La invitación. Juego de los sentidos
La invitación llegaba sin remitente, pero las instrucciones eran claras: obediencia total a cambio de placer sin límites. Al cruzar la puerta, supo que ya no había vuelta atrás; su cuerpo pertenecía a la noche, y cada paso la acercaba más a un abismo de sensaciones prohibidas.
La mujer aparcó el coche, alejada de la gran casa. Apagó el motor y se tomó unos segundos de reflexión. Parecía una puta, se había maquillado y vestido como le habían ordenado, los labios bien rojos, el pelo suelto, los pómulos rosados, la falda, cinco dedos como mínimo, por encima de la rodilla, la blusa, con los tres botones superiores desabrochados, dejaba ver demasiado. Debajo nada, sus tetas y su coño al aire. No estaba acostumbrada, nunca había hecho algo así, respiró hondo, abrió la puerta y se puso de pie, con dificultad, sobre los largos y estilizados tacones.
Dos semanas antes, en la fiesta, un desconocido la había abordado, ella estaba sola y pensó que la noche podía cambiar. El desconocido le alargó un sobre.
- Léelo en casa, si te interesa sigue las instrucciones y sino tíralo- no dijo mas, se dió la vuelta y se marchó.
En casa abrió el sobre y encontró una invitación.
" Quieres solo sentir por unas horas?? olvídate de todo, deja a tu cuerpo y tus sentidos experimentar, sin barreras. Si deseas aceptar, escribe eso al correo que figura al final."
Tenía que elegir entre eso o un fin de semana de bata, sofá y satisfyer. No tenía nada que perder. Escribió al correo.
" Me gustaría aceptar su invitación"
Dos horas mas tarde recibió las instrucciones, día, hora, ubicación y como debía prepararse. Debía ir desinhibida y olvidarse de convencionalismos. Las órdenes no se discutían,
La mujer estaba nerviosa cuando llamó a la puerta. Un impresionante hombre de raza negra, tremendamente musculado, desnudo de cintura para arriba, le abrió la puerta, tomó su invitación y la condujo a un pequeño cubículo.
- Levante los brazos, ordenó
Sus ojos se estrellaban contra sus rocosos pectorales. Subió sus brazos y el gigante metió su enorme mano por la blusa y agarró su pecho desnudo. Le pareció pequeño en su áspera mano. Luego metió la mano debajo de su falda y tocándole el culo, comprobó su desnudez bajo su ropa. No pudo evitar pensar en su polla, si estaba acorde con el resto podría partirla en dos. Lo imaginó y lo deseó intensamente y agradeció que no le tocara el coño, que sabía chorreando.
- Pon las manos en la nuca, no las bajes salvo que te lo indiquen, avanza despacio, no hables, no digas nada, no te rebeles. Estás lista?
- Si, dijo la mujer no muy convencida.
El gigante abrió la puerta y un oscuro pasillo se mostró a los ojos asustados de la mujer. La mujer tomó aire, sintió el empuje del gigante en su espalda y avanzó despacio.
Una fina mano la detuvo tres pasos mas adelante. Era una mujer. La agarró la nuca y la beso intensamente. Mientras su lengua la poseía, su otra mano se coló debajo de su falda y agarró su coño con rudeza. La mujer se curvó sorprendida.
- Abre mas las piernas puta
Cuando lo hizo, la otra mujer se arrodilló, levantó su falda y le comió el jugoso coño. Las intensas emociones la tenían al borde del orgasmo, pero se contuvo y no gritó. Cuando su cuerpo estaba a punto de explotar inevitablemente, la mujer se levantó.
- Continúa, la dijo
La mujer avanzó despacio. Sobre un pedestal distinguió la silueta de un hombre desnudo, con su polla erguida. Comprendió sin palabras y, sin separar las manos de su nuca, lentamente se comió aquella mediana polla. Tremendamente caliente y sin poder tocarse, sabía que estaba haciendo la mejor mamada de su vida. Luego el hombre dijo
- Continúa
La mujer avanzó y vió fugazmente como el hombre acababa su trabajo con la mano.
El pasillo se anchaba al final y un hombre esperaba.
- Desnudame, le dijo el hombre
Lo hizo despacio, tenía un hermoso cuerpo.
- Acariciame y bésame mientras lo haces.
Lo hizo, desnudó su torso y le repasó su piel con su lengua, con besos y pequeños mordiscos, luego desató el cinturón, abrió el botón y bajó la cremallera y agachándose bajó su pantalón, hasta retirarlo de sus piernas. Acarició sus poderosos muslos y metió la mano por el slip, agarrando su rígida y hermosa polla. Sintió ganas de comérsela, pero no se lo había ordenado, así que retiró el slip y se lo quitó hasta dejarle totalmente desnudo.
El hombre empezó a desnudarla, abrió su blusa y acarició sus tetas.
En ese momento, una cortina empezó a abrirse y una gran sala iluminada, con mesas y hombres y mujeres charlando y bebiendo sonriendo, apareció a sus ojos. En cualquier otro momento, hubiera salido corriendo, pero estaba demasiado excitada. El hombre pellizcó su pezón y la devolvió a sus sentidos, olvidando su audiencia. Le retiró la blusa y recorrió su cuerpo con su boca, con pequeños mordiscos que la encendían, luego soltó su falda y la dejo caer. Estaba desnuda.
- Túmbate sobre la mesa, la ordenó
La mujer se tumbó y el hombre separó sus piernas, dejándola totalmente expuesta. Recorrió su cuerpo desnudo con sus manos, su lengua recorrió su coño, luego se incorporó, colocó su polla con la mano y empujó suavemente. No notó oposición alguna, el lubricado coño de la mujer lo acogió, abrazando su miembro.
El público disfrutó del espectáculo, excitándose entre ellos, mirando como el hombre se movía, a veces más rápido y a veces mas lento, en el interior de la mujer, que gemía y se cimbreaba sobre la mesa, hasta que explotó con violencia y sus gemidos se convirtieron en gritos y sus movimientos se volvieron rápidos y violentos, desembocando en un orgasmo salvaje.
La saciada mujer, vió al público levantarse y rodear su mesa. La mujer no supo cuánto tiempo transcurrió, ni cuantas manos, unas finas y pequeñas, otras grandes y ásperas, recorrieron su cuerpo, ni cuantas lenguas, bocas y dientes la repasaron de arriba a abajo, ni cuantas pollas visitaron su interior, ni cuantos orgasmos la sacudieron, dejándola al borde del colapso, hasta que el coloso apareció, apartó a la gente, la recogió de la mesa y la colocó sobre su hombro desnudo.
Agotada, se sentía como una mariposa, una pequeña muñeca en brazos de un gigante. Tocó su brazo enorme, duro como una roca, la mano del gigante abarcaba su culo. Se sintió feliz, como si ese fuera su lugar. El gigante la depositó en el suelo con cuidado, su ropa estaba ordenada en una percha.
- ¿puedo besarte? dijo la mujer y el gigante la cogió de sus caderas y la levantó sin esfuerzo hasta su boca. Su tosco beso le provocó muchos sentimientos a la mujer, pero no era el momento. Recorrió su cuerpo con las manos, mientras el gigante la depositaba suavemente en el suelo.
- Gracias, le susurró
La mujer se vistió y el gigante le abrió la puerta. Ella percibió el bulto, sonrió y se permitió una pequeña libertad, estiró la mano y recorrió aquel miembro, largo, grueso y duro. Guiñó un ojo al gigante, se dió la vuelta y se dirigió a su coche.
La mujer se sentó y se tumbó sobre el volante recordando, luego arrancó el coche, sobre el asiento de su derecha había un sobre cerrado.
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