La tienda
La policía ya está en camino, pero el tiempo se acaba. En la oscuridad de la trastienda, la gratitud se transforma en un deseo urgente y prohibido que Juan no podrá rechazar.
Juan era un abogado que se había licenciado en la universidad hacía 4 años. Acababa de empezar a trabajar en un bufete en el centro de Madrid.
Paseando un día por una de las calles, pasó al lado de una tienda de antigüedades que le encantaba. Siempre se quedaba mirando el escaparate para ver qué cosas habían cambiado y qué nuevas piezas se podían observar en él. Sin embargo, esta vez, al mirar pudo ver cómo una chica joven, quizá 3 ó 4 años mayor que él, estaba siendo amenazada con una navaja por una persona que llevaba una capucha en la cabeza. Juan enseguida entendió que querían robar en la tienda así que cogió su teléfono y llamó a la policía dando la dirección de la tienda y pidiendo a quien había cogido el teléfono que se dieran prisa. Dentro de la tienda, parecía que la dependienta hacía caso a lo que el atracador le estaba pidiendo, pero Juan tuvo la sensación de que la cosa se ponía cada vez más peligrosa, pues el atracador estaba obligando a la chica a dirigirse hacia el fondo de la tienda, donde ya no les podría ver.
Sin pensarlo muy bien, Juan entró en la tienda, haciendo mucho ruido y gritando
- Vanessa, ¿estás por ahí? - gritó para hacer notar su presencia. Mientras entraba, vio una barra de hierro de las que se usan para atizar el fuego en una chimenea, así que se apresuró a cogerla para poder defenderse llegado el caso.
- ¿Sí? - preguntó una voz femenina desde el fondo de la tienda.
- He venido a recoger la pieza que te había encargado. Soy Antonio. Me llamaste ayer para que me pasara.
- Un momento - contestó ella.
Juan estaba mirando por todas partes para ver si conseguía ver dónde se encontraba el atracador. Al final este se puso delante de Juan. En esos momentos, estaba amenazando a la chica con el cuchillo.
- Has venido en muy mal momento tío - le dijo el atracador mientras le apuntaba con la navaja.
El mostró el atizador al encapuchado
- He llamado a la policía y no van a tardar demasiado tiempo en venir. Si te vas ahora, puede que te libres.
En ese momento justo se escuchó una sirena a lo lejos.
- Puede que ya sea tarde - le dijo Juan.
En ese momento, se vio que el ladrón empezó a dudar. No paraba de girar la cabeza de un lado hacia el otro, mirando tanto a Juan como a la puerta. En un momento dado, le dio un empujón fuerte a la chica en dirección a Juan, y salió corriendo por la puerta. Juan se movió rápido hacia adelante para agarrar a la joven y evitar que se cayera. Ella se agarró fuertemente a los brazos, gesto con el cual evitó la caída. Cuando consiguió recuperar el equilibrio se dirigió a la puerta y la cerró con llave para que el ladrón no pudiera volver a entrar.
- Muchas gracias - le dijo la chica visiblemente nerviosa, y medio sollozando.
- No hay de qué - contestó Juan, al que también le podían un poco los nervios por todo lo que había pasado. La policía debería estar al llegar, aunque nunca se sabe.
Si, es cierto. Antonio, ¿verdad? No me llamo Vanessa, por cierto, me llamo Lucía
- Encantado.
- ¿Por qué has entrado gritando ese nombre?
- Quería que ese tío creyese que era alguien que venía a la tienda de verdad, no que era alguien que le había visto y entraba por eso
- Parece que funcionó, porque se quedó como confundido al oírte. ¿Tú has dicho que eras Antonio, verdad?
- En realidad me llamo Juan. No le he querido dar muchas pistas sobre quién era.
En ese momento llamaron a la puerta, haciendo que los dos se llevaran un pequeño susto. Era la policía, que acababa de llegar. La chica abrió la puerta.
- Hola. Nos han llamado diciendo que estaban intentando robar en esta tienda
- Si, pasen por favor - contestó Lucía. Un hombre entró con una navaja y empezó a amenazarme para que fuera a la trastienda y le diese joyas y dinero. Intenté explicarle que no tenemos joyas o dinero escondidos pero se empezó a mostrar más violento cuando se lo dije. Si no llega a ser por este señor, creo que la cosa se hubiese puesto muy fea.
- ¿Y usted es? - preguntó el agente
- Soy quien les llamó. Soy Juan Vázquez. Pasaba por la calle y al mirar al escaparate vi a ese hombre con una navaja, así que decidí llamarles
- Hizo mucho más que eso agente. Entró en la tienda y asustó al ladrón lo justo para que huyera.
- Bueno yo…
- Han tenido ustedes suerte. Podría haberse vuelto más violento y quizá no hubiesen escapado tan bien como lo han hecho. No se si me entienden
- Si agente, es cierto, ha sido una estupidez por mi parte, yo…
- Pues yo le estoy muy agradecida, porque creo que algo me podía haber hecho
- Al venir no hemos visto nada raro, pero seguiremos dando unas vueltas por las calles aledañas a ver si alguien ha podido ver algo. Sin embargo, necesitaríamos que fuese a la comisaría señorita si quiere interponer una denuncia por el intento de robo.
- ¿Ahora? - preguntó ella al agente.
- Puede ir ahora si quiere, o pasarse luego más tarde. Pero si le recomiendo que no tarde mucho para que al prestar declaración recuerde todo lo que ha pasado con claridad.
- Si claro, me pasaré hoy sin falta
El agente se dirigió a la puerta mientras terminaba la conversación.
- Recuérdelo, pase lo antes posible. También le recomendaría que cierre la puerta con llave por si el ladrón no se ha ido lejos y decide venir otra vez, aunque no suele ser habitual que se queden por la zona cuando ven coches patrulla. Buenas tardes
Una vez que el policía salió a la calle, Lucía cerró la puerta con llave y se quedó mirando cómo se marchaba el agente. En ese momento, empezó a ponerse más nerviosa al recordar las palabras del policía que indicaban que el ladrón podría seguir por la zona
- ¿Estás bien? - le preguntó Juan
- ¿Eh?, si, más o menos - contestó Lucía girándose para mirarle
- Pues cualquiera lo diría. Estás pálida
Ella se acercó a él y Juan volvió a notar que estaba muy nerviosa
- Oye, no pasa nada, ese tío ya se ha ido y estará a kilómetros de aquí
- Seguro que tienes razón…
Él le tocó el hombro para intentar animarla pero se dio cuenta de lo nerviosa que estaba
- Estás temblando, le dijo Juan
- Yo…
Juan le dio un abrazo con la intención de calmarla, a lo que Lucía contestó agarrándose fuertemente a la espalda de Juan y pegando una de sus mejillas al pecho del hombre. Estuvieron abrazados durante dos o tres minutos sin que ninguno de ellos dijera nada. Durante ese tiempo parecía que Lucía se había calmado un poco.
Al ir a separarse, Lucía puso suavemente una de sus manos en la mejilla de Juan.
- No se si te he dado las gracias todavía - Le dijo Lucía con la voz más suave y dulce que cualquiera se pueda imaginar - Muchas gracias por salvarme - le dijo, mientras posó suavemente sus labios en la mejilla de Juan para darle un beso. Fue un beso que no hubiera dejado indiferente a nadie, con una suavidad indescriptible. Cuando Lucía separo lentamente los labios de la mejilla de Juan, se quedaron los dos mirándose a los ojos. En ese momento, Lucía volvió a darle un beso a Juan, calcado al anterior, sin embargo, esta vez, con sus labios rozó la comisura de los labios de Juan. Volvió a separarse muy lentamente para volver a mirar a los ojos de Juan fijamente. Él tampoco podía apartar la mirada de los ojos de Lucía. Después de unos breves segundos, esta volvió a acercar muy lentamente sus labios, pero esta vez ya los posó en los labios de Juan. Volvió a ser un beso muy suave al que Juan respondió muy suavemente también. Lucía separó levemente sus labios de los de Juan para casi inmediatamente volver a posarlos en el mismo lugar. Al separarse de nuevo, Juan interrumpió las acciones de Lucía.
- Tengo novia - dijo Juan casi imperceptiblemente y sin mostrar ningún tipo de oposición cuando los labios de Lucía se volvieron a posar sobre los suyos. - Esto no está bien - continuó diciendo Juan con un tono de voz casi imperceptible - tengo…
En ese momento Lucía puso su dedo índice en los labios de Juan para silenciarlo. También dirigió sus labios al oído de Juan
- Ella nunca te ha dado tanto placer como el que voy a darte yo - le dijo susurrando. Nadie te ha dado tanto placer nunca.
Ella le volvió a mirar a los ojos y un segundo después volvió a posar sus suaves labios con mucha delicadeza sobre los de Juan, quien no mostró ningún tipo de resistencia. Al separar sus labios, Lucía tomó de la mano a Juan y tirando suavemente de su brazo, le dirigió hacia la trastienda
Al pasar a la trastienda, Lucía iba por delante hasta que justo pasado el umbral de la puerta, dió un ligero tirón de la mano de Juan para que pasara y quedase delante suya. Ella cerró la puerta y empezó a desabrocharse la blusa para quitársela inmediatamente y, ahora abalanzándose sobre el chico, volvió a besarle de una manera mucho más apasionada. Agresiva se podría decir. Mientras devoraba la boca de Juan, aprovechó para desabrocharle a él también su camisa y hacerla desaparecer. Con su mano izquierda agarró el antebrazo de Juan y dirigió la mano del chico a su teta derecha. Por encima del sujetador, Juan podía notar claramente el duro pezón de Lucía.
Seguían besándose intensamente, mientras que Lucía se desabrochaba el sujetador y lo dejaba caer, manteniéndose sólamente por la mano con la que Juan se aferraba a la teta de Lucía. Separó ligeramente su mano para dejarlo caer e inmediatamente volvió a agarrar la teta con algo más de firmeza. Ahora podía notar directamente el duro pezón en su palma. Se revolvió un poco para separar su boca de la de Lucía y bajó a chupar la misma teta que estaba sujetando. Para poder acceder con su boca al pezón, cambió la forma en que estaba agarrándola.
Mientras que succionaba el pezón, aprovechó para también agarrar la otra teta, pasando ahora su boca al otro lado. Los pezones de Lucía estaban duros como piedras. Eran de un tamaño mediano y de color rosado. En ese momento, Juan se dió cuenta de que por mucho que lo intentaba, no podía abarcar las tetas de Lucía con sus manos. Debía tener una talla 95 o una 100.
Lucía había empezado a gemir ligeramente, dándole pistas a Juan de que le gustaba lo que estaba haciendo. Sin embargo, se separó de Juan y poniéndole su mano sobre el pecho, justo en el centro, le empujó levemente para dirigirle hacia la mesa que se encontraba cerca de la pared opuesta a la puerta. Cuando estuvieron delante, Lucía desabrochó el pantalón de Juan y se lo bajó de un tirón. Los calzoncillos también se movieron, quedando a la vista un poco del vello púbico de Juan. Lucía se los terminó de bajar a la vez que se arrodillaba. Delante de su cara, tenía el erecto mástil de Juan que también era de un tamaño aceptable. Agarró la base del pene con su mano y mirando a Juan directamente a los ojos, lo dirigió hacia su boca para engullirlo. Aunque lo intentó, no consiguió que aquel pedazo de carne entrara entero en su boca. Debía caberle un poco menos de la mitad.
Lucía empezó a subir y bajar lentamente por el falo de Juan, haciendo que la respuesta de este fuese inmediata y de un placer inmenso. Después de estar subiendo y bajando unas cuantas veces, Lucía sacó el miembro de Juan de su boca para empezar a jugar con su lengua, lamiendo el capullo y todo lo largo de falo alternativamente. Después volvió a chupar, subiendo con su boca a la vez que movía también su mano, cubriendo prácticamente la totalidad de aquella polla.
Pasados unos pocos minutos, Lucía dejó de chupar a Juan y empezó a quitarle los zapatos y los pantalones. Juan la ayudó y se terminó de desvestir mientras que Lucía se quitaba el resto de su ropa también. Cuando estuvieron desnudos, Lucía hizo a Juan tumbarse sobre la mesa. Ella se subió a horcajadas encima de él y con su mano dirigió la polla de Juan a su coño. Se dejó caer sobre el miembro sin tener demasiados miramientos. Dada la excitación que tenía no sintió más que placer mientras que notaba aquel falo invadirla. Una vez dentro de ella, empezó a subir y bajar, primero despacio, pero ganando velocidad en cada movimiento.no habrían pasado 2 minutos cuando empezó a gemir escandalosamente mientras tenía un intenso orgasmo. Fué un orgasmo bastante duradero e intenso pero como no se detuvo, a este le siguieron dos o tres más cortitos pero igualmente intensos.
Lucía subió un poco sobre sus rodillas para dejar salir la polla de Juan de su interior y se giró para poner su coño en la boca de Juan.
- Mira lo que has conseguido. Me tienes completamente empapada. Y ahora quiero que lo saborees.
Cuando notó que Juan empezó a jugar con su lengua a lo largo de su raja, ella también usó su boca para chupar de nuevo el pene de su amante. Los dos jugaron un rato dándose un placer inmenso. Sin embargo, Lucía se volvió a separar de él haciéndole indicaciones para colocarse en una nueva postura. Esta vez, ella se encontraba tumbada boca arriba sobre la mesa mientras que Juan se encontraba de pie. El estaba rozando la punta de su capullo contra el clítoris de la mujer. Lucía estiró la mano para agarrar aquella herramienta. Usó sus piernas para agarrar por la espalda a Juan y atraerlo hacia ella mientras que con su mano dirigió la punta de la polla a su ano, haciendo que la penetrara por detrás. Esta vez lo hizo un poco más despacio que al principio, pero hizo que el chico la penetrase del tirón hasta tocar con sus huevos las nalgas de ella. El la miró un poco sorprendido pero también se podía ver en su rostro evidentes signos de placer.
- Te dije que te iba a dar más placer del que hubieras tenido nunca. Ahora, fóllame.
Dicho esto, Juan empezó a mover sus caderas. Primero lo hizo despacio y además apenas sacaba medio centímetro en cada movimiento. No quería hacer daño a ninguna mujer mientras tenía sexo. Sin embargo, tras unos primeros compases, el placer empezó a nublar la razón y los movimientos se volvieron mucho más amplios y rápidos. En cada embestida, Juan sacaba casi por completo su polla para volver a enterrarla fuertemente en el culo de la chica. Ella por su parte también estaba disfrutando y a la vez había empezado a frotar su clítoris intensamente, por lo que volvía a gemir ruidosamente.
Juan por su lado agarraba las tetas de Lucía fuertemente con sus manos, pero cuando le pareció que el orgasmo de Lucía estaba próximo, deslizó su mano derecha bajando por el cuerpo de ella hasta que llegó a la ingle y finalmente metió el dedo pulgar en la vagina. En ese momento empezó a usar el dedo para follar el coño de Lucía mientras que seguía penetrándola por el culo.
Lucía se corrió en ese momento. La intensidad del orgasmo fue tan grande que la presión de sus músculos casi llegaron a provocar dolor tanto en el miembro como en el dedo de él. Para no hacerle daño, él paró las penetraciones hasta que la tensión se redujo bastante.
- Ahora tú. Fóllame hasta que te corras. Fuerte
El volvió a empezar a mover sus caderas penetrando el ano de ella. El ritmo era endiablado. En un minuto, le avisó de que iba a terminar
- ¡¡Me corro!! ¡¡¡Me corrooo!!!
- Lléname con tu leche. Quiero que me llenes
- ¡¡¡¡¡Siiiii!!!!!
En ese momento, fuertes espasmos en la polla de Juan hicieron que salieran cuatro o cinco potentes chorros de semen que llenaron el interior de la mujer. El dejó de moverse pero permaneció con la polla dentro de ella. Al poco tiempo la fuerza de su erección fué decayendo hasta que finalmente el pene salió del ano de Lucía, dejando salir trás de si parte del semen con el que la había inundado. Ella se incorporó, quedando sentada sobre la mesa. Estiró la mano para agarrar aquella polla y con la otra mano agarró de la nuca a Juan, atrayéndolo para volver a besarle. Sus lenguas jugaban, sus labios succionaban los labios del otro…
- Espero haber cumplido la promesa que te he hecho. Yo desde luego me he corrido como nunca - Le dijo Lucía
- Desde luego, nunca había follado así con nadie
La voz de los dos seguía entrecortada mientras hablaban
- Puedes volver a pasarte por la tienda cuando quieras. Me encantará que "veamos novedades" juntos
- Claro. Yo también estaría encantado.
Los dos fueron recuperando el aliento mientras se vestían. Se había hecho tarde y ambos tenían que irse. Justo cuando Juan iba a salir de la tienda, ella le detuvo y volvió a darle un morreo en el que expresó claramente que quería que volvieran a verse
- Recuerda pasarte por aquí pronto
- Así lo haré
Y Juan salió de la tienda, alejándose mientras miraba hacia atrás para ver a la preciosa Lucía mientras cerraba la puerta con llave.
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