Mi mujer me pide ayuda (4)
El probador se cierra, pero la privacidad es una ilusión. Ella se quita la ropa no para elegir un vestido, sino para exhibir su cuerpo y encender a su cuñado. Con el riesgo de ser descubiertos por las dependientas y una mirada curiosa del probador vecino, la tentación de ser vistos se vuelve irresistible.
Después de ducharnos, cogimos los coches y nos fuimos al centro comercial a comprar. Mi cuñada quería comprarse algo de ropa, así que entramos en una tienda. Se cogió 3 modelos de vestidos, no sé cual de ellos me parecía en principio más provocativos, y lo cierto es que me pareció que excepto uno los cogía muy rápido
- Ven conmigo al probador y me ayudas a elegir
Pasamos al probador y se quitó la ropa que llevaba. Se quitó una blusa que llevaba atada por debajo del pecho, dejando bien claro que no llevaba sostén. Las tetas parecía que comenzaban a bailar de alegría al quedarse libres. Luego llegó el turno de la minifalda que apenas tapaban las nalgas. Para quitarse el vaquero echó el culo para atrás, hasta llegar a rozar mi polla que rápidamente empezó a ponerse dura. Llevaba un tanga que la quedaba precioso y con su melena suelta, la imagen en el espejo que veían mis ojos completó de endurecer mi polla: ella con las tetas al aire mostrándose de forma impresionante al colocarse su melena y con un precioso tanga. Se probó el primer vestido que cogió, al que dedicó más tiempo en coger
- Uy, parece que se me marca un poco el tanga
Se levantó el vestido dejando el chocho al aire y se volvió a colocar el vestido. Mi polla estaba que iba a explotar. Se colocó el vestido y le quedaba espectacular
- Me gusta, ¿y a ti?
- Se ve perfecto. Se ajusta muy bien a tu cuerpo
- Mmmm, no me digas esas cosas que sabes que me caliento
- Es que te marcan muy bien todas tus curvas
- ¿Todas? – me dijo pasándose las manos por las tetas
- Todas – le contesté casi atragantándome con la saliva
- Voy a probarme otro. Pásamelo
Cogí otro para pasárselo y pude comprobar que era 3 tallas más pequeña que el que se había probado antes, y el tercer vestido igual, era 3 tallas más pequeña. Cuando se lo iba a decir y a ofrecerme a ir a por las tallas correctas me miró la polla y me puso la mano encima
- Mmmm, cómo se te ha puesto
- Es que me has calentado mucho
- Es lo que quería – me bajó la cremallera, el pantalón y el bóxer – Quería hacerlo hoy aquí contigo
Se quitó el vestido, se quedó desnuda, se agachó y se metió la polla en la boca. Me empezó a hacer una mamada metiéndosela hasta el fondo. Me tuve que morder la mano para que no me escucharan las que estaban en los otros probadores. Cuando estaba la polla bien empapada de sus babas, se apoyó en el espejo y colocó el culo a la altura de mi polla
- Venga, métela
Yo no podía decir que no, pero tampoco quería ser el mandado, así que, en vez de meterla, me agaché y le pegué unos buenos lametones al chocho y al culo. Ahora la que tenía que aguantarse los gemidos era ella.
- Mmmm, qué rico tiene el choco hoy
- Mmmmm, me gustaría que siguieras, pero no podemos estar mucho tiempo, que vendrán en un rato a ver qué pasa y nos echarán. Eso si no llaman a los de seguridad.
- Ok
Me levanté y se lo metí de una hasta el fondo y se le escapó un gemido. Esperamos unos segundos
- Parece que nadie a escuchado. Prepárate que voy
Y empecé a follarla con cuidado de no chocar mucho con su culo para evitar ruidos, pero creo que alguno se escapó. De repente, veo en el espejo que la cortina estaba un poco abierta. Creía que no era suficiente para que nos vieran, pero por si las moscas iba a cerrarla bien, pero al mover el cuerpo un poco, veo en el espejo que se mueve la cortina del probador de enfrente
- ¿Nos habrá visto? – pensé
Decidí dejar la cortina tal cual y mirar a ver la del probador de enfrente. Efectivamente se abrió un poquito y pude ver media cara de una chica. Nos estaba viendo. Iba a decírselo a mi cuñada para irnos, pero se el escurrió la cortina y pude ver que tenía una mano metida en sus bragas.
- ¡Se está masturbando! – dije para mi
Giré a mi cuñada de forma que yo quedaba a la altura de la abertura de la cortina y mi cuñada no podía ver ni ser vista. La chica cerró rápido su cortina, pero al ratito la volvió a abrir. Seguía mirando. Apoyé mi mano en la cortina para que se abriera “sin querer” y que pudiera ver cómo mi polla entraba y salía del chocho de mi cuñada. La chica empezó a masturbarse de nuevo, aunque no podía ver mucho, sólo el movimiento de las cortinas. Abrí un poco más nuestras cortinas y me la quedé mirando. Ella me miró y esta vez, abrió las un poco más sus corinas, esta vez sin sujetarlas. Tenía una melena rubia larga, ojos azul verdosos. Su piel tenía pinta de ser muy fina. Las tetas eran grandes, con unos pezones rosaditos que los tenía bien duros. Era muy delgadita, con vientre plano. Llevaba unas bragas blancas que se bajó para dejarme ver cómo se masturbaba. Tenía una matita de pelo rubio casi blanco encima del chocho, pero los labios los tenía depilados, y cuando abría los labios, dejaba ver un chocho rosadito precioso. Eso me hizo apretar más a mi cuñada y la chica empezó a masturbarse más rápido y a acariciarse el clítoris y meterse algún dedo. Se nos escapó algún gemido más fuerte. Lo que hizo que las dependientas de la tienda se alarmaran y empezaran a preguntar si estaba pasando algo.
Me corrí dentro de mi cuñada, y ella se volvió a vestir rápido para irnos lo antes posible. La otra chica cerró la cortina y no sé si se correría o no. Nos fuimos rápido para pagar el primer vestido y no fuimos. Cuando íbamos saliendo, noté unas risitas, y me giré hacia atrás intentando que no se notara mucho. Vi a dos de las dependientas riéndose y señalando a los tobillos de mi cuñada. Tenía mi semen resbalando por la piernas y le estaba llegando por los tobillo
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