Xtories
Interracialnov 2024

Probando cosas nuevas

Llevan años probando límites, pero esta noche la tentación tiene nombre y apellido. Mientras ella se entrega al deseo prohibido de un joven desconocido, él decide no apartar la mirada, dejando que la noche se convierta en un juego de miradas, sudor y secretos compartidos.

coco19K vistas8.3· 6 votos

Aunque no solemos ir con frecuencia a la playa, nos gusta más la montaña, aprovechamos unos días en los que estábamos solos y fuimos a pasar unos días a la costa. Últimamente nuestra vida sexual se había disparado, en apenas seis meses habíamos probado más cosas que en veinte años, desde un intercambio consentido con mi amigo y sus posteriores encuentros a ver a Maria con su mejor amiga disfrutando, todo ello con el consentimiento de los dos, que parecíamos pasarlo bien. Todo ello no restaba para que tuviésemos nuestro buen sexo, con frecuencia e imaginación.

Y es así, como pasamos esos días en la playa, follando a todas horas y jugando continuamente, en la playa, en el restaurante, en el ascensor, apenas podíamos esperar a tenernos, cualquier excusa era buena para que yo me introdujese en su bikini, hacerle una foto mostrando el coñito en una cafetería o empezar a follar en el ascensor o un baño, aunque rondamos los 50 parecíamos dos adolescentes desatados. Una tarde, tras haber experimentado una sesión larga y placentera en la que recorrí todo su cuerpo en la habitación del hotel, mientras seguía acariciándole le susurre que me encantaría compartirla nuevamente, a lo que entre risas ella me respondió: “¿más?, por mi no será”…de tal forma que seguí haciéndole estremecerse y alcanzar un orgasmo, me encantaba verle tensar su cuerpo, moreno por el sol, con las marcas del bikini, una adorable milf, como yo le decía.

Esa misma noche habíamos quedado con su hermana y una amiga para salir a cenar y bailar un poco, mientras se vestía con un mínimo vestido negro que no dejaba casi nada a la imaginación y se calzaba unas cuñas de al menos diez centímetros, le pregunte que a qué se debía ese look, a lo que me respondió que habían quedado en ver cuál de ellas parecía más zorrita vestida, no pude menos que comprobar la tersura de su culete introduciéndome bajo su exiguo vestido y comprobar que lencería había elegido, al llegar a su húmedo sexo me pidió que parara, que no llegábamos.

La noche transcurrió divertida, su amiga Belen cumplió la promesa de parecer una zorrita, con un escote inacabable que dejaba sus grandes pechos casi al descubierto y su hermana Loreto, recientemente separada y tres años menor que ella con un bonito vestido amarillo. Lo más impactante fue sin embargo su compañía, Loreto tiene 42 años y vino acompañada por un muchacho, y digo esto por sus escasos 25 años de raza negra, muy bien plantado y que resultó ser un tipo divertido, Eric era jamaicano y trabajaba como guía turístico, sin duda se aprovechaba de su físico y su sonrisa para ligar todo lo que quería con sus clientas y quien se pusiera a tiro. No reímos durante la cena, en una noche cálida y luego las chicas pidieron salir a bailar, acudimos a una popular discoteca, donde al ir con Eric, conocido por los porteros y con tres mujeres que no dejaban indiferentes a nadie, entramos por la fila VIP sin esperar nada.

Una vez dentro, y ya encaramados a unos mojitos, se acercaron a saludar a Eric dos amigos suyos, su planta evidenciaba su afición por el cuidado físico, parecía poca cosa rodeado por tres torres negras que no tenían pudor en exhibir musculo y que desde luego no tenían vergüenza ni reparo en tentar a cualquier chica que pasaba por ahí, fuera conocida o no. A Eric y mi cuñada Loreto, les costó poco empezar a bailar de una forma libidinosa, todo ello entre las risas y ánimos de su hermana y amiga, la verdad es que la situación era excitante de ver, como le apretaba contra su cuerpo y ella reaccionaba de una manera no vista anteriormente, cuando era una mujer formalmente casada, de cualquier manera, todo valía una noche húmeda y cálida de verano.

En mi primer descuido, al ir a pedir a la cercana barra, había perdido mi primera batalla, las dos chicas, Maria y Belen estaban ya bailando con los amigos de Eric, me centre en Maria y su acompañante, casi 1.90, no pasaría de los veintipocos años, musculado y no tenía mal gusto para vestir. No podría decir la distancia que les separaba el baile que practicaban, porque la tenía rodeada con esos poderoso brazos contra su pelvis, y a pesar de su tamaño bailaba con ritmo y de una manera que no podía presagiar nada diferente a lo que iba ocurrir. Mientras mi cuñada desapareció en la oscuridad junto a su amigo, y Maria lejos de sentirse incomoda deslizaba sus manos por sus brazos y su torso de una manera inquietantemente sexy, de vez en cuando hablaban, acercando tanto sus rostros que desconozco si llegaban a rozar sus labios.

Maria se aproximo de la mano del muchacho, y sin reparos, me dijo: “¿querías compartirme? Esta es la noche”, aunque me asaltó un escarceo con mis propios celos deje rápidamente que mi imaginación me llevase, y devolviéndole un húmedo beso le conteste: ¿Por qué no?. A partir de ese momento todo fue rápido, los bailes de ella refrotándose contra él, la manera en la que él le sujetaba las caderas y aprovechaba para manosearle e incluso los primeros besos que surgieron en sus bailes me excitaban. Loreto mi cuñada había vuelto, imagino que de follar en algún rincón auspiciada por la oscuridad y le resultó divertido, me dijo: “¿pero a Maria le van los morenos?, no lo sabía”, a lo que conteste: “creo que sí” y reímos, luego le pregunte: “¿y tu de que vas?, a lo que me respondió: “carpediem cuñadito, hay que probarlo todo”. A continuación, me preguntó “¿me estas tocando el culo?”, a lo que respondí: “carpediem cuñadita” y me regaló un pico mientras se alejaba.

Era la hora de irnos, antes de que empezasen Maria y su amigo Robert a follar ahí mismo, olvidándose de que había más gente, es obvio que ella le gustaba a él y que estaba jugando delante de mí. Nuestro hotel estaba cerca de la discoteca, apenas seis o siete minutos, Maria se colocó entre los dos y ambos nos agarramos a su cintura mientras ella repartía besos a uno y otro lado indistintamente, intentamos entrar discretamente en el hotel y ya en el ascensor él no se cortó y la arrincono mientras la apretaba contra él.

Ya en la habitación, tal y como entramos Maria se quitó el vestido, quedándose solo con su elegante ropa interior negra y sus elevadas cuñas, le indique que solo quería verle, y ella me insistió en que jugásemos los tres, pero solo deseaba ver como le penetraba otro hombre. Robert no tardó en quedarse desnudo, la verdad es que impresionaba pensar que ese rabo aun tenía que crecer, Maria es de constitución delgada, y aunque con sus buenas curvas, lo cual le regala unas bonitas caderas, iba a tener un problema para gestionar semejante elemento cuando creciese más. Él se colocó en su espalda y empezó a jugar con ella desde atrás, mientras Maria buscaba ese enorme rabo y lo empezaba a acariciar, ella se estremecía, entre los tres mojitos y la excitación parecía bailar un sensual baile que al joven Robert no le disgustaba a la vista de su erección. Él le mordisqueaba el cuello y apretaba sus pechos, mientras buscaba su jugoso coño separando el breve tanguita para introducirse en ella, como pudo entre sus gemidos me invocó y me acerque, besándole a la par que acariciaba su sexo junto a Robert y le indique que prefería seguir viéndolo todo, excitado y haciendo fotos desde mi móvil, aunque al separarme mantuvo su mano extendida, no iba a echarme de menos nada.

Ella, ya completamente desnuda se sentó en el borde la cama y observó, a una ínfima distancia, la enorme polla de Robert, ya completamente erecta junto a su rostro, entre una risa nerviosa y un gesto de susto comenzó a lamerlo y a sujetarlo entre sus dos pequeñas manos, me resultaba excitante verle a Maria como se deslizaba por esa enorme verga y a la vez le masturbaba, me acerque y le dí un preservativo, con la esperanza de que lo rompiese nada mas colocarlo, él me pregunto si era necesario y yo asentí. Robert imagino que pensó que no se iba a ver en una igual, con una mujer madura así de hermosa y mi connivencia, con lo cual, obedientemente se lo puso y le empujó sutilmente a ella sobre la cama, a Maria solo le quedaban las cuñas y sus piernas se abrían esperando recibir a esa bestia negra, Robert poso la punta de su verga en el depilado y húmedo coño de Maria y empezó a penetrarle abriendo camino, Maria gemía en una mezcla de placer y dolor, y de pronto empujo hasta introducir toda la verga que podía entrar mientras Maria no paraba de emitir entrecortados gimoteos. Yo asistía excitado al espectáculo, me gustaba mi mujer y me gustaba verle desde donde no le solía ver, en cada sacudida ella se movía y desplazaba como un juguete en manos del gigante moreno, y así comenzaron lo que sería una interminable noche de sexo, ambos se deseaban, ella el morbo por un atlético joven negro y él una mujer elegante y madura. Una vez le había penetrado incesantemente, ella le quitó el preservativo y volvió a chupársela, parecía inmensa junto a su boca y manitas, hasta que él decidió empujar a ella sobre la cama de espaldas a él e intentar penetrarle el culito, ambos me miraron pidiendo consentimiento, a lo que asentí con la cabeza mientras me incorporaba, ya cansado de solo mirar para que Maria me la chupase a mí, a la parque él intentaba adentrarse en el poco usual culito de Maria. Entre tanta tensión y excitación no pude más que correrme, ella se estaba entregado en la felación, parecía una salvaje deseosa de más, de esa forma reclamaba mi propiedad, mientras Robert en su espalda reproducía lo ocurrido llenando su espalda de semen.

Solo quise ducharme y marcharme a ver si encontraba aún a sus amigas y permitía que la noche continuase, mientras Robert y Maria continuaban con su juego.