Xtories

Sorpresa en la oficina

El azar los puso en la misma cama, pero el destino los puso en la misma oficina. Ahora, cada mirada cruzada en el despacho es una promesa de lo que ocurrirá cuando cierren la puerta de la habitación 113.

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Una vez mas la empresa me había mandado a una sucursal, para hacerle una inspección, estaría una semana o como mucho 10 días. Llegue al hotel el domingo por la tarde noche.

- Buenas noches, tengo una reserva a mi nombre – dije enseñando el DNI.

- Buenas noches, un momento que mire la reserva – dijo la recepcionista.

Mientras miraba su ordenador la recepcionista, ojee a mí alrededor, en un salón contiguo había tres personas una pareja de ancianos y una mujer morena.

- No hay mucho movimiento – dije.

- No estamos en temporada baja, ya tengo su reserva la habitación es la 112.

- Gracias – conteste.

- De nada, estamos a su servicio – dijo ella – equipaje.

- Si una maleta.

- Ahora se la sube el botones.

- Una pregunta – dije – tengo varios trajes en la maleta...

- ¡Quiere que se lo planchen! Nuestro servicio de lavandería se lo puede planchar.

- Si por favor.

- El servicio de lavandería esta desde las 8 de la mañana a las 8 de la noche, están a punto de cerrar, dígaselo al muchacho, al botones y el lo llevara.

- Gracias...

- Una cosa más, la cena se sirve de las 9 a las 10, el desayuno entre las 8 y las 9, y la comida entre la 1 y las 2.

Llego el botones y cogió la maleta, me llevo a mi habitación.

En la habitación hice que se esperara el botones y le di los tres trajes que llevaba.

- Necesito uno para mañana por la mañana – dije al botones.

- ¿A que hora? – dijo el botones.

- Tengo que irme sobre las 8 y media.

- ¡Es muy justo! Comienzan a las 8. Puede estar en 5 minutos.

- Perfecto – dije dándole una generosa propina.

- Gracias.

Al salir vi como la mujer morena del hall del hotel entraba en la habitación de enfrente, la 113. La mujer era bastante guapa, con un físico más que aceptable. Cerré mi puerta, me dispuse a ducharme y cambiarme para bajar al comedor.

Una vez listo, salí de mi habitación, justo en ese momento salía la mujer morena, nos dirigimos al ascensor. Ella entro primero.

- Supongo que ira a la planta baja, al comedor – dijo la mujer morena.

Era mas guapa de lo que imagine en un principio, su voz era cautivadora, y un cuerpo espléndido.

- ¿Al comedor? – repitió la mujer.

- Si, si – dije – me había quedado en blanco pensando en la mujer.

Bajamos al comedor sin cruzar palabra. En el comedor nos sentamos en mesas cercanas, tenia que reconocer que había gente, para ser temporada baja, estaban ocupadas mas de la mitad de las mesas. Terminando de cenar.

- ¿Hay algún sitio donde tomar una copa? – pregunte al camarero.

- Aquí cerca hay un local, pero el hotel tiene una barra que esta desde las 10 hasta la 1 de la noche, esta noche seré yo quien este tras la barra.

Termine de comer, vi como el camarero que me había servido ya no estaba. Supuse que estaría en el bar, así que me dirigí hacia el bar.

- Buenas noches – salude al camarero.

- Roberto para servirle – dijo el camarero.

- Roberto me va a poner un ron-cola – dije.

- Alguna marca en especial...

- ¡Barceló! si es posible...

- Claro señor.

Me lo sirvió, entonces vi entrar a la mujer morena. Al pasar por mi lado con un simple movimiento de cabeza me di por saludado. Ella pidió un gin-tonic.

Llame al camarero.

- El gin-tonic de la señora póngalo en mi cuenta.

- O.k. – contesto el camarero con una sonrisa.

Se acerco a la mujer morena, y le dijo que yo la invitaba. Ella me miro levanto la copa y me saludo, pero un segundo después se acerco.

- Gracias, acepto su invitación si me deja que yo pague la siguiente – dijo – me llamo Dolores, Lola para los amigos.

- Espero ser uno de ellos.Yo soy José Antonio, creo que nos podemos tutear, somos vecinos.

Lola era cautivadora, sus ojos de color miel, hacia un conjunto arrebatador con su pelo negro.

- Si claro, ¿Que haces aquí?

- He venido por trabajo será una semana mas o menos – dije.

Una sonrisa hizo iluminarse tu cara.

- Yo también, sustituyo a una compañera.

- Entonces ambos estamos de paso.

Seguimos hablando, deduje que era casada por el anillo, pero no pregunte. No solo era espectacular físicamente sino graciosa. El camarero sirvió un segundo combinado a cada uno. El tiempo fue pasando sin darnos cuenta. Fue ella la que miro el reloj.

- Prisa o es que te aburro.

- No me aburres, pero es que mañana tengo que ir a trabajar. Mi fallo fue presentarme el viernes, así que estoy obligada a ir mañana.

- Que te parece si tomamos una mas, a medias.

- Vale... pero en mi habitación.

No esperaba aquella invitación.

- ¡Segura!

Se acerco a mi, sus labios rozaron los míos.

- Segura.

Le hice una seña al camarero para que anotase en mi cuenta lo bebido.

- Habíamos quedado que yo pagaría la segunda.

- La siguiente la pagas tu...

Salimos del bar para dirigimos a la habitación, y aunque estaba en el primero cogimos el ascensor. En el ascensor nuestras bocas se juntaron apasionadamente.

Fuimos a su habitación, nada mas cerrar la puerta nos fusionamos en un abrazo, entre besos y caricias nos desnudamos, ella se tumbo en la cama, yo a su lado, mientras nos besábamos ella me acaricio la polla, yo acaricie sus pechos, sus pezones estaba duros, baje acariciando su cuerpo hasta su entrepierna, un gemido escapo de su boca, acallado por mi boca, mis dedos acariciaron su clítoris, sus gemidos fueron en aumento, mas aun cuando acariciaron sus labios vaginales y mis dedos índice y anular entraron en su vagina, mientras que mi pulgar acariciaba su clítoris. Mirándole a la cara sus ojos se entornaron, se mordió el labio inferior, acerco su boca a mi oreja me dio un pequeño mordisco.

- La quiero dentro, quiero sentirte dentro – me dijo con dificultad susurrándome al oído.

Pronto sentí como su cuerpo se estremecía, se ponía tenso, estaba alcanzando un orgasmo, no podía desaprovechar la ocasión, me introduje entre sus piernas, avance con mi polla, hasta acariciar su clítoris y la entrada a su vagina, un pequeño empujón y a dentro, sus gemidos eran cada vez mas fuertes, mi polla recorría su vagina una y otra vez, se tapo la cara con la almohada. La cual estrujaba con su manos. No se si tuvo un segundo orgasmo o fue una continuación del primero, hice que pusiera sus piernas sobre mis hombros lo que facilitaba penetraciones mas profundas.

- Sigue, no pares – decía jadeando.

De pronto volvió a ponerse su cuerpo rígido, alcanzando otro orgasmo, yo me deje caer a su lado.

- A sido increíble, pero tu no... has llegado – dijo acariciándome la polla.

- Tenemos toda la noche para llegar.

- Yo quiero que llegues ya.

Se puso sobre mi, sus rodillas a cada lado, ofreciéndome sus tetas las cuales yo agarre, se fue acercando, yo mantenía mi polla agarrada hasta que entro en su vagina, nuevamente un grito de triunfo me indico que estaba adentro, con la mano le acariciaba el clítoris para mayor gozo de ella, se echo hacia tras para seguidamente echarse sobre mi, le agarre del trasero para que no se saliera, y con pequeños empujones seguí, hasta que fui yo el que estaba a punto de correrme.

- Me voy a correr – dije.

- Córrete...

Y me corrí, una, dos, tres veces salió mi leche disparada dentro de ella.

- Ya... voy a llegar otra vez – dijo ella, llegando.

Y llego, ambos nos relajamos, quedando abrazados. Cuando mi polla salió de ella al encogerse, se dejo caer a mi lado, seguimos abrazados.

- No se como ha sido, la palabra increíble se queda corta.

- Me alegra que hayas disfrutado.

Nos seguimos besando y acariciando, nos quedamos dormidos.

Me desperté sobre las tres, la mire a ella desnuda junto a mi, estuve a punto de irme, pero al moverme ella se medio despertó, la acaricie, me situé sobre ella y lo volvimos a hacer.

- ¿Que hora es? – dijo tras alcanzar dos orgasmos.

- Las tres.

- Es muy temprano, acércate.

- Me acerque, la abrace, se volvió a dormir, yo también lo hice mirándola a ella, pensando debe tener unos 40 años.

De pronto unos golpes en la puerta nos despertó.

- ¿Que hora es? – dijo ella.

- ¡Las ocho! - dije

- Me he quedado dormida, anoche no puse el despertador.

Se levanto desnuda y se fue a la cuarto de baño.

- Han llamado a la puerta...

- Debe ser mi ropa, abre y cógela.

Recordé que a mi también me tenían que traer el traje. Me lié la sabana al cuerpo y abrí, era el botones de la noche anterior.

- Señora su...

- Traiga.

- Señor también llevo su traje.

- Damelo.

El botones se quedo parado.

- Te debo una buena propina.

El botones sonrió, sabia que con la sabana no podía llevar nada.

- Se lo recordare – dijo el botones sonriendo.

Cerré la puerta.

- Te pongo la ropa sobre la cama – dije acercándome a la puerta del baño.

- Vale – contesto ella.

- Nos vemos en el desayuno – dije medio vistiéndome.

- No se si desayunare, llego tarde – dijo.

- Pues entonces en la cena, ¿Cenaras conmigo?

Ella entreabrió la puerta.

- Después de esta noche, lo estoy deseando – dijo – te tendré en mi cabeza todo el día.

- Y yo, hasta la vista – dije acercándome a la puerta entreabierta del baño.

Lo que empezó como un pico de despedida se convirtió en un morreo con lengua, que si no tuviéramos prisa me habría duchado con ella. Me fui a mi habitación a medio vestir, Suerte que no había nadie en el pasillo. Me duche rápidamente y me cambie, baje al restaurante y desayune rápidamente, efectivamente Lola no desayuno. Me fui andando a la oficina, sabia que estaba cerca, por mucho que aceleré el paso llegue unos minutos tarde, me fui directamente a recepción.

- Buenos días... Cora – dije a la joven de recepción, que llevaba un pequeño cartel con el nombre en la solapa de su traje.

- Buenos días... que desea.

- Soy José Antonio, el director me esta esperando.

- Por ese pasillo a la izquierda, pregunte a su secretaria, creo que esta reunido en estos momentos.

- Gracias...

Me dirigí como me había indicado la recepcionista, pronto vi la mesa que ponía secretaria de dirección. Srta. Hernández.

- Buenos días, el director me esta esperando.

- Un momento.

Toco el botón del telefonillo interior.

- Sr. Miralles, el señor...

- S – dije.

Por el interfono se escucho decir, hágalo entrar.

- Puede entrar.

- Entre decidido.

- Señora Dolores García, se puede ir tengo que hablar con...

Al girarse la señora Dolores García resulto ser Lola la amante del hotel.

- ¡José Antonio! – dijo ella.

Al nombrarme ella no tuve mas remedio que decir su nombre

- ¡Dolores! – dije.

- ¿Se conocen? – pregunto el director.

Lo de haber pasado la noche juntos no quería decir que nos conociéramos.

- No. Bueno si – dije – estamos en el mismo hotel, anoche nos saludamos.

- Si eso es – estaba muy apurada.

- Sobre lo del hotel, como le he dicho antes, le buscaremos un piso de alquiler así podrán venir su marido, y sus hijos he visto que tiene dos.

- Gracias, pero mi marido no puede venir por su trabajo y mis hijos son grandes, por eso acepte esta sustitución tan lejos de casa.

- Pero si que podrán venir a visitarla los fines de semana, será mas acogedor, y tendrá mas libertad, que un hotel.

- Gracias...

Salió del despacho no sin antes dirigirme una mirada de socorro.

- Sr. José Antonio. Siéntese.

- Sr. Miralles – dije, era el nombre que ponía en su mesa.

- Bueno, usted ha venido para inspeccionarnos.

- No exactamente, mi trabajo consiste en detectar fallos de organización.

- No ha llegado en buen momento, tenemos varias bajas. La señora García estará unos meses sustituyendo, a su homónima en contabilidad. Supongo que de central nos mandaran algún empleado mas.

- No se preocupe yo no vengo cortando cabezas – dijo – sino precisamente para solucionar esos problemas.

- Me alegro, usara la mesa contigua a la de la señora García. Dígaselo a mi secretaria, todos los días al terminar la jornada me reportara un informe, supongo.

- Según personal el informe se lo reportaran desde allí al acabar, aunque yo no tengo ningún inconveniente en tenerle al día y reportarle un informe diario.

Sabia que mencionarle que yo no dependía de el, sino de la central era colocar un muro entre el y yo. Salí del despacho, me dirigí a su secretaria.

- Sra. Hernández...

- Srta. Hernández o mejor Pilar.

Era una mujer rondando los 50 años, muy bien conservada, la experiencia me indicaba y al recalcar lo de señorita, había dos posibilidades, que tuviera una aventura con el director, o que buscara una aventura conmigo, eso ya se vería.

- Pilar, el director me indicado que usted me asignara una mesa junto a la señora García.

- Si son las nuevas mesas, la señora García también es nueva, vino el viernes pasado.

Se levanto.

- Sígame.

La seguí, me llevo al entresuelo.

- Señora García, le presento...

- No hace falta ya nos conocemos – dijo Lola.

- ¿Si? – dijo Pilar

- Estamos alojados en el mismo hotel – concreto Lola.

- Eso será por poco tiempo, el señor Miralles me ha dicho que para el viernes le busque un piso de alquiler – dijo Pilar.

- Algo me ha comentado el señor Miralles – dijo Lola.

- Esta será su mesa – dijo Pilar señalando la mesa de enfrente

Vimos como se marchaba Pilar.

- Es casualidad, los dos veníamos a la misma empresa yo a contabilidad y tu de inspección – dijo – ahora somos enemigos.

- Y amigos de cama – dije.

- ¡Shhh!, eso aquí... – dijo poniéndose el dedo delante de los labios.

- Ahora si que me tendrás en la cabeza – dije recordándole sus palabras del hotel.

- De lo de anoche silencio. Ya hablaremos.

- Así que estas casada.

- ¡Como que no lo sabias anoche...!

- Si pero tiene mas morbo saberlo de esta forma.

Alguien se acercaba y tuvimos que callar, era un compañero.

- Buenos días, mi nombre es Jesús – dijo el compañero – Dolores ya me conoce.

- Yo soy José Antonio.

- No solo venia a saludarte, también a deciros que unos cuantos de la oficina, al mediodía, nos vamos a comer a un restaurante de aquí cerca, de los tíos de Cora, la de recepción. Nos hacen un descuento – dijo sonriendo.

- No se... – dijo Lola.

- Venga vamos – dije.

Lola me miro.

- Vale – dijo.

- A las 2 en la entrada – dijo Jesús marchándose.

- Será interesante – dije.

- Sobretodo para ti, te enteraras de los chismes.

Sonreí.

Los dos estábamos trabajando y de vez en cuando nuestras miradas se cruzaron.

Por fin llego la hora de ir a comer.

- ¿Vamos? - dije.

- Un momento – dijo Lola – durante la comida ni una palabra de lo de anoche.

- Ni que tomamos unas copas.

- Ni.....

- Ok.

Bajamos a la entrada de la oficina, allí reconocí a Jesús, a la recepcionista Cora y había 3 mas que no conocía.

- Ya estamos aquí – dije – nos podemos ir.

- Son José Antonio y Lola – dijo Jesús.

- Yo soy Luis – dijo uno que debía tener 25 años.

- Yo soy Cora – dijo la recepcionista – ya nos conocimos al llegar.

- Yo soy Marisa – dijo otra, debía tener unos 30 años.

- Yo soy Pedro – dijo el ultimo que debía tener también unos 30 años.

Comenzamos a andar.

- ¿Vosotros ya os conocíais? – pregunto Cora.

- No – dije.

- Si – dijo Lola.

- ¡Eh! – dijo Marisa.

- Te lo explico – dije sonriendo – no nos conocemos, pero estamos en el mismo hotel y nos vimos anoche durante la cena, aunque no sabíamos que veníamos a la misma empresa.

Llegamos al restaurante entramos, Jesús estuvo hablando con un camarero.

- Podemos juntar dos mesas – dijo Jesús.

Es lo que hicimos. Cora se sentó a mi lado, enfrente Jesús, Lola y Luis, a los extremos Marisa y Pedro. Pedimos las bebidas.

Mientras esperábamos estuvimos hablando, Lola tenia cara de pocos amigos, no se si era por el flirteo descarado de Cora conmigo o por la pesadez de Jesús. Luis y Pedro que estaban al lado hablaban de fútbol, y Marisa estaba un poco sola.

- ¿Tienes pareja? – me pregunto Cora, todos se quedaron pendientes de lo que decía, incluso Lola.

- Pareja como tal no, pero tengo una amiga que supongo que vendrá el fin de semana.

- ¿Y tu Lola? – pregunto Jesús.

- Yo estoy casada y tengo dos hijos mayores.

- ¿Y vosotros?

- Hay de todo... – dijo Jesús – yo por ejemplo estoy separado con dos hijos.

Jesús debía tener unos 45 años, y estaba claro su interés por Lola.

- Yo también estoy separada, con un hijo... – dijo – tengo una relación.

Lo curioso al decirlo miro a Pedro justo al otro lado de la mesa.

- Yo soy soltera sin compromiso – dijo sonriéndome Cora.

- Yo sin embargo tengo novia, dentro de dos años esperamos casarnos.

- Y tu Pedro – dije.

- Yo estoy soltero, aunque tengo una relación – dijo Pedro, y miro a Marisa.

Sonreí, estaba claro que entre Pedro y Marisa había algo.

Seguimos hablando y fuimos a pagar, Marisa y yo nos quedamos los últimos.

- Yo te conozco – me dijo en voz baja.

- Si...

- El año pasado estuve en la central – dijo – fui a una charla.

- ¡La daba yo! – dije.

- No, pero alguien me dijo que eras de personal, mas concretamente inspector.

- Si que lo soy, pero no he venido a inspeccionar sino ha ver que necesita esta oficina.

- ¡Seguro!

- Tan seguro como la relación que mantienes con Pedro.

- Como lo has....

- Me lo acabas de confirmar.

Pagamos y volvimos a la oficina. Nada mas entrar, Lola se separo del grupo quedándose algo atrasada.

- José Antonio si necesitas algo pídemelo, lo que sea – dijo Cora.

Acerco sus labios a mi oreja.

- ¡Podemos ir a cenar esta noche! – dijo Cora susurrando.

Lo escucho Lola. Al llegar a nuestros puestos.

- Te has ligado a la jovencita – dijo Lola.

- ¡Celos!

- A mi como si te la quieres follar aquí mismo – contesto desairada Lola.

Estuvimos toda la tarde trabajando o haciendo que trabajábamos, recibió una llamada, al estar tan cerca escuche la conversación, supuse que era el marido.

- “Cariño la empresa ha decidido que me quede unos meses”

- “...”

- “Vosotros os la apañáis bien sin mi”

- “...”

- “Me van a facilitar un piso de alquiler, este viernes”

- “...”

- “Puedes venir tu y los chicos”

- “...”

- “Pues tu solo”

- “...”

- “Te espero”

- “...”

- “Muchos también para ti”

No dije nada de la conversación, había quedado en venir el viernes.

A última hora llego Cora.

- Lo dicho necesitas algo... lo de esta noche sigue en pie.

- No puedo, estoy cansado y quiero que dormir.

- Vale – dijo Cora algo contrariada.

Al terminar a las siete y media, Lola y yo nos fuimos juntos hacia el hotel.

- Lo de la cena de esta noche sigue en pie – dije.

- Por que no has aceptado ir con Cora.

- Porque ya había quedado contigo esta mañana.

- José Antonio, lo de anoche estuvo bien, pero creía que iba a ser una aventura de una noche, de dos o como mucho de una semana, pero trabajamos juntos....

- Lo comprendo, aunque realmente solo estaré una semana y tal vez unos días.

- Y tu “amiga”.

- Vendrá el fin de semana igual que tu marido ¡No!

Llegamos al hotel.

- Voy a descansar. Te parece bien que quedemos a las 9 para cenar.

- Por mi perfecto.

Entramos en el ascensor. Estábamos los dos solos, Lola pulso el botón de subir, nos miramos y como si fuésemos imanes, sin decir palabra nos acercamos y nos besamos apasionadamente. Se paro el ascensor y se abrió la puerta, nos separamos, salimos para dirigirnos a nuestras habitaciones.

- ¡No puede ser! Somos compañeros de trabajo – dijo Lola.

- Tienes razón – dije.

Estábamos delante de las puertas de las habitaciones.

- ¿En la tuya o en la mía? – dije.

- En la mía – contesto Lola.

Entre en su habitación, nos volvimos a besar, una y otra vez. Nos acariciábamos y nos íbamos desnudando.

- ¿Que nos pasa? – dijo Lola separándose de mi semi-desnuda.

- No lo se –dije volviéndome a enganchar a Lola.

Unos minutos después estábamos los dos sobre la cama desnudos.

- Que cara has puesto cuando me has visto en el despacho del dire – dijo Lola.

- Porque no has visto la tuya.

- Ha sido una gran sorpresa.

Metí mi mano en su entrepierna, acariciando su clítoris y labios vaginales. Ella me agarro la polla, y la fue meneando, hasta que decidí que era el momento de ponerme encima, y lentamente introducir mi polla en su vagina.

- Me gusta mas la cara que estas poniendo – dije.

Lola había entrecerrado los ojos, se mordía el labio inferior, y a cada empuje mío su cuerpo sentía una sacudida. No tardo mucho en alcanzar un primer orgasmo, su gemido fue profundo y largo.

- Sigue no pares, te necesito dentro.

Y seguí, una y otra vez hasta que alcanzo su segundo orgasmo. Me deje caer a su lado. Ella se medio incorporo, me agarro la polla con la mano.

- Siempre he sido contraria a las relaciones entre compañeros – dijo Lola.

- Yo también, pero...

- No me dirás que no te habrías tirado a Cora, si no tuvieras a tu amiga.

- Claro que si, incluso teniéndola me habria acostado con ella.

- ¿Entonces que te lo impide?

- Tu.

- ¡Yo!

Se puso encima mío.

- Eso quiere decir que tenias pensado volver hacerlo conmigo.

- ¿Tu no?

- Tenia mis dudas...

En ese momento mi polla volvió a entrar en su vagina, no deje que se incorporara, fui yo que con empujones pélvicos volvía a entrar una y otra vez.

- Me gusta ver tu cara.

- Me vuelves loca...

- Con tu marido no te vuelves loca.

- Con el hace mucho tiempo que no lo hago.

- ¿Y eso?

- Ya lo conocerás... – dijo - con dificultad.

Me estaba corriendo y ella alcanzando un nuevo orgasmo. Permanecimos abrazados durante un buen rato, hasta que el teléfono sonó. Yo la mire y ella a mi, se sentó en la cama y cogió el teléfono.

- “Dígame”

- “...”

- “Pásemelo”

-“...”

- Es mi marido – dijo tapando el auricular.

- “...”

- “Si cariño”

Volvió a tapar el auricular con la mano.

- Mierda, solo le llamo cariño cuando he follado.

- “...”

- “Estaba distraída, repasando unos informes”

- “...”

- “No claro que no molestas”

Me senté detrás de ella, colocando mi polla en su espalda, ella tapo nuevamente el auricular.

- ¿Que haces?

Yo no dije nada, rodee su cuerpo con mis brazos, terminando cada mano en cada una de sus tetas. Había quitado la mano del auricular y un leve suspiro se le escapo.

- “...”

- “A sido al tocar con los pies descalzos el suelo”

Mis dedos jugueteaban con sus pezones, acariciándolos y pellizcándolos. Nuevamente se le escapo una exclamación.

- ¡Ah!

- “...”

- “Me estoy preparando para ir a cenar, el suelo esta muy frio

- “...”

- “No, aquí mismo en el hotel”

Con dificultad seguía la conversación, pues yo había metido mi mano en su entrepierna.

- “...”

- “Luego me llamas”

Colgó el teléfono, y me agarro las manos.

- Eres un cabrito... vamos a cenar.

- Prefiero follar.

- Yo también...

Se levanto echándose hacia delante, lo justo para que mi polla volviera a entrar en su vagina.

- Te gusta...

- Me encanta - dijo recibiendo toda mi polla dentro.

Cuando acabamos había alcanzado dos orgasmos mas antes de que me corriera. Aun estaba dentro de ella.

- Será mejor que vayamos a cenar o cerraran la cocina.

- Estoy de acuerdo.

- Nos duchamos – dijo ella – juntos.

- Para que. Luego vamos a volver.

- Pero el olor...

- ¡A hembra que acaba de follar!

Nos besamos.

- Estoy pensando... que no tengo muchas ganas de comer.

- Tenemos que coger fuerzas...

- Ok.

En unos minutos estuvimos vestidos, y bajamos al comedor. Entrando en el comedor.

- El olor no te delata, es otra cosa lo que te delata – le dije susurrando al oído.

- ¿El que?

- Tu sonrisa de mujer satisfecha de follar, y tus andares de mujer follada.

- Eres perverso...

- Luego te enseñare lo perverso que puedo ser.