Xtories

Paquito, el amigo de mi marido

El marido le entrega las llaves y el permiso: su mejor amigo la desea desde hace años. Lola nunca imaginó que la 'reforma' de su casa sería solo la excusa para ser poseída por dos hombres al mismo tiempo, bajo la mirada de los vecinos.

Lola Desatada30K vistas8.9· 11 votos

Toda la parte de suelos y madera de la reforma de nuestra casa la realizó un amigo de Antonio, Paquito para los amigos. Nos lo hizo a trozos durante los fines de semana y, tras terminar, quedó inacabada la cobertura de madera de la escalera de acceso a la buhardilla.

Un año y medio después ahí seguía en bruto, a pesar de mi insistencia. Finalmente, y a pesar de que Paquito había cerrado su empresa y se dedicaba ahora a los trabajos verticales, Antonio y él quedaron en que comprásemos los materiales y él terminaría la escalera en un fin de semana el mes siguiente.

A primeros de mes compramos los materiales y quedamos en que vendría el penúltimo fin de semana del mes para concluir el trabajo. Yo estaba aliviada porque por fin íbamos a tener la casa completamente lista.

Una semana antes de que viniese Paco ha terminar la escalera, Antonio tuvo que salir a Omán por trabajo, así que me pasó el teléfono de Paco para terminar de concretar con él.

Ese mismo día, después de dejar a Antonio en el aeropuerto, escribí por WhatsApp a Paco diciéndole que cómo íbamos a quedar ya que Antonio no iba a estar porque había salido de viaje.

Me respondió que ya le había comentado Antonio lo de su viaje y que su idea era ir desde Huelva el viernes a mediodía y comenzar por la tarde y que, para ganar tiempo, habían hablado Antonio y él de quedarse en casa hasta el domingo y así quitarse el viaje Huelva-Sevilla en coche cada día. Aún así, me dijo que como no estaba Antonio, si tenía inconveniente lo dejábamos para otro momento.

Yo sólo lo había visto un par de veces cuando la obra y no lo conocía de nada más, pero era íntimo de Antonio y lo habían compartido todo desde el instituto: pandilla, vacaciones y hasta sus respectivos divorcios, así que, aunque no había confianza entre nosotros, no quería dejar pasar la oportunidad de que terminase de una vez.

Le confirmé, por tanto, que no cambiábamos planes y que lo haríamos tal como había planeado con Antonio de primeras, sólo que teníamos que ver lo del viernes porque yo trabajaba hasta las 19 horas y no iba a estar en casa.

El miércoles, me escribió a mediodía para preguntarme si había pensado algo de lo del viernes. Por la tarde, ya en casa, le respondí diciéndole que le dejaría la llave en el bar de abajo, que son conocidos, y que llegase y entrase para ir haciendo lo que creyese.

Cuando me respondió para darme el ok comenzamos a hablar por WhatsApp de lo que habían vivido juntos Antonio y él desde el instituto, estuvieron juntos en la Armada, sus divorcios, que el ya no volvió a casarse, etc. La conversación era amena y yo estaba aburrida como una mona sola en casa, así que escribía mientras picaba algo y después me puse cómoda y me serví una copa de vino blanco bien frío y me tumbé en el sofá continuando la charla.

Poco a poco la conversación fue discurriendo por temas más comprometidos. Paco me contaba cómo Antonio y él habían tenido una larga historia de intercambios de pareja, desde sus novias del instituto en una acampada hasta con sus ex esposas varias veces en locales liberales, cosas que yo no sabía y, al decírselo él no dudó en comenzar a darme detalles que comenzaron a subir el tono de la conversación y mi estado de excitación.

Me serví una segunda copa de vino y seguí leyendo y oyendo los audios que me mandaba, interactuando lo suficiente para que siguiese contándome. Paco me decía que siempre le sorprendió que Antonio, que era un tipo físicamente y con una polla normal y gracias a su labia, siempre se había ligado a auténticos monumentos de mujer pero que ninguna, al final, podían resistirse a un hombre grande y musculado con una polla poderosa y que yo no era una excepción.

Yo que ya estaba cachonda de la conversación y desinhibida por el vino le pregunté pícaramente si yo no era una excepción de lo primero o de lo segundo. El me respondió con un audio con una tremenda carcajada. Por supuesto, me refiero a que eres un mujerón. De lo segundo, estoy convencido también que no puedes resistirte a un macho poderoso con un buen pollón, Antonio me ha contado muchas de vuestras aventuras. Un escalofrío subió desde mi ya húmedo coño hasta mi nuca mientras, venida arriba, le respondía que me parecía que se tenía un poco sobrevalorado. Volvió a reírse con estrépito. "Yo sé de la capacidad de mi amigo para volveros locas y follaros y doblegar vuestra mente pero, tarde o temprano, siempre os gusta deleitaros con un pollón como dios manda".

Visto que la conversación se tornaba más escabrosa y, a pesar del calentón que llevaba encima, terminé la conversación entre risas llamándole fantasma y engreído.

Dejé el móvil y puse un rato la televisión. A los pocos minutos entraba un mensaje de WhatsApp. Eran dos fotos de Paco, una desnudo con su torso hiper musculado y velludo y su polla en reposo que le llegaba a medio muslo. En la siguiente salía de pie con aquella vergota en erección que era francamente descomunal.

Respondí solamente con un emoticono de asombro.

Me pasé las fotos a la tablet para poder verlas más grandes y con más detalle. Joder con Paquito, me dije, está para comérselo enterito. Comencé a tocarme mirando su pollón empalmado. Estaba completamente mojada mientras pensaba, joder, menudo macho... qué razón tenía. Subí al dormitorio a por uno de mis dildos y al bajar me puse mi tercera copa de vino. Me recosté en el sofá y apartando a un lado el tanga presenté el enorme juguete que había agarrado y casi entró solo hasta el fondo entre mi humedad. Solté un gemido largo de placer que se interrumpió con el timbre de un mensaje de WhatsApp.

Era Paquito que, como si estuviese leyendo la mente, me decía "Fantaseando con mi polla?". Yo, en mi calentura me hice una foto con aquel dildo negro y grueso de 19 cm enterrado en mi coño y le puse "No. Haciéndome una ligera idea solamente".

Estuve unos minutos taladrándome el coño con violencia hasta arrancarme un orgasmo que me dejó extasiada durante unos minutos. Le escribí un último mensaje ya desde la cama diciéndole que me había corrido miran do su escultural cuerpo y sí, que estaba tremendo, a lo que me respondió mandándome una foto con una tremenda corrida sobre la foto que le había enviado.Su último mensaje fue lapidario "Ya me había dicho Antonio lo zorrita y lo caliente que eres".

Dormí como una bendita. Al día siguiente fui a trabajar y pasé todo el día pensando en aquel último mensaje. Cuando llegué a casa hablé con Antonio por videollamada y le conté lo de Paco del día anterior. Antonio me respondió: "Mira, amor, Paquito lleva desde que te vio en la obra fantaseando contigo, con lo buenorra que estás, y yo le he contado de nuestras correrías y le he mandado algunas fotos tuyas. Está deseando follarte, pero eso ya sabes que depende de ti. Por lo que a mí respecta, todo lo mío es de Paco y lo de Paco es mío" dijo descojonándose de risa y haciéndome poner cachonda e incomoda a la vez.

- Paquito es un tipo rudo follando, pero es una bestia y las vuelve locas a todas - concluyó.

Al día siguiente, viernes, le levanté y me tomé una ducha antes de ir al trabajo. Sin darme cuenta, de forma inconsciente, me puse un conjunto de encaje de tanguita y sujetador super sexy y me había enfundado en una falda de tubo de cuero con una cremallera trasera que casi la abría entera, una blusa roja de raso escotada y unos tacones altos negros. Al salir y mirarme al espejo me percaté de lo excesivo para ir al trabajo, pero estaba pensando sin querer en calentar a Paco a mi regreso.

Dejé las llaves en el bar, tal como quedamos, y marché al trabajo donde soporté las miradas lascivas de toda la oficina. Me excusé diciendo que a la salida me iba a una cena sin volver a casa. Cuando llegó mi hora de salir del trabajo entré al vestuario y me acomodé el pelo y me pinté los labios de rojo intenso y me dispuse a marchar.

Llegué a casa y abrí la puerta pensando oír ruido de herramientas o trabajo pero no oí nada. Así que llamé en voz alta a Paco sin obtener respuesta.

A los pocos minutos apareció, apolínio e impresionante aquel macho, con su torso desnudo y con una toalla a la cintura que no llegaba a cerrarle completamente y que le quedaba abierta en la pierna derecha.

- Perdona, Lola. Adelanté un poco el trabajo y me di una ducha. Disculpa si te asusté. -dijo-.

- No, no, no pasa nada. -tartamudeé como una adolescente mientras lo miraba atónita.

Medía aproximadamente 1,90 m. y estaba musculado y definido. Estaba depilado pero conservaba el vello en la zona del pecho y del abdomen, lo que le daba un aire masculino y animal muy sensual. Pude ver cómo clavaba su mirada en mi escote y bajaba lentamente los ojos estudiándome.

- Ven, acompáñame y te enseño los cuatro escalones que he dejado presentados para que me digas si te gustan así y, así de camino, me dices dónde acomodo mis cosas - dijo.

Me dirigí hacia la escalera de subida a la primera planta y, al pasar junto a él me dijo "dame dos besos que ni nos hemos saludado cuando has entrado". Al pie de la escalera se acercó a mi dándome dos besos en las mejillas y yo, sintiendo aquellas manos enormes, ásperas y fuertes en mi cintura, me quedé casi sin respiración.

Subí tras él hasta la primera planta y, junto a la subida a la buhardilla se hizo a un lado y me indicó que pasase delante por el siguiente tramo de escalera. Lo miré, sonreí y obedecí. Subí los escalones contoneándome y sintiendo su mirada clavada en mi culo.

- ¿Te has vestido así de zorrita para mí? - le oí decir desde atrás.

Me giré y mirándolo desde arriba y viendo su cara a la altura de mis nalgas le dije "No. Para nada. Además, a los machitos sobrados como tú les bajo yo los humos en un santiamén". Vi cómo se sonreía mientras llegábamos a los últimos escalones que tenían ya su cobertura de madera colocada. Me los enseñó y, ante mí desinterés, bajamos a la primera planta de nuevo.

- ¿Dónde quieres que acomode mis cosas, Lolita?.

- Pues, sinceramente, te iba a acomodar en la habitación de invitados pero, dado que todo lo de Antonio es tuyo y viceversa, y que andas deseando follarme hace dos años...ahorrémonos las tonterías y acomódate en mi dormitorio - le dije chulesca y desafiante esperando bajarle los humos.

Rió socarronamente y tomó su mochila y la lanzó dentro del dormitorio desde la puerta con desdén.

Entré delante suyo al cuarto y al girarme lo vi frente a mí plantado. Se sacó la toalla dejando su polla morcillona y aquellas dos pelotas enormes colgando antes mis ojos.

Me agarró el cuello con una mano y me llevo hasta él metiéndome la lengua en la boca sin piedad y haciéndome gemir de deseo. Me giró sobre mí misma en un gesto y noté sus manos sobre la cremallera de mi falda y, tras caer al suelo, desabrochó los botones de mi blusa sacándomela. Me empujó tirándome sobre la cama.

- Ahora ronea como la gata en celo que eres. Muéstrame la ganas que tienes de follarte a este macho -dijo.

Y de nuevo obedecí. Con mi tanga y mi sujetador de encaje y mis tacones me puse de rodillas sobre la cama y comencé a tocarme y contonearme. Me deshice del sujetador y se lo tiré mientras me pellizcaba los pezones y juntaba mis dos grandes pechos levantándolos a modo de ofrecimiento. Para ese momento su pollón ya apuntaba al techo.

- ¿Dos años llevas esperando para follarte a la mujer de tu amigo? Ven, a ver si es verdad que eres lo suficiente macho para esta hembra - le susurré provocándolo.

Se colocó sobre la cama de rodillas justo detrás mía y girándome la cabeza volvió a meter aquella lengua enorme en mi boca, para después con aquella manaza en mi cuello tirar levantando mi barbilla y agarrándome con su otra mano mi teta derecha apretándola sin ninguna delicadeza. Yo me arqueaba del dolor que me estaba provocando y buscaba con mi culo el contacto con aquella polla que terminó apoyada entre mis nalgas y parte de ella sobre mis lumbares. Pensaba que aquel monstruo de polla y de hombre me iban a destrozar. Me mordía el cuello y me estrujaba ambos pechos hasta el limite de hacerme gritar de dolor.

- Vamos putita, no te hagas la estrecha que sé que te gusta que te follen duro. -me decía al oído.

Me agarraba los pezones y tiraba de ellos hacia arriba como si fueran de goma.

- Arrrg, para que me duele, animal! -le dije presa del dolor a la vez que me soltaba los pezones y me propinaba un bofetón en mi teta derecha que me provocó un dolor y una sensación de calor intensa.

- Cállate, putita!!'Despues rogarás por más.

Volviendo a agarrar mi cuello con fuerza introdujo su mano bajo mi tanguita. Comenzó a frotar mi coño. Su mano lo cubría entero. Imprimía una presión y una velocidad en los movimientos que en dos minutos mi coño estaba totalmente mojado y estaba a punto de correrme entre gritos contenidos y arqueando mi espalda y buscando con mi culo el contacto con el físico de aquel macho casi cavernícola.

Al comprobar por mis espasmos que me estaba corriendo dejó mi coño y agarró mi pelo. Yo caí hacia delante por inercia quedando a cuatro patas sobre las cama y, de un tirón de pelo, me hizo darme la vuelta quedando con mi cara frente a su magnífica polla.

- Vamos Lolita, ahora vamos a ver qué tal se te da comer rabos. Abre la boca y saca la lengua -ordenó.

Colocó una mano en mi cuello y otra en mi nuca y entendí que iba a follarme la boca con aquella barra de carne. No hice más que obedecer y recibir los empujones de aquella tranca hasta el fondo de mi garganta. Embestía con dureza mi boca provocándome arcadas y asfixia. Cuando no abría la boca lo suficiente me apretaba el cuello para forzarme a abrirla buscando aire o directamente me propinaba un bofetón en la cara. Aquella manera de tratarme me ponía cachonda como una perra y me provocaba quejidos de dolor y gemidos de placer mezclados. Me giró dejándome tumbaba boca arriba en la cama y tiró de mi cuello para dejar mi cabeza colgada fuera de la cama y, abriendo un poco sus piernas y colocando mi cabeza entre ellas, comenzó a pajearse mientras me apretaba el cuello para meterme sus pelotas en la boca en cuanto busqué aire.

Aquellos cojonazos depilados no me entraban en la boca y el seguía apretándolos mientras se pajeaba. Acto seguido apuntó con su polla a mi boca y me ordenó que la abriese bien. Saqué mi lengua para que entrase todo lo que pudiese y la metió hasta dentro sin contemplación alguna. Continuó con un metesaca rápido y profundo mientras me hundía contra el colchón con una mano entre mi esternón y con la otra me estrujaba bruscamente una de mis tetas. Clavaba sus dedos en ella hasta notar mis gestos de dolor.

Mis ojos estaban cegados de las lágrimas provocadas por la asfixia y las arcadas en aquella posición. Babas espesas embadurnaban aquel pollón y lo sacaba de mi garganta para refregármelo por la cara y golpearme con él en las mejillas. Girándome y lanzándome hacía atrás en la cama, quedé con mis piernas en dirección a él y no dudé en abrirlas y pedirle que me follase ya.

Agarró sin delicadeza mi tanga y tiró de este acercándome hacia él y rasgándolo. Terminó de tirar de mi tanguita para sacarla y me abrió las piernas agarrándolas por los tobillos. Miraba ansiosa mis piernas abiertas terminadas en mis tacones negros, sujetadas por aquel coloso que acercaba sin demora su polla a mi coño completamente mojado.

Metió su cabezón en mi coño totalmente depilado y, como si se arrojase por un tobogán, se deslizó hasta el fondo de mi sexo arrancándome un profundo grito de placer.

- Aaaaaaah, cabrón, llegaste hasta el fondo.

- Todavía me queda casi la mitad por clavarte, Lolita. Te voy a reventar, zorra!

- Fóllame ya y cállate, hijo de puta! Aaaaaaaaah, asiiií. - No terminé de hablar y noté cómo de un golpe de su cadera enterraba aún más su verga en mi coño. Sentía mi abdómen endurecerse con aquel rabo rellenando todos los huecos de mi sexo.

Comenzó a meterla y sacarla a un ritmo endiablado. La sacaba casi entera para después lanzarla con furia contra el fondo de mis entrañas. En cinco o seis embestidas ya podía sentir sus pelotas golpeando mi culo y mis gemidos se habían tornado en gritos de placer e insultos sin ningún tipo de control del volumen. Debía estar montando un escándalo importante.

Una de sus manos clavaba mi cadera al colchón, lo que hacía que sus embestidas no se amortiguasen en absoluto y, su otra mano estrujaba mi pecho derecho con saña, clavando sus dedos y pellizcando con fuerza mi pezón. Cuando me arrancaba un grito o queja de dolor soltaba mi pecho para darme un bofetón o meter sus dedos en mi boca hasta la garganta. Nunca me habían follado de una forma tan cerda y salvaje.

Sin previo aviso mis piernas comenzaron a temblar y contraerse mis músculos en un orgasmo descomunal que vino acompañado de mis gritos y gemidos. Paquito siguió bombeando mi coño hasta sentir que casi desfallecía. Sacó su polla y se lanzó de cabeza a mi coño completamente depilado para succionar con fuerza, como si quisiese drenar todos mis flujos salados que me inundaban tras ese tremendo orgasmo. Después me penetró con su lengua, la sentía como una polla metiéndose en mi sexo.

- Qué rico te sabe el coño, Lola. -dijo mirándome con cara de vicio y mientras me agarraba como a un muñeco y me colocaba a cuatro patas. Separó mis piernas, escupió sobre mi coño y, acto seguido, sentí como de nuevo su polla se clavaba en mi dilatado coñito mientras enredaba sus manos en mi melena y tiraba con furia hacia atrás.

Mis gritos eran incontenibles, de placer, de dolor y de "por favor no te pares". Mientras me embestía me azotaba con furia las nalgas y me las sentía arder como si estuviesen al rojo vivo.

- Vamos puta, no te rindas todavía. Tenía razón Antonio, eres una yegua insaciable. Que bien follas, Lolita!.

Seguía embistiendo a aquel ritmo frenético. Era increíble cómo podía mantener aquel macho semejante cadencia.

Pequeñas descargas eléctricas comenzaron a surgir en el interior de mi sexo. Estaba comenzando a correrme nuevamente. Fue un orgasmo lento, sostenido que me hizo desplomarme al final, entre gritos y sollozos, de plano sobre la cama. Aquel orgulloso macho me agarró del pelo y tirando de él sin ningún cuidado, me llevó casi a rastras fuera de la cama donde me colocó de rodillas dando la espalda al ventanal que daba paso a un pequeño balconcito.

Escupió entre mis tetas dos veces, refregó si polla extendiendo sus babas y volvió a escupir. Sabía lo que quería, así que agarré desde abajo mis dos generosos senos y los levanté y junté. No tardo un segundo en meter aquel rabo entre mis pechos y comenzar a follármelos. Gran parte de su polla sobresalía por encima de mis pechos en sus embestidas y aprovechó para agarrar mi cabeza y bajarla para que le chupase su cabezón cuando subía.

Notaba cómo subía la excitación de Paquito. Sabía que quedaba poco para que se corriese y yo ya no podía más. La sacó de mi canalillo para ordenarme que abriese la boca comenzando a follarme la garganta mientras empotraba mi cabeza contra el ventanal. Aumentaba que el ritmo y yo, literalmente, me ahogaba entre su polla y mis arcadas. La sacó de mi boca entre borbotones de babas espesas para tirar un primer borbotón de semen que pasó por delante de mi cara y se estrelló en la puerta de cristal del balcón por encima de mi cabeza. Los siguientes cuatro o cinco disparos de leche caliente de aquel macho impactaron violentamente en mi cara, boca y senos mientras se la meneaba con furia. Después, agarrando mi cabeza de nuevo, la metió en mi boca y saboreé los últimos restos de su corrida calentita.

- Vamos Lolita, levanta! - dijo mientras me levantaba del pelo extasiada y completamente pringada de su semen espeso.

Abrió la puerta del balcón y me empujó fuera cerrando la puerta de cristal tras de mi. Quedé fuera con mis tetas pegadas al cristal. Podrían verme totalmente desnuda y de aquella guisa todos los vecinos de enfrente e incluso los vecinos de la casa de al lado que compartían ese balconcito separado por unos barrotes de metal decorativos. Me entró una vergüenza inmediata y le pedí que me abriese.

- Ahora vengo. Voy abajo a por una cerveza. ¿Quieres una?. - diciendo aquello se marchó dejándome así.

Tardo sólo unos minutos que me parecieron eternos.

Recién se había marchado, estaba mirando alrededor comprobando que nadie me estuviese viendo, cuando oí una puerta de corredera que se abría. Instantáneamente vi aparecer en el balcón de los vecinos a su hijo Andrés. Era dos años mayor que el mío y habían jugado en casa juntos mil veces cuando eran más pequeños.

Salió sin camiseta y con un pantalón de chándal ancho que no escondía su erección.

- Joder, vecina, saltaba a la vista que estabas buenísima pero no me imaginaba que tanto. Vaya mujerón! - dijo mientras se manoseaba el paquete por encima del chándal.

Me di cuenta que me miraba de arriba abajo completamente desnuda e inmóvil, montaba en mis taconazos negros y llena de la corrida de Paco. Me ruboricé, sin saber qué decir, y me tape el coñito y los pechos como pude, dándome la vuelta.

- Ostias, vaya culazo! - siguió socarronamente. Menuda paja me he cascado oyendo el polvazo que te ha echado Antonio...y todavía la tengo dura... Quedó interrumpido por la entrada de Paco en la terraza con dos tercios de Cruzcampo y totalmente desnudo y con media erección aún.

- Hala, que no era tu marido! - exclamó Andrés.

- Mira, Lola, si tenemos compañía. Qué bien! - dijo riéndose, Paco.

- Eh, chaval, te gusta tu vecina? - continuó mientras me ofrecía una cerveza que cogí y a la que le di un trago tratando que no se me viese nada más.

- Pufff, está tremenda - respondió Andrés.

Paquito dio un largo trago a la cerveza y cogiendo la mía las dejó sobre una mesita baja y se sentó en una silla separando las piernas.

- Venga, putita, enséñale al chico cómo se come una mujer madura como tú una buena polla -ordenó.

No sabía donde meterme de la vergüenza pero pensé que de rodillas no me vería nadie más. Me arrodillé y comencé a lamer las pelotas de toro de Paco que estaba comenzando a pajearse. Después comencé a pasar mi lengua de abajo hasta la punta de su capullo y, agarrándola con las dos manos me la metí en la boca y comencé a mamarla. Gemía de placer.

- Qué te parece cómo traga esta hembra, chico? - miré a Andrés mientras seguía trabajando la polla de Paquito. Para mi sorpresa, Andrés tenía el chándal por los tobillos y estaba pajeándose mientras miraba el espectáculo con los ojos abiertos de par en par.

- Anda, Lola, vamos a ayudar al chico en su menester. - dijo Paco mirándome pícaro. Yo estaba tan cachonda que no podía pensar en alegar nada en contra.

Paco me acerco a la reja divisoria y dejándome de rodillas como estaba le dijo al chico "Vamos, chaval, no te cortes. Lo estáis deseando los dos. Acércate a que te la mame está zorra".

Me agarré con las manos a dos barrotes y Paco sujetó mi cabeza contra ellos. Andrés sin dudarlo acercó su polla a mi boca y yo la abrí para darle la bienvenida a la primera estocada que metió en mi garganta. El chico gemía en cada embestida. Me estaba follando la boca el hijo veinteañero de mis vecinos y amigo de mi hijo durante la infancia...y yo, mientras, me estaba taladrando mi coño empapado y caliente con mis dedos y gimiendo como una perra en celo.

Paco se dió cuenta de que el chico no iba a aguantar mucho más sin correrse en mi boca y me apartó de él.

- Joder, chaval, ahora le toca a Lola ordeñarme el nabo otra vez. Si quieres terminar salta los barrotes y follátela a cuatro mientras me la come. Seguro que está deseando que se corra el vecino jovencito en su coño. Puedes correrte dentro tranquilamente.

Paco ya estaba acomodado en la silla tomando la cerveza y yo con su pollón en la boca con la cabeza entre sus piernas. Andrés había saltado como un relámpago y se había colocado tras de mi viendo cómo tragaba verga. Paso sus dedos por mi raja mojada.

- Ostras vecina, cómo lo gozas! Ese coño pide polla. - dijo Andrés justo antes de sentir cómo embocaba su joven polla en la entrada de mi coño y la enterraba completamente dentro.

El metesaca rápido de Andrés me estaba llevando al borde de un nuevo orgasmo. Mis gemidos eran ahogados por el pollón de Paquito que comenzó a arquear las caderas hundiendo su polla todo lo que mi garganta aceptaba. Noté cómo los calientes chorros de semen inundaban mi garganta. Levanté el culo y lo moví en círculos apretándolo contra la polla de Andrés que no tardó en correrse en mi coñito.

- Toma toda mi leche en tu coño!. - decía mientras empujabaxcon sus caderas como intentando clavar su esperma en lo más hondo de mi sexo.

Noté los chorros de leche caliente y joven estrellándose en mi interior y fue la gota que colmó el tremendo orgasmo que volvía a inundarme.

- Aaaaaaah, joooder, siiiiiiiií. Andrés, por tus muertos, no vayas a contar nada de esto. Uffffffff, qué corrida me has echado dentro, chico!!

Andrés volvió a su casa por donde había aparecido y Paco, ofreciéndome la cerveza nuevamente y así arrodillada ante él, dijo "Bueno, lo del chico podemos obviarlo de lo que le contemos a Antonio - rió -. No te costará mucho que nos mantenga el secreto el chavalín".

- Vamos a tener un fin de semana muy divertido, putita - concluyó.

De pie retadora frente a él y chorreando por mis muslos la corrida del vecino, di un trago a mi cerveza y le dije "Eres un machirulo hijo de puta, Paquito, pero, nunca me han follado así. Uffff, me encantó. Este fin de semana te voy a dejar seco, cabronazo!".

CONTINUARÁ....