El alquiler de mi sumiso (12)
No es solo sexo, es la pérdida total de su humanidad. Atado a los pies de la cama, obligado a mirar cómo su esposa goza con otro, el dolor de la jaula de castidad es solo el comienzo de su degradación. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar por sumisión?
Tras la cena y como era costumbre depositaron las sobras y algún que otro escupido de comida en mi bol. Me acerqué a ellos con las manos tras de mí.
Que pronto aprendes. A este paso vas a ser un buen esclavo. Voy a ponerte tus esposas.
Así esposado fui desplazándome a cuatro patas hasta donde estaba mi bol con la comida. Tenía hambre y no dude en comerlo todo. Ya todo lo que comía me parecía un manjar a pesar de estar todo impregnado de salivas y masticado por ellos. El culo aún me ardía de dolor por el castigo que mi señora me había aplicado.
¿Te apetece que vayamos al dormitorio?
Claro que si, lo estoy deseando.
Se levantaron cogiendo la correa de mi collar y fui tras ellos al dormitorio.
Está noche te vas a convertir en un auténtico cornudo, viendo a tu esposa gozar como se merece. Para ello voy a ataviarte con algo que te va a gustar.
Fue a su armario para sacar una jaula de castidad. Me mandó acercarme a ella para colocármela. Se trataba de una funda metálica con anillas terminadas en un arco que abría y colocaba por detrás de mis testiculos que apresaba todo mi paquete. Lo cerró y me enseñó la llave del candado. Después me colocó en mis pezones unas pinzas dentadas unidas con una cadena que pasó por el aro de mi collar. Así me obligaba a mantener la cabeza baja pues si la levantaba tiraba de la cadena y de las pinzas.
- Estarás a los pies de la cama. No quiero que te pierdas nada mi cornudito. Ja, ja, ja.
Así, a los pies de la cama veía como él la iba desnudando. Ella se puso frente a mí dejándome ver como iba bajando su pantalón, su camisa y su ropa interior descubriendo sus pechos y su coño. Verla así totalmente desnuda siendo acariciada por sus manos que recorrían todo su cuerpo provocó una erección de mi polla que al estar apresada por la jaula de castidad el dolor fue subiendo, no sabiendo como hacer que esta bajara y así disminuir el dolor que me producía la presión sobre las anillas.
¿Te gusta, mi esclavo?. Mira estas manos que recorren mi cuerpo.
Mi excitación no bajaba y el dolor Iba incrementándose. Las manos de Sergio no solo recorrían su cuerpo sino que se detenían en sus pechos pellizcando sus pezones mientras que su otra mano recorría su pubis para recoger con los dedos el flujo de su coño y así masajear su clítoris. Los gemidos de mi señora iban en aumento provocando que sus piernas temblaran por el placer que estaba proporcionándole.
Acércate perra.
Me acerqué a ellos pudiendo ver el coño de mi señora totalmente mojado. Cuando creía que iba a disfrutar de él Sergio se sentó en la cama y tomando con su mano su polla sonrió señalándome lo que debía de hacer. Al estar mi señora sobre sus piernas me puse entre ellas para alcanzar su polla. Su tamaño era enorme. Acerqué mi boca, lo lamí pasando mi lengua por su tronco para después abrir mi boca e introducirla en ella. Sentí las manos de mi señora presionando mi cabeza y haciendo que su polla penetrará hasta el fondo de mi boca provocándome arcadas.
Traga perra, prepárala bien. La quiero muy grande para mi.
Estuve chupando un buen rato.
Ya puedes irte a tu sitio.
Con la boca llena de flujo que cubría mi cara me retiré a mi sitio. No me acorde y al levantar mi cara las pinzas se clavaron en mis pezones.
Prepárate para ver a tu querida esposa y ama gozar como tú nunca lo has hecho.
Se echaron en la cama uno sobre otro abrazándose y besándose como dos posesos. La mano de mi señora atrapó su polla llevándosela a la boca para chuparla con fuerza. Cuando estuvo bien gorda y a su gusto se colocó a cuatro patas invitándole a que la penetrara. Las manos de él la tomaron por sus caderas y dejando la punta de su polla entre los labios de su coño la penetró fuertemente haciéndole dar un alarido.
Siiiiiiii, siiiiii, que gorda. Sigue así mi amor. Me gusta como me llena. Más, más. Y tú mi esclavo a ver si aprendes a darme tanto placer como el que me está dando tu corneador.
Yo los miraba comprobando como su polla salía de su coño para volver a desaparece dentro de él una y otra vez. Así estuvieron hasta que mi señora se desplomó sobre la cama.
Uffff, que gusto. No había sentido tanto nunca.
Cornudo acércate y límpianos. Es lo único que te mereces.
Nuevamente me acerqué a la cama donde estaban tumbados. Su polla aún estaba erecta y gorda. Acerqué mi boca comprobando que estaba impregnada de un flujo blanquecino que supuse sería una mezcla del de mi señora y del de él. Abrí mi boca para chuparla y tomar todo el flujo hasta dejarla limpia. Después me dediqué a mi señora que abriendo sus piernas y separando con sus manos los labios de su coño me facilitó mi labor.
Vas a probar la corrida de un hombre por vez primera. Sé que te va a gustar.
Mi señora inició unas contracciones que hicieron brotar el semen de su coño. Mi boca abierta lo iba recogiendo. Su sabor era una mezcla de salado, dulce y amargo. Lo saboreé y lo tragué todo para después pasar mi lengua por sus labios y recoger los restos que quedaban. Cuando creyó que ya lo había lamido todo me separó dándome un bofetón.
Ya basta. Ahora tráenos un cigarrillo. No hay nada mejor que fumarnos uno después de este pedazo de orgasmo.
Baje de la cama, les encendí un cigarrillo a cada uno y me aproximé desde el suelo a la cama dejando abierta mi boca para que la usaran a modo de cenicero.
Cariño bajemos a la piscina a darnos un baño. Lo necesito.
Nos lo llevamos o lo dejamos aquí.
Mejor que se quede, ¿no te parece?
Se marcharon dejándome atado a los pies de la cama. Me supuso el ignorarme de esa manera una humillación brutal, como nunca me había hecho sentir. Estuve así durante un buen rato. Les oía bañarse en la piscina.
¡Perrooooo!, ¿estás bien?, ¿necesitas algo?
No supe qué contestar. Deseaba que vinieran a por mi. Al cabo de un rato apareció Sergio que me soltó de la argolla del suelo llevándome con él hasta el porche.
Hola mi cornudo, ¿cómo te sientes llevando esa cornamenta sobre tu cabeza?
Muy bien mi señora.
Ambos estaban sentados desnudos en los sillones de la piscina fumándose un cigarrillo.
Por cierto, ¿has pensado alguna vez en marcarlo?. Es algo que me atrae mucho.
Si, aunque no he encontrado quien lo marque como a mí me gustaría. Hasta ahora solo lleva algunas marcas de cigarrillo que le he hecho.
Dime, ¿qué tipo de marca te gustaría que llevara?
He leído mucho sobre esto y lo que realmente me atrae sería marcarlo a fuego, como se marca a los animales. Es una marca para siempre. Pero sé que requiere una persona especializada pues es tan doloroso que tengo entendido que llegan a perder el conocimiento y los cuidados requieren tiempo.
No te lo vas a creer pero conozco a una chica, dominante como nosotros, enfermera que lo ha realizado ya y sabe cómo hacerlo en condiciones seguras.
¿La conoces bien?, ¿has asistido al marcaje de alguien por ella?
Si, y es muy excitante escuchar al sumiso suplicar y gritar que no lo marquen hasta que es atado y tapada su boca con una bola para que la muerdan. El dolor es muy grande. Considero que es la prueba mayor a la que puede ser sometido un sumiso.
¿Tú qué opinas mi esclavo?, ¿te gustaría ser marcado?
Tengo algo de temor solo al oírle, aunque si es su deseo lo aceptaré.
Me gusta como me respondes. Por cierto me gustaría contactar con la amiga tuya para que me diera detalles.
Si quieres la llamo y vemos cuando puede venir.
Me gustaría, si.
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