Creí que no, pero sí (5)
Guillermo creía que la tenía encerrada en su jaula de miedo y silencio. Pero cuando Sebastián le mostró la verdad detrás de las puertas cerradas, Valeria descubrió que la llave no estaba en la cerradura, sino en su propia voz.
Capítulo 5
Valeria
Me sentía bien dando clases también por las tardes, y sin dudas, si me ofrecieran más horas, también las tomaría.
En sala de profesores, en la cartelera de avisos, vi la citación para la capacitación en ESI para el jueves siguiente, al igual que los años anteriores, era en el entre turno.
Ese día, luego de mis clases, esperé casi una hora en la sala del proyector, hablando con otros profesores que al igual que yo, se quedaron para la reunión.
La sala se fue llenando, yo hablaba con una profesora de matemáticas, con la que nos conocíamos hacía años, y en el momento que entró la vicedirectora para comenzar la charla, miré en dirección a la puerta y vi a Sebastián, con una carpeta y ropa deportiva, si estaba allí, sin dudas estaba trabajando de profe.
Me alegré mucho al verlo, lo saludé con la mano, justo comenzaba la charla y tuve que esperar hasta que terminara para hablar con él.
Cuando terminó la charla, la gente se fue yendo poco a poco, y me acerqué a saludarlo.
Me salió darle un abrazo, me gustaba mucho pensar que nos seguiríamos viendo, aunque sea un rato en la escuela.
Conversamos tan solo unos minutos, el remís ya me estaría esperando, pero fue suficiente para alegrarme el día.
Me contó que estaba viviendo a la vuelta de casa, y yo sin saberlo.
También que estaba suplantando a Eliana y que seguía trabajando en el club.
Nos despedimos y salí de la escuela, el remís ya me esperaba y me disculpé, diciéndole que la reunión se había demorado unos minutos.
Llegué a casa y a los diez minutos llamó Guillermo, como siempre al teléfono fijo, para saber si ya había llegado.
Me senté sola a almorzar y sentía una extraña alegría, sin dudas por volver a ver a Sebastián, pero no solo eso, también porque aunque sea por un par de meses, seríamos compañeros y podría verlo al menos una vez a la semana en la escuela.
Por supuesto Guillermo no podía enterarse, solo deseaba que no se cruzaran nunca en estos meses, el único momento sería en la mañana, cuando Guillermo me dejaba en la escuela, pero Sebastián entraba más tarde.
***
Sebastián
Seguí con mis ocupaciones, pero no podía dejar de pensar en que el martes próximo quizás la volvería a cruzar, yo daba clases de nueve y media, a once esos días, pero no sabía en qué horario daba ella clases, si coincidían nuestras horas, poco la vería, sobre todo si el remís la traía y la llevaba a la misma hora cada día, y seguramente, el conductor le pasaría el parte al pelotudo de su marido.
El martes llegué un rato antes y me senté en la sala de profesores, aprovechando para preparar las clases siguientes.
Llegó mi hora y me fui a dar clases, cuando terminó mi hora, volví a la sala de profesores y ahí me la encontré, sentada con sus carpetas abiertas.
-Hola Valeria! ¿Cómo estás?
Se puso de pie y me dio un abrazo, de amigos pero un abrazo al fin.
-Hola Seba! Sentate! ¿Ya terminaste no?
-Sí! Hoy es el único curso! ¿Vos?
-Terminé diez y media un curso y después del recreo tengo el otro hasta las doce y media!
-Claro!
Por lo que deduje que tan solo nos veríamos esos quince minutos que duraba el recreo, es decir de once a once y cuarto.
En la sala de profesores, había una cafetera donde los profesores se podían tomar un té o un café entre horas, le pregunté si le servía uno y me dijo que sí.
En esos pocos minutos, mientras tomábamos el café, no hablamos de la escuela ni de las clases, hablamos de cosas más personales, y me parecía mentira verla tan relajada, sonriendo y alegre, sin dudas porque en ese ámbito su marido no tenía control de lo que hacía o con quien hablaba.
Nos despedimos nuevamente con un abrazo y diciéndonos, hasta el martes. Claramente tan solo sería ese el día en que nos veríamos.
Y así fue arrancando mi último mes de trabajo, nos encontrábamos cada martes, por quince minutos, café de por medio.
Faltando dos martes para que se terminara mi suplencia, Valeria no estaba en la sala de profesores, no sabía si preguntar por ella, pero me fijé en el horario que figuraba en las pizarras, para ver cuál era su curso, y al terminar el recreo, esperé unos minutos y fui al aula donde debería estar dando clases.
Los chicos tenían hora libre porque la profesora no había ido, y lo primero que se me vino a la cabeza, fue que el hijo de puta de alguna forma se había enterado y le había prohibido también dar clases.
Me fui preocupado, pero aún teniendo su número de teléfono, no quería enviarle un mensaje, por las dudas de que el tarado el revisara el teléfono, o que fuera él quien lo tuviera, me daba por pensar cualquier cosa.
El jueves miré el parte de asistencia de los docentes en la sala de profesores y en el casillero de Valeria decía: “Licencia médica”, todos los días de esa semana.
¿Qué le habría pasado? Me preocupé pensando en que ese hijo de puta le hubiera vuelto a poner la mano encima y por vergüenza no había ido a trabajar.
Quizás era una locura lo que estaba pensando, pero necesitaba saber si estaba bien, y el viernes de esa semana, miré por la ventana del dormitorio para ver cuando el tipo se iba.
Hablé con Mariano y le avisé que ese día faltaría al entrenamiento, por cuestiones personales.
A eso de las once de la mañana me fui en la moto hasta la casa de Valeria con el equipo de delivery, por si algún vecino me veía, creyera que estaba haciendo una entrega. Toqué el timbre aún con el caso puesto, pero la visera levantada, para que pudiera verme la cara. Miró por la ventana primero, y al reconocerme abrió la puerta.
Fue verla y lo supe, le había vuelto a pegar ese hijo de puta, tenía el labio de abajo aún hinchado
-Seba! ¿Qué hacés acá?
-Por Dios Valeria! Otra vez! No te vi en la escuela y me lo imaginé!
Y explotó en lágrimas.
-No doy más Seba!
-Tenés que dejar a ese tipo!
-No sé qué hacer!
-No podés seguir así! Algún día te va a hacer mucho más daño!
-No tengo donde ir… ni como mantenerme… estoy atada…
-Hay que encontrar una solución! No podés seguir así!
Y en ese momento se me ocurrió algo, tenía por dónde empezar…
-Hoy es viernes y suele venir más tarde, ¿no?
-Sí…
-Espero que no me digas que no… que confíes en mí!
-¿Por qué? No entiendo…
-A las tres y media te espero en la puerta del edificio donde vivo! Por favor vení!
-¿Para qué? No sé Seba…
-¿Confías en mí?
-Sí… pero tengo miedo
-No tengas miedo! Él no se va a enterar!
-¿Qué querés hacer?
-Quiero que veas algo! Por favor vení!
-Está bien!
Ya lo tenía pensado, le haría ver a Valeria lo que hacía ese tipo los viernes, solo esperaba que ese día no fuera la excepción.
***
Valeria
Todo venía bien, me gustaba lo que estaba haciendo, cada día me gustaba más dar clases de historia, sin dudas era mi pasión.
Una tarde al llegar a casa, me quedé leyendo como casi siempre después de almorzar, ese día Guillermo llegó increíblemente temprano, apenas pasadas las cuatro de la tarde, y al entrar ya vi su cara, algo pasaba.
Se acercó a mí, que estaba sentada en el sillón y me agarró directamente del cuello, con cara enajenada.
-¿Qué te dije yo? ¿Sos pelotuda o te hacés?
-¿Qué pasa?
-Qué pasa me preguntás todavía? ¿No me escuchás cuando te hablo o te hacés la pelotuda?
-No sé de qué hablás!
-Del pelotudo ese! ¿No pensabas decirme que trabaja en la escuela?
-Yo no sabía que trabajaba en la escuela… Me lo encontré de casualidad el día de la capacitación!
-No te hagas la pelotuda! ¿Lo hiciste entrar vos? ¿Para verlo ahí?
-Te juro que no… ni sabía que trabajaba ahí… y él tampoco sabía que yo daba clases ahí…
-¿Te creés que soy boludo yo? ¿O vos me tomás por boludo?
Y en ese momento me dio el primer cachetazo, no soportaba más esa situación, lo tomé de la muñeca intentando zafarme para salir de ahí, pero tiene más fuerza que yo y no pude. Ahí vino el segundo cachetazo, sin soltarme del cuello.
-Basta!
Le grité entre lágrimas
-¿Quién te creés que sos para tratarme así?
-Soy tu marido! Y me debés respeto! Soy el que te mantiene pelotuda! El que paga todo en esta casa!
-Por eso no podés tratarme así!
-Callate! Te trato como te merecés! Por mentirosa!
-Basta!
En ese momento pude zafarme de su mano en el cuello, pero no del siguiente cachetazo que me dio en el labio, salí corriendo y me encerré en el baño. Me miré en el espejo y vi mi labio sangrar, no podía creer lo que estaba viviendo.
Mirándome en el espejo pensé en denunciarlo, en dejarlo, en tener una restricción, que no se pudiera acercar más a mí, ya no podía seguir viviendo así, pero a pesar de todo, le seguía teniendo miedo, lo creía capaz de cualquier cosa.
Un momento después, golpeó con fuerza la puerta del baño, como una boluda no me llevé el teléfono al baño, sin dudas hubiera llamado a la policía en ese momento.
-Abrí Valeria! Abrí esa puerta!
-No! Dejame en paz!
Dejó de golpear y sentí la puerta de la calle, salí un rato después y yendo a la cocina por un vaso de agua, lo encontré sentado en el sillón.
No dije nada y me fui a la habitación, acostándome en la cama, ese día ni la cena preparé.
No sé en qué momento me quedé dormida, me desperté el viernes y estaba sola, seguramente ya se habría ido a trabajar.
Llamé a la escuela y pedí una licencia médica para esa semana, ya iría luego a un hospital, diciendo que me había caído.
No podía seguir así, eso no era vida, pero tenía miedo de enfrentarlo, de lo que pudiera hacer, y para mi desgracia, no tenía a nadie, ni dónde ir, pensé en mi padre, pero como estaban las cosas no era una opción, para colmo, tenía mejor relación con Guillermo que conmigo.
Sebastián se cruzó por mi cabeza, pero no me animaba a llamarlo o a mandarle un mensaje, tenía miedo de que Guillermo de alguna forma se enterase y fuera peor.
Fue la peor semana de mi vida, no volví a hablarle ni a preparar comida luego de ese incidente, ya no aguantaba más...
No fui a trabajar en esa semana, no tenía ánimos de nada.
Ese viernes a eso de las once de la mañana, sonó el timbre, al mirar por la ventana, vi que era Sebastián con el casco puesto, con la campera y la caja de las entregas, y me explotaron las lágrimas, me alegraba verlo, pero por otro lado me aterraba, si Guillermo lo viera hablando conmigo sería mucho peor, pero a pesar de eso le abrí la puerta.
Volvió a decirme que tenía que dejar a Guillermo y yo sabía que lo tenía que hacer, ya no podía seguir viviendo así.
Después me dijo que era viernes y sabía que mi marido llegaba más tarde, me dijo que a las tres y media fuera para su departamento, no entendía nada, pero no quería irme y que Guillermo lo supiera, todo sería más complicado.
Me preguntó varias veces si confiaba en él y le dije que sí, quería mostrarme algo, pidiéndome por favor que fuera.
Se fue y me quedé pensando en lo que me quería mostrar, tenía mucho miedo de que Guillermo apareciera, pero sentía que podía confiar en Sebastián.
Lo pensé una y mil veces y me decidí, algo tenía que hacer, y sin dudas lo que me quería mostrar Sebastián, tenía algo que ver.
A las tres y media, salí de casa y fui a su departamento, ya desde la esquina lo pude ver junto a su moto, con los dos cascos y una campera en la mano.
***
Sebastián
A las tres y media estaba en la puerta del edificio con la moto, los dos cascos y una campera de nylon liviana para que Valeria se pusiera encima, no sea cosa que el marido la reconociera por la ropa.
Con cara de miedo, la vi doblar la esquina a las tres y media en punto, cuando llegó hasta mí me dijo:
-Por favor Seba, decime de que se trata todo esto! Tengo miedo!
-Tranquila! Nadie está viendo! Por favor ponete esta campera y el casco!
Me hizo caso, me subí a la moto y ella lo hizo detrás de mí.
Salimos despacio, aún faltaban unos minutos, si todo iba como cada viernes, su marido saldría a las cuatro como siempre.
Llegamos al edificio donde su marido trabaja y me detuve en la esquina.
-Explicame Seba! Por favor!
-No te saques el casco! En ese edificio trabaja tu marido, ¿verdad?
-Sí! ¿Vos como sabés?
-Esperá y vas a ver! A las cuatro sale con el auto!
Dicho y hecho, a las cuatro y cinco, el Audi blanco salió del estacionamiento del edificio, puse en marcha la moto y a distancia prudente lo seguí.
-¿Por qué lo seguimos?
-Esperá unas cuadras y lo vas a saber!
Como cada viernes, en una esquina céntrica paró el coche y yo lo hice a unos diez metros detrás, quería que Valeria viera cuando esa mujer subía al auto.
La mujer se subió y arrancó.
-Ahora van a un hotel con esa mujer!
-No puede ser…
Como otros viernes, lo vimos entrar al hotel alojamiento de Gonnet.
Di una vuelta manzana y detuve la moto a una cuadra antes del hotel, al salir el tipo no podría vernos porque lo haría en la otra dirección.
-Todos los viernes y algunos otros días, trae a esa mujer a este hotel y dos horas después salen!
-¿Cómo sabés todo eso?
-No es la primera vez que lo sigo! Y sé donde vive esa mujer, que también está casada y tiene una hija pequeña con su marido, que casualmente trabaja en el mismo edificio donde trabaja tu marido.
-¿Y por qué lo estuviste siguiendo?
La respuesta a esa pregunta me dejaría un poco al descubierto, ¿cuál era mi papel en todo aquello? ¿Cuál era mi excusa para seguirlo?
-Valeria… Me jode mucho que este tipo te trate así! No te merecés eso…
-¿Por eso lo seguiste?
-Un tipo que trata así a una mujer, no es una buena persona, sobre todo si esa mujer es su esposa… y quise saber en que andaba…
Me miró a los ojos, su mirada decía muchas cosas, pero creo que no se animaba a preguntar más.
-Quería que lo vieras con tus propios ojos, no quería tan solo contártelo, incluso podría mostrarte fotos y videos de otros viernes, pero quería que supieras que hace el hombre que te maltrata…
-Gracias Seba! Pero… no sabría que hacer ahora… ¿Voy y le digo que lo vi con otra mujer?
-Ya verás que hacer… pero me jode que te controle, te maneje, te maltrate y encima te golpee!
-Es un hijo de puta! Nunca creí que me metía los cuernos… con razón hace rato que ni me toca…
-Ya tenés una razón para sacarte a ese tipo de encima… y quizás te cueste enfrentarlo y decirle que no es tu dueño! Es tu esposo, pero no sos de su propiedad! Y en todo caso… el no te pertenece solo a vos… creo que hace abuso de poder sobre vos, haciendo que dependas económicamente de él para tenerte controlada mientras él hace lo que se le canta! Eso me pone de los pelos!
Sin esperármelo, en ese momento me dio un abrazo con lágrimas en los ojos, sin dudas su vida de mierda con ese tipo estaba tambaleando, pero le tenía miedo, y eso a mi ver la frenaba.
-Sos tan distinto…
Me dijo luego de ese abrazo, que me costó que se terminara, tenía muchas ganas de decirle lo que me pasaba con ella, pero entendí que no era el momento ni el lugar, sin dudas ella tendría que resolver su situación de alguna manera.
Casi dos horas después, vimos salir el auto del hotel ya con los cascos puestos, para que no pudiera reconocernos.
-Ahora vuelve al centro de La Plata y la deja en alguna esquina, la mujer se toma luego un taxi y se va para su casa. ¿Conocés a esa mujer?
-No alcancé a verle la cara cuando se subió al auto!
-Cuando lleguemos al centro me acerco cuando se baja, total no nos puede reconocer con los cascos!
Tal cual cada viernes, al llegar a la esquina de diez y cuarenta y siete, la mujer bajó del auto, yo me detuve tras ellos y pudimos ver como se besaban antes de que bajara.
El auto arrancó y yo esperé un momento, el semáforo se puso en rojo y esa mujer cruzó la calle delante de nosotros y ambos pudimos verle la cara.
-¿La conocés?
-No estoy segura! Si es quien supongo la vi solo una vez y es la esposa del dueño del estudio donde trabaja Guillermo!
Mientras hablábamos, salí raudamente para su casa, quería que llegara antes que el tipo para que no tuviera problemas, al menos hasta que decidiera que hacer con lo que sabía.
Casi llegando, se sacó la campera y me la dio, paré en la esquina de su casa y se bajó entregándome el casco.
Casi que corrió para entrar y yo me fui a mi casa, entré al departamento y fui a mirar por la ventana, diez minutos después, el tipo llegó con el auto.
Me quedé pensando en que si en verdad esa mujer era la esposa de su patrón, lindo problema se le podía armar al hijo de puta ese, cuanto menos, que lo echara a la mierda y se quedara sin trabajo.
Ya se me ocurriría algo para hacer.
***
Valeria
Nerviosa como estaba, caminé hasta él, me dio una campera larga y el casco, seguía sin entender de qué se trataba todo eso.
Fuimos en su moto hasta la esquina del trabajo de Guillermo, Sebastián me dijo que esperara un momento, que a las cuatro saldría con su auto.
Y así fue, lo vimos salir y Sebastián lo siguió, unas cuadras después, una mujer subió a su auto y ahí me dijo que ahora irían a un hotel alojamiento.
Dicho y hecho, los seguimos y los vimos entrar, me dijo que estarían allí un par de horas, dimos una vuelta y nos quedamos en la esquina.
No terminaba de creer lo que me estaba enterando, pero por otro lado, hasta me sentía aliviada.
Le pregunté a Sebastián como sabía todo eso y por qué lo había seguido, y por lo que me dijo y la forma en que me lo dijo, intuí algo, y estuve a punto de preguntarle, pero no lo hice.
Me dijo que le daba mucha bronca el trato de Guillermo y que yo no lo merecía, y a pesar de lo que me estaba enterando, me hizo bien escuchar eso en ese momento.
Como había dicho Sebastián, a las dos horas los vimos salir, los seguimos hasta el centro y esa mujer bajó en una esquina.
Ahí pude verla de cerca y si no me equivocaba, era la esposa del abogado dueño del estudio donde Guillermo trabajaba.
Rápidamente volvió Sebastián para casa, me dejó en la esquina, le di el casco y la campera y corrí hasta casa, quería llegar antes que él, para que no sospechara nada, ya pensaría después, que haría con lo que me había enterado, incluso recordé en ese momento que Sebastián me había dicho que tenía fotos y videos de otros días en los que también los había visto encontrarse e ir a ese hotel alojamiento.
Unos minutos después que yo, lo escuché entrar desde la cocina, me saludó como si nada y se fue a cambiar.
Eses día, a pesar de lo que estaba viviendo en casa, me sentía más tranquila, sin dudas lo que sabía me serviría para sacármelo de encima.
Luego de cenar, me fui a la cama, sin decir nada, ni siquiera despedirme y antes de quedarme dormida me quedé pensando en todo lo que estaba viviendo, sin dudas Guillermo me daba mucho miedo, su violencia de los últimos tiempos me hacían pensar que sería capaz de cualquier cosa, incluso de hacerle algo malo a Sebastián.
Tenía que pensar en algo, una opción era ir a ver a mi padre, pero las cosas estaban tan tirantes con él que no lo veía como una opción, pero si todo con Guillermo explotaba, no tenía donde vivir ni como mantenerme, al menos al principio, luego podría conseguir más horas como profesora y al menos poder alquilar un pequeño departamento, también podría dar clases particulares de historia, o tal vez conseguir otro trabajo.
Y Sebastián… ese chico tiene algo… estoy segura que a pesar de tener un buen corazón y ayudarme en este momento de mierda de mi vida, hay algo más… no lo sé… pero me tranquiliza estar con él, la manera en que se preocupa por mí y por lo que me pasa… y sin pedir nada a cambio, sin pretender nada de mí… no sé… pero aunque no nos conozcamos demasiado, sé que puedo confiar en él.
En este momento no puedo pensar en otra cosa, tengo que encontrar la forma de volver a tomar las riendas de mi vida, ya no quiero seguir aguantando la forma en que Guillermo me trata, sus infidelidades, su violencia, su miserable forma de ser para conmigo.
Cuan equivocada estuve cuando decidí compartir con ese hombre mi vida, por eso necesito salir de esto, y algo se me está ocurriendo…
***
Sebastián
El sábado por la mañana, estaba tomando mate en la cocina cuando a eso de las once me llegó un mensaje y me sorprendí al ver que era de Valeria.
-Hola Seba! ¿Estás en tu casa?
-Sí! Estoy acá!
-¿Puedo ir a tu casa?
Me sorprendió su pregunta, pero por supuesto que podía venir.
-Sí claro!
-¿En qué departamento vivís?
-Tercero “B”
-Ahí voy!
-Dale! Arreglo el mate!
Me puse un short deportivo y una remera, junté un par de cosas que había sobre la mesa y en ese momento sonó el timbre, le abrí y subió.
Abrí la puerta y esperé que llegara el ascensor, se acercó y me abrazó como siempre.
-Pasá Vale por favor!
-Gracias! Y perdón por aparecerme así!
-Todo bien! ¿Tenés tiempo? Arreglo el mate!
-Sí! Dale!
No sabía cuál era el motivo de su visita tan repentina, sin dudas el estúpido de su esposo no estaría en la casa, y supuse que tenía todo que ver con lo que se había enterado el día anterior.
Volví al comedor con unas galletitas y el mate, Valeria estaba sentada en una de las sillas de la mesa, me senté frente a ella y le di un mate.
-Es la primera vez que me decís Vale…
-Perdón! Me salió así, sin pensar…
-No pasa nada! Me gusta que me digan Vale!
-¿Tu marido como te dice?
-Valeria…
-Y bue…
-Desde ayer que no puedo dejar de pensar en todo esto…
-Me imagino… no debe ser fácil enterarte de que tu esposo te es infiel… y perdón por lo que te hice hacer ayer!
-No me pidas perdón! Vos no tenés la culpa de mis cuernos… la tiene solo él! Y eso solo los viernes! Andá a saber si algún otro día no hace lo mismo, con esa o con otras mujeres… no siempre llega a casa a las cuatro y media, si sale a las cuatro, a esa hora ya tendría que estar en casa!
-Ya tanto no sé…
-El tema es que necesito saber si esa mujer es quien yo pienso que es!
-¿Al marido lo conocés?
-Sí! Si es quien yo creo, es Eduardo Marchioni Peña, el dueño del estudio. Lo he visto varias veces, aunque él nunca quiere que vaya a su trabajo o a reuniones del estudio!
-Se donde vive ese hombre y su mujer, y algún sábado los vi salir a almorzar a los tres y luego a pasear con su hija… también podrías ver sus redes sociales, quizás tenga fotos publicadas…
-Tenés razón! ¿Tenés una compu?
-Sí! En mi habitación! Pero es una PC, no podría traerla aquí…
-¿Podemos ir a tu habitación? No quiero usar la de casa… no quiero que se dé cuenta…
-¿Está en tu casa ahora?
-No! Se encontraba con un amigo de la secundaria que vive en Brasil y almorzaban juntos… bueno… supuestamente… quizás esté cogiendo con alguna otra…
Fuimos a mi habitación y le dije:
-Perdón por el desorden! Ni la cama hice todavía!
-No te preocupes!
Encendí la PC y entré a mi Facebook, ella puso en el buscador el nombre y apellido del dueño del estudio y allí estaba su cuenta, ella lo reconoció en la foto de perfil, y yo también, de haberlo visto ese sábado.
Entró a su perfil y fue a fotos, para ver que tenía publicado, y unas fotos más abajo, apareció una foto del matrimonio y su pequeña hija.
-¿Sabrá este tipo de los cuernos que tiene?
-No lo sé Vale… quizás también pueden ser una pareja abierta, ella parece más joven…
Miró varias fotos más donde su esposa aparecía etiquetada, por lo que Valeria supo el nombre y apellido de la mujer con la que su esposo la engañaba.
Me parecía mentira tener a Valeria en mi casa, sentada en mi cama viendo mi compu, si me lo hubieran dicho días atrás, no lo hubiera creído.
Además, con otra actitud, ya no parecía sentir ese miedo a su marido, a que supiera que nos habíamos visto, sin dudas el saber de sus cuernos, la estaba haciendo despertar, ver las cosas de otra forma.
Miraba cada foto sin decir nada, yo no quería interrumpirla, pero al tenerla tan cerca, me daban ganas de abrazarla y besarla allí mismo, pero no podía hacer algo así en ese momento, no era el momento, o quizás nunca existiera ese momento…
Terminó de ver cada foto que ese hombre tenía publicada y pasó al Facebook de su esposa, donde también miró cada foto hasta el final, se los veía felices en esas fotos de viajes o salidas, vacaciones o en su casa.
En ese momento pensé que de suceder algo con el marido de Valeria, también pasaría en ese matrimonio, pero bueno los dos infieles se lo habían buscado.
Cuando quise acordar, ya era casi el mediodía, estaba casi seguro que me diría que no, pero de todas formas se lo pregunté.
-Vale! ¿Te quedás a almorzar?
Me miró como pensando la respuesta, pero me dijo:
-¿No tenés que trabajar?
-Puedo salir más tarde…
-Seguramente no va a volver hasta las tres o cuatro de la tarde!
-¿Y si llega antes y no te encuentra?
-Si llega antes y no estoy, me va a llamar al teléfono para saber donde ando, en ese caso ya me inventaré algo…
Fui a la cocina a preparar el almuerzo, tenía carne en la heladera que pondría al horno y prepararía una ensalada.
No podía creer las vueltas que había dado mi situación con Valeria, aún no creía que almorzáramos juntos, y en mi casa.
No podía ni quería hacerme ningún tipo de ilusión, pero teniéndola allí, si en ese momento me dijera que se divorciaba de su marido para comenzar algo conmigo, firmaba lo que hiciera falta.
El almuerzo fue muy distendido, con una Valeria sonriente, hablando pausado, contándome cosas de su infancia, de su adolescencia, de su trabajo, de sus compañeros y yo, contándole cosas de mis padres, y anécdotas con mis amigos de Magdalena.
Casi sin darnos cuenta, se nos hicieron las tres de la tarde, entre los dos, juntamos y lavamos los platos y luego me dijo:
-Seba! No sé qué viene de ahora en más… tengo que hacer que todo esto se sepa y poder divorciarme… ya no quiero seguir con él…
-Creo que en tu lugar haría lo mismo…
-Tengo que buscar la forma de poder vivir mi vida… de hacer lo que deseo y no estar haciendo lo que él dice… necesito salir de esta vida… aunque me va a ser muy difícil…
-Es lo mejor que te puede pasar…
-Y tengo que darte las gracias! No sé por qué hacés todo esto… pero te lo agradezco…
-Porque sos una mujer que no se merece esa vida… Te merecés a alguien mejor a tu lado…
-Es verdad… Gracias Seba…
Y me dio un abrazo antes de salir del departamento.
En otro momento, en otras circunstancias, le hubiera dicho que lo hacía porque me había enamorado de ella en esas tardes de mate en el departamento.
***
Valeria
Ese sábado me levanté temprano, me preparé unos mates y me fui a leer al patio, era un lindo día y aprovecharía el sol.
No sé en qué momento se levantó Guillermo, pero a eso de las once de la mañana, apareció en el patio ya cambiado como para salir y me dijo que se encontraba con Javier, un amigo de él que desde hacía unos años vivía en Rio de Janeiro y que estaba en el país unos días, tan solo le dije, está bien.
Unos minutos después, me dijo que se iba y salió de casa.
No sabía si en verdad Javier estaba en Argentina o se iba a ver con esa mujer, o con otra, ya me daba lo mismo.
Ni bien se fue, decidí mandarle un mensaje a Sebastián, esperaba que no estuviera trabajando, quería ir a su casa.
Al instante me respondió que estaba y le dije que ya iba para allí, toqué le timbre y subí a su piso, en otro momento, me hubiera sentido muy nerviosa de estar en su casa, pero sabiendo lo que sabía, si Guillermo se enteraba, me daba lo mismo, no faltaría mucho para que todo explotara.
Sebastián me esperaba en la puerta de su departamento y lo saludé con un abrazo, me gustaban sus abrazos, me hacían sentir segura.
Entramos y preparó el mate, mientras conversábamos me dijo que podría mirar las redes sociales del abogado y cuando le pregunté si tenía una computadora, me dijo que sí, pero era una PC y estaba en su habitación.
Sin dudarlo le dije si podíamos usarla, era una invasión a su privacidad, pero Sebastián no puso pegas, tan solo me pidió perdón por el desorden, lo que claramente no me importó.
Miramos por más de una hora el Facebook de Marchioni, donde pude confirmar que la mujer con la que mi esposo me era infiel, era nada menos que la esposa del dueño del estudio, es decir, su jefe.
También vimos el Facebook de su mujer, sin dudas se mostraban como una familia feliz, sin saber ese hombre que su mujer se acostaba con otro hombre, y justamente un empleado suyo.
Quien me hubiera visto… no solo en la casa de Sebastián, sino además, los dos sentados en su cama… solo sentados, pero uno junto al otro…
Se hizo el mediodía y Sebastián, casi con temor a que le diga que no, me preguntó si me quedaba a almorzar, y me dije, ¿por qué no? le dije que sí, y con una sonrisa me dijo que prepararía la comida.
Me sentía relajada, a pesar de saber que se venían tiempos agitados, disfruté de ese almuerzo, de nuestra conversación y de nuestras risas.
Casi sin darnos cuenta, se hicieron las tres de la tarde, juntamos y ordenamos todo y luego me fui para casa, no quería aún que se complicaran las cosas, una idea rondaba mi cabeza y si me decidía, tendría que esperar un poquito más.
Llegué a casa y me acosté a dormir una siesta, no quería estar despierta cuando Guillermo llegara, no quería que me contara vaya a saber qué cantidad de mentiras, estaba segura de que no se había encontrado con Javier.
Lo escuché entrar, pero no vino a la habitación, eran las cuatro y media de la tarde y me quedé dormida.
Me desperté como a las seis y no escuchaba ruidos en la casa, me levanté y por suerte, Guillermo no estaba en la casa.
No tenía ganas de ponerme a cocinar, salí a hacer algunas compras y volví con una pizzas ya preparadas, tan solo había que hornearlas.
Siendo las ocho, como no volvía, puse una pizza en el horno y cuando estuvo, me comí dos porciones y dejé el resto sobre la mesada, que comiera solo cuando volviera, si es que volvía antes de la hora de la cena.
Me senté a leer en la cama, y cuando lo escuché entrar, apagué la luz y me hice la dormida, no quería ni siquiera hablar con él.
Lo escuché en la cocina, luego escuché un partido de futbol en la tv, estaría en el sillón comiendo.
No entendía su actitud, más allá de cómo se comportaba conmigo, de controlarme, de hacerme sentir de su propiedad, de tratarme para la mierda, no hacía otra cosa, no me hablaba, no se interesaba por mí, no me buscaba en la cama, ¿Qué quería de mí? ¿Tan solo a alguien que le cocinara, que le lavara y planchara las camisas? ¿Qué mantuviera la casa limpia? Tan solo eso sentía que era para él, y tenía que decir basta.
Lo que estaba pensando hacer, sin dudas significaría una situación complicada, pero nunca le perdonaría que me hubiera puesto la mano encima, tenía que reaccionar.
Saber de sus infidelidades me hizo ver las cosas de otra manera, iba superando el miedo que le tenía, ya no más.
El domingo antes de salir de casa cerca del mediodía, me dijo que se volvía a encontrar con Javier, que esa misma tarde se volvía a Brasil, cosa que no creí.
Pero agradecí que se fuera, por lo menos tenía unas horas de no andar escondiéndome en la casa para no cruzarlo.
Pensé en llamar a Sebastián, pero sé que trabaja los fines de semana y no quería que dejara de hacerlo, si lo llamaba, estaba segura de que no iría a trabajar.
Pero según lo que venía pensando, a eso de las dos de la tarde, le envié un mensaje…
Continuará…
Continúa en
- Relato #220909— title-regex: contiguous parts (4 -> 5)
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La vecina veinteañera tetona
Marco lleva años mirando el vacío, hasta que los ojos verdes de Sara encienden una llama que creía extinta.
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Mi experiencia... con alguien mas. ;) 2
El video ya está listo para reproducirse. Él sabe lo que hiciste, y ahora quiere saber si te gustó más que él.
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El deseo de un amigo cornudo.
Él sabe que ella lo quiere, pero sabe aún más que su verdadera pasión reside en las manos de otro.
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Dalia - la esposa joven del viejo mecánico.
Manuel sabía que Julia la había acogido por compasión, pero él vio algo más en la mirada rota de Dalia: una oportunidad para poseer lo que su esposa…
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Un masaje especial
Él creía conocer cada rincón de su matrimonio, pero la puerta del gimnasio ocultaba un secreto que cambiaría todo.
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Huérfano 2
El alcalde cree que lo tiene todo bajo control, pero su esposa ha planeado una fuga. Mientras él juega al gato y al ratón, ella busca en tus brazos…
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