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Mi Mejor Cliente:Luisa

Entre las pesas y el sudor, la distancia profesional se desdibuja. Ella confía en él, pero es en la oscuridad de la noche, fuera de horario, donde la verdadera rutina comienza. ¿Qué pasa cuando el entrenador se convierte en el objeto de deseo prohibido?

Ginoyama20008.3K vistas

No me alcanzo a creer la suerte que tuve ese día, era el entrenador a tiempo completo en un gimnasio comercial, no era particularmente guapo, en realidad era más un strongfat (un tipo de musculo que es comúnmente confundido con tener sobrepeso), tenía un físico muy musculado y unas manos muy gruesas.

Una de mis clientas fue Doña Luisa, una mujer de 48 años que debido a tener algunos rollitos de más, se sentía incomoda para realizar sus rutinas de entrenamiento normal y buscaba un entrenador en particular.

Por consecuencia, y siendo amiga de la mamá de mi mamá, terminó en el gimnasio y me asignaron como su entrenador personal.

No tenia idea de cómo serían mis encuentros con Doña Luisa. La verdad es que la vi siempre de lejos, siempre hablaba de ella pero no sabía realmente como se veía ni cómo se portaba, ya que siempre la había visto vestida y con maquillaje.

El primer día en que se presento al gimnasio, estaba vestida en una remera roja con mangas y shorts azules. No estaba muy guapa, su figura era muy voluptuosa, con senos grandes y un abdomen prominente.

En ese primer entrenamiento no pasó gran cosa, solo la enseñé a utilizar los aparatos para hacer ejercicio y hacer una rutina básica para que la siguiera en el futuro. Pero algo me llamó la atención en su figura, eran sus senos, no tenía idea de que una mujer de su edad tenía tanta cantidad de carne. La verdad que me parecía interesante ver cómo se movían sus pechos cada vez que movía sus brazos.

No pasó mucho tiempo en el que comenzaba a acostumbrarme a verla, comenzó a confiar en mi como entrenador. La rutina cambió de hacer ejercicios simples a entrenarla con pesas. Ella siempre estaba encantada de ver los resultados de mis entrenamientos y cada vez me lo agradecía de una forma muy especial.

Siempre se me hacia dificil no mirar sus senos cada vez que la entrenaba. A pesar de que trataba de no hacerlo, me era imposible no mirarla.

Una vez me dio una sorpresa. Me pidió un entrenamiento extrafuera del horario que teníamos acordado. Me pareció raro y no sabia por qué lo hacía, pero de todas formas le dije que si.

Ella se presentó una noche, vestida con un pantalón negro y una remera blanca. Me sorprendió su apariencia. Se veía muy sexi en esa noche. Me acerque a ella y le dije “¿Qué pasa? ¿Por qué me pediste venir fuera de horario?”.

Y ella me dijo “Quiero darte una sorpresa”. Y me quito la remera que llevaba puesta. Me quede sorprendido. Nunca me imagine que la vería sin ropa.

Se presentó sin sostén y con un tanga negro. Vi sus senos muy grandes, me parecieron perfectos, eran muy blancos, tenían una aureola pequeña y un pezón pequeño. Me pareció tan sexi que no sabia que decir. Y ella me pregunto “¿Te gustan?”.

Le dije “Si, Doña Luisa”. Y comencé a acariciarlos con mi mano izquierda, mientras que con la derecha le acariciaba su mejilla. Me di cuenta de que estaba excitado,me sentía tan bien que no sabia qué hacer.

Despues de acariciar sus senos por varios minutos, decidí besarla. Le di un beso en la mejilla y me contestó “¿Por qué la mejilla?”. Le dije “No me atrevo a besarte los labios”. Y ella me contestó “No hay problema”. Y me dio un beso muy profundamente en los labios.

Me pareció muy sexi. Decidí besarla de nuevo y comencé a hacerle sexo oral en uno de sus senos. Me parecía tan delicioso chupar cada uno de ellos.

Mientras tanto, Doña Luisa me jalaba de mi remera y me la quitaba. Yo tenía un físico musculoso pero con grasita y con mucho pelo, de ahí mi apodo de Ogro, me pareció tan extraño tener mi pecho descubierto pero que al mismo tiempo lo acariciara.

Ella comenzó a hacerme sexo oral mientras que yo seguí acariciandole sus senos con mis manos. Me parecía muy extraño el sentir la lengua de Doña Luisa hacerme sexo oral a mi verga, pero al mismo tiempo el sentir sus pechos entre mis brazos.

Después de varios minutos, le dije “Doña Luisa, no voy a aguantar más”. Y ella me pidió que la penetrara. Me pareció extraño que una mujer tan grande como ella quiera ser penetrada por alguien como yo. Pero no lo dude.

Y comencé a penetrarla. Se quejaba mucho pero se veía tan sexi, sus senos moviendose mientras que la penetraba. Se parecía tener sexo con una madura pero con la pasión de una jovencita.

Y después de varios minutos la penetre por completo y la dejé exhausta en mi cama. Me parecía que algo me decía “¿Qué acabo de hacer?”. Pero no importa, me sentía tan feliz de haber conocido a Doña Luisa.

Después de eso segui manteniendo relaciones con Doña Luisa hasta que esta ae encapricho en intentar tener una relación formal

Y no lo secunde.