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Viaje al chiquito de la amiga de mi esposa III

La oscuridad del salón y el alcohol nublan los sentidos. Lo que empieza como un juego prohibido con tu esposa se transforma en una sorpresa explosiva cuando descubres que no es ella quien te espera, sino la amiga que siempre admiraste en silencio.

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Vuelta a casa por Navidad.

¡Qué frío!

Ya era diciembre y el tiempo se tornaba de pelis, chocolate y mantas.

Un día al llegar de trabajar escuché a Eva mi esposa, hablar con Paula. Ambas cuchicheaban y al escucharme llegar cambiaron la conversación.

- ¡Hola, señorita! Dije desde la distancia. ¿Qué te cuentas? Añadí.

- Hablamos cosas de mujeres, no te metas entrometido, dijo mi esposa.

Ambas rieron.

- ¡Vale! ¡vale!, dije algo desconcertado.

Me fui a dar una ducha y al salir, mi esposa me esperaba para cenar.

- Siento lo de antes. Hablaba con Paula, lo está pasando mal.

- ¿Mal? ¿Qué le ha ocurrido? Pregunte bastante preocupado.

- Le está yendo mal con Juan. Y ella le ba propuesto separse, dijo muy triste.

- ¡Oh! ¿Y qué le contestó él?, pues eso es lo peor que le ha importado poco. Él siempre ha sido muy cómodo y nunca la valoró, no todo lo que se merece, pero ya se dará cuenta.

- Pues sí, la verdad es que es muy buena chica, cariñosa, atenta e inteligente. Y aunque sea tu amiga, está muy buena. Él se lo pierde dije sin pensar.

Eva me miró y se quedó callada. Creo que no tenía que haber sido tan sincero pero bueno a lo hecho pecho.

- Sí es muy guapa y no se la merece. Ella merece alguien mejor, dijo Eva. Va a venir en Navidades a pasarlas con sus padres, quizás se mude aquí tras la separación. Podríamos invitarla unos dias antes y así pasa uno o dos dias en casa y le ayudamos a despistarse, añadió Eva.

- Por mi parte me parece una buena idea. Qué mejor que pasar estas fiestas entre amigos.

-¡Hecho! Dijo mi esposa. Se lo diré y lo organizamos.

Los dias pasaron y al llegar a casa de ver amis padres escuché voces en casa. Me acerqué a la puerta y reconocí la voz de Paula. Al final se había venido unos dias antes.

Puse la llave en la cerradura y al abrir, ambas callaron, parecían nerviosas.

- ¡Que tal joven princesa! ¡Que honor tenerla en nuestra dulce morada! Dije muy contento por volverla a ver.

- ¡Hola Carlos!, me gustaría decir que la visita es de placer, pero bueno.... siempre es agradable verles de nuevo.

Yo me hice el que no sabía nada y quité hierro al asunto.

- Bueno, eres como el turrón, vuelves por navidad y eso hay que celebrarlo. Esta noche les prepararé una cena esquisita y nos tomamos unas copas hablando, no se hable más. Mientras las dejo ponerse al día.

Fui a la despensa miré lo que teníamos y cogí las llaves del coche para acercarme al supermercado.

Esa noche tras la cena, no sentamos a hablar en el salón y nos tomamos algunas copas, quizás fueron demasiadas, por que llevábamos mucho tiempo que no lo hacíamos.

La música sonaba, Eva, Paula y yo, no parábamos de bromear y reir, hasta que poco a poco el agotamiento nos pudo y fue Paula quien tras un largo y profundo suspiro nos dijo:

- Chicos me lo he pasado muy bien pero creo que este pivón ya no puede más. Con vuestro permiso me voy a la cama, así les dejo un ratito a solas que ya bastante les he aguantado la vela, parejita.

- ¡Qué boba eres Paula! Dijo Eva, yo también estoy cansada así que una duchita y a la cama que mañana es otro día.

- Con lo que me ha costado poner a punto a tu churri, ¿ahora lo vas a dejar sin postre? Dijo con una sonrisa muy pícara.

- ¡Ya veremos!, dijo mi esposa mientras recogíamos todo.

- ¿Les ayudo? Preguntó Paula.

- No tranquila, descansa que mañana es otro día, sólo recogeremos un poco y mañana ya limpiamos. Descansa. Dije con tono de aceptación.

Paula se alejó por el pasillo hacia su habitación que estaba en esa misma planta principal.

Eva y yo, recogimos un poco y subimos a nuestra habitación, nos dimos una ligera ducha y me acosté. Esperaba a que Eva se acostara pero esperando que saliera del baño me dejé dormir.

Nose si habrían pasado una o dos horas cuando al girarme me dí cuenta que Eva no estaba en mi cama. Me incorporé y todo me daba vueltas. El alcohol aun corría por mis venas asi que me levanté con cuidado y fui en busca de Eva.

Al no verla en el piso de arriba, bajé a la cocina a ver si estaba comiendo algo o bajaría a coger un vaso de agua. Pasé muy despacio por el pasillo para no despertar a Paula, el salón estaba muy oscuro, asi que lentamente fuí abriéndome paso viendo ma luz de la calle que entraba por la ventana de la cocina. Me extrañó que si estaba en la cocina estuviera con la luz apagada, pero supuse que no querría molestar a Paula.

Al llegar a la puerta de la cocina, sentí que alguien me abrazó por detrás.

-¿Ev..? Intente decir mientras su mano tapaba mi boca.

-¡Schh! Me cerró los ojos con su mano y me llevó al cheslong de salón.

Estaba todo oscuro, pero al notar el sillón me giró y en silencio me sentó.

- ¿Qué haces, Ev...? Inteté decir.

Nuevamente me tapó la boca.

-¡Schhh! Volvió a repetir con mayor intensidad como molesta por que hablara.

Ella estaba delante de mí y sin darme mas opción, se arrodilló en el suelo, bajo mi pantalón de pijama y liberó mi polla llevándosela a la boca.

Yo no hacía mas que mirar hacia el pasillo por si veía la luz del cuarto de Paula, o abrirse la puerta. Me dejé llevar ya que era muy morboso, el hecho de que mi esposa me follara allí, junto a Paula.

Su boca se hacía dueña de mi polla y succionaba tanto y con tantas ganas que se escuchaba el chapoteo que acompasaba con su mano que me pajeaba al mismo tiempo que su lengua jugaba con mi glande.

No es por ser exagerado pero Eva era muy buena en lo suyo y en muchas ocasiones había conseguido que me corriera en poco tiempo.

Yo la sujetaba de su pelo, no veía mas que su silueta pero jodér como mamaba.

Pasado un instante, sacó la polla de su boca y mientras siguió masturbándome con los restos de su saliva, se incorporó, y pude ver como su silueta hacia por subirse el traje que llevaba. Soltó mi polla que por supuesto se mantenía erecta y palpitante y se sentó sobre mí, aprovechando que estaba sentado.

Llevó su mano derecha a la boca, humedeció su mano con saliva y tras pasarla por su coño, cogió mi polla y la llevo a su coño.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo, estaba calentito y suave.

Yo no paraba de mirar al pasillo, y relárme dejándome llevar. Disfrutando de aquella conducta inusual en Eva pero morbosa y rl juego de no poder hablar estando a oscuras me ponía mucho.

Ella empezó a subir y bajar su cadera para enterrarse mi polla hasta el fondo.

Desde que pude, llevé mis manos a sus pechos y comprobé que llevaba puesto el vestido corto que le había regalado en el aniversario junto con el perfume. No hacía ni 2 horas lo habíamos nombrado en la cena, por lo que entendí que se había mojado pensando en follar esa noche conmigo, ya que nos ponía mucho.

Liberé uno de sus pechos, luego el otro y los lleve a mi boca para chupar sus pezones.

El alcohol, seguía ahí, ya que mi lengua no atinó al besar los pezones a la primera, pero pronto los noté en mi boca, duros como piedras. Parecían incluso un poco más pequeños, pero riquísimos.

Ella poco a poco fue acelerando su cabalgada y yo apoyando mi cara entre sus pechos, llevé mis manos a su precioso culo, para ayudarla a subir y bajar, ya que su respiración se notaba ya más intensa y agotada.

Estabamos ya casi a punto. Ella contenía sus gemidos y no paraba de moverse cuando de repente, la puerta del cuarto dr Eva se abrió, saqué mi cara de sus pechos y pude ver la luz que iluminaba el pasillo.

Intenté parar para no ser pillado, pero Eva me tapó la boca con sus manos y siguió cabalgándome. Se notaba que se iba a correr y yo también estaba a punto.

Intenté liberarme de su mano, y al echar la cabeza atrás para coger aire y ver si Paula había entrado al baño o venía al salón para ir a la cocina, miré hacia Eva y...

-¿Paula? ¿Qué haces? Pero.... pero... no articulaba palabra.

Ella seguía follándome inténsamente tras comprobar yo que no estaba con Eva, sino Paula. Su sonrisa se veía asomar entre. La contención de los jadeos.

Mi mente se puso a mil... si ella era Paula... entonces era Eva la que salía del cuarto de invitados y nos iba a pillar follando en el salón.

Paula me miró a los ojos. Los tenia brillantes y llorosos de placer y se reflejaban por la luz del pasillo.

- ¡Me corro! Susurró muy bajito a mi oido, ¡jode me corro como una perra!, volvió a decirme con una voz temblorosa mientras daba un último empujón para enterrársela toda.

Justo en ese momento, no aguanté más y aunque intenté sacar mi polla de su coño, ella me abrazó y me impidió que la sacara, por lo que descargué todo mi semen en su interior.

Recogí el aliento que pude. Miré al pasillo, y me di cuenta que Eva, había entrado en el baño, por lo que no se había acercado al salón.

Paula, rápidamente sacó mi polla ya flácida de su coño, me cogió con ambas manos por la cara y me dió un fuerte beso en la boca.

Sonrió y se levantó y fue rápidamente a la cocina.

-¡Vete! Dijo mientras corría sonriendo.

No se como logré reaccionar. Me levante, me subí los pantalones y fui lo más deprisa que pude a las escalera. Subí al piso de arriba y cuando aún no había terminado de subir a oscuras, escuché la puerta del baño abrirse y Paula que venía de la cocina con un vaso de agua en la mano, le dijo a Eva:

-Tenía mucha sed, te has quedado dormida en mi cama, sonriendo.

- No puedo beber, pierdo los papeles. Dijo Eva en tono de broma.

Me apresuré a llegar a la cama y me acosté. Pasados unos minutos, Eva, entro en el cuarto. Se descalzó y se acostó a mi lado.

Mi mente seguía a mil. Buscando explicaciones a lo sucedido o al menos intentar darle algo de lógica a lo ocurrido.

¿Cómo no me había dado cuenta que era Paula y no Eva? ¿En qué momento Paula tenía el vestido corto que le había comprado yo a Eva y su perfume? Y entonces caí en otra cuestión. ¿Me había follado a Paula? ¿Había probado su coño, el coño de Juan? No entendía nada, había roto sus propias reglas.

Eva me abrazó por la espalda.

- Cariño, ¿estás despierto? Dijo muy cariñosa besándome el cuello.

- ¡Emm! Dismulé haciéndome el dormido.

- Tu perrita quiere que le folles, dijo con voz mimosa.

- ¿Ahora? ¿Enserio? Dije haciéndome el loco.

- ¡Jo cariño! Necesito que mi macho me folle el culo. Me apetece que me folles como una perra mala.

Ella se giró y se puso de lado, dandome el culo. Ya cuando me di cuenta estaba otra vez empalmado como un burro. Me acerqué por detrás de ella y le besé el cuello haciéndole cosquillas. Ella se retorcio de placer y restregó sus nalgas contra mi polla. Se acomodó mojo su culito con saliva y cogiendo mi polla ya dura la llevó a su ano.

Mientras yo apretaba suavemente la sujetaba con una mano en su cintura derecha y la otra en sus hombro izquierdo. Ella tenía su mano izquierda en su pecho izquierdo y la otra la llevó a su coño, abrió ligeramente los pies y se empezó a acariciar y meter sus dedos.

Mi polla no tardó en abrirse paso dentro de su culo apretado y lubricado.

- ¡Más fuerte! Me decía con voz desesperada y lujuriosa. ¡Soy tu perra!, decía entre gemidos.

Y cuando mejor estaba la situación, empezó a apretar fuerte y dar más embestidas hasta que empezó a correrse con mi polla dentro de su culo.

Lo apretó tanto que no pude ni sacarla para correrme por lo que lo llené por completo, y al dejar ella de tener espasmos, dejó liberar mi polla que terminó sus últimas descargas fuera.

Ambos nos quedamos sudando y satisfechos, era mi segunda corrida y me abracé a ella para besar su cuello.

- Te quiero preciosa, ¡eres muy buena! Le susurré.

- ¡Soy tu perrita!. Sonrió.

Y sin darme cuenta, me quedé dormido, seguramente con una cara de tonto y felicidad que la oscuridad de la noche ocultaba, pensando que encima había sido muy morboso descubrir aquella sorpresa de Paula, muy exitante, y no ser descubierto por Eva, para luego tener un momento salvaje con ella.

A la mañana siguiente, el desayuno se hizo algo peculiar. Eva miraba a Paula y se reían, yo miraba a Paula y me guiñaba disimuladamente un ojo. Y Eva estaba sospechosamente muy cariñosa conmigo y juguetona.

No pudimos hablar nada, asi que tras desayunar, nos vestimos y llevamos a Paula a casa de su madre ya que pasaría allí el resto de semana de las navidades.

Durante ese tiempo, Eva hablaba esporádicamente con ella por teléfono, hasta que el 28 de diciembre, Paula regresó a su casa.

El primer dia del año me armé de valor para escribirle un whatsapp deséandole un feliz comienzo del año.

- ¡Feliz año, Carlos! Me dijo bastante seca.

- ¿Estás bien? ¿Va todo bien? Le pregunté.

- ¡Sí!, todo bien me dijo de una forma muy escueta.

- Y tú, ¿estás bien? Me dijo algo desinteresada.

- Sí, te he recordado mucho. Me encantó nuestro último encuentro. Dije muy ilusionado y pícaro. Pienso mucho en tí con mis manos, sonreí nervioso.

- Me alegro mucho Carlos, también me gustó mucho. Dijo muy seca.

- Paula, ¿qué te pasa? Te noto muy rara.

- Nada. Estoy bien dijo.

Se hizo un silencio bastante incómodo.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?.

- ¡Sí, claro!, dime añadió ella.

- Me encantó lo de casa en el salón, pensaba que eras Eva pero si nunca me dejaste disfrutar de tu coño, ¿por qué ahora?.

- Bueno sabes que yo y Juan ya llevábamos tiempo mal. Hemos tomado la decisión de separarnos y sinceramente yo lo quiero mucho, pero se ha estancado en la relación, no solo la parte sexual, sino en todo y lo veo más como un buen amigo. Digamos que la llama se fue apagando poco a poco y ya él no es dueño de mi coñito. Además me apetecía mucho dártelo por lo bien que te has portado conmigo y el respeto que siempre me tenías.

- Lo siento mucho, bueno siento lo de tu relación, claramente el disfrutar de tu coño y de tí, ha sido espectacular y sí lo deseaba mucho, sabes que no me gusta verte sufrir. ¿No?.

- No es culpa tuya. Yo luché mucho para no perder la relación pero ya no puedo más y contigo aprendí que no puedo pasarme la vida deseando que él cambie. Tú al contrario sabes lo que quieres y te curras todo, por eso siempre he recurrido a acercarme a tí y a Eva porque les quiero mucho, pero no puedo tampoco destruir su relación. No lo soportaría.

-¿Destruirla? Dije.

- Carlos, sabes que en el fondo no hemos sido sinceros con nuestras parejas, quizás deberías hablar con Eva.

- ¿Hablar? ¡Ufff! Se lo va a tomar muy mal. Rompería la relación, le dije.

- Carlos, no puedo hablar más, no estoy muy bien, háblenlo y si se quieren lo entenderá, yo no puedo seguir así, un beso.

Cuando intenté hablarle me di cuenta que me había bloqueado el número. Ciertamente esto parecia un adiós, un ultimatum y aunque intentaba entender todo, mi cabeza daba vueltas y más vueltas.

¿Cómo iba a poder decirle a Eva que me había acostado con su gran amiga? Y lo peor ¿cómo iba a decirle que sentía algo por ella?