Xtories

Sexo con un policía dentro de un bus

El bus avanza hacia la oscuridad y la soledad del camino. Un desconocido se sienta a su lado y, con palabras dulces y manos audaces, desdibuja los límites de su fidelidad. Bajo la manta y el silencio de la noche, el riesgo de ser descubiertas enciende una pasión que ella no sabía que guardaba.

andrea16K vistas9.1· 7 votos

Queridos amigos lectores: Mi nombre es Andrea, es nombre ficticio de verdad, lo demás es real, tengo 32 años de edad actualmente, soy casada, mido 163 centímetros de estatura, 65 kilogramos de peso, contextura mediana, buena pierna con unas buenas nalgas como una buena hormiga culona, unas tetas talla 34 b, mi piel es clara, mi cabello es lacio color miel, lo tengo corto en este momento, mis ojos son café claros, en fin tengo gracias a Dios, un buen cuerpo, unos atributos que muchas envidian y los hombres desean, mi cuerpo me encanta, sé que no pasa desapercibido, ya que cuando voy por la calle recibo muchos piropos unos muy bonitos, otros un tanto pasados y hasta morbosos, recibo también miradas, gestos y otras cosas de parte de los hombres y algunas mujeres que botan su cabeza para mirar o envidiar, tampoco tengo hijos debido a que cuando niña me practicaron un aborto en una clínica clandestina, allí me sacaron la matriz, por ese motivo no puedo concebir.

Mi esposo es un buen hombre, 2 años mayor que yo, de 180 estatura, de 72 kilos de peso, trigueño, pelo crespo y negro, delgado, bien aspectado en todos los sentidos, las chicas lo ven y no son indiferentes a sus gustos, llama la atención de ellas en todos lados, profesional, trabajador, juicioso, bueno en la cama, sé que me la ha jugado varias veces, lo he perdonado porque aprendí a pagar con la misma moneda. Aquí sólo quiero desahogarme de estos recuerdos, revivirlos y compartirlos con aquellos que buscan algo de diversión por este medio, dejo constancia de que mis relatos son verídicos y no sacados de la fantasía de alguien.

Hoy les contaré cómo fui convencida por un policía, para tener sexo dentro de un bus interdepartamental en la ruta de Bogotá a Bucaramanga.

Me encontraba en la capital haciendo algunas compras y visitando un familiar que estaba internado en el hospital San Carlos, aproveché también para visitar algunas amigas del colegio con quienes aún sostenemos conversaciones. Cierto día decidí viajar en la noche pues es más cómodo y placentero, de día es mucho tráfico vehicular, mucho sol y calor, llegué a la terminal de la 170 a eso de las 8 y 30 de la noche, comencé a preguntar por horarios y precios, como no era temporada alta, hacen descuentos generosos.

Elegí un bus que iba en ruta hacia Barranquilla, considero que tardaría más de 24 horas ese recorrido, yo iba hasta Bucaramanga. Me asignaron una silla disponible a eso de la mitad de un bus de unos 40 pasajeros, cuando eran parejas los sentaban lado a lado, cuando eran pasajeros solos como mi caso, en una silla sola. En la silla de al lado se sentó un muchacho de unos 27 años, cabello corto, alto, de por lo menos 1.75, delgado, ojos claros, bien arreglado, su perfume era fino, de paco Rabanne, acomodó una maleta en la parte superior y me dijo que si quería me acomodaba la mía para que fuera más tranquila, me negué pues ahí echo mi celular y el celular de infidelidades.

Se acomodó y siguió ofreciendo charla, de que hasta dónde iba yo, que si viajaba sola, que esto y lo otro, yo trataba de ser tajante en mis respuestas, pero ese tipo no se daba por vencido, echaba más lengua que perro tomando sopa caliente. En un descuido del conductor se subió una muchacha a ofrecer artículos, cargadores de celular, cobijas de viaje, almohadas de nuca y otros artículos, ese tipo compró una manta que llevaba esa vendedora, la de medidas más grande, la destapó y se cubrió con ella, como haciéndome fieros con ella, para justificarse dijo: es que de noche hace frio o ponen el aire acondicionado muy alto, yo sabía que eso era verdad, pero llevar ese artículo es una maleta más cuando el viaje termina, otro estorbo.

Arrancó el bus con menos de la mitad de ocupación, el tipo este seguía insistiendo en mantener la conversación, más adelante me dijo que lo dejara sentar a mi lado para hacernos compañía, que era un viaje muy largo y así evitábamos el aburrimiento, acepté por tener con quien charlar por lo menos. El tipo muy atento me ofreció parte de su manta – cobija que había comprado, al estirarla para alcanzarla, nuestras manos se encontraron, uy que manos tan suavecitas, pero están algo frías, arrópese bien, me decía cariñoso, me va a tocar abrazarla para darle calor y que vuelas a la vida, me decía el muy coqueto, yo una señora completa.

Yo me reía y le decía, estás trabajando en tierra árida, soy una mujer casada y respeto a mi marido, la risa sería porque en el fondo sabía que eso era mentiras, pero eso no le importaba al tipo este. Después de que me interrogó hasta cansarse, me contó que era policía, que iba a presentarse a Bucaramanga y no sabía dónde iba a ser destinado, que era soltero y no tenía compromisos amorosos con nadie, eso era una mentira, pero tampoco me importaba.

Siguió la conversación y le pregunté por su loción, que olía muy delicioso, me dijo que él sentía igual por la mía, que yo olía muy sexy, le dije que cómo era eso, respondió que era que se sentía atraído de manera irresistible, que no pasaba desapercibida en ninguna parte, que me estaba poniendo cuidado desde cuando estaba en las taquillas de las empresas cotizando el pasaje y que esperó para subirse a la misma ruta que yo tomara, que había quedado descrestado por mis atributos y otras cosas que decía y repetía con gracias que me hacían tener una sonrisa permanente, pues yo trataba de seguirle la cuerda.

El viaje siguió hasta llegar a un sitio a cenar, un receso para todos, comprar alguna golosina, ir al baño o cenar algunos, yo consumí agua de panela con almojábana, típico de esa región. Todo lo pagó el tipo este, igualmente hizo más comprar para que consumiéramos en el resto del trayecto, la confianza iba en aumento a cada momento, dentro del bus compartíamos de esas bebidas y golosinas como buenos amigos, con mucha camaradería y familiaridad.

Las luces se fueron apagando a medida que entraba la noche, desde el puesto del pasillo donde me encontraba sentada, pude apreciar que todos los demás pasajeros se habían acomodado para dormir, unos abrigados con mantas igual a la que compró el policía, otros dormitaban para llamar sueño. Le dije, ya callémonos y tratemos de dormir un rato también.

Nos cubrimos la cabeza para evitar un poco las luces, él metió su mano por detrás de mi nuca y me acomodé en su pecho oloroso a perfume paco Rabanne, Invictus me dio que se llamaba, él me apretó fuerte y me dio un beso en la cabeza y otro en la mejilla, protesté por esa confianza de besos, al disculparse lo hizo cerca a mi oído, cuando me dijo perdón, es que no pude evitarlo, un escalofrío me recorrió todo mi cuerpo, mis labios vaginales parecían un diapasón replicando esos corrientazos, me quedé como petrificada y el policía aprovechó para besarme en la boca, no opuse resistencia, se me fueron las luces y le correspondí apretando sus brazos y permitiendo a mi lengua jugar con la suya. Supe que ya había caído en garras de ese policía desconocido y conquistador del cual ni siquiera supe su nombre verdadero.

Sus manos muy hábiles, una me agarraba con fuerza mi cabeza con el brazo que tenía en mi nuca recorrían mi cabello, la otra acariciaba mi costado y mi brazo, todo bajo la complicidad de la oscuridad de la noche y la manta sobre nuestras cabezas. Las manos de ese tipo sabían cuál era su destino final, llegar a mi entrepierna lo más pronto posible, sin evidenciar brusquedad o ser grotesco al intentarlo por el camino más recto y directo.

Por momentos nuestros labios se despegaban y los suyos recorrían mi cuello y su boca se echaba mi oreja dentro, cosa que me hacía estremecer y quejarme suavemente. No todo puede salir siempre a la perfección, en ese momento entró una llamada de mi esposo, rápidamente me tranquilicé para poder hablar normalmente, el tipo colocó su cabeza en mi hombro y me besaba con suavidad, su lengua me hacía cosquillas, eso me erizaba y me ponía muy caliente, mi esposo me preguntaba si estaba bien, me tocaba decirle que era por las curvas y saltos del bus.

Terminó la llamada y regresamos a lo nuestro, a mi puesto de infidelidad, una sonrisa nos afloró de los labios, nosotros en esas y seguramente mi esposo sintiendo algo de esas emociones a la distancia y por eso se vio tentado a llamarme. Por mí, ya no había vuelta atrás, volvimos a besarnos, nos escondimos debajo de la manta y de la manera más descarada dimos rienda suelta a nuestra calentura, nada ni nadie nos truncaría ese momento a menos que alguien nos delatara o el conductor se diera cuenta.

Su mano se deslizó por entre mis piernas, recorriendo mis labios vaginales por sobre el pantalón jean ancho, de bota ancha, que llevaba puesto ese día por mayor comodidad, qué caliente está por aquí, hay que llamar a los bomberos que echen agua, en ese momento le contradije, lo que necesitas es una manguera y le apreté su bulto entre las piernas, se sentía algo fuerte, pero aún faltaba un poco para quedar templado totalmente.

Con mi ayuda desabroché mi cinturón y los botones de ese cierre, le dejé que explorara lo mejor que pudiera, sabiendo que aún le quedaba incómodo, él hacía fuerza tratando de enterrar sus dedos y llegar a mi raja para poder tocar a su gusto y claro, darme a mí un poco de gusto también, al rato me compadecí al verlo sufrir y levanté mi cola un poquito para que mi pantalón se deslizara unos centímetros, así pudo llegar a mis labios, quedó sorprendido por su tamaño de mis labios y por no encontrar vellosidad, sacó sus dedos, creo que olió un poquito y se los llevó a la boca para chuparse esos dedos afortunados que lograron ingresar a mi gruta vaginal. Esto es un manjar de Dioses, atinó a decir, está en su punto como a mí me gusta.

Él se desabrochó su pantalón y se lo bajó junto con sus calzoncillos, hasta más o menos las rodillas, me agarró una de mis manos y la puso sobre su miembro húmedo por los líquidos que estaban saliendo por su cabecita, comencé a pajearlo con la mejor velocidad que pude, luego me incliné y comencé a mamarlo, una de sus manos la sentía en mi cabeza y otra en mi espalda, por momentos, los saltos del bus me ayudaban a tragármelo todo, aunque eso no se me dificultaba, al rato me incorporé, para conocer cuál era la siguiente jugada, el siguiente movimiento o la siguiente postura, el tipo sacó un condón, lo abrió, con mi ayuda se lo puse, lo pajeé un poco, luego me dejé escurrir asegurando mis pies en el descansa-pies, mi colita quedó en el filo del asiento, entenderán que esos asientos se reclinan bastante hacia atrás, queda una como acostada.

Mis calzones y mi pantalón llegaron a mis tobillos, el policía se acomodó como pudo de frente mío, le ayudé a enfilar su miembro de caucho o forrado en caucho hacia la entrada de mi húmeda y chorreante gruta vaginal, entró sin mayores complicaciones, trataba de coger ritmo, pero era casi imposible, las curvas de la carretera, los huecos o baches de la misma no permitían un mete y saca continuo, sin embargo, se hacía lo mejor posible.

Mis manos se ocupaban una en ayudarlo a mantener encima de mí y otra para sostenerme del descansa-brazos, nuestros labios se juntaban por momentos y tenían que despegarse por el movimiento de la berli-nave. Al rato lo sentí como haciendo fuerza y sus contracciones fueron más evidentes, se estaba viniendo dentro de mí, o mejor, dentro del condón, cuando terminó se quedó quieto encima de mí, hasta que se desinfló su verga, que se la calculé en unos 14-15 centímetros, buen promedio.

Se quitó el condón y lo envolvimos en papel higiénico, nos acomodamos algo la ropa, fui al baño del bus a botar eso, juagar mi rajita y limpiarme con pañitos húmedos, volví al asiento y fue turno del policía ir a orinar y hacer lo suyo.

Volvimos a acomodarnos para besarnos apasionadamente, decidimos tratar de dormir un rato, abrazados os acomodamos para descansar una pequeña parte del camino, al despertarnos cuando estaba amaneciendo, volvimos a rematar las golosinas, ir al baño y algunos besos discretos hasta llegar a la terminal; ese día estuvimos hablando por celular un par de veces, luego me dijo que lo habían mandado para el municipio de Málaga, que me fuera con él, que me daba de todo, que había quedado enamorado de mí y un poco de cosas más, entonces opté por bloquearlo ya que no me interesaba esa vida y tampoco soy una mujer de amores virtuales; prefiero lo físico y palpable en su mismo momento en que hay la oportunidad.

Aquí termino una pequeña historia de mi vida, si alguien quiere comentar algo, le responderé en el comentario, espero que sean un tanto respetuosos.