Xtories

Mi abuelo adora a mi mujer 6

Margo marca las reglas y él no tiene más opción que obedecer. Mientras su abuelo le entrega su semen, el narrador descubre que su papel no es solo de espectador, sino de sirviente en un triángulo donde el deseo y la humillación se entrelazan.

CMoriarty30K vistas9.6· 37 votos

- Sabes que sigue habiendo límites, ¿no?

- Sí, mi niña.

- No me molesta que a veces tengas iniciativa pero es importante que entiendas que yo marco los tiempos y las reglas. A pesar de todo esto, quiero muchísimo a Toni.

- Yo daría mi vida por él, cariño, aunque estemos jugando tú, su esposa, y yo a estos juegos.

- Juegos... -mi esposa se rió con cierto sarcasmo-. Bueno, venga, sacátela, que me tengo que ir a trabajar.

Volvía a estar espiándolos. Anoche nos dormimos sin hablar demasiado del tema. Solo lo importante. Nos dijimos el uno al otro que todo era muy fuerte. Que no estábamos bien de la cabeza ninguno de los dos. Que era muy excitante y divertido, y que nos queríamos. Esa conversación significaba que le daba consentimiento para seguir. Yo no me quitaba de encima el pinchazo de los celos, el miedo a perderla, pero por ahora confiaba en ella, aún con su gestión caprichosa de la informació.

Mi abuelo se levantó y se bajó pantalón y calzoncillo. Otra mañana con el culo y la polla al aire apuntando hacia mi esposa, mientras se pajeaba, disfrutando de cada segundo. Ella sin quitarle ojo de encima. Esta vez no subió los pies a la mesa. Tenía otra cosa pensada, como pude comprobar enseguida. "Acércate" le dijo. Se quitó una bailarina y la subió a la mesa.

- Últimamente casi veo más tu polla que la de Toni -le dijo a Rafael con tono travieso. Él gimió en respuesta. Debe de ser impresionante que te diga eso a cierta edad una mujer como Margo. Una oficinista de silueta estilizada, esbelta, delicada y a la vez poderosa.

- Sois mis dos hombres. Eso significa que vuestra leche es mía y que tenéis que consentirme en todo lo que desée. ¿Estás de acuerdo, abuelito?

- Claro que sí, mi amada niña, todo es para ti.

- ¿Me prometes que nada de pajas a escondidas? Si quiero que aguantes una semana con las pelotas llenas, te aguantas hasta que te diga que me la des. Y me la darás donde yo te deje en el momento en que te deje.

- Dios mi vida, sabes que no te puedo decir que no a nada.

Todo esto mientras seguía pajeándose. Hace no mucho lo hacía escondidas en sus zapatos y ahora le echaba su semen directamente a los pies y hasta había probado su coñito y sus labios. No podía quejarse, era un viejo con suerte mi abuelo. No debía de quedarle mucho para correrse.

- Acércate más -le ordenó ella.

Él se acercó y ella extendió su mano hasta su polla. Nuevo nivel. Empezó a pajearlo ella directamente, mientras con la otra mano le ponía la bailarina delante. Mi abuelo no aguantó nada. Enseguida gimió como un toro y empezó a correrse en su mano y su calzado. Ella se aseguró de ordeñarlo bien, le besó la punta, como la otra vez, lamió el semen que tenía en su mano y se puso la bailarina. Se levantó, le dio las gracias y le deseó un buen día pensando en ella. Le besó en los labios y yo me oculté antes de que me viera al acercarse a la puerta.

Al rato, me llegó un vídeo. Ella nuevamente en el baño del trabajo, me decía que estaba muy excitada. Subía la bailarina hasta su cara y decía, con voz de guarra, "toda esta leche para mí y para mis pies" y daba un lametón al interior. "Resérvame más leche para esta noche, abuelito" eran sus últimas palabras. Me dio un vuelco el corazón. ¿También le había mandado a él el vídeo o era una provocación? Le pregunté y no obtuve respuesta. Solo a mitad de mañana me contestó, mandándome una captura de pantalla. Era el chat de mi abuelo. Ahí estaba el vídeo, efectivamente, con las respuestas de mi abuelo: "No me merezco tanto. Toda para ti, eres mi reina." y a continuación se puso un poco más cerdo "De esta fuente ya solo bebe mi niña" y adjuntaba una foto de su polla erecta tomada desde arriba. Se la había tomado desde el sofá, a las 10 y pico de la mañana. O sea que se la había tomado casi delante de mí, mientras yo trabajaba en la mesa del comedo, tomándome un café. Desde ahí solo se ve el respaldo y los hombros y la cabeza de quien se sienta. Con toda naturalidad le había mandado una fotopolla a mi mujer y había estado encantador conmigo como siempre. Y yo a su vez sabía, y me excitaba, todo esto y le trataba como a mi abuelo de siempr. Estábamos volviéndonos bipolares.

"Lo de reservar la leche también es para mí?" le pregunté a Margo. Mi pregunta tenía algo de celos y algo de patético. Ella me respondió torturándome un poco más: "Haz lo que quieras. Si tú no tienes, hay otro hombre que me la va dar. Hablamos de noche, un beso cariño."

Finalmente llegó la noche. No hablamos nada antes de la cena y de irnos al sofá, y ahí empezó lo que venía pasando últimament: masaje inocente y, al poco, culo y polla al aire de mi abuelo, apenas oculto por la manta, para la paja con los pies de mi mujer. Todo esto lo más disimuladamente posible para que yo "no me enterase". Al poco mi mujer se bajó sus pantalones y bragas. Lo percibí por los movimientos, como la otra vez, y porque veía la carne allí donde la manta dejaba huecos. Ella no movía sus manos, esperaba con su coño al aire, bajo la manta, a que mi abuelo la atendiese. Y él no se hizo de rogar. Enseguida percibí los movimientos. Creí que acabarían así los dos, pero Margo me tenía una sorpresa preparada:

- Cariño, ¿me preparas un vaso de leche?

Tragué saliva y traté de responder, con la voz más neutra posible, que ahora mismo. ¿Qué quería hacer con mi abuelo y que yo no viese? Fui a la cocina y empecé a prepararle el vaso de leche. Mi esposa no querría que apareciese rápido. Estaba desplegando su juego. Me asomé a la puerta de la cocina y miré en dirección al sofá. Solo se veían Los hombros y la cabeza de mi abuelo, que estaba recostado y disfrutando. Respiré con alivio al pensar que al menos no se la estaba follando. ¿Ya estábamos en ese punto? Me sorprendí de mi propio alivio. ¿Qué coño estaría haciendo?

Al poco, mi abuelo comenzó a gemir. Consideré que ya era mi momento de volver a aparecer, con el vaso de leche para mi esposa, así que volví a por el vaso y salí de la cocina. Y entonces vi cómo ella asomaba, su cabeza apareció al lado de mi abuelo, en dirección opuesta a como se tumbaba y como la había dejado, y le decía algo a mi abuelo. Me miró fugazmente, le dio un pico a mi abuelo y se recostó como siempre. Cuando aparecí a la vista de ambos, ellos hacían como que solo habían estado absortos mirando a la tele.

- Ay mi vasito. Gracias cariño. Tardabas tanto que casi se me han quitado las ganas de beber leche.

¿Cómo era tan cerda y cómo podía descubrirme amándola más todavía al ir descubriendo este lado travieso? Con esta aventura, también mis ansias de ella habían aumentado. Pero joder, se la acababa de chupar a mi abuelo y me vacilaba delante de él. Que ni se inmutó, pero debió sentir un escalofrío de placer al escucharla.

Finalmente nos fuimos a la cama y le pregunté, como un tonto, lo que ya sabía.

- ¿Te parece que he ido muy lejos? Ya había probado su semen, pensé que qué más daba beber directamente de la fuente.

- Yo qué se, supongo que sí. Me pone pero me estás matando de celos. Yo también te reservé mi leche, por cierto, y estoy apunto de explotar.

- Ah, me reservaste algo. Qué mono. Venga, te dejo correrte en mis pies -y se puso boca abajo en la cama, con los pies desnudos en mi dirección, mientras miraba el móvil.

Me saqué la polla y empecé a masturbarme mientras acariciaba un poco sus lindos pies. Por la mente me pasaban imágenes de ella chupándosela, se lo debió tragar todo. También de ella pajeando a mi abuelo... Enseguida me corrí, abundantemente, en las plantas de sus pies.

- ¿Te has quedado agusto, mi amor? Venga, ahora límpiamelos, que quiero dormir.

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