Xtories

La vacaciones de Mia se ponen interesantes

Mia acaba de traicionar a su marido con Eva, pero el destino le tiene preparada una segunda tentación en el mismo hotel. Con el vestido empapado y la mente llena de deseos prohibidos, Mia no solo busca el placer, sino que sueña con compartirlo con la pareja que acaba de descubrir.

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Como cada noche, después de cenar en el hotel, me dirigí hacia el pub del pueblo. Era un local chiquitito, pero gozaba de buena música y una terraza muy agradable donde podías disfrutar de un buen cocktail y de la brisa de la noche. Me gustaba ir y tomarme una copa mientras miraba si había posibilidad de entablar conversación con alguien interesante. Esa noche, estuve hablando con un par de señoras habituales veraneantes de la zona con las que ya había coincidido los días anteriores. Estuvieron explicándome cómo había cambiado el pueblo a lo largo de los años que llevaban viniendo. Después de estar charlando y tomarme mi copa decidí volver dando un paseo por la playa.

Mientras caminaba por la orilla pensaba en el día anterior. Mi encuentro con Eva fue alucinante, solo pensar en ello el corazón se me acelera. Volví a repasar todo lo sucedido. Desde el primer día que la vi, Eva me llamó la atención. Todo. Su cara pequeña y de rasgos suaves, su melena ondulada castaña rojiza, sus pecas en esa nariz pequeña y tan bien recortada, su mirada felina con esos ojos color miel. El cuerpo de Eva era de fantasía, pequeñito y ligero, como una ninfa, por eso aunque no tenía una talla muy grande de busto, resaltaban notablemente sus pechos. Aaaay! Y sus pezones...esos pezones me tenían soñando despierta. Para el tamaño de su pecho tenía unas aureolas enormes, de color rosa palo, eran suaves como la seda. Recordé mi dedo meterse en su vagina húmeda, su coño era pequeño pero muy carnoso, de un color rosa blanquecino,de piel fina como la porcelana, en cambio su interior era de un rosa vivo, jugoso, recordaba casi al interior de una fruta madura, en el punto perfecto para comérselo. Me pareció un sueño que le fuera infiel a Miguel conmigo.

Mientras recordaba eso sentí una ola encima de mí, literal. Iba tan ensimismada recordando mi encuentro con Eva que no me di cuenta de que me había arrimado demasiado a la orilla y que una ola me iba a golpear dejándome con medio vestido mojado. De vuelta a la realidad, me di prisa en llegar al hotel, llevaba de cintura para abajo todo el vestido blanco y mojado pegado al cuerpo. No era escotado, pero así de empapado se podía ver perfectamente a través de la tela húmeda mi tanga de encaje y todo mi cuerpo.

Al llegar, de camino a mi habitación, noté que alguien caminaba detrás de mí, me giré para cerciorarme y vi que era Miguel.

-Hombre Mía, qué te ha pasado? Eres sirena y acabas de salir del mar? - me dijo con tono socarrón.

-Aix no! Sirena no por favor! Por dónde follan? - me salió súper descarado.

Se quedó roto, no se esperaba para nada un comentario así, se quedó callado.

Solté una carcajada y le dije:

-No me hagas caso hombre, me he tomado una copa y se me ha subido a la cabeza! Tanto que al volver por la playa me he acabado mojando así - me señalé la parte mojada de mi vestido.

Me miró y noté que se paraba en mi triángulo de encaje negro que se transparentaba tanto que se me podver el alma. De nuevo se quedó mudo.

-Dónde está Eva? - le pregunté para que volviera de nuevo a la conversación.

-Ah! Sí! Eva! Pues se ha quedado en la habitación haciéndose una sesión de spa, ya sabes, baño de espuma, mascarilla,manicura...me ha dicho que se quería acostar pronto para aprovechar el día de mañana. Yo vengo del bar del hotel, ya subía porque el ambiente era bastante aburrido.

-Ya...por eso suelo ir yo al pub del pueblo.

-Al antro ese? - se extrañó.

-Sí, es un poco pintoresco, pero la verdad que suele haber buen ambiente y la música no está nada mal. Pero bueno, supongo que al ser miércoles tampoco había mucha gente y me he venido pronto. Nada, me tomaré una última en el balcón mientras me fumo un porrito que tengo guardado, jeje...

-Alaaaa, un porrito! Hace un montón que no me fumo uno! -me informó con un tono envidioso.

-Te apetece? Fumar en compañía siempre sienta mejor. -le dije invitándolo. Al momento una idea perversa nació en mi mente.

Miró hacia el fondo del pasillo, como pensando si era mejor irse, luego me miró y vi que aunque fuese de manera fugaz, los ojos se le fueron de nuevo a mi entrepierna. Después me dijo:

-Claro, por qué no? - lo noté dubitativo, pero tampoco le di mucho tiempo a que se lo pensara.

Saqué la tarjeta y abrí la puerta.

Encendí las luces y le hice pasar hasta el balcón directamente. Analizó la estancia mientras atravesaba la habitación.

Se acomodó en una de las hamacas de la terraza y le facilité todo el material para que pudiera liarse nuestro porrito.

-Uf! No sé si podré, hace mucho que no me lío uno- me informó excusándose de antemano por la poca gracia con la que acabó haciendo el cigarro.

-No te preocupes, tú intentalo; mientras voy a ponerme algo seco.

Salí de la terraza y eché la cortina, pero dejando un trocito abierto, me dirigí al armario y me quité la ropa. Había un espejo en un lado de la habitación que desde donde estaba se podía ver reflejada la salida hacia el exterior y mientras escogía lo que iba a ponerme, miré al espejo y observé cómo Miguel me estaba mirando por la rendija de la cortina que estratégicamente había dejado abierta. La idea de seducirlo como a Eva me estaba excitando de manera brutal. Encontré un vestido sencillo de algodón color verde oliva. Era de tirantes fino y bastante escotado, me llegaba a media pierna y tenía una raja a cada lado. Omití ponerme ropa interior. Me vestí mientras seguía observando cómo Miguel me miraba desde la terraza. En cuanto hice ademán de girarme hacia el balcón vi cómo Miguel volvía a prestar atención a lo que tenía en las manos.

Salí a la terraza y le pregunté:

-Qué? Cómo lo llevas?

Levantó la mirada para contestarme y no pudo evitar mirarme las tetas. Sin sujetador mis pezones duros no pasaban de manera desapercibida. Enseguida volvió en si y me contestó:

-Bueno....no sé si será muy fumable -dijo enseñándome el cigarro que había liado.

-Venga, préndele fuego -le dije alargándole un mechero encendido.

Se incorporó para encenderlo y pude avistar un bulto un poco prominente entre sus piernas.

Miguel no era un tipo muy alto, tampoco tenía un físico espectacular, cierto es, que practicaba deporte a menudo y se conservaba bien, aparentaba unos cuantos años menos de sus 42 actuales. Lo que sí que me parecía muy atractivo de él era su melena, tenía un pelo fuerte y abundante, su mata morena se adornaba con unos mechones de canas que ni puestas a drede hubieran quedado mejor.

Sus ojos marrones estaban enmarcados por unas cejas con personalidad y unas patas de gallo que se acentuaban cuando reía.

Sus labios, a pesar de no ser muy gruesos, tenían una marcada forma de "M" que los hacían muy sensuales. Llevaba barba de un par de días, estaba segura de que si se la dejara crecer sería una estupenda barba bien tupida.

Empezamos a fumar y charlar. Hablamos de de varias cosas y nos dimos cuenta de que vivíamos a unos 40 minutos en coche uno del otro. De hecho, me dijo que Eva trabajaba a unos 15 minutos de mi casa. No me lo podía creer, que suerte de coincidencia.

Ya nos había subido el canuto cuando me di cuenta de que no había sacado nada de beber.

-Ay! Qué no te he ofrecido nada de beber! Perdona! Qué te apetece? - le pregunté levantándome.

-Pues la verdad que una cerveza me entraría genial.

-Voy a por ellas!

Cogí las cervezas y de paso puse un poco de música con el volumen bajito. Al volver a la terraza Miguel estaba de pie, porro en mano, con una sonrisa y haciendo un bailecito. Solo movía la cadera un poco, de manera más bien cómica. Supongo que el porro le debió subir bastante.

-Hey! Me encanta esta canción! - me dijo todo feliz.

Le acompañé en su baile mientras me acercaba con una cerveza en cada mano. Cuando llegué delante suyo me hizo dejar las cervezas en la mesa y me cogió de las puntas de las manos alzándomelas hasta quedar con los brazos extendidos apuntando al cielo. Como si fuera una bailarina de una caja de música me hizo girar mientras nos reíamos. Acabé de espaldas a él y noté sus manos posarse en mi cintura, yo contoneé mis caderas y di un paso hacia atrás, dejando mi culo pegado a él. Pude comprobar que ese bulto era real, estaba totalmente duro. A continuación bajó sus manos hasta mi cadera, sobándome el cuerpo, metió sus manos entre las rajas de mi vestido y me subió el trozo de tela que cubría mi trasero. Lo sentí exhalar en mi cuello, tenía la mirada clavada en mi culo desnudo, sus manos me sujetaban las nalgas, yo empezaba a sentir mi coño bien húmedo. Sin girarme, con mis manos busqué su entrepierna, noté su sexo bien empalmado, aflojé la cintura de su ropa para liberar su polla, la noté salir como un resorte. Enseguida se arrimó a mi culo, empezó a hacerse una cubana entre mis nalgas, sus manos me apretaban con fuerza los cachetes para que su pene quedase bien prieto entre mis carnes. Yo estaba a mil, no me podía creer la suerte que estaba teniendo, ayer Eva y hoy Miguel.

De repente la música cesó y nos hizo salir del éxtasis pasional en el que estábamos. Miguel paró de restregarse y a mí me entró el miedo de que se estuviera arrepintiendo y se fuera a su habitación con Eva.

-Se debe haber acabado la batería de mi altavoz - señalé por la repentina ausencia de música.

-Es mejor que entremos, no? - me dijo sin aclarar exactamente sus intenciones.

-Ok, claro, lo que tú quieras - le contesté con la cara llena de deseo.

Antes de entrar cogimos las cervezas y cerré bien las cortinas. Al entrar Miguel le estaba pegando un trago a su bebida, la dejó en la mesilla y se acercó directo a comerme la boca.

Lo recibí súper aliviada, estaba que no cabía en mi, tenía unas ganas tremendas de follármelo y no tendría otra oportunidad como esa. Nos estuvimos enrollando y manoseando hasta que caímos en la cama. Lo hice sentarse y le quité la ropa, primero la camiseta y luego los pantalones.

Al fin pude ver cómo era ese miembro que se había estado pajeando entre mis nalgas. Tenía una polla de un tamaño normal, pero era gruesa y dura de una manera extraordinaria, coronada por un imponente glande, brillante, tenso, toda entera de una suavidad extrema.

La agarré con mi mano y me la llevé a la boca, me la rocé a modo de pintalabios, hidratándome del néctar salado y transparente que rezumaba, seguido la introduje dándome cuenta así de lo grande que tenía el capullo. Lo estuve chupando con ganas, solo el glande, con la otra mano masajeaba sus huevos. Lo oía resoplar, yo cada vez más caliente, me acordé de Eva, de lo maravilloso que sería que estuviera ella comiéndome el coño mientras yo le deboraba la polla a su marido. Otra perversa fantasía en mi mente.

Seguí comiéndole la polla, pasé a tragarme todo el sable, hasta la base, llegando casi a besar sus bolas. La tenía tan gorda que se me llenaba la boca entera. Me estaba pegando un buen festín de rabo, con una mano le tenía las bolas agarradas, con la otra acompañaba el sube y baja de mi boca, estaba totalmente entregada. Miguel empezó a tensarse, lo noté en sus muslos, su respiración se aceleraba, hundió las manos entre mi pelo, tocándome el cuero cabelludo, luego pasó a agarrarme firmemente del pelo y me marcó el ritmo óptimo para su orgasmo, en unos segundos sentí su corrida en mi garganta, su respiración se entrecortó soltando bufidos con cada descarga.

Normalmente no me trago el semen, pero esta vez lo engullí todo, su polla me había puesto muy cerda. Me levanté para coger un pañuelo y secarme un poco la boca, pero en cuanto estuve de pie me cogió de la cadera y me atrajo a él.

-Qué bien la chupas Mia...- me dijo mientras se llevaba mis tetas a la boca.

Al acercarme, su polla me rozó y vi con asombro que seguía dura como una piedra. Me tumbó sobre las cama, boca abajo, separó mis piernas y se metió de lleno a lamerme la entrepierna, su lengua me comía del culo al coño y del coño al culo, no me metía ningún dedo y yo me moría de ganas de que me penetrase.

-Qué coño tienes Mia....mmmm - por fin noté un dedo meterse y me entró aún más el deseo.

-Fóllame Miguel, métemela enterita...- le supliqué entre gemidos.

-No traigo condones Mia.... - escuché decepcionada. Yo me lo hubiera follado a pelo, pero entendí con ese comentario que no contemplaba follar sin condón.

-En el neceser del baño tengo - le informé ansiosa, no quería que se fuera sin metérmela.

Se levantó a por ellos y volvió con su herramienta enfundada, como la tenía tan gorda parecía que iba a estallar en cualquier momento aprisionada en la goma. Una lástima no poder catarla piel con piel.

De nuevo en la cama lo tumbé y me monté encima, me la fui metiendo poco a poco notando como su polla se abría paso dentro mío. Qué gusto de rabo, uffff, tan dura y gruesa...de nuevo Eva en mi mente, cómo me hubiera gustado tenerla para comerle las tetas mientras Miguel me la metía.

Fui acelerando el ritmo, el mete saca iba solo, tenía el coño empapadísimo. Miguel se incorporó quedando sentado, me quería comer las tetas, yo seguí cabalgando, rozando mi clítoris con su pubis, escuchaba a Miguel jadear, estaba a punto de correrme, pero Miguel me abrazó inmovilizándome y me dijo:

-Para un poco, que quiero follarte a cuatro - aprovechó también para recuperar un poco el aliento.

-Eso me encantaría - le dije mientras me retiraba.

En seguida me coloqué a cuatro, no podía esperar, quería tenerlo de nuevo dentro. Se puso detrás mío, me subió el trasero e hizo que pegara mi pecho al colchón, quedando mi culo apuntando hacia arriba. Luego me la metió de golpe, enterita, bien fuerte, en esa posición la sentía aún más gorda, me empezó a bombear con intensidad, yo me moría del gusto. Con una mano alcancé mi clítoris, me empecé masajear y ya fue el summum. Entre la follada con su magnífico rabo, mi coño chorreando, sus jadeos, mis gemidos y la estimulación de mi clítoris llegué al orgasmo de forma gloriosa. Sentí una oleada de placer que me recorrió todo el cuerpo, el coño me estalló en mil espasmos, me arqueaba y retorcía de placer, Miguel me agarraba con fuerza para poder seguir metiéndola entre tanta tensión y lo escuché de nuevo resoplar y gruñir en mitad de sus jadeos, él también se estaba corriendo.

Después de nuestros orgasmos caímos los dos en la cama. Estábamos sudando y respirábamos aún agitados.

-Joder con el porro Mia, pero qué llevaba?.. - me dijo llevándose las manos a la cara y ya con el tono de "arrepentido".

-No le eches la culpa al porro, te has puesto cachondo como yo y no te has aguantado. - le contesté.

-Como me iba a aguantar? Llevas toda la noche provocándome, ya de primeras con el vestido mojado, luego que si quiero fumar, luego con ese vestido y sin ropa interior, luego que si la cerveza.... - se reía mientras enumeraba todas mis provocaciones

-Ya...será mi culpa entonces....- le dije mientras le daba un beso.

-Puedo usar tu ducha?

-Claro, como si estuvieras en tu casa.

Se fue al baño, yo me quedé en la cama estirada acabando de fumarme el canuto que habíamos dejado aún por acabar. Me puse a pensar en Eva, en lo divino que hubiera sido tenerla también. Me acordé que aún iban a estar dos días de vacaciones, la cabeza me iba a mil, buscaba alguna manera de poder llevar mi fantasía hacia la realidad.

Miguel salió del baño mientras acababa de secarse. Lo miré y me entraron ganas de volvérmelo a follar, pero me reprimí, no quería liarlo más. Buscó su ropa y se vistió. Se sentó, cogió su cerveza, le pegó un trago y me dijo:

-Mia, me ha encantado, pero...

-Miguel, se de sobras tu situación, se que Eva es magnífica, tu secreto está a salvo conmigo. En cierto modo tienes razón, yo he provocado esto, no te voy a mentir, no tenía pensado acostarme contigo, pero en el pasillo al ver que podría haber alguna oportunidad no la he querido desperdiciar.

-Me siento halagado, pero también mal por Eva... - me dijo con lástima.

Me dió cierta pena porque ahora se tenía que enfrentar con la culpa.

-No te castigues, tu amor por Eva es real, lo de esta noche ha sido una tontería, el resultado de un canto de sirena- le dije bromeando para quitarle hierro al asunto.

Rió por la nariz y me contestó:

-De sirena nada, que no sé por dónde follan.

Nos reímos, me dió un beso y se marchó.