Xtories

Mi abuelo adora a mi mujer 8

Toni creía conocer a su esposa, pero la confesión de Margo sobre su amante inesperado sacude sus cimientos. Ahora, el nieto y el abuelo comparten la cama de la misma mujer, y Toni debe decidir si huir o sumergirse en el abismo de su propia degradación.

CMoriarty21K vistas9.3· 38 votos

- ¿Cuánto lleváis follando?

- Esto acaba de empezar, cielo. Ayer estábamos acostados, listos para dormir la siesta en cucharita, y empecé a excitarme muchísimo al sentir su erección. Llevé una mano atrás y empecé a masturbarle. Él, que me tenía abrazada, bajó su mano hasta mi coño para devolverme el favor. Hubo un momento en que pensé que andarse con eso era una tontería, estando ya en el punto en el que estábamos. Me bajé el pantalón y las bragas y le pedí que me la metiera. Como hoy, nos quedamos dormidos con él dentro de mi, llena de su semen. Así es como pasó, mi amor. ¿Estás bien?

- Joder, Margo… ahora mi abuelo ya te folla. No sé ni cómo me siento.

- Pero ya me tocaba, ya le masturbaba, ya probé su semen en mi boca y hasta le hice alguna mamada. ¿Tanto te fastidia este paso? Quiero saberlo, cariño. Estoy dispuesta a poner un stop en todo esto si de verdad deja de excitarte. Yo te quiero a ti.

- A veces pienso que por ti me jode menos que por mi abuelo. Tú me lo estás contando y buscas mi complicidad. Él te está follando delante de mis narices. Me está robando a mi mujer sin inmutarse.

- Oh, no, Toni, mi amor. No quiero provocar eso entre vosotros. Las veces que hemos hablado sobre esto, de veras que veo su preocupación. Su deseo hacia mí es demasiado poderoso para él, eso es todo. ¿Y cómo iba a abordarlo contigo? Pero no piensa en alejarme de ti. No caigas en eso, por favor. Igual tengo que hacer que lo habléis, ya que soy la que lo está provocando todo…

-No, no sé, cielo. ¿Me quieres igual que antes de venirnos aquí?

Me aseguró que sí de mil maneras. Nos besamos, nos achuchamos, nos quitamos la ropa y se montó sobre mí en la silla del estudio, a donde había venido a buscarme tras la follada y siesta con mi abuelo. Tenía todavía viscosidad en su vagina cuando mi polla entró en ella. Otras veces la había sentido así al encadenar folladas en días que estábamos muy calientes. Esta vez la sentía así por el semen de otro hombre. Y no uno cualquiera, sino mi querido abuelo. Los dos, nieto y abuelo, llenábamos a la misma mujer. La excitación fue superior al asco. Me corrí dentro de Margo con unas ganas como pocas. Era también una forma simbólica de recuperarla. Mi semen joven llenaría predominantemente la vagina de mi mujer, contra el semen envejecido de mi abuelo. Eran delirios, lo sabía, pero todo eso parecía una extraña pesadilla erótica.

Al día siguiente le pregunté, sorprendiéndome de que esas palabras ahora tuvieran que estar en mi vocabulario, si se volvería a follar a mi abuelo en la hora de la siesta. No dudó. Me dijo que sí, que no podría resistir la calentura en cuanto estuviesen abrazados en el sofá. Me pidió que volviera a espirales. Y de hecho se le ocurrió que esta vez me quedase abajo trabajando, en el comedor. Eso lo haría más morboso.

Así que, después de comer, me quedé trabajando en la mesa de abajo. No vería nada del sofá, pero les podría escuchar levemente. Nada más levantarme del sofá para ponerme a trabajar, ya se pusieron en cucharita. “Los que no tenemos que trabajar, vamos a dormir un poco. Lástima que no pueda echar la siesta contigo, cariño, pero tu abuelo es un buen sustituto. ¿Verdad Rafael?” Él titubeó un poco y acabó respondiendo que ella se merecía todas las atenciones.

Después de un rato en completo silencio, oí un ligero cuchicheo. No podía escuchar lo que hablaban, el sonido de la tele estaba muy bajito pero los tenía suficientemente lejos para no discernir palabras. Escuché, sin que casi se pudiera apreciar lo que era, el sonido de besos húmedos. Después silencio y, al poco, la respiración fuerte de mi mujer, gimiendo. Ligeramente disimulada pero sin mucho esfuerzo. Quería asegurarse de que la escuchaba. De repente, paró, y los escuché cuchichear. A mi mujer un poco más alto. Parecía como enfadada. Tras un rato hablando, otra vez silencio y, a continuación, gemidos. Esta vez bastante menos disimulados. Mi Margo estaba chiflada, ¿cómo daba ese espectáculo y pretendía que fingiera no enterarme? Una cosa era ser un cornudo ante mi abuelo y otra ser directamente tonto. Escuché a mi abuelo gemir también, se estaba corriendo en el dulce coño de mi mujer, ahora compartido por los dos. Y al fin, se pusieron a dormir.

Cuando despertaron, subimos arriba mi mujer y yo, y me contó. Sí, habían discutido a mitad de polvo. Mi abuelo se la había sacado y le había dicho que no podía seguir haciéndolo. Su nieto ahí mismo y él aprovechándose de su esposa. Era demasiado.

- ¿Qué coño estás diciendo?

- Margo, mi niña, esto ha llegado demasiado lejos, pero tengo mi límite moral. Si mi esposa pudiera ver lo que le hago a mi nieto, qué vergüenza.

- ¿Ahora te doy vergüenza? ¿Me dejas a mí como la puta y a ti como el santo?

- No, mi niña, mi princesa, tú eres perfecta. Yo empecé todo esto. Es solo que…

- Rafael, solo se vive una vez. Si tu mujer siguiera viva no habría pasado nada de esto y ella te estaría haciendo feliz. Has sufrido una desgracia y ahora estás experimentando un placer que ya pensabas que no volverías a sentir. Tómalo y deja de pensar bobadas.

- Ya pero ¿y mi nieto?

- Joder. ¿Tú te crees que Toni es gilipollas? Ya lo sabe todo, y consiente. Ahora vuelve a metérmela antes de que me enfade de verdad.

Mi abuelo vaciló. Estaba encajando la noticia. Y, finalmente, se dejó llevar por el placer. Ya se arreglarían las cosas.

La empujé a la cama y la puse en cuatro. Tenía el coño empapado todavía.

- Te ha llenado el hijo de puta de mi abuelo. Si no tomases la píldora me haría nuevos tíos contigo -le dije esto mientras le acariciaba la vulva empapada. Ella gimió con mi comentario. Sabía que decirle a la cerda de mi esposa. La estaba queriendo todavía más al ver estas partes de ella. Siempre que fuese compartido conmigo. Ese era mi límite. Empecé a bajarme los pantalones para follarla pero me interrumpió:

- Iba a dejar que me follaras, pero ahora me da más morbo quedarme llena solo de tu abuelo. Córrete sobre mi culo, sobre mis pies… donde quieras. Pero en el coño, ahora mismo, solo quiero la leche de tu abuelo, intentando aumentarte la familia. Y no dejes de masturbarme. Haz que me corra. Sigue esparciendo por todo mi coño el semen de tu abuelo.

Tendría que conformarme con eso. Me pajeé mientras masturbaba el coño lleno de leche de mi mujer. Ya que ella estaba siendo mala, se me ocurrió llevarla un poco más allá. Empapé mi dedo gordo dentro de su vagina pringosa y se lo introduje en el ano.

- Ahh… cerdo.

No llegaba a hacerle daño, era solo una falange del dedo. Se la metía y se la sacaba, le acariciaba el ano y volvía a pringar el dedo en su vagina para volver a introducírselo.

- Nunca he tenido tu leche en mi culo y ahora ya tengo la de tu abuelo. ¿Te pone esto, cornudo enfermizo?

Era la primera vez que me llamaba cornudo. Cornudo por mi abuelo, sí. Volví a masturbarle el coño, quería que se corriera como una cerda de una vez. Finalmente llegó, y yo me corrí sobre sus pies mirando su coño y su ano, ambos empapados de semen ajeno.

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