Xtories
Confesionesago 2024

Aquella noche en el Hostal (1/2)

La noche en el hostal prometía descanso, pero el aire cargado de deseo lo transformó en una trampa de placer prohibido. Mientras su novia dormía, David descubrió que la tentación no reside en la fidelidad, sino en la audacia de cruzar la línea cuando nadie mira.

cultoydotado5.4K vistas

Me llamo David y mi segundo apellido es Wallace. Es una extraña combinación si eres Español y te gusta leer.

Esta es mi primera confesión en Todorelatos y sucedió cuando yo tenía 27 años en un hostal de Londres.

Por aquel entonces tenía una pareja preciosa, siempre he tenido mucha suerte con las mujeres. Lorena era una chica rubia, de pelo corto y ojos de un azul intenso muy similar a un mar embravecido. Por aquel entonces llevábamos 3 años juntos y sabíamos en el fondo que la relación no iba a durar mucho más. Ella, por cuestiones de trabajo, se mudaría allí, a Londres, ese verano. Yo fuí con ella para ayudarla a encontrar piso, a instalarse, a que no se sintiera tan sola en definitiva. Pero, por mi trabajo, yo sabía que tenía que quedarme aquí en España y por experiencia sabía que las relaciones a distancia no suelen funcionar. En cualquier caso, allí estabamos en un hostal de Londres dedicado a la protección de los wombats. Puede parecer un chiste, pero aquel lugar existía y la primera noche no tardamos en dormirnos.

Estabamos muy cansados por el viaje. Cuando llegamos a nuestra habitación, conocimos a Sandra y Lloyd, una pareja de Australia que vino de vacaciones. Debían doblarnos la edad. Ella probablemente tendría unos 40 y pocos años y él unos tantos más. En realidad no me fijé mucho en él porque Sandra, en sus treinta y muchos o cuarenta y pocos años, tenía un cuerpazo tremendo, habría jurado que hacía ejercicio todos los días. Unos muslos anchos y tersos, unas caderas amplias, unos pechos firmes que dejaba ver a través de un canalillo pronunciado y unos ojos oscuros muy profundos. Nos saludamos cordialmente, dejamos nuestras cosas allí y nos marchamos a buscar pisos. Antes de marcharme eché un último vistazo al culo de Sandra. Me echó una mirada divertida, como si comprendiera perfectamente que, a pesar de tener una novia joven y guapa, me encantaría entregarme a ella.

Después de un infructuoso día de búsqueda, siempre buscar piso es un suplicio, volvimos al Hostal y fuimos directos a la zona común para prepararnos algo de comer. Allí había una cocina de uso compartido y como diez grandes mesas en un patio interior donde poder comer al "aire libre" de Londres. Preparamos un par de sandwiches y salimos fuera. Poco después volvieron Sandra y Lloyd y se unieron a nosotros. Estuvimos hablando un poco de todo: de la ciudad, de nuestros trabajos de nuestras intenciones. Eran una pareja interesante y divertida. Ella dijo que era instructora de Yoga, él...de nuevo, lo siento, no puedo recordar. En aquel punto yo estaba completamente obsesionado con esas piernas, esos pechos y esos ojos oscuros que hacían de Sandra mi última y más viva obsesión.

Todo aquel o aquella que ha vivido una relación lo suficientemente larga sabe, que por muy cachondo o cachonda que te ponga tu pareja, por muy bien que te coma la polla, que te lama el coño, que te monte o te empotre, siempre hay un punto en el que el morbo se apodera de ti. A mí siempre me pasa: con sus amigas, con sus hermanas, con sus madres, con sus hijas, con sus vecinas, con sus instructoras de yoga...en aquel caso fue con una auténtica desconocida en el que sería nuestro último viaje juntos.

Sandra y yo mantuvimos una conversación bastante interesante sobre literatura y cine, Lorena y Lloyd hablaban de otras cosas. Yo estaba enfrascado en esos ojos profundos y oscuros, en ese pelo azabache y en esas tetas que no paraban de votar dentro de una camisa de lino. Ella tampoco paraba de mirarme fijamente, notaba sus ojos recorriendo mis músculos en la camiseta, observando atenta mi pecho y, de tanto en tanto, noté como miraba a Lorena, quizá pensando que podría pillarla babeando por mí. Quizá tan solo estaba deseando montarse un trío con nosotros. Sé que ella también estaba caliente, cachonda y me deseaba cuando, después de otro vistazo, quizá más evidente, a su escote, ella se desabrochó un botón más de la camisa y comenzó a morder su labio inferior.

La cosa es que acabé empalmándome allí mismo, notaba mi polla a punto de reventarme los vaqueros. Sandra debió percatarse de aquello porque, en algún punto, miré hacia abajo, un poco sudoroso, y ella sonrió entre dientes. Creo que todo aquel juego, con nuestras parejas a nuestro lado la ponía a mil.

En aquel momento Lloyd le dijo a Sandra que estaba muy cansado, que se iba arriba a dormir, y ella le contestó que se quedaría un poco más "con estos jóvenes" tomando una última. Lloyd se levantó y lorena notó al despedirnos que mi polla estaba completamente enorme bajo mi pantalón. Cuando volvimos a sentarnos, noté su mano acariciando mi polla con suavidad, no le pregunté en aquel momento pero sé que le ponía completamente cachonda saber, que me había empalmado hablando con aquella mujer que casi nos doblaba en edad. Sandra no notó cómo la mano de mi chica seguía paseandose por encima de mi pantalón mientras hablábamos, pero siguió hablando de temas bastante vanales con sus turgentes pechos casi al descubierto. Cuando estaba ya a punto, muy a punto de correrme bajo el pantalón, paré la mano de Lorena entrelazándola con la mía y esto pareció divertirle mucho. Recuerdo que Sandra dijo en inglés algo así como: "Bueno, voy a irme a dormir ya, así os dejo un poco solos".

Lorena me preguntó "si esa mujer te ha puesto tan, tan cachondo" y le dije que "no sabía de lo que hablaba". Reimos juntos, terminamos nuestra copa y subimos a la habitación.

Cuando volvimos a la habitación Sandra y Lloyd ya estaban en su cama, durmiendo. Nos cambiamos en el baño y, mientras Lorena se desmaquillaba, yo comencé a observar a Lorena en la otra cama. Hacía calor y no llevaba nada de ropa debajo, se había desarropado y podía ver perfectamente sus muslos desnudos, su tanga, su abdomen plano y una camiseta blanca ceñida en la que se marcaban sus pezones. Oía en el baño a Lorena trastear con su maquillaje y no pude contenerme. Baje el brazo y y comencé a acariciar mi polla por encima del boxer. Mi pene se levantaba más y más alto, casi al ritmo de la respiración de Sandra. Parecía que la pareja estaba profundamente dormida, así que probablemente ella no alcanzaba a oir el roce de mi mano con mi polla y el de la sábana. Yo trataba de contener mis jadeos mientras me acariciaba, todavía con cuidado ya que sabía que Lorena no tardaría en volver del baño.

Estaba TAN cachondo observando esas piernas, esos muslos, esas caderas...esa mano que baja lentamente hasta su tanga, que entra dentro de su tanga y comienza a acariciar el coño. Esas tetazas rebosantes, esa otra mano que acaricia su pezón. Esos ojos oscuros, abiertos observando cómo me toco para ella.

Sandra, despierta, se tocaba observando cómo me masturbaba, se relamía el labio superior, pude ver como su coño poco a poco comenzó a mojarse con su mano dentro, con sus dedos dentro de sus labios. Sacó uno de sus pechos de la camiseta y comenzó a amasarlo, casi podía notar su tacto suave en una de mis manos. Saqué también mi polla del boxer y cuando la vió, enorme, dura, temblorosa, agitándose en mi mano, lanzó uno de esos suspiros cargados de ganas de sexo y comenzó a tocarse con más y más ganas, bocarriba, con las piernas arqueadas y su cabeza mirando hacia mi dirección, sin perder la vista de mis ojos y mi polla alternativamente.

Yo estaba tan cachondo, tan caliente, que dejé de pensar en Lorena y en el marido de Sandra. No sé cuánto tiempo había pasado desde que Sandra y yo comenzamos a masturbarnos pero yo necesitaba más, necesitaba más y me incorporé en mi propia cama, sentado seguí masturbándome para Sandra. Me quité el boxer por completo y Sandra, aún tumbada, pudo ver mi polla fantástica gigantesca, moverse con deseo entre mis manos. Ya no podía evitar morderme el labio, jadear bajo y hacer sonar mi brazo chocando contra mi pelvis mientras me masturbaba. Sandra ponía una cara de guarra como pocas he visto, se lamía, relamía, mordía, se agitaba, se retorcía...pero su marido parecía no enterrase de nada.

Tampoco ni ella ni yo nos enteramos de los pasos de Lorena hasta que ya estaba de rodillas delante mío y comenzó a mamar mi polla. Me dió un vuelco al corazón que se pasó muy pronto cuando mi polla bien mojada entró en su boca. Vi los ojos azules de Lorena casi brillando en la oscuridad. Sandra seguía tocándose, ahora con más ganas, aún tumbada en su cama. Lorena, con una de sus manos amasando mis huevos y su boca haciendo lo que mejor se le daba hacer, comenzó a mirar, cachonda como una perra a Sandra. Yo sujetaba el pelo corto de mi, por entonces novia, con ganas, en sentido del movimiento, pero no paraba de mirar a Sandra. Por fin, la mujer se incorporó un poco en la cama, sin atender a su marido que parecía no saber nada de lo que estaba pasando, dormido profundamente, y se abrió bien de piernas en la cama, se quitó la camiseta y dejó a la vista esas tetazas que me hicieron resoplar tanto aquella noche. Siguió masturbándose. Los sonidos cada vez eran más y más guarros, más calientes. Mi chica se esforzaba por sacarme toda la leche, sandra se esforzaba por no gritar mientras se acariciaba más y más rápido. Por fin se decidió a arrodillarse junto a nuestra cama, cara con cara a Lorena y mi chica le cedió mi polla ahora completamente rebosante de su saliva a Sandra que no dudó en metérsela hasta el fondo con más ganas que nunca.

Me agarró bien fuerte de los brazos y siguió mamando, con más y más ganas, yo ya no podía parar de gemir en voz alta viendo cómo Lorena se tocaba en el suelo y cómo Lloyd, se despertaba y comenzaba a atar cabos de lo que estaba ocurriendo...