Mi novio me pidió que follara con su amigo (1/3)
Juan le había dicho que haría cualquier cosa, pero nunca imaginó que la prueba sería tan real. Con el amigo de su novio a centímetros y la puerta cerrada, la línea entre la sumisión y el deseo se desdibuja en la oscuridad del dormitorio.
Este cuento formará parte de un nuevo libro, que será la precuela del libro de relatos eróticos que se encuentra publicado en Amazon, titulado “Historia de Ana. Doctora y algo más”
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Vamos al relato:
Mis primeras relaciones sexuales ocurrieron cuando tenía dieciséis años, y no fueron completas. Con un primo de mi misma edad, cuando nuestros padres dormían la siesta, en mi casa o en la suya, nos acariciábamos mutuamente. El metía sus dedos en mi vagina y en mi culo, y yo le hacía una paja o le metía mis dedos en su culo.
Luego avanzamos. El metía su boca en mi coño y tuve mis primeros orgasmos. Yo le chupaba su polla, hasta que se corría en mi boca. El semen me agradaba, lo tragaba todo.
Mi primera relación completa ocurrió cuando terminaba el bachillerato ya con dieciocho años. Un compañero de colegio, una noche, debajo de las gradas del estadio de futbol, hizo a un lado mis bragas, y sin quitármelas, me folló.
Desde ese momento comencé a follar de verdad. Disfrutaba, y hacía correrse a quien estuviera dentro de mí, fuera en el coño, en el culo o en mi boca.
En estos momentos casi terminaba mi primer curso en la universidad, tenía un novio, de nombre Juan, a quien había conocido en la misma facultad, aunque en cursos distintos.
Yo aún vivía con mis padres. MI novio provenía de otra ciudad. Por ese motivo sus padres le habían alquilado un piso cerca de la universidad. Allí follábamos un día sí, y otro también, y en algún fin de semana me quedaba a dormir.
Tenía buen físico, y me gustaba. El disfrutaba de mi cuerpo, de cualquier forma, y tenía una especie de fijación con mi trasero. Le gustaba follarme por atrás, y como yo también lo disfrutaba, lo dejaba hacer. Siempre decía que mi culo era suyo, como si fuera de su propiedad.
En esta época, había comenzado a decir que podría dejar que otros hombres me follaran, pero nunca por el culo, que era suyo.
El sábado a la tarde nos encontramos en los jardines de la universidad, fuimos a su casa, para luego ir a bailar o simplemente tomar alguna copa. En el camino se agregó Luis, un amigo de mi novio, y de los pocos amigos de Juan, que era humilde y agradable.
Apenas llegar Luis se instaló a jugar a la Play. El no tenía ese juego, y cuando venía a casa de Juan, aprovechaba para jugar en él. Cogí tres cervezas de la nevera, entregué una a cada uno, y otra para mí, y me acomodé en el sofá del salón.
Juan se sentó a mi lado, y comenzó a besarme. Cuando además de sus besos comenzó con sus caricias en mis tetas, piernas, y procuraba llegar a mi vagina, intenté detenerlo, con la excusa que allí estaba Luis.
—Juan, está Luis aquí—, le dije en susurros.
—Luis está jugando, de espaldas a nosotros, con los auriculares puestos, podríamos follar aquí, y no se enteraría.
Una mano de mi novio estaba debajo de mi falda, acariciando mi vagina sobre las bragas, y mi temperatura iba en aumento.
—Por favor Juan…no sigas….ahhh…—, no pude evitar emitir un suspiro sofocado. Mi novio había metido su mano dentro de mis bragas, y acariciaba directamente mi vagina.
—Nooo…Juan…, por favor…Luis se va a dar cuenta….ahhhh.
Continuaba con una mano masajeando mi clítoris, y con la otra había sacado su polla, que ahora estaba al aire, y a mi vista.
Tuve ganas de metérmela en la boca. Me contuve, su amigo estaba a escasos metros.
—Vamos chúpala.
—No Juan, no puedo está Luis….ahhh…. no sigas—, ahora tenía dos dedos dentro de mi vagina, que entraban y salían, masturbándome, y si continuaba iba a tener un orgasmo allí mismo, sobre el sofá.
— ¿No te gusta mi polla? ¿No tienes deseos de mamarla?
Me hacía esas preguntas, sabiendo que me gustaba hacerlo, pero no podía con Luis allí, de espaldas a nosotros.
—Claro que me gusta, y tengo deseos de hacerlo, pero no puedo hacerlo frente a Luis. Por favor….ahhh—, sus dedos de hundían dentro de mi coño —Vamos al dormitorio…por favor….vamos, y haré todo lo que desees….
— ¿Harás lo que te pida?
—Sí, cualquier cosa, pero por favor no sigas…ahhh….si continúas me voy a correr aquí mismo…., aggg…., vamos a tu dormitorio.
Se puso en pie, tomó mi mano, me condujo al dormitorio, entramos, cerró la puerta, y en forma casi desesperada nos desnudamos.
Se acostó boca arriba, me trepé a horcajadas sobre sus piernas, fui directo a su polla, que estaba erguida, apuntando al techo; y sin detenerme me la metí toda, hasta mi garganta. Conocía como hacerlo, y sabía que Juan gozaba con ello.
Al retirarla chupé suave al inicio, y luego fuerte, apretándola con mi boca, y mi lengua, antes de sacarla. Otra vez avancé y la volví a meter, esta vez hasta el fondo. Juan se quejaba satisfecho, y yo se la chupaba con gusto, con fruición.
Ya me había tragado su líquido pre seminal. Pronto eyacularía.
No lo hizo, con sus manos me detuvo, y la retiró de mi boca.
—Ana, acuéstate. Voy a buscar gel lubricante. Lo tengo en el baño—, y diciendo esto, salió y cerró la puerta, dejándome acostada, deseosa, esperando lo que ocurriría. Me follaría por el culo, y por ese motivo fue en busca del gel.
Demoró más de lo esperado, y cuando regresó, y yo me colocaba boca abajo, me detuvo, y dijo: —Espera, aún no, quiero prepararte más, quiero besarte mucho, recuerda que me dijiste que si veníamos al dormitorio me dejarías hacerte cualquier cosa.
Recordé que en el sofá, cuando tenía sus dedos dentro de mi coño, se lo había dicho; y ahora no sabía que sería «hacerme cualquier cosa».
Se acostó a mi lado, bajó una mano a mi vagina, que estaba empapada de mis jugos, y al mismo tiempo me besaba los pechos, apretando mis pezones con sus dientes. Aquello me gustaba, y comencé a gemir, y empujar con mis caderas, para que la penetración de sus dedos en mi coño fuera más profunda.
—Recuerda siempre que tu culo es mío. De nadie más. Dímelo.
—Es tuyo…ahhhh…sigue….sigue, me gusta.
—Puedo dejar que otro te folle, pero nunca por el culo. Dímelo.
—Si….sigue….ahhhh….por favor sigue…….
Y de pronto todo ocurrió. Luis entraba en el dormitorio desnudo, y se dirigía a la cama.
— ¡Ha entrado Luis!—, grité, al mismo tiempo que intentaba cubrir mis pechos con una mano y con la otra mi vagina, que ya estaba ocupada por la mano de Juan.
—Si Ana. Yo le dije que podía hacerlo, que tú me dijiste que harías lo que te pidiera.
—Juan. ¿Qué van a hacerme?
—Hacerte gozar.
—No Juan, no puedo….ahhh….
Juan había hundido sus dedos en mi coño, y refregaba fuerte mi clítoris. Las pulsaciones regresaban a mi vagina.
—Por favor…no lo hagas….no sigas…ahhhh…. Dios, no podré…ahhhh…no podré contenerme…., y está Luis…me da mucha vergüenza.
—Ana voy a retirar mi mano, y Luis meterá su lengua. Déjalo hacer. Te gustará—. Y lo hizo, Juan retiró su mano, Luis se trepó a la cama, y su boca fue directa a mi vagina, la que rezumaba jugos y estaba empapada. Intenté detenerlo empujando con mis manos su cabellera, que era lo único que tenía mi vista. No lo logré. Juan con firmeza, tomó mis manos y las retiró, y Luis terminó de hundir su boca en mi coño.
—Ana, aflójate, déjate hacer.
Juan me hablaba a centímetros de mi cara, besándome. Yo me mantenía tensa, tenía miedo, vergüenza, y temor de perder el control, y que ocurriera cualquier cosa.
Juan continuaba hablándome suave, sin dejar de besarme. —Ana, Ana, déjate hacer. Te chupará el coño, te correrás, y lo disfrutarás.
Luis pasaba su lengua por los labios de mi vagina, una y otra vez, y cuando llegaba arriba apretaba mi clítoris entre su lengua y sus labios, y chupaba. ¡Por Dios! ¡Como lo hacía!
Mi cuerpo tomó el control, casi me olvidé que era Luis quien estaba entre mis piernas. El calor comenzó allá en lo más profundo de mis entrañas, subió hasta mi garganta y salió expedido por mi boca en un fuerte gemido.
—Agggg….., nooo…… Juan no lo dejes….ahhhh…. si sigue me voy a correr….., no lo dejes, me da vergüenza….
—Suéltalo Ana, córrete. Quiero ver cómo te corres con la boca de otro hombre en tu coño. Vamos córrete para mí.
—Ahhh….detenlo, si continúa me correré….nooo….aggg…—.
Y aquella boca se detuvo, retirándose de mi vagina.
Suspiré aliviada, cerré los ojos, y recibí en mi boca la de Juan, quien me besaba con pasión, sin dejar de estrujar mis tetas.
Aquello fue sólo un momento de paz. Todos mis sentidos se alertaron por la sorpresa, de algo que no esperaba: La polla de Luis se apoyaba en la entrada de mi vagina. ¡Me iba a follar!
—¡Noooo!—. Grité, abriendo mis ojos, ante lo que ocurría. — ¡Juan! Tengo la polla de Luis en mi vagina. ¡Me va a follar!
—Tranquila Ana. Me dijiste que harías lo que te pidiera. Bueno te lo pido, déjate follar por Luis, está muy empalmado, será rápido.
Como toda mujer en algún momento había imaginado que me follaban dos o más hombres, al mismo tiempo, por delante y por detrás. Algo que aún no había ocurrido. Esa situación debía organizarse de antemano, la mujer tenía que desearlo. Es cierto, lo había imaginado o soñado, pero hoy no estuvo presente, no sabía que ocurriría, y no estaba pronta, ni preparada para esto.
—Juan, no. Por favor….no lo dejes…Conozco a Luis, no me animo….me da mucha vergüenza….noooo…….ahhhh…..— No pude contener otro gemido. Luis había apoyado la parte inferior de su polla en toda mi vagina, y se movía adelante y atrás. Su cabeza y su tronco refregaban, una y otra vez, sobre mi clítoris, y aquello volvía a excitarme.
—Ana, déjate follar, te gustará. Vamos—. Mientras me hablaba tratando de convencerme que lo hiciera, apretaba mis tetas hasta hacerme doler, y luego tomaba mis pezones que estaban duros entre sus dedos, y los retorcía, provocándome más gemidos.
—No puedo. Siento mucha vergüenza. No me lo pidas……Ahhh… ¡Noooo!—. La cabeza de aquella polla había entrado, ya estaba dentro de mi coño, y era grande y gruesa.
— ¡Juan me la está metiendo! ¡Me va a follar!....ahhhh…no puedo, tengo vergüenza aquí contigo….ahhhh……
—Ana será rápido, sólo un momento. El tiene muchas ganas, terminará rápido. Déjate follar.
—Me da vergüenza hacerlo frente a ti. Aggg…., si sigue me voy a correr…aggg… y no quiero hacerlo contigo aquí. Tengo vergüenza, mucha vergüenza….no podré…….
Luis había retirado apenas la cabeza de su polla, y cuando regresó, entró más, y era un tronco grueso, duro, más grueso que el de Juan.
—Juan no puedo…no puedo…, no puedo hacerlo frente a ti. Tengo vergüenza….noooo……Si quieres que lo haga vete….vete por favor…aggg…no me mires…., por favor.
Juan me miró con el deseo instalado en sus ojos, aflojó la presión sobre mis tetas, y lentamente se puso en pie, miró a Luis, y habló dirigiéndose a él.
—Puedes follarla, pero el culo no se lo tocas. Su culo es mío, sólo mío—, y luego de esas palabras se dio vuelta, salió del dormitorio y cerró la puerta tras de sí.
Ahora estaba sola, desnuda, sobre la cama de mi novio, con otro hombre encima, y su polla metida hasta la mitad en mi coño.
Luis no había hablado en ningún momento, tampoco había emitido sonido, y ahora se mantenía quieto con su enorme polla a medio meter. Volví mis ojos, y lo miré a la cara, entonces habló por primera vez.
—Ana, no tienes que follar con otro hombre, porque Juan te lo pida.
Me decía que no tenía porque hacerlo, cuando tenía su miembro dentro de mi coño, al cual momentos antes había chupado en una forma deliciosa, e hizo que casi llegara al orgasmo.
—Ana sólo tú lo puedes decidir.
Miré sus ojos, tenía una mirada tranquila y honesta.
—Si tú no quieres no lo haré—. Y junto con estas palabras comenzó a retirar despacio su polla.
Yo había estado a punto de correrme, de tener un orgasmo contra su boca, continuaba ardiendo de deseos, llevaba tiempo deseándolo, desde que Juan masajeaba mi coño en el sofá. La polla que aún tenía adentro era grande, gruesa y firme, mucho más potente que la de mi novio. Deseaba sentirla toda.
Entonces crucé mis brazos por su cuello, traje su cara hasta la mía, y en susurros junto a su oído le dije: —Quiero. Quiero que me folles. Tienes una polla majestuosa.
Luis retiró su rostro junto al mío. Estaba tranquilo, su mirada era serena, y cuando volvió a hablar, su gruesa voz trajo sensualidad en sus palabras.
—Ana, abre las piernas.
Esa simple frase lo implicaba todo. Me abriría para él, me ofrecería y me entregaría toda abierta y dispuesta para que me follara, sin limitaciones. Aún no lo sabía, pero esa frase la escucharía muchas veces en mi vida.
Lo hice y me preparé para recibir el resto de aquel grueso miembro. No ocurrió, Luis movió su pelvis a un lado y otro, acomodando su polla, dilatando mi vagina, preparándola para recibirlo por completo. Luis se presentaba como un amante atento, delicado, con experiencia. Lo contrario a lo tosco de mi novio, y más me agradó.
Cuando entendió que mi vagina estaba dilatada para recibirlo, empujó despacio, pero sin tenerse, más, y más, hasta que entró todo su enorme miembro dentro de mi coño.
El aire contenido en mis pulmones, salió expulsado en un profundo gemido—Aggg…., siiii….agggg….entró toda.
— ¿Te duele?—, preguntó, mientras comenzaba a retirarla despacio.
—Noooo….no…sigue…sigue….me gusta.
— ¿Cómo quieres que te folle?
Por Dios. ¿Existía un hombre así? Que se preocupaba por mis gustos, anteponía sus deseos a cumplir los míos.
—De cualquier forma….aggg…. —, volvía a meterla lento hasta el fondo. —Fóllame como quieras…gózame toda…., hazlo como tú lo desees, no te contengas. Yo lo disfrutaré.
Apoyando sus manos en la cama, sin aplastarme con su cuerpo, impulsándose sólo con sus caderas, inició un movimiento de vaivén, metiendo y sacando su polla de mi coño. Lo hacía despacio, y yo sentía como su tronco rugoso rozaba mi interior, ocupándolo todo, entrando y saliendo, y al llegar al final, subía y bajaba refregando mi clítoris.
Quería hacerme gozar a mí, estaba atento a los deseos de mi cuerpo. Todo el calor regresó, también las pulsaciones en el fondo de mi vagina. Si continuaba me iba a correr.
Tomó mi mano, la llevó hasta su polla, enroscó mi mano en ella. Era tal como la sentía. Gruesa, dura, firme. Luego puso mi mano sobre mi clítoris, y dijo:
—Acaríciate, quiero verte como lo haces.
Cumplí su pedido, puse la yema de mis dedos sobre mi clítoris, hinchado y duro, y comencé a acariciarlo. El no dejó de meter y sacar su miembro, despacio, lento, sin detenerse en ningún momento.
Y ocurrió lo que era previsible, mi orgasmo se acercaba, sentía las primeras pulsaciones. Fueron bajando desde lo más profundo de mi matriz, y cuando llegaran a mi coño, explotaría en un orgasmo. Sería grande y profundo, entonces subí mis piernas, las crucé sobre su espalda baja, y le pedí.
—Me voy a correr…, ahhhh….., fóllame fuerte…., más fuerte…., con todas sus ganas….agggg….por favor….
Luis tomó mis piernas, las colocó sobre sus hombros, y embistió como se lo pedí, con todas sus ganas, y aquella poderosa polla llegó más hondo aún, hasta el final, y lo hizo una y otra vez, y me corrí.
Gimiendo, gritando, retorciéndome de placer, y tapando la boca con mis manos. Intentaba evitar que Juan, fuera del dormitorio me escuchara, y entre gritos y gemidos ahogados, comencé a pedirle más y más.
— ¡Me corrooooo….! Toda, me estoy corriendo toda….agggg…..sigue…sigue, por favor sigue así. Fuerte, dame más, mas fuerte…..ahhhhhh…..me sigo corriendo toda…..toda….
Las contracciones de mi vagina apretaban y soltaban aquel miembro que todo lo ocupaba, una y otra vez, sin detenerse. Luego continuaron, ahora más alejadas una de otra, calmándose, hasta que se detuvieron.
Recién allí quité las manos de mi boca, abrí los ojos, y frente a mí, tenía un par de ojos pícaros, sonrientes, que estudiaban mi reacción, sabiendo que me había hecho gozar en forma abundante.
No salían palabras de mi boca, había disfrutado, me había corrido como pocas veces, intenté mostrárselo, y sólo pude decir: —Luis….Luis…
El habló impidiendo que continuara.
—Ana. ¿Puedo correrme dentro de ti?
No se había corrido, hasta ahora había atendido a mis deseos, conteniéndose, poniéndome en primer lugar. Este hombre continuaba mostrando hermosas facetas. Traté de poner en mi mirada, todo el placer que había recibido y le dije:
—Siiii…. Hazlo todo adentro. Quiero sentir como te corres dentro de mi coño, llénalo con tu leche.
—Mírame. No dejes de mirarme—, me dijo, y reinició sus empujes. Sentía como su miembro se hinchaba, y cuando lo tenía metido allá, en el final, se tensó, y comenzó a expulsar chorros de semen, calientes, muy calientes, que golpeaban el fondo de mi vagina.
—Mírame Ana…mírame…aggg…..me estoy corriendo, ahora….agggg…. adentro….todo adentro de ti….
Cuando terminó, bajé mis piernas. Le pedí que se aflojara, que apoyara todo su cuerpo sobre el mío. Sentí su corazón latir como un galope alocado. Esperé, y esperé hasta que se calmara.
Me había corrido como pocas veces lo había hecho antes, con otro hombre follándome, mientras mi novio esperaba fuera del dormitorio. Luego este hombre se había corrido dentro de mí, y aún tenía su semen, inundando toda mi vagina.
¿Qué locura había hecho? ¿Por qué lo había hecho? Porque mi novio me había incitado, me había insistido, y me había convencido que lo hiciera. Luego mi cuerpo había tomado el control, y no hubo marcha atrás, perdí todo razonamiento, se encendió la pasión y el desenfreno, no pude impedirlo, no pude negarme. Llegado a ese punto podrían follarme, sin importar quién me lo hiciera.
Aún no sabía que en el futuro, durante muchos años más, cualquiera que deseara mi cuerpo, y me besara, acariciara o me metiera mano, lograría excitarme hasta perder el control, y me abandonara. No porque lo hicieran contra mi voluntad, simplemente no podría contenerlos, no podría negarme, aquello me gustaba; y me dejaría follar por cualquiera, de cualquier forma, una y otra vez.
—Ana debo irme.
Luis y sus ojos sonrientes de picardía, me quitó aquellos pensamientos. Retiró despacio su polla, y antes de levantarse de la cama, me dio un beso en la frente.
—No—, tomé su rostro entre con mis manos, acerqué mis labios a los suyos, los abrí, y lo besé deleitándome con su boca y su lengua.
—Ahora sí, puedes irte. Aún tienes en tu boca el sabor de mi vagina.
—Intentaré guardarlo para mí—, diciendo esto se levantó y salió del dormitorio.
Mi novio Juan debió verlo salir, porque lo escuché venir hacia el dormitorio, entró, y sin cerrar la puerta, y para que Luis escuchara dijo: — ¡Ana, ponte boca abajo que te voy a follar por el culo!
Me coloqué boca abajo, puse un cojín debajo de mi pelvis, para dejar mi trasero bien expuesto, y antes de terminar esa tarea, ya tenía dos dedos embadurnados de gel metiéndose por mi esfínter.
Luego sin esperar, puso la cabeza de su polla en la entrada de mi culo, y empujó sin compasión, hasta que la enterró toda.
Me folló duro. No llegué al orgasmo, y cuando Juan se corrió dentro de mi trasero, volvió a decirme. —Tu culo es mío, para que sólo yo lo folle, y siempre.
Pensé que esa palabra: «siempre», era relativa. Algo que ni Juan, ni nadie podía garantizar.
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