Se abre una puerta
Sabe que su marido duerme en otra habitación y que sus amigos están en la sala de al lado. Sabe que cruzar esa línea significa perderlo todo. Pero el calor de la noche y la mirada de Juan son más fuertes que su culpa. Esta vez, no hay vuelta atrás.
Han pasado veinte días desde que finalmente cruzaste la línea. La última frontera de la degradación que te faltaba por cruzar ya queda detrás de ti.
Cuando cierras los ojos y miras atrás, la imagen que se te hace presente es la de tu pequeño cuerpecito felizmente subyugado por el corpulento torso de tu amante y tu exclamación de auténtica satisfacción al sentir su semen estrellarse contra la parte exterior de tu vulva tras su retirada in extremis antes de correrse dentro.
Si miras un poquito más atrás, percibes el largo estira y afloja que precedió a vuestra pasión. Las semanas y meses de dudas, de juegos, de deseos prohibidos, de pequeños deslices, de intentos de alejarte de la tentación y recuperar la compostura. Ves a la Luz torturada en tándem por un deseo inclemente y una culpabilidad intermitente pero punzante, pero esa visión ya empieza a perderse en el horizonte. La ves borrosa, con figuras reconocibles cuyos contornos se van difuminando un poco más cada día que pasa.
Y si haces un esfuerzo aún mayor de introspección para llegar aún más allá, apenas eres capaz de recordar el tiempo en que, para ti, el mero pensamiento de irte a la cama con otro que no fuera tu marido te parecía repulsivo. Los tiempos de obedecer ciegamente los 10 mandamientos, a pesar de haber gobernado toda tu vida hasta hace poco, parecen una era a la que ya es imposible volver.
Y es que no quieres volver. Solo quieres volver a tirarte a Juan. Aún quieres a tu marido y a tus hijos, aún crees en la familia y el matrimonio, pero ahora solo crees en ellos siempre y cuando quede un rinconcito para gozar con el hombre que te obsesiona, con aquél que venció y mató para siempre a tu recato. Con el hombre por quien te masturbas casi cada día, esperando y porfiando para encontrar otro rincón secreto del espacio-tiempo en que podáis, juntos, volver a romper todas las promesas y convenciones sociales. Para daros algo que ambos necesitáis y que nadie podría entender.
Es verano, hace mucho calor. 20 bochornosos días en los que un habéis tenido ni la más pequeña posibilidad. Vacaciones por aquí, vacaciones por allá, y aquí estamos otra vez. Finalmente, hoy nos vemos en la cena en casa de Rosa.
¡Qué alegría reencontrarnos todos después del parón veraniego! La verdad es que echaste de menos la felicidad despreocupada de la amistad. ¡Qué lejos quedan los días en que toda tu vida giraba alrededor del concepto de familia! En algún momento de tu vida te olvidaste de ti misma en el camino, y lo has pasado mal, muy mal. Sobre todo, porque sientes que no solamente tú te olvidaste de ti, sino que, aún más doloroso, que todos alrededor tuyo también lo hicieron. Aquellos que más importaban simplemente dieron por sentado que estarías allí, incondicionalmente, sin tener que aportar nada a cambio, y durante mucho tiempo creíste que ese acuerdo era justo y noble, que era lo que hace una mujer como Dios manda. Pero ya no. Ya no más. Llegó un día en que esa mujer despertó, redescubrió la necesidad de reír, de jugar, de desear, de recibir además de dar. Y ahora ya no hay vuelta atrás. Ahora, y ya que te lo puedes permitir, cada vez que alguno del grupo propone un plan, llamas a la canguro y te apuntas.
Pero hoy, no te engañes, el tema no va de reencontrarte con Rosa, Nieves, o Jana. Ni tampoco de reencontrarte con Samuel. Va de volver a ver al hombre con quien le pusiste los cuernos a tu marido. Va de volver a provocarle, de flirtear discreta pero decididamente con el tío con quien sientes una química personal y sexual más allá de toda descripción. Un hombre casado al que perseguiste hasta llevarte a la cama para pecar juntos. ¡Dios mío, perdóname, pero qué bien que peca este hombre! ¡Qué maravillas sentimos juntos!
Y hoy está aquí. Quieres volver a hacerlo. ¿Hoy mismo? Uff, ¿por qué no? ¿Con todos los demás delante, con todos los amigos que no se han enterado aún de nada ahí presentes? Joder, no sé, a ver si encontramos la manera…
Después de despachar la excelente cena encargada y de dar cuenta de 3 o 4 botellas de vino entre todos, una de las cuales debes habértela bebido tu sola, la anfitriona Rosa saca el kit coctelera que acaba de adquirir y os convence a todos de seguir echándole combustible a la noche. Juan la ayuda en la cocina y tu te reprimes para no seguirlos. Te esfuerzas por mantener la compostura, pero a la vez te mueres de rabia al pensar que están solos en la cocina mientras tu tienes que aparentar pasarlo bien con los demás desafinando en la enésima sesión de karaoke improvisado. Si fueras tú quien estuviera allí dentro a solas con él… uf, ya le habrías bajado los shorts y tendrías su dulce polla hasta la garganta. Joder, te mojas sólo de pensarlo. El problema es que no tienes dudas de que Rosa, separada, libre y liberal como la que más, no le haría ascos tampoco. Sabes que le gusta Juan, aunque por suerte, hasta ahora ha respetado el hecho de que Juan sea un hombre casado. A veces te sientes pequeña a su lado, porque tu amiga se gasta una delantera de las que hacen babear a los hombres, mientras que tu pecho es más bien pequeñito, pero te consolas recordando el modo en que Juan se vuelve loco con tus tetitas.
Por si tenías alguna duda, Juan no ha perdido ocasión de repasarte con la mirada en toda la noche. Estás empezando a hacer hervir por dentro, así que saberlos solos en una estancia con la puerta cerrada, te irrita. Ojalá pudieras encontrar el modo de encerrarte con él en cualquier habitación. En serio, nada más cerrar la puerta, te le echarías encima. Mientras Nieves y Samuel se desgañitan -a la vez que Samuel vuelve incansable a la carga una vez más, agarrando por la cintura al pibonazo de Nieves- tú te quedas absorta mirando la espectacular panorámica de la ciudad que ofrece la terraza de Rosa. Jana, viendo que no estás en tu mundo, aprovecha y se va al baño.
- ¿Luz? – te despierta la voz más deseada del mundo
-Oh, perdona, Juan. ¿Qué decías?
-Toma, mujer, tu cóctel.
-Ah, gracias…. – No hace falta decir nada, sus ojos se clavan en los tuyos de tal modo que disipan cualquier posible duda. Juan lo desea tanto como tú. Sin darte cuenta, de tomas medio de un trago. Juan se da cuenta y arquea una ceja inquisitoriamente.
- ¿Dónde está Jana? - inquiere tu amante.
-Eehhh, no estoy muy segura, pero creo que fue al baño.
-Hahahaha, estabais solas las dos y no sabes dónde se ha metido? ¿En qué estabas pensando tan distraída? ¿Alguna cosa interesante? – Juan quiere jugar, está claro.
-Eh, no, bueno… -Vacilas un poco. No puedes proclamar a los cuatro vientos que estabas imaginando cómo le propinabas una mamada profunda mientras tus manos se aferraban a su culo para acercar su cuerpo al tuyo, encerrados en una habitación de este mismo piso. – Bueno, estaban estos dos cantando a lo suyo y Jana pues… se fue al baño. Pero este piso es tan grande que no sé cuál ni dónde…
¡Coño! ¡Ahí está la respuesta! Uno de los tres baños del piso, el más alejado y discreto…. ¿Por qué no?
Rosa vuelve a la sala tomada del brazo de Jana. No sabes qué comentan, pero se ríen las dos a carcajadas. Ahora son ellas dos las que empuñan el micrófono ficticio y atacan una espeluznante versión de “It’s my life”. Samuel y Nieves se descojonan revolcándose en el sofá, muy muy juntos. Por primera vez parece que Samuel puede que consiga llevarse a Nieves al huerto. ¿En serio? No puede ser, Nieves puede tener al tío que le dé la gana…
- ¿Qué te cuentas, Luz? ¿Cómo han ido las vacaciones? ¿Alguna experiencia interesante?
Ya estás harta de todo. Nieves se folla a quien quiere cuando quiere, Rosa parece ser que no se anda con remilgos y se encierra con hombres casados en la cocina. ¿Eres tú la única tontita que juegan según las reglas? ¡Ya estás harta!
-Bueno, estuvimos diez días en Capri, ¿sabes? Increíble…
- ¿Sí? ¿Las playas son bonitas?
-Una pasada, sí…
- ¿Lo pasaste bien? -discretamente, roza con apenas un dedo tu cadera por el lado que vuestros cuerpos ocultan de los demás. La piel se te eriza.
-Lo pasé muy bien, la verdad es que sí. Los críos lo pasaron de miedo en la playa y los adultos nos relajamos un montón. Pero en realidad, lo pasé mucho mejor justo antes de las vacaciones… – te has atrevido, vas a jugar al juego no dejarás que la noche termine sin sentirle llenarte.
- De verdad? ¿Qué hiciste? -Juan se hace el despistado mientras te conquista con su sonrisa traviesa
- ¿No lo sabes?
- No, ¿cómo voy a saberlo?
- Quizás porque tú estabas ahí… -Le das un sorbito más a tu cóctel mientras tus pupilas giran hacia arriba para ofrecer a Juan un juguetón dardo.
- Ya veo… -lo has pillado fuera de juego, Juan no se esperaba que fueras tan directa. - No sé muy bien a qué te refieres, pero… - en todo caso… emmm…… me alegra que lo pasaras tan bien… ¿Lo pasaste suficientemente bien para tener ganas de repetir?
- Me muero de ganas, no pienso en otra cosa… -sin poder evitarlo, por un breve par de segundos tu mano se posa sobre su abdomen y cierras tus dedos sobre él, como si quisieras arrancar un puñado y metértelo en la boca. Te das cuenta de lo que haces a tiempo antes de que nadie mire hacia vosotros y te retiras.
- Luz, ¿por qué no me has escrito ni dicho nada desde entonces? Pensaba que ya no querías saber nada de mi…
- ¿Por qué no me escribiste tú a mí? – Cruzáis miradas y te das cuenta de que los dos queréis expresar lo mismo: el dulce reproche de no haber dado un paso más cuando en el fondo ambos os morís por hacerlo.
- ¡Os toca, majetes! – os interrumpe Jana en nombre de los demás. – Venga, voy a escoger por vosotros…. ¡¡Vais a cantar… “Aserejé”!!
Todos se parten de risa ante la perspectiva de veros hacer el payaso con tal elección, pero a ti todo te resbala, y más ahora que has intuido lo que necesitas. ¿Qué hay que cantar? Pues se canta.
Y cantáis. Mal, porque no se os da bien ni a él ni a ti, y peor porque los dos tenéis la cabeza en otra cosa. Pero cantáis. Rosa se destornilla, Samuel se retuerce y busca el contacto con Nieves.
Pero la canción acaba y es el turno de otros. Y tú ya no puedes más. Esperas un par de minutos para que no sea evidente e inmediatamente le susurras a Juan.
-Ven en un minuto. No tardes.
Y acto seguido comentas discretamente que vas al baño.
Escoges ir al más lejano y discreto. No tienes dudas que Juan te habrá interpretado a las mil maravillas y que no tardará en unirse a ti. Entras en el lavabo correspondiente a la habitación de invitados, situada en el extremo opuesto del lujoso loft de Rosa y entrecierras la puerta detrás de ti, dejando un resquicio para espiar si viene.
Y sí, claro que viene. No ha dejado pasar ni el minuto acordado. 40 segundos como mucho. Abres la puerta lo justo para permitirle el paso, cierras detrás suyo, empujas a Juan contra la pared y saltas a devorar sus labios.
Y Juan, sin dudar, te devuelve el beso. En un instante, sus grandes manos están sobre tu culo y manosean con furia tu trasero. Os coméis la boca el uno al otro, os mordéis los labios sin tregua. La pasión que te domina es difícil de describir. Te arrimas al fornido cuerpo del hombre que impide que duermas tranquila y sonríes interiormente de sentirlo igual de loco por ti. Su sexo ya está durísimo. Lo sientes sobre tu estómago cuando Juan te estruja contra él entre sus poderosos brazos. Con una mano en tu culo y otra entre tus omoplatos, busca y consigue que vuestros cuerpos estén tan pegados cómo es posible. Él siente tus pechos como tú sientes su pene, y por eso a ambos se os escapan ahogados gemidos de deseo. ¡Quieres más, mucho más, un beso no te basta!
Juan introduce su mano izquierda por dentro de tu minifalda tejana y te muerde el lóbulo de la oreja. ¡Dios mío, que calentón! Mientras tus brazos se agarran crispados sobre sus bíceps, su mano desciende por encima de tus braguitas y acaricia tu cachete. Se entretiene dibujando el borde del elástico sobre tu culo. Ahora asciende de nuevo, sale otra vez fuera del pantalón, pero enseguida vuelve a sumergirse y esta vez… esta vez supera la última barrera y manosea directamente tu culo, el culo que sabes que le vuelve loco, por dentro de tu ropa interior. Te derrites hasta tal punto que, de modo totalmente inconsciente, tu mano hace lo propio y desciende hasta sobarle el paquete.
Entonces piensas: a la mierda todo.
Te dejas caer de rodillas ante él y, veloz, desabrochas sus pantalones, que al tratarse de unas cómodas bermudas caen hasta sus tobillos. Ante tus ojos, el relieve de su preciosa polla se marca esculpido por dentro del bóxer. Le das una leve mordida.
-Luz, qué haces…
¡Zas! Le bajas también sus calzoncillos. De un tirón, los llevas junto a las bermudas, a bajo del todo. La polla que tanto has deseado volver a engullir se bambolea delante de ti - ¡que grande está! – y tú no pierdes tiempo. La agarras firmemente con una mano, la sacudes arriba y abajo un par de veces mientras sonríes desde el suelo a tu héroe, y acto seguido la diriges hacia tus labios.
Juan cierra los ojos, suspira, y se queja:
-Luz, por el amor de Dios, nos van a pillar… para…
Pero es demasiado tarde. No tienes ninguna intención de parar y ambos sabéis que él tampoco.
Con tus finos labios acaricias todo su tronco. Tus manos descapullan el glande y lo lames con fruición. Lo sorbes, lo babeas, lo mordisqueas. Juan ya se ha rendido y sitúa sus manos en tu nuca pidiendo más. Y tu disfrutas como una loca tragándote el cipote por el que no dejas de cruzar más y más líneas. Y ya ha llegado la hora para la siguiente.
Te levantas como un resorte, te giras de espaldas a Juan, te apoyas sobre el mueble del baño, con una mano arremangas tu falda hacia arriba y apartas tu braguita.
-Fóllame, Juan.
-Luz, estamos locos…
-Fóllame, cariño. No puedo más…
Y Juan te ensarta. Hasta el fondo. Estás tan lubricada y os deseáis tanto que entra sin problema. Sabéis que no disponéis de mucho tiempo, así que te penetra como un toro. Sus embestidas son potentes, impacientes, profundas. Busca correrse rápido, y tu lo deseas. Quieres que se corra dentro de ti. Quieres cruzar una línea más, aquella que la última vez no cruzasteis por apenas segundos. A través del espejo disfrutas al verle desencajado mientras te toma como un animal agarrado a tus caderas. Te acaricias los pechos por encima de tu camiseta y sacas el culo hacia fuera para ponérselo más rápido.
-Sí, Juan, ¡sí! ¡Qué bien me follas, amor!
-Cállate Luz, o vas a hacer que me corra-
- Sí, Juan, ¡córrete! Dame toda tu leche, ¡es todo en lo que he pensado estas semanas!
-¡Dios, Luz! ¡Cómo me pones! ¡Yo igual… todo el verano deseando ver cómo me la comes… y cómo te follo y…
-¿Y qué más, Juan?
-Y…
- ¡Dímelo, cariño! ¿Y qué más?
-Y como… como… como me corro en tu boca.
¡WOW! No es lo que esperabas, pero oírlo te excita tanto que de inmediato te giras, vuelves a arrodillarte ante él, con la espalda te sostienes contra el mueble del lavabo, y una vez más le comes la polla a tu hombre. Quieres que se corra, ¡y que se corra ya!
Agarras sus huevos con tu mano izquierda, acaricias sus arrugados testículos con apenas una uña, y con la otra mano agarras muy delicadamente la base de su falo e imprimes un movimiento decidido, lento pero muy potente, arriba y debajo de la maravilla que es la polla de Juan. Todo ello, mientras tus labios, como los de un bebé, succionan con creciente fuerza toda la parte que engulles orgullosa. Miras hacia arriba y ves a Juan al borde de la explosión que tanto ansías. Puedes sentir como su sexo se endurece más, como todos sus músculos se tensan, cómo viene ya.
-Me voy a correr, preciosa – espeta Juan
-Dámelo todo, amor – respondes.
Sabiendo que su carga se derramará dentro de ti en cuestión de segundos, redoblas la intensidad de tu succión y vuelves a clavar tus ojos en él. Quieres verlo.
Y lo ves. Los espasmos de Juan se hacen más cortos y cercanos, más comprimidos, hasta que el último se convierte en una fabulosa detonación de placer.
Justo en ese mismo instante, en el que Juan derrama el primero de sus lechazos sobre tu lengua, su expresión cambia radicalmente. Las facciones contraídas por el goce cambian en un segundo para contraerse por el terror.
Tu cara se gira instintivamente, y el segundo chorro cae sobre tu mejilla.
-Luz, nena, ¿te encuentras bien? ¿Estás ahí? - Se abre la puerta. - ¡¡Oh, Dios!! - exclama la recién llegada justo en el mismo instante en que el tercer latigazo impacta sobre tu ojo.
Jana os ha pillado. Su cara es de asombro absoluto. Y de incomprensión. Incluso de profundo disgusto.
-Joder, lo siento. Ya me voy, ya me voy… - Pero por alguna razón, aún se entretiene 5 o 10 segundo más, observando ojiplática, mientras Juan se agarra ridículamente la polla sin saber qué hacer y mientras a ti te resbala su corrida por la mejilla.
*********************
NOTA: Este relato es continuación de la saga de Juan y Luz. Estos son los capítulos anteriores:
1. Créeme, es mejor si no digo nada más
2. La fuerza del pasado y el poder de la rutina
3. Its beginning to look like Christmas
4. Hoy quiero portarme mal
5. Fantasías y dudas en días de Santa Claus
6. Suena demasiado bien
7. Los adultos también juegan a “Yo nunca nunca”
8. Detrás de los arbustos, en el centro de la ciudad
9. Que no se entere nadie
10. No me digas que no quieres
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Un desafortunado error (ll)
Las fotos llegaron por error, pero el deseo fue intencional. Ahora, la mujer que debería ser intocable por su matrimonio y su edad, lo espera en la…
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo accidentalRelacion clandestina
- Hetero: Infidelidad
Desearte... y pecar.
Sabe que su esposo está a metros, leyendo el periódico, sin sospechar nada. Pero el deseo es más fuerte que la lealtad.
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo accidentalRelacion clandestina
- Hetero: General
Vacaciones de invierno rencuntro con Gaby 1parte
Moni tiene dos citas en la agenda y ninguna intención de ser fiel. Primero, un joven estudiante que no sabe lo que se le viene encima; después, el…
Comparte:Infidelidad consentidaRelacion clandestinaExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
Adulterio y lujuria placer extremo 4
El viaje comienza con miradas cómplices y caricias bajo la mesa, pero la tentación es demasiado fuerte para resistirla.
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo accidentalRelacion clandestina
- Hetero: Infidelidad
Puente en el balneario (1)
El vestido se subió, las piernas se abrieron y el silencio del coche se rompió con el sonido de la piel contra la piel.
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo accidentalRelacion clandestina
- Hetero: Infidelidad
Zorras de despedida de soltera (3 de 4)
Sabe que su esposo duerme en la misma casa. Sabe que Leo es un riesgo calculado. Pero cuando el alcohol y la mirada de él se cruzan en medio de la…
Comparte:Infidelidad consentidaExhibicionismo accidentalTransgresion moral