yo las cogía y miraba el precio disimuladamente. No necesitaba hacerlo y podía comprarme lo que quisiera, pero tampoco me gustaba tirar el dinero.

—Me gustan estas dos. Y mi talla la L.

—¿Se las quiere probar?— Preguntó la simpática dependienta.

—Bueno. Por asegurarme, vale.

Me acompañó hasta un probador de diseño, la cortina no cerraba muy bien y como la chica estaba de espaldas, me quité la camiseta y me probé la nueva. Era parecida a la que me había comprado dos días antes, solo que esta era en color blanco. Me sentaba muy bien, ya que contrastaba con mi color de piel. Que para esa época del año, ya era tostado. Para vacilar un poco, le pregunté a la dependienta:

—¿Qué tal me queda?

—Muy bien, perfecta.— Un brillo muy especial en sus ojos la delató. Le había gustado.

—Pues me la quedo.

Entré en el vestidor, pero esta vez, la dependienta no se fue. Me estaba mirando fijamente. Yo, lejos de intimidarme, me quité la camiseta y se la di. Sus ojos me hicieron una rápida radiografía.

—La otra no hace falta probármela. Si es la misma talla, me vendrá igual. Ahora unos pantalones.— Dije mientras me ponía mi camiseta de deporte.

—Espere aquí. Le voy a traer unos que le van a encantar.

Anduvo por el pasillo hasta la zona que habíamos estado eligiendo las camisetas y volvió con unos pantalones de Armani, de color negro y rotos por las rodillas. Me gustaban incluso antes de ponérmelos. Pero puestos, eran como un guante.

—Son Slimfit, elásticos. Le quedan muy bien.— Dijo, con la mirada fija en el bulto de mi entrepierna.

—Son muy cómodos, además.— Recalqué, mientras sonreía de satisfacción, sabedor del efecto que producía en las féminas—. Me llevo todo.

Me puso todo en una bolsa y después de pagar con el reloj, salí de la tienda tras despedirme. Sabedor de que esa chica, estaba mirándome el culo fijamente.

Entré en el centro deportivo y fui a la ducha directamente. Una vez acabé con mi ritual de aseo, me puse la ropa nueva. La verdad era que parecía un modelo de verdad. No parecía. Era. Un modelo de verdad y ya era hora de que asimilara mi nueva situación.

Mientras me terminaba de arreglar, iba pensando en el tema de comprarme una moto. Ya había estado mirando motos y al final la decisión estaba tomada.

Después de cuatro días en Barcelona, mi decisión de comprarme una moto para moverme por allí era la más acertada. El intenso tráfico y los escasos sitios para aparcar en la ciudad condal, hacían desesperante el moverse por las calles con soltura. En verano, Marbella se pone imposible. Pero nada en comparación con esa gran ciudad. Estaba decidido. Después de haber estado mirando catálogos y revistas de motos durante tres días, la elección estaba hecha. Me había decantado por un Ducati Monster. Por la tarde me iría al concesionario Ducati a verlas en directo y si me convencían cogerme una. Tenía el dinero para pagarla al contado. Con una transferencia, registrarla en tráfico y sacarme el seguro, ya tendría medio de transporte para moverme por Barcelona. Era la hora de la reunión y fui hacia el despacho de Joan. Al llegar, vi que la puerta estaba entreabierta. Pasé mientras mis nudillos golpeaban la puerta.

—Hola a todos.— Saludé en general.

—Hola, Jamal.— Joan, se levantó y me dio la mano.

A la vez que él, se levantó un hombre que estaba sentado a su lado.

—Este es Martín. Nuestro gerente y director industrial en la empresa Unlimited, nuestra marca de suplementos.

—Hola, Martín. Encantado de conocerte.

—Lo mismo digo, Jamal. He oído mucho hablar de ti.

—Hola, Jamal.— Me saludó Ángela, que estaba con su ordenador abierto.

Empezó una conversación en la que me expusieron lo que buscaban y lo que esperaban de mí. A mí me pareció todo bien. Estaba dispuesto a cumplir con todo y aportar cuanto estuviese en mi mano para dar visibilidad a la marca. Querían que yo fuera la imagen oficial de la marca. Eso significaba asociar mi imagen y mi nueva marca personal a Unlimited. Me iba a suponer un extra de ingresos mensuales, mil quinientos euros más o menos.

Ángela se levantó y pasó al lado de donde estábamos y nos puso el ordenador delante. Había retocado unas cuantas fotos. Las fue pasando y la verdad era que los resultados eran totalmente profesionales. Al final de estas cuatro fotos nos enseñó una con el logotipo de la marca. Era una simulación de un cartel publicitario. Martín estaba emocionado.

—Perfecto. Muy buen fichaje, Joan. Me gusta. Esta es la imagen que quiero para representar a la marca.

—Ya te dije que te gustaría.— Dijo Joan, orgulloso.

—Lo tenemos.— Añadió, Ángela.

Sonreí orgulloso. Estaba emocionado y aunque trataba de disimular, no podía contener mi alegría. Mi vida iba viento en popa, nuevas perspectivas y motivación extra.

En menos de una semana me encontraba con un incremento de mis ingresos considerable. Siendo la imagen de una marca de suplementos.

Nos pusimos todos de pie y Joan dio por acabada la reunión. Martín no podía venir a comer y Ángela había quedado con su amiga Lidia. Así que tampoco podía. Seríamos Joan y yo, solos los dos.

Nos fuimos a comer a un restaurante cercano al centro deportivo. Joan era cliente habitual, con lo cual no hizo falta reservar.

—¿Qué te parece la oferta, Jamal?— me preguntó Joan, nada más sentarnos en la mesa—. Más adelante podemos hablar de comisión por ventas, con el código de tu nombre, de esta manera cada vez que alguien compre producto con tu código de descuento, el cliente se beneficiara de una rebaja y tú te llevas un porcentaje de la venta.

—Me parece perfecto. Todo lo que sea para ganar todos. Me parece buena idea y buen negocio.

—Mañana tenemos entrevista con el gestor comercial de nuestra marca de ropa, de la que también queremos que seas imagen. Respecto a equipamiento, vamos a ofrecer lo mismo a tus compañeros, ya que va a ser la marca de nuestro personal, en todos los centros de España.

Queremos que seas la imagen principal y el estandarte de la marca. Vamos a hacer un lanzamiento de tu imagen a gran escala. Por eso queremos que estés este mes con nosotros aquí en Barcelona y así, cuando regreses a Marbella, tener todos los contratos, los derechos de imagen y los temas de comisiones en marcha. Para que solo tengas que venir de vez en cuando a visitarnos.

—Sí, claro. Es preferible que se quede todo cerrado a tener que estar continuamente con viajes y conferencias a todas horas. Hablé con Ángela y me va a ayudar a montar mi propia página web.

—Sí, tiene un amigo programador que trabaja con ella, llevándonos todo el tema informático del grupo. Hablaremos con él, para que te eche una mano.— Me dijo Joan, con una sonrisa de superioridad.

—Muchas gracias. La verdad es que cada cosa que me vas contando me está sorprendiendo más. Me siento a tope de motivación. Muchas ganas de proyectos nuevos. Esta tarde me voy a comprarme una moto para celebrarlo. Lo tenía pensado desde que llegué, pero ahora todavía más. Me voy a regalar una Ducati Monster.

—Buena elección. Yo tengo una MV Augusta de mil. Es un pepino. La uso poco, pero cuando tengas la tuya, podremos irnos a dar alguna vuelta.

—Tengo el carnet de moto. Pero lo más grande que he llevado ha sido un scooter.

—Pues deberías hacer algún curso de conducción. Las motos grandes no se conducen como las pequeñas. Tengo un amigo que hace cursos en el circuito de Calafat. Si quieres puedo hablar con él.

—Ya te diré. De momento solo voy a mirar, aunque seguramente me la compre.

Acabamos la comida a eso de las tres de la tarde. Nos despedimos en la puerta del restaurante y cada uno se fue hacia un lado. En cuanto perdí de vista a Joan, lo primero que hice fue llamar a mi madre para contarle lo que se avecinaba. Mi madre me calmó y me dijo que estuviese tranquilo, que todo bien atado y firmado. Me dio la enhorabuena por mi trabajo y me pasó a mi padre. Más de lo mismo, pero se notaba la emoción en las palabras que me dijo:

—Un trabajo bien hecho, merece una buena recompensa. Ahora vas a empezar a recoger los frutos de tu gran trabajo, hijo. Estamos muy orgullosos de ti.

Casi me echo a llorar. Me despedí de ellos y les dije que estuviesen atentos al móvil. Qué pronto tendrían más noticias mías.

Me detuve en la esquina de la calle y paré un taxi. Le di la dirección del concesionario de Ducati y en cuanto arrancó, abrí el móvil y le mandé un mensaje a Amanda:

—Luego te llamo rubia. Tengo muy buenas noticias.

Abrí el navegador de mi IPhone y lo primero que salió fue la foto de una Ducati Monster. Me quedé mirando y me dije para mí mismo:

—Olé tus huevos. Cómprate la que más te guste. Más postureo, y fotos en la moto.—Lo tenía bien claro, me lo merecía y así iba a ser.

Veinte minutos más tarde, el taxi me dejaba en la puerta del concesionario de Ducati.

Todavía estaba cerrado. Busqué un bar y me pedí un café solo, doble con hielo. Estuve viendo algunas fotos de la sesión que había hecho con Ángela el día anterior y la verdad era que estaban realmente bien. Nunca me había planteado ser modelo fitness, pero los resultados eran impresionantes. Iba a aprovechar todas las oportunidades que se me presentaban y esa era con creces, la más importante en el aspecto económico hasta la fecha. Podía duplicar mis ingresos mensuales con muy poco esfuerzo. Simplemente, tenía que adaptar mis hábitos laborales y mis horarios. De momento, quería que todo siguiera igual. Pero sabía que había cosas que tendría que cambiar.

Estaba con todo el subidón de mi nueva situación y lo siguiente era ampliar mi flota de vehículos.

Me levanté de la mesa y me dirigí a la puerta, tras despedirme del camarero, me fui directamente al concesionario. Estaba abierto.

Nada más entrar, en el mostrador había una chica morena de pelo largo que me saludó con una enorme sonrisa.

—Bona tarda.

—Buenas tardes. Venía a mirar una moto.

—Un momento. Aviso a un comercial.— Respondió levantando el teléfono fijo y marcando una extensión interna—. Javier, un cliente te espera en recepción.

Momentos más tarde apareció un chico igual de alto que yo, por una puerta que había, justo detrás del mostrador de recepción.

—Gracias, Johana. Hola, buenas tardes.— Dijo amablemente, mientras me estrechaba la mano.

—Buenas tardes. Quería ver la

Monster. A ver qué me ofreces.

—La Monster. Es la moto insignia de la marca. Piensas en Ducati y es la primera que aparece en la cabeza. Además es mi favorita.— Me dijo el vendedor, muy convencido.

—A mí es la que más me ha gustado desde siempre. Aunque nunca me había planteado tener moto.

—¿De dónde eres?, ese acento…

—Soy malagueño. De Marbella.— Dije con orgullo.

—Me encanta el sur. Estuve hace dos años allí. Suelo bajar en verano con la moto a hacer rutas. Con mi mujer me he recorrido todo Andalucía. Yo tengo una Multistrada de mil doscientos y es muy cómoda para viajar. Pero me gusta más la Monster. Para ciudad es ideal.

—Sí. En principio es para usarla aquí en Barcelona, voy a estar un mes. Luego me la bajaré a mi casa.

—Pues si quieres, te puedo ir enseñando los diferentes modelos, diferentes potencias y características.

El comercial hacía su trabajo a la perfección, no tardó en enseñarme todos los modelos que tenía allí, la 696, la 821 y la 937. Qué casualidad, que esta última la tenía de exposición y llevaba todos los extras posibles. Todas las que tenían en la exposición eran de color rojo. Tras montarme en todas, la que más me gustó fue la 937, la grande.

—¿Me la puedo llevar, ya?— Pregunté al vendedor.

—Sí, claro.— Me dijo, pensando que estaba de broma.

—Pues me la llevo.

—¿En serio?

—Sí, claro. Es la que más me gusta. Me la llevo.

—Hasta mañana por la mañana que podamos tramitar la venta, hay que esperar. Pero ya es tuya.— Dijo, señalando la moto.

Entramos a la oficina y nos tomamos un café, mientras cerrábamos el trato. El pago por transferencia lo hice en el acto, lo recibirían al día siguiente. Al recibir el pago, tramitarían el alta en tráfico y al mediodía, ya estaría la moto disponible. Yo, solamente tenía que llamar a mi aseguradora y darles la matrícula de la moto, junto con la documentación. Entonces tendrían todo listo al momento y en regla. A partir del día siguiente, me convertía oficialmente en un motero.

La moto era la tope de gama. Al hablar del precio y de lo que me podía rebajar. Llegamos a un acuerdo y en el trato, incluía dos cascos y una cazadora, todo original de Ducati. La cazadora era roja y blanca, de cuero auténtico y con refuerzos en codos, hombros y espalda.

Al salir a la zona de accesorios del concesionario, me dio a elegir entre los modelos de casco que tenía. Cogí dos cascos integrales con intercomunicador por Bluetooth. Eso de llevar Bluetooth iba a ser muy útil en los desplazamientos largos por carretera.

Cerramos la venta con un apretón de manos y después de sacarme unas fotos con mi nueva montura, salí del concesionario muy feliz. Regalazo para Jamal.

Estaba lejos de mi apartamento, pero decidí ir andando para despejarme. Demasiadas emociones en un solo día. Estaba a tope y necesitaba calmarme antes de encerrarme en casa. Me senté en una terraza y pedí un Nestea. Cogí el teléfono y lo primero que hice, fue mandarle una foto a mi madre. Una foto conmigo encima de mi nueva moto.

Después llamé a Joan:

—Joan, habla con tu amigo, que voy a necesitar clases de conducción.

—Ya lo sabía yo. ¿Cuál te has cogido?

—La 937. La gorda y con todo. Me he venido arriba en el concesionario.

—Me alegro, te la mereces, Jamal. Mañana nos vemos.

—Hasta mañana, Joan.

Justo cuando iba a colgar, entró la llamada de mi madre.

—Pero. ¿Qué has hecho, hijo mío?

—Me he hecho un regalo, mamá. Un buen regalo.

—Y tan bueno, hijo. Ten mucho cuidado, que no estás acostumbrado a esas motos tan grandes.

—No te preocupes mamá. El domingo me van a dar clases de conducción. Para ir más seguro.

—Luego se la enseñaré a tu padre, que está por abajo, en el comedor.

—Adiós, mamá. Un beso.

—Adiós, Jamal.

Le mandé la misma foto a mi hermana y la misma reacción. Me llamó y me estuvo preguntando por todo. Quería venir a Barcelona a verme. Quería ir de compras. Le dije que hablara con mamá y concretaran la fecha para a venir a verme.

Me levanté de la terraza y seguí caminando. Cuando llevaba más de media hora de camino, encontré una tienda de ropa para motos. Únicamente ropa y accesorios.

Entré a ojear lo que había y me di cuenta de que me faltaban unas cuantas cosas más. Así que salí de allí, con un par de guantes, unas botas y un casco abierto para circular por ciudad. No me importó el precio, simplemente pasé la tarjeta y ya está.

Llegué al apartamento y dejé todo encima de la mesa. Cogí una lata de Monster cero y salí a la terraza. Me senté en una de las sillas que flanqueaban la mesa y me puse los AirPods. Lo siguiente que hice, fue mandarle la foto a Amanda y Ángela.

La primera en llamar fue Ángela, la conversación fue breve, ya que ella estaba al tanto de todo lo que era el tema profesional. Quedamos para el día siguiente. Íbamos a empezar con el catálogo de ropa. Así que quedamos en el gimnasio cuando acabara de entrenar.

Recibí entonces un Whassup de Marina:

—Ya me he enterado de que tienes juguete nuevo. Ya lo probaremos juntos.— Finalizando con un emoticono de Fucker.

Seguidamente otro:

—Mañana nos reunimos con el gerente de nuestra marca de ropa. Quedamos a comer cuando acabes con mi hermana, ya he hablado con ella.

—Mañana nos vemos.— Respondí a mi jefa.

Vaya tarde de teléfono y sobre todo, vaya día de emociones. Seguía estando muy alterado, de manera que decidí bajar mi hiperactividad yéndome a entrenar.

A una manzana de donde estaba alojado, había un gimnasio de barrio, como los de toda la vida. Lo había visto paseando el segundo día. Cogí mi mochila con ropa, el neceser, la toalla y las chanclas y me fui a liberar tensiones.

Eran las siete de la tarde y aunque ya había entrenado por la mañana, decidí doblar entrenamiento.

En la entrada me atendió una mujer que solamente me habló en catalán. Aunque yo, con mi acento y mi cara de no entender, eran signos inequívocos de que no hablaba ese idioma. Una mal educada más. Me limité a pagar y a no hacerle caso en nada de lo que decía. No quieres hablar castellano. Pues yo no te voy a escuchar. Me fui al vestuario y la decepción al entrar fue mayúscula. Estaba todo descuidado y sin nada de mantenimiento. Las taquillas estaban casi todas rotas. La pintura de las paredes con desconchones, las puertas de hacía treinta años y los baños sucios. No es que yo fuera un pijo, que no iba a sitios más baratos. Simplemente que ese sitio era una mierda. Me cambié y salí con la mochila a la sala de pesas. Más de lo mismo, máquinas rotas, las pesas desordenadas y los bancos con la piel rota y levantada. Saqué la toalla de la bolsa y me puse a entrenar. Me puse los cascos que uso en el Gym cuando entreno solo y fui calentando para meterme de lleno en mi rutina de pecho: press de banca, press inclinado, aperturas y fondos. Después pasé a hacer bíceps: curl, barra Z, concentrado y martillo. Así acababa mi entrenamiento, una hora y cuarto más tarde.

Metí la toalla en la bolsa y salí de esa horrible sala de pesas. Pasé por recepción sin saludar a la señora que solo sabía hablar catalán y me fui muy decepcionado a mi apartamento. Preguntándome, como un sitio así podía estar abierto al público.

Al llegar a mi apartamento, me desnudé y me fui directo a la ducha. Al sentir el agua, mi verga reaccionó automáticamente, proporcionándome una erección que hizo que me entraran ganas de llamar a alguna de mis amigas. Especialmente a Ángela. Al final, opté por estarme quieto y relajarme. Al día siguiente iba a ir al gimnasio y después comería con ella. Más tarde la invitaría a ir a recoger la moto conmigo.

Me preparé la cena. Esa noche me hice una ensalada de judías verdes con salmón y huevo duro. Parecía que el ejercicio me había tranquilizado y la cena me terminó de estabilizar. Pasé un rato viendo una serie española, que se llamaba: Sky rojo. Me relajé, echándome unas risas, con las aventuras de unas prostitutas huyendo de sus chulos. El cine español no cambiará nunca. Risa fácil, junto con buenos culos y tetas grandes. Una combinación ganadora, desde los tiempos de Andrés Pajares y Fernando Esteso.

Vi dos capítulos y decidí irme a dormir. Amanda no me había llamado, pero justo entonces recibí un Whassup:

—Mañana hablamos, empresario.

Me costó dormirme, ya que seguía procesando todo lo que se venía. Mucho cambio. Salía de la zona de confort, al mundo de las redes y el postureo.

También se iba a notar en el dinero que iba a ganar mensualmente. Puesto que los patrocinios iban a ser importantes. Podía vivir más desahogado. Ya vivía bien, pero soy inconformista por naturaleza.

Esa noche tardé en dormirme, pero descansé mucho. Por la mañana, abrí los ojos a golpe de despertador. Miré el móvil mientras estaba en el baño. Un Whassup de Ángela y otro de Joan.

Eran las ocho y media de la mañana y ya tenía el planning del día. Sesión de fotos, reunión con el gerente de textil, comida de negocios y por último, irme a buscar mi moto nueva. Esto último, era lo que más ilusión me hacía. No había sido una compra barata, pero la verdad era que merecía la pena y como regalo por todo mi trabajo, estaba muy bien.

Esa mañana me fui en ayunas, solo me tomé el café. Iba a entrenar primero, lo justo para congestionar un poco, estar más apretado y con las venas más marcadas. Así luciría mejor para las fotos del catálogo. Llegué al gimnasio y fui al vestuario directamente. Salí cambiado y equipado camino de la sala de pesas. Joan me interceptó a mitad de camino.

—Jamal. Este domingo, nos vamos a Callafat con las motos. Que he hablado con mi amigo y te hace un hueco el domingo. Después nos iremos de ruta y comeremos en L’ Hospitalet del Infant. En un sitio que conozco.

—Me parece perfecto. ¿Vendrá Marina?

—Sí, claro. Marina también tiene moto. Una Honda CBR de seiscientos, la RR. Es un pepinillo.

—¿Marina tiene moto? Es una caja de sorpresas, tu mujer.

—Ya sabes que sí.— Respondió, mirándome a la cara y guiñándome un ojo.

—Voy a entrenar y después me ducharé y estaré con Ángela, para los catálogos de la nueva temporada.

—Luego nos vemos, Jamal.

El entrenamiento fue suave, pero muy rápido, con lo que se hizo bastante intenso. Casi no había sudado, pero me fui a la ducha, ya que lo siguiente que venía requería de mi mejor imagen.

Salí del vestuario, totalmente afeitado, peinado y perfumado. Parecía que me iba a ligar, en lugar de a trabajar.

Ángela estaba en el pequeño salón que hacía las veces de sala de reuniones. Al llegar, pude comprobar que ya tenía todo preparado para la sesión. Había que reconocer que la hermanita pequeña, era igual de eficiente que la hermana mayor. Eran implacables en el trabajo, igual que en la cama. No se les escapaba ningún detalle y hacían todo minuciosamente. Por eso les iba tan bien en los negocios.

—Buenos días, Ángela.

—Buenos días, Jamal.— Ya está todo listo, vamos a la cafetería a tomarnos algo y a esperar que lleguen la maquilladora y la modista.

—¿Maquilladora y modista? Vaya nivel.

—Tiene que quedar perfecto; así que todos los detalles cuentan y no se puede dejar nada al azar.

—Me parece perfecto.

Llegamos a la cafetería, pedí un zumo de naranja natural y Ángela un café. Pagamos y nos sentamos en una mesa.

—¿Qué tal tu moto nueva?

—Esta tarde voy a recogerla. Me hace una ilusión enorme. Nunca he tenido una moto grande y me apetece mucho. Además, el domingo vamos a Calafat, al circuito, a hacer un curso de conducción.

—Me lo ha dicho Marina. Que Joan habló con su amigo Cristian y te hizo hueco el domingo por la mañana. Igual me animo y voy yo también.

—Claro, vente. Me encantaría que vinieras con nosotros. Además, como tu hermana también tiene moto.

—Jajajajjaa. Yo también tengo moto. Nuestro padre era aficionado a las carreras y nos llevaba de pequeñas a Montmeló a ver las motos. Era motero y esa afición siempre ha estado presente en mi familia.

—Las hermanas tienen moto. Vaya sorpresa. ¿Y qué moto tienes tú?

—La misma que mi hermana. Mi padre nos las regaló a las dos a la vez. Una CBR seiscientos RR. Salimos de vez en cuando. Pero lo que más nos gusta es entrar a circuito. Yo también conozco a Cristian, ha sido el profesor de las dos. Hemos tomado clases de pilotaje con él.

—Pues no se hable más. El domingo excursión. Además, Joan me ha dicho que luego íbamos a ir a L’ Hospitalet del Infant.

—Eso te ha dicho. Pues me apunto a la excursión. Eso puede estar muy bien. Pero que muy, muy, bien.

La manera de hablar de Ángela cuando le dije donde íbamos a ir el domingo, me resultó inquietante. Algo había raro en la visita a ese lugar. Seguramente, me gustaría. Ya estaba inquieto, pensando en el domingo por la mañana.

Llegaron las chicas y nos fuimos los cuatro para la sala de reuniones. La modista, traía un burro con toda la ropa para la sesión y la maquilladora llevaba su maletín.

La maquilladora me hizo sentarme en una silla y comenzó a aplicarme unas cremas para eliminar los brillos de mi piel. Me puso cera en el pelo para darme los últimos retoques y en menos de diez minutos, ya me tenía listo. Al acabar la maquilladora, la modista tomó su relevo.

—Vamos a empezar con los conjuntos largos. Quítate la ropa.

Me desnudé, quedándome en calzoncillos. Los ojos de la modista fueron a parar al bulto que se marcaba en mi entrepierna. Me pasó un pantalón largo y una camiseta a juego. La ropa se veía de muy buena calidad. La marca era StrongFit. Era una marca nueva y ese era el primer catálogo que se iba a hacer. La modista, había sido la que hacía los patrones, como modelo había cogido a tres personas diferentes, pero todas de Gym, aunque con diferentes cuerpos. La ropa estaba hecha, pero todavía no se había lanzado a la producción. Si el catálogo salía bien, la primera tirada de ropa se empezaría a producir en breve. Había mucho en juego en esos momentos. La marca tenía otras líneas de ropa, pero esta iba a estar enfocada al gimnasio de manera concreta.

—Bueno, empezamos la sesión.— Dijo Ángela, viniendo hacia mí con la cámara en la mano.

Me coloqué en el centro de los focos, con la pared blanca de fondo. Ángela empezó a disparar indiscriminadamente. Me daba instrucciones de cómo moverme para captar más ángulos y quince minutos más tarde, salimos a la sala de pesas. Allí, más de lo mismo. Íbamos cambiando de zona y posando bajo sus indicaciones. A los diez minutos, habíamos acabado con el primer conjunto. Me cambié de ropa y exactamente igual. Así pasamos la mañana, entre retoques de maquillaje y cambios de vestuario. A la una de la tarde y tras modelar con el último conjunto que la modista tenía preparado, acabamos la sesión.

Me despedí de las chicas y le dije a Ángela:

—Luego nos vemos para comer. Tengo reunión ahora con Joan.

—Sí, claro. Luego nos vemos.

Salí de la sala de reuniones y me fui al vestuario. Me cambié de ropa, me puse unos vaqueros y una camiseta de Emporio Armani azulona y salí hacia el despacho de Joan. Al pasar por la cafetería, vi a Marina sentada en la barra con una mujer rubia de media melena, vestida con unas mallas grises y un top a juego. Las dos se me quedaron mirando y saludé con la mano, sin detenerme.

Marina me devolvió el saludo y le dijo algo a su amiga. Las dos sonrieron de manera cómplice.

Llegué a la puerta del despacho de dirección y llamé con los nudillos.

Momentos después, la puerta se abrió y Joan me invitó a pasar, estrechándome la mano.

—Buenas, Jamal.

—¿Qué tal, Joan?— pregunté, a modo de saludo.

—Pasa, este es Joaquín. Responsable de nuestra nueva marca de ropa.

—Hola, Joaquín.— Saludé, tendiendo la mano para saludar.

—Hola, Jamal. He oído hablar muy bien de ti. Pero viéndote en persona, todavía impresionas más.

Nos sentamos en la mesa de reuniones y comenzamos a exponer los términos del contrato. Querían que yo fuera la imagen principal de la marca. Aunque pudiéramos hacer colaboraciones con otros atletas. Así que haría todos los catálogos y fotos que fueran necesarias, incluyendo alguna exhibición puntual en alguna feria.

Todo me sonaba a cuentos de hadas, pero era real y era yo el que iba a estar en el centro de todas las campañas del grupo de empresas de Joan y Marina.

Cuando estábamos ultimando los detalles de mi contrato, llamaron a la puerta y esta vez, entraron directamente. Era Marina, acompañada de la rubia que estaba con ella en la cafetería.

—Hola a todos. Jamal, te presento a Julia. Es la mujer de Joaquín.

—Hola, Julia.— Dije, mientras me levantaba para darle dos besos a la recién llegada.

Las chicas se habían cambiado de ropa. Marina lucía un vestido por encima de la rodilla, muy sencillo y de color azul. Lo sencillo no quita lo espectacular que lucía encima de esa mujer y sus curvas. Julia llevaba un pantalón negro ajustado y una blusa blanca con un generoso escote, por el cual se podía adivinar el tamaño de sus pechos.

Se sentaron con nosotros en la mesa de reuniones y los cinco acabamos de cerrar el contrato. Con un apretón de manos, dimos por finalizada la reunión.

—Ya podemos irnos a comer.— Dijo Joan, levantándose de la mesa.

Los demás lo seguimos y saliendo por la puerta del despacho, nos fuimos al comedor del centro deportivo. Pasamos al reservado directamente. En la única mesa que allí había, ponía el nombre de la marca de ropa: StrongFit. Aunque éramos cinco, había seis sillas. Miré extrañado. Al ver mi cara, Marina se acercó y me dijo:

—Ahora vendrá mi hermana.— Y me guiñó un ojo de manera cómplice.

No llevábamos ni cinco minutos en el reservado, cuando llegó Ángela.

—Buenas tardes y perdón por el retraso.— Dijo mientras repartía besos para todos—. Hola, Julia. Me alegro de verte.

—Y yo a ti, Ángela. Qué guapa estás. Hace mucho que no nos veíamos.

—He estado muy ocupada con lanzamientos de nuevos proyectos. He creado una empresa de marketing integral. En principio para dar servicio a nuestro grupo de empresas. Pero a medio plazo, estaremos disponibles para cualquier empresa que nos solicite.

—Muy bien. Primero lo de casa. Pero más adelante, cuando hayáis lanzado todo lo que tenéis pendiente, tenemos que hablar. Que te necesitaré.

—Como quieras, Julia. De todas maneras, ya sabes que eres de casa, así que lo que necesites, solo tienes que pedirlo.

La mesa se llenó de conversaciones cruzadas entre todos, hasta que empezó a llegar la comida. Los platos eran muy equilibrados y sanos al cien por cien. Todo muy cuidado. Así daba gusto comer fuera. Mientras comíamos, mi mente voló hasta el concesionario de Ducati. Esta misma tarde iría a por mi moto nueva. Ya me habían mandado el número de matrícula, para gestionar el tema del seguro. Al acabar de comer, mandaría un mail a mi corredor de seguros. Era una amiga de Marbella que tenía la representación de Mapfre en la zona, y al había avisado el día anterior, así que solo faltaba la matrícula.

Acabamos los cafés y tras despedirnos, cada uno salió por un lado, Joan con Marina y Joaquín con Julia. Ángela se quedó conmigo y me propuso ir a mi apartamento a ver las fotos de la sesión de la mañana.

Acepté sin pensarlo mucho y a eso de las tres y media de la tarde, cogimos el Mercedes de Ángela y nos fuimos a mi casa.

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