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Dominaciónnov 2024

Mi vecina me domina (7)

Juan creía que servir a su vecina era el límite de su sumisión, hasta que la hija de ella tomó las riendas. Ahora, con el cuerpo marcado por el dolor y la boca llena de sus fluidos, debe prepararse para ser exhibido ante un público que espera disfrutar de su degradación.

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Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Bien además del almuerzo, que solo es para mi, ve preparando algo de picar para la fiesta de esta tarde con lo que has comprado de la lista de mi hija.

Lo primero fue desnudarme y colocar el mandil.

Ese culo me pone y más cuando está con el color rojizo ese que se te queda.

Yo seguí con el almuerzo para ella. Mientras, la señora Paqui se había marchado de la cocina. Cuando volvió me mostró lo que había traído.

¿Te gusta? Creo que este no lo has probado aún. Seguro que vas a disfrutar como lo voy a hacer yo.

Se trataba de un cepillo de púas metálicas como los que se usan para peinar a los perros y limpiarles el pelaje. Se colocó muy cerca de mí y comenzó por pegarlo a mi espalda. Desde arriba fue bajando a la vez que presionaba el cepillo dejándome marcas en la piel. Cuando termino de recorrer mi espalda me mandó abrir las piernas.

Así, bien abiertas.

Colocó el cepillo de púas bajo mis huevos para decirme que ya las podía cerrar. Al hacerlo las púas se fueron clavando unas tras otras. Todo el tiempo de estar en la cocina estuve con él alojado bajo mis huevos. Como es natural debía moverme mientras cocinaba y era entonces cuando las púas del cepillo se clavaban aún más provocando una risa irónica y humillante en ella.

Su almuerzo está listo, ¿desea que se lo sirva?

Si, claro.

Mientras comía me arrodillé a su lado con mi boca abierta. Lo primero que recibí fue un escupitajo muy abundante y espeso con restos de su mucosidad, que saboreé y tragué con mucho gusto por provenir de ella. Estaba terminando de almorzar cuando llegó Sara, su hija.

Hola mamá. Esta tarde sobre las siete he quedado con mis amigas aquí en casa. Vendrán Paula y Raquel. Les he dicho que vengan muy bien arregladas porque lo vamos a pasar muy bien.

¿Les has dicho que os servirá Juan?

Claro por eso les he dicho que vengan muy bien arregladas. Yo voy a echarme un rato que estoy muy cansada y luego me vestiré yo también. ¿Me lo dejas que me lo lleve?

Claro hija, es todo tuyo.

Sara cogió la correa la ajustó al collar y tiró de mí sin permitir que me levantara, a cuatro patas. Ella no sabía lo que me había puesto su madre bajo mis huevos. Andando así se clavaba más en mí teniendo que ir muy despacio.

Vamos, ¿qué te pasa que vas tan lento?

Se acercó a mí y vio lo que tenía clavándose en mis huevos.

Es increíble mi madre. Tiene unas ideas maravillosas.

Me lo quitó y llegamos a su habitación. Se echó sobre la cama para que la descalzara lo primero. Sus pies estaban sudados y muy olorosos. Los tomé en mis manos y fui lamiéndolos muy despacio hasta que se levantó y me llevó con ella al aseo.

De toda la mañana creo que estoy chorreando con esta jodida regla. Toma la compresa y chúpala.

Mientras la chupaba y absorbía todo su flujo sanguinolento fue sacando el tampón que estaba completamente empapado del flujo de la regla. Antes de dármelo abrió sus piernas, puso su mano sobre mi cabeza y me apegó contra su coño para que se lo limpiara bien. Lamer todo su flujo mezclado con la sangre de su regla era para mí un placer inconmensurable. Después me enseñó el tampón que tenía cogido del hilo con sus dedos y lo puso sobre mi boca para que me estirara y lo atrapará.

Me encanta verte como un perrito al que su ama le da una golosina.

Lo atrapé y lo dejé en mi boca chupándolo y llenando mi boca de todo el flujo rojizo y caliente. Se levantó para echarse sobre la cama.

Voy a ponerme otro limpio pues aún la tengo fuerte y además quiero que esté bien mojadito para enseñárselo esta tarde a mis amigas.

Yo permanecí en el suelo sobre una alfombrilla que tenía a los pies de su cama mientras se dormía un rato. Al despertarse me llevó al aseo, me hizo tumbar en el suelo y colocando sus piernas a cada lado de mi pecho comenzó a orinar.

Esclavo, abre bien la boca y no desperdicies ni una gota. Esto es un premio para que te motives en portarte muy bien esta tarde con mis amigas.

Gracias, señorita Sara.

Me llevo con su madre y al volver a su habitación se descalzo y con su zapatilla en la mano me azotó varias veces mi culo dejándolo muy sonrojado.

Esto es para que te recrees, mamá. Sé que te gusta que lo tenga siempre enrojecido. Un beso, voy a vestirme.

Te veo algo nervioso. No tienes porque estarlo, sus amigas saben de tu condición y solo quieren divertirse contigo para celebrar el cumpleaños de Sara.

Pe..ro…pe…ro…. Ya me había acostumbrado a serviros a ti y a Sara pero que ahora desvele mi condición a sus amigas me cuesta aceptarlo.

Bueno, pero has demostrado tu sumisión a nosotras y lo que es más importante tu obediencia total. Ahora has de mentalizarte que Sara te ordena servirla a ella y a sus amigas.

Un bofetón cruzó mi cara.

- ¿No es así, mi perro?

Si mi señora Paqui. Les serviré como se merecen, no le quepa duda.

Espera que le voy a preguntar a mi hija si prefiere que te quite el plug o te lo dejo puesto. Sara, ¿quieres que le quite el plug o prefieres que se lo deje puesto?

No, déjaselo. Si acaso nos apetece ya se lo quitamos nosotras.

Bueno, ven conmigo que te arregles para la fiesta.

Me llevo arrastrando hasta su dormitorio. Allí lo primero que hizo fue maquillarme pintando mis ojos y mis labios para después darme unas medias para que me las pusiera.

Póntelas.

Las medias dejaban mi culo expuesto y por delante eran como 7na faja que apretaba y comprimía mi polla y mis huevos. Después me entregó unos zapatos negros de tacón alto y fino y por último me colocó el collar del que colgaban unas cadenitas con unas pinzas dentadas en el extremo.

Quiero ver cómo te queda todo.

Tomó las pinzas y tras morder mis pezones los apresó con ellas.

A ver, anda y muévete para mi.

Mientras me movía intentando no caerme con los tacones, Sara entró al dormitorio.

Está precioso. A mis amigas le vas a encantar.

Sara se había vestido de una forma muy sensual que realzaba su carácter de dominante. Se calzó unas botas por encima de la rodilla y con un buen tacón, un liguero atrapaba sus medias. No llevaba bragas y para cubrir su pecho se había puesto un corpiño muy ajustado que hacía resaltar sus pechos. Se sentó junto a su madre, la abrazó y la besó.

-Eres un sol, mamá. Vayamos a la cocina y nos fumamos un cigarrillo mientras espero que lleguen Paula y Raquel.

Solo mirarlas me excitaba mucho. Vestía como una auténtica dómina de las que estaba harto de mirar en los vídeos y pajearme haciéndolo.