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Dominaciónnov 2024

Mi vecina me domina (5)

No es solo limpieza lo que pide; es tu sumisión total. Cada gota de sangre, cada ceniza, cada gota de orina es un testamento de tu lugar en el suelo. Ella te mira desde arriba, esperando que lames hasta el último resto de su poder.

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Tras cruzar mi cara con varios bofetones me miró y se sonrió.

Ya está. Abre la boca y lo echas a la papelera. Primero lo que vas a hacer es limpiarme toda ya que como ves lo tengo todo lleno de sangre de mi regla. Cuando termines limpias las gotas del suelo como ya lo hiciste ayer con mi madre y por último limpias mi habitación y la dejas como tu bien sabes hacerlo. Se adelantó un poco en el asiento del wc para facilitarme el colocar mi boca entre sus piernas. Lamí todo su flujo llenando mi boca y mi cara de él. Al terminar se marchó del baño y se echó en la cama encendiéndose un cigarrillo. Yo mientras a cuatro patas comencé por lamer del suelo las gotas de sangre que había en el suelo mientras ella me miraba.

¡Que bien lo haces, perrito! Quiero mucho a mi madre porque tiene un ojo para calar a hombres como tú.

Seguí limpiando los sanitarios, fregando el suelo, recogiendo su ropa para colocarla en el armario y cuando iba a fregar el suelo del dormitorio me di cuenta que no había usado el cenicero sino que la ceniza y la colilla la había tirado al suelo.

Uy, lo siento, no me he dado cuenta y he puesto el suelo perdido. Menos mal que estás tú.

Fui a bárrelo antes de fregar pero señaló con su dedo el suelo para decirme que dejara la escoba.

Perrita, no quiero que uses la escoba pues levanta mucho polvo así es que mejor usas tu boca y lo limpias.

La humillación a la que estaba sometiéndome iba en aumento. Me arrodillé y fui lamiendo con mi lengua toda la ceniza del suelo. Así estaba cuando la oí incorporarse de la cama para coger su zapatilla.

Vamos cerdo, date prisa que aún te queda mucho por hacer.

Los zapatillazos se sucedían uno tras otro. La colilla en mi boca no sabía qué hacer con ella.

Chúpala bien y la echas a la papelera. Ahora quédate de rodillas junto a mí que quiero que veas como me preocupo por ti.

Su preocuparse por mí suponía introducirse de nuevo un tampón para así preparar mi comida después.

Creo que voy a poder darte un buen almuerzo, ja, ja, ja. Ahora que has terminado ve a ver qué necesita mi madre.

A sus pies señorita Sara.

Me fui a la cocina donde suponía que estaba mi señora Paqui pero no la vi. Entonces mire en la terraza y por fin la encontré en su dormitorio echada sobre la cama, toda desnuda con un látigo junto a ella y masturbándose con un strapon de tamaño considerable.

Pasa perrito, ¿has terminado de la habitación de mi hija?

Si mi señora.

Pues antes de hacer la limpieza de la mía quiero regalarte algo. Como verás estoy muy caliente y necesito calmarme. Ponte de cara a la pared.

Sin poder verle si escuché como se levantaba y se acercaba a mí pasando sus manos por mi espalda y dejando la marca de sus uñas en ella.

¿Vas a chillar?

No mi señora.

Está bien si lo haces te pondré una mordaza. No me gusta oírte.

En ese momento las tiras del látigo impactaron sobre mi espalda y sobre las marcas que había dejado con sus uñas. Un latigazo tras otro estuvo propinándome a la vez que sus gemidos iban en aumento.

Mamá, te ocurre algo.

Sara, su hija, al oír los gritos de su madre fue a ver qué le ocurría.

Ah, bien creía que me necesitabas al escuchar tus gritos. Joder mamá, me podrías haber avisado pues sabes que me encanta usar tu látigo.

Toma el látigo, Sara yo no,pudo más y me voy a echar en la cama. Necesito correrme. Estoy muy, muy caliente y no aguanto más.

Los latigazos de Sara eran mucho más intensos y fuertes que los de su madre.

Perrito no sabes cómo me encanta ver el color que está tomando tu piel. Me vuelve loca.

Siguió azotándome hasta escuchar a su madre gritar a la vez que se retorcía sobre la cama de gusto y de placer.

Bueno mamá, gracias por dejarme tu látigo. Ahora voy a vestirme y a salir. Te lo dejo aquí por si necesitas usarlo.

Tras marcharse su hija mi señora Paqui me miró.

Ha sido bestial. No recordaba correrme de esta manera desde hace mucho tiempo. Ahora acércate y me limpias bien, estoy chorreando. Toma primero mi mano y la chupas que está llena de flujo.

Tomé su mano chupándola toda. Estaba llena de un flujo blanquecino y su olor era encantador. Después seguí arrodillado y separando sus piernas me dispuse a limpiarle cuando de pronto me separa.

Échate en el suelo. Date prisa que voy a orinar.

Se colocó en cuclillas y casi sin darme tiempo comenzó a soltar un chorro abundante de orina caliente.

Ahora ya puedes limpiar la habitación.

Como hacía todos los días recogí su ropa, hice la cama y limpié el polvo de los muebles para luego fregar el suelo. Ella mientras se había puesto la bata y estaba en la terraza, donde la había conocido fumándose un cigarrillo.

Hola, ¿ya has terminado?

Si mi señora.

Te diré que me ha dicho mi hija al irse que eres muy buen sumiso, que le gustas.

Gracias.

Quisiera ducharme, ¿vamos?

Tras ella que tiraba de la correa de mi collar la seguí al baño. Allí la desnudé pudiendo contemplar su cuerpo tan sensual. Sus pechos, su culo, en fin toda ella.

Vamos entra conmigo, no pensarás que me duche yo sola.

Los dos dentro de la ducha le moje para a continuación lavarle la cabeza. Después le pase la esponja por todo su cuerpo, enjabonándolo. Mi polla estaba totalmente tiesa.

Veo que estás muy excitado. Enjuagarme que te voy a permitir que te corras. Lo tienes merecido.

Salimos de la ducha y la sequé muy despacio todo su cuerpo recorriéndolo con la toalla pero sin tocarla con mis manos ya que no me estaba permitido. Después se echó en la cama para que le aplicara crema por todo su cuerpo.

Solo me voy a poner las botas altas.

Así vestida solo con sus botas me mandó encenderle un cigarrillo.

Arrodíllate y te masturbas para mi.

Solo mirarla mientras fumaba y sus botas negras de tacón hicieron que mi masturbación fuera muy corta corriéndome enseguida. Toda mi leche cayó sobre el suelo.

Me gusta. Ahora deberás limpiarlo todo.

Sus botas pisaron la leche quedando las suelas llenas de ella. Levantó una tras otra y me ordenó lamerlas. Una y otra vez pisaba la leche y me hacía lamerla de sus botas. Al cabo de un rato me mandó terminar de limpiar el suelo con mi boca. Me agaché y sentí su bota sobre mi cuello, presionándolo y haciendo que toda mi cara estuviera mojada de mi propia corrida.

Estas hecho un cerdo. Toma esto también, seguro que te gusta.

Escupió un salivazo de su boca sobre mi cara que se deslizó por ella. No creí que existiera alguien tan cerdo y complaciente como tú.

¿Te ha dado mi hija de desayunar?

Si mi señora.

¿Estaría calentito?, ¿te ha gustado?

Mucho mi señora.

Pronto probarás más cosas. Haremos de ti una perrita asquerosa, obediente y muy servicial.

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