El odioso cuñado ( capítulo séptimo )
Jaime le ofreció una noche de pasión a cambio de un favor imposible: desvirgar a un desconocido. Patricia aceptó por necesidad, pero lo que comenzó como un chantaje emocional se transformó en una adicción irresistible. Ahora, la tentación de Jacinto la acecha cada vez que su marido se va, y ella sabe que no podrá resistirse a la tentación de volver a verlo.
Faltaban tres días para el regreso de su marido y la ansiedad oprimía su pecho pensando como sería su vida con él en casa. No quería que regresara y sentía que la cama de matrimonio pertenecía en esos momentos a Jaime. Él se había ganado ese derecho por todo lo que le había hecho sentir en ella.
- Por favor, quédate a dormir conmigo – pedía desesperada mientras lo abrazaba – Dentro de tres días regresa tu hermano.
- He quedado para ir a una fiesta con amigos – respondió.
- Cuando regrese tu hermano podrás ir a todas las fiestas que quieras – lo miró y besó su boca – Se bueno, nene. Haré lo que me pidas pero necesito volver a dormir contigo.
Jaime, pensativo, acariciaba su cabeza.
- Alguna vez has desvirgado a un chico? – preguntó.
- A que viene esa pregunta?
- Dime… has desvirgado alguna vez a un chico?
- Claro que no! – respondió ofendida – Sabes de sobra que llevo con tu hermano desde que eras un mocoso.
- Y si te lo pido lo harías? – la miró – Me quedaría contigo estas tres noches si lo haces.
- Pero tú por quién me tomas? – furiosa se separó de él.
- Tampoco es para tanto, cuñada – le dijo como si fuera lo mas normal de mundo – Tenemos un amigo que todavía es virgen y vamos a pagarle una puta. Si lo haces tú me quedo con el dinero y todos tan contentos. Yo con el dinero, él por fin conocería una mujer y tú feliz de tenerme aquí estos tres días. Pero bueno, da igual. Olvídalo.
- Pensaba que habías cambiado pero sigues siendo el mismo crío engreído de siempre.
- Anda, ven – agarrándola del brazo la arrastró hacia su pecho – Pensaba que harías lo que fuera por estar conmigo – la besó y agarró una nalga con algo de fuerza.
- Pero eso que me pides no puede ser, nene – suspiró al sentir que le estaba acariciando el coño – Joder, me pones cachonda, cielo.
- No se yo – le dijo – Si de verdad fuera así, aceptarías y pasaríamos tres noches follando como locos. Por una hora con Jacinto te pierdes tres noches.
- Nene… no me hagas esto, por favor.
- Piénsalo, por favor – sus dedos comenzaron a hurgar en la húmeda hendidura – Harías feliz a ese chico. Debe ser una putada tener que ir con una puta para esa primera vez. Tú por lo menos eres cariñosa cosa que una fulana dudo que lo sea.
- Pero quién es ese chico?
- Es el hermano pequeño de Luis, mi mejor amigo. El pobre nunca tuvo novia porque es muy poquita cosa y algo feo pero es un buen chaval.
- Y que edad tiene?
- Tiene dieciocho pero parece mas pequeño. Los cumplió esta semana y por eso queríamos regalarle lo de ir con una puta.
- Y el lo sabe? – suspiró al sentir los dedos – No creo que le haga gracia eso de ir con alguien de pago.
- No le hace gracia porque es muy tímido, pero se muere por estar con una tía. El pobre se mata a pajas – se rio.
- Sigue tocándome, nene – gimió.
- Vas a pensártelo? – le preguntó.
- Dios! No pares – gimió – Y si lo hago dormirás conmigo estos tres días?
- Te juro que si – masajeó el clítoris tembloroso – Y follaremos seguido.
- Me corro, nene – empezó a temblar – Me follarás el culo también? Me azotarás?
- Haré lo que quieras, cuñada. Lo vas a desvirgar?
- Si…si… lo haré. Seré su primera mujer – comenzó a correrse – Dios mío! Me estoy corriendo, cielo.
Patricia estaba atacada de los nervios. Jaime había quedado que se llevaría al niño al parque y así ella podría estar en casa sola con Jacinto.
A las siete sonó el portero automático y nerviosa fue a contestar.
- Quien?
- Ho…Hola – su voz sonó muy débil y aniñada – Soy… soy Jacinto.
- Sube – abrió el portal.
Al verlo, sintió casi tanta vergüenza como aquel jovencito que se acercaba a la puerta con pasos temerosos. Jaime tenía razón y parecía mucho más joven de su edad. Era bajito y apenas había desarrollado todavía la musculatura propia de cualquier joven de dieciocho años. Le dio ternura ver que era feillo con aquellos ojos saltones y la boca de labios muy finos.
- Hola, Jacinto – le saludó avergonzada de darse cuenta a qué se debía su visita.
- Hola… - su voz era temblorosa y la miraba asustado.
- Pasa, cariño.
Mientras ella intentaba romper un poco el hielo, él la miraba nervioso y movía las manos entrelazadas.
- Viste a Jaime en el parque? – le preguntó.
- Si, estaba con su sobrino.
- Si, se lo llevó para que pudiéramos estar solos. Lo sabes, verdad?
- Si.
Al joven le costaba mirarla y con la cabeza agachada miraba las piernas de Patricia.
- Me dijo Jaime que nunca tuviste novia – le habló conmovida por su timidez – Es cierto?
- Nunca tuve novia. A las chicas de mi edad les gustan los chicos fuertes y guapos y yo… - puso cara triste.
- Tranquilo, cielo – le acarició la cara y sintió que el joven se estremecía – Ya aparecerá una chica. Y yo te parezco guapa?
- Eres muy guapa – reconoció sonrojándose.
- Gracias, Jacinto – le sonrió – Te gustan mis piernas?
- Si. Me gustan mucho.
- Nunca acariciaste a una mujer?
- No.
- Dame tus manos, cielo – al agarrarlas sintió que eran muy suaves y pequeñas – Ven, apóyalas en mis piernas.
Patricia se avergonzó al sentir que ese contacto tan suave le provocó un estremecimiento. Nunca habían acariciado sus piernas unas manos tan pequeñas.
- Acarícialas. No tengas miedo – le pidió nerviosa – Son suaves mis piernas?
- Son muy suaves.
Cerró los ojos al sentir que esas manos acariciaban sus muslos con mucha delicadeza como si tuviera miedo de romper algo. Su corazón se aceleró cuando separó las piernas y supo que ese chico por primera vez estaba viendo las bragas de una mujer.
- Toca todo lo que quieras, cariño.
Las manos avanzaban lentamente hacia sus bragas y Patricia sintió que estaba mojando la ropa interior. Tuvo que reprimir un gemido cuando la mano rozó su braguita húmeda.
- Ahí también puedo tocar? – preguntó asustado.
- Quieres tocarme ahí? – también la voz de ella temblaba.
- Si me deja, si – contestó – Nunca toqué a ninguna chica ahí.
- Toca, cielo.
Al sentir como ese crío tocaba su braguita, tuvo que taparse la boca para no emitir ningún sonido avergonzante. Los pequeños dedos se movían sobre la tela pareciendo dibujar la hendidura que se marcaba en la tela.
- Desprende mucho calor. Puedo meter la mano por dentro?
- Hazlo si quieres, corazón.
Como una mano tan pequeña e inexperta podía hacerla sentir aquello? En cuanto sintió los dedos de Jacinto moverse por su coño como culebrillas buscando donde esconderse, Patricia empezó a temblar y cogiendo un cojín se lo puso en la cara para evitar que el joven pudiera ver su cara desencajada y escuchara sus gemidos de placer y asombro. No le dio tiempo a quitarle la mano y comenzó a correrse como si se meara de gusto.
- Dios! Dios!...No puede ser! – exclamaba contra el cojín acurrucada en el sofá mientras su vagina seguía corriéndose.
- Está bien? – preguntó Jacinto preocupado al verla así y mirando sorprendido su pequeña mano goteando.
- Si, mi niño – logró decirle entre espasmos para tranquilizarlo – No pasa nada, cielo.
Cuando logró recuperarse, apartó el cojín y miró al joven.
- Tranquilo – estaba sorprendida por lo que había sentido – Sabes lo que es un orgasmo?
- Es correrse, no?
- Si – lo miró con ternura – Hiciste que tuviera un orgasmo.
- De veras? – el rostro de Jacinto se iluminó al saber que había hecho alcanzar el orgasmo a una mujer la primera vez que tocaba un coño.
- Si, cielo – en ese momento, a pesar de su poco agraciado físico, le pareció un joven hermoso.
Con las piernas todavía temblorosas, lo llevó a la habitación.
Allí lo abrazó y se dio cuenta que era mucho mas alta que él. Sintió la cabeza de ese joven apoyada en sus pechos y lo sintió suspirar.
- Te gusta estar así apoyado? – acariciaba su cabeza.
- Si, mucho.
- Espera – separó el abrazo y se quitó la camiseta larga que llevaba. Le sonrió al ver la carita de fascinación que puso cuando se quitó el sujetador – Ven, mi niño.
Al abrazarlo sintió la mejilla contra su pezón y este se puso totalmente duro. Ambos suspiraron con aquel contacto. Aquellos besitos en el pecho desnudo la hicieron estremecer.
- Que dulce eres, cielo. Te gusta darme besitos en el pecho?
- Si.
- Ven. Vamos a la cama – al tumbarse se quitó las braguitas – Así podrás mirarme bien. Tú haz lo que quieras, vale?
- Yo también me desnudo?
- Quieres desnudarte? – en realidad deseaba verlo desnudo – Así yo también puedo verte a ti.
Jacinto se sonrojó al bajarse el slip y que esa mujer, la primera en su vida, viera su pene erecto. Patricia no pudo evitar mirarlo. Su pene, ni mucho menos tan grande como el de su cuñado, se veía enorme, desproporcionado en comparación con su cuerpo menudo. Le llamó la atención que fuera muy curvado haciendo forma de arco.
- Ven, cariño – estiró el brazo para ofrecerle la mano – No te avergüences, tienes un pene muy bonito.
- Le parece bonito?
- Es precioso – le dijo agarrándolo – Dios! – susurró al ver que estaba duro como un hierro.
Mientras el joven tocaba su cuerpo y besaba sus pechos, Patricia no podía evitar tocar su pene y acariciarle los testículos sin rastro de vello. La boca del crío besaba sus pezones y los chupaba como un cabritillo hambriento. Su inexperiencia le hacía chupar a veces demasiado fuerte, otras muy suave e incluso a veces tironeaba de ellos estirándolos demasiado.
Se movía sobre su cuerpo buscando cada rincón por descubrir y a veces si su pene rozaba la piel femenina se comenzaba a mover como un perrito en celo buscando frotarse.
Todo aquello hacia que Patricia estuviera muy cachonda y ella le acariciaba la espalda, el pecho casi infantil, las piernas suaves.
Patricia gimió cuando sintió el pene del joven contra su barriga y este comenzó a moverse como si quisiera follarle el ombligo.
- Espera, mi niño – le pidió – Ponte entre mis piernas. No tengas miedo.
Agarrando el pene lo colocó en la entrada de su coño pero sin darle tiempo a nada, Jacinto comenzó a mover las caderas frenéticamente frotándose contra la hendidura.
- Dios, mi niño! Tranquilo… - aquel frotamiento contra su clítoris la hizo correrse – Sigue… frótate contra mi, cariño.
El joven comenzó a temblar y explotó de placer sobre su coño, barriga, pechos.
- Eso es, cariño. Echa todo fuera sin tener vergüenza – lo abrazó.
Sorprendida, sintió que a pesar de haberse corrido, el pene seguía igual de duro.
- Quédate quieto, cielo – le pidió estirando el brazo y agarrando el miembro, lo volvió a colocar esta vez haciendo que el glande resbalara en su interior un poco – Eso es, mi niño – gimió – Cuando quieras puedes empujar sin miedo.
Como activado por un resorte, Jacinto, al sentir el calor de la vagina, comenzó a moverse de nuevo descontroladamente y Patricia creyó volverse loca con aquel ritmo demoledor.
- Eso es, mi niño – lo miraba asombrada – Ya estás follando a una mujer. Oh, cielo! Es delicioso – su vagina comenzó a contraerse y al abrazar esa polla virgen esta comenzó a expulsar semen regándola por dentro – Si…si… yo también me estoy corriendo, cariño.
El joven se echó sobre el cuerpo de ella y al ser mas pequeño, su cara quedó apoyada en las tetas. Patricia gimió al sentir aquella boca de labios finos, inexperta, mamando sus pezones. Asombrada, sintió que el miembro seguía en su interior y su dureza se mantenía idéntica.
- Te gusta, cielo? – acariciaba su cabeza y tanta ternura la ponía muy cachonda.
- Me gusta mucho y a usted?
- Cielo, me encanta – besó su cabeza – Me estás matando de gusto. Joder! – otra vez comenzó a moverse al mismo ritmo. Aquel joven no sabía follar despacio y eso a ella la estaba enloqueciendo – Así, mi niño bonito. Desvírgate bien en mi coño.
Aquel chico era un portento. Todas las ansias que llevaba acumulando durante años para poder follar con una chica, las estaba descargando en su coño. Sus deseos de teta los saciaba en las de Patricia a la que no dejaba de mamar.
La había follado cinco veces y se había vaciado en ella esas veces pero su erección seguía intacta. Patricia no podia creerse que un muchacho virgen pudiera estar provocándole tantos orgasmos. Sudoroso, mamaba sus pezones.
- Cariño, no se te baja nunca? – le preguntó alucinada – Ay, mi bebé. Estás empapado en sudor, mi cielo. Quieres que me ponga encima?
- De verdad quiere follarme?
- Si, cariño.
Encima de él, sintió que le daba vergüenza moverse descontrolada con la mirada del joven en su cara.
- No me mires así, cariño – le pidió mientras se corría otra vez – Tu polla me está volviendo loca, por dios!
Y es que al ser tan curvada la polla, sentía que el glande presionaba su punto g y se estaba meando de placer empapando la barriga del crío.
Avergonzada, no podía dejar de moverse encima de él mientras le acariciaba el pecho juvenil.
- Oh, cariño. Me corro otra vez! – se echó sobre él y lo besó en la boca haciéndolo sonrojar – Así cariño. Abre la boca y deja que nuestras lenguas se acaricien – lo miró separándose de él – Ahora me voy a quedar quieta y vas a agarrar mis nalgas y quiero que te muevas debajo de mi hasta que te corras, vale?
- Vale.
Apoyando los pies en el colchón, se quedó de cuclillas con las manos en el estómago del crío.
- Ahora, mi niño. Fóllame como tú sabes, cielo.
Al empezar a moverse con aquella velocidad, Patricia creyó morirse de gusto. De su coño comenzó a salir a chorros abundante flujo y el semen acumulado.
- Si…si… Que bien follas, cariño – estaba sintiendo un orgasmo interminable mientras la polla en forma de arco friccionaba todo su coño – Hasta que te corras, cielo. No pares.
- Me corro… Me gusta follar con usted – comenzó a temblar y sus testículos comenzaron a vaciarse en ella.
- Y a mí me gusta como follas, cariño – acarició su cara lampiña – Que bonito eres. Así… vacíate, mi niño.
Patricia se quedó tumbada en la cama mirando al techo y se echó las manos a la cabeza. Girando la cara, lo miró como para comprobar que era real lo que acababa de vivir. Su vagina palpitaba de la cantidad de veces que se había corrido. Miró sus pezones y estaban hinchados.
Jacinto la miraba sin saber que hacer ni que decir y ella abrió los brazos para que se cobijara en ellos.
- Que tal estás, cielo? – acarició su cabeza con ternura – Te ha gustado?
- Si. Me ha gustado muchísimo – contestó – Nunca pensé que mi primera vez fuera a ser así y con una mujer tan guapa.
- Eres un cielo – le dijo y besó su cabeza – Yo nunca habia estado con un chico virgen y no me esperaba esto. Estoy muy sorprendida, mi niño. Espera… - alargando el brazo cogió el teléfono para ver la hora – Le dije a Jaime que a las nueve subiera a mi hijo. Son las ocho y media. Quieres hacerlo otra vez? Tenemos media hora.
Patricia gemía desesperadamente mientras aquel crío la follaba sin descanso provocándole varios orgasmos encadenados.
- Túmbate boca arriba, cariño – le pidió – Quiero que te corras de una manera distinta antes de que te vayas. Quieres?
- Vale.
Saber que aquella polla tan joven era la primera vez que estaba en la boca de una mujer, le produjo un morbo intenso. Se la chupó, lamió, besó. Hizo lo mismo con sus testículos suaves. Le excitaba ver su pequeño cuerpo temblando mientras metía la polla entre sus labios hasta la garganta.
- Cielo… - le dijo – Muévete como si la tuvieras en mi coño y no pares hasta correrte.
- Le aviso cuando me vaya a salir la leche?
- No…no… No me digas nada y deja que salga en mi boca.
Jacinto le folló la boca con la misma energía y rapidez que lo hacía con su coño. Enseguida comenzó a correrse llenando su boca de aquel semen tan dulce que Patricia tragó encantada.
A Patricia le dio pena tener que despedirse del crío pero enseguida subirían Jaime y Marcos.
- Si alguna vez necesitas algo no dudes en llamarme, mi niño.
- Vale, le hice una llamada perdida y así puede anotar mi número también.
- Lo anotaré, cielo – en la puerta lo miró – Quieres darme un beso en la boca antes de irte?
- Me gustaría mucho.
Se besaron durante un par de minutos y ambos sintieron que se estaban excitando de nuevo.
- Van a traerme a mi hijo – se separó – Cuando tengas una tarde libre llámame, por favor.
- Vale.
Lo vio marchar y una extraña sensación de tristeza se apoderó de ella al verlo alejarse. Mientras esperaba el ascensor, se miraron y el sonreía feliz. Ella lo miró con ternura y recordó la cara de ese crío cuando había llegado hacia dos horas. Su miedo y tristeza se habían transformado en confianza y alegría.
Al ver llegar a Jaime se sintió rara. Ella le había insistido, casi rogado, que se quedara a dormir e incluso había aceptado desvirgar a Jacinto para pasar la noche con su él y ahora al verlo se sintió decepcionada consigo misma.
- Que tal con el ojos saltones? – le preguntó con una sonrisa burlona – Mira – metiendo la mano en el bolsillo sacó ciento cincuenta euros – Me los he ganado gracias a ti, cuñada.
- Calla, por favor – le pidió nerviosa – Está el niño en el baño.
- Por eso, cuéntame – bajó la voz – Lo desvirgaste?
- Si, pesado!
- Cuéntame, cuñada.
- Mira – le dijo enojada – Si te pedí que te quedaras a dormir no es para hablarte de como desvirgué a tu amigo, me entiendes? Si vas a estar así prefiero que te vayas. No me puedo creer que me hayas pedido hacer eso y todavía no entiendo cómo pude aceptar tu chantaje emocional.
- Cuñadita, no te pongas así – intentó abrazarla – Acaso te folló tan mal que estás enojada? Tranquila que ahora ya te follo yo como es debido y ya olvidas el mal trago de tener que follarte al feo del grupo.
- Mira, Jaime – abrió la puerta de casa – Vete con tus amigos de fiesta y cuando madures ven.
- Que!? – la miró sorprendido.
- Que te vayas de fiesta – lo miró sería – Gástate ese dinero que ganaste gracias a mi.
- Luego no me vengas con lloriqueos, vale?
- Vete, por favor.
Era la una de la mañana y seguía dando vueltas en cama sin poder dormir. Después de varias noches sin dormir con su cuñado, ya debería haberse acostumbrado a volver a estar sola en cama pero no era así. Se sentía rara y no dejaba de darle vueltas a la cabeza y se preguntaba si había hecho bien al echarlo prácticamente de casa o debería haber seguido tragándose el orgullo y soportar sus humillaciones. Que hubiera usado su dependencia sexual con él, para aprovecharse y prácticamente obligarla a acostarse con un chico que no conocía de nada, le había dolido muchísimo. Por suerte, Jacinto había sido encantador con ella y todavía seguía alucinada con lo mucho que había disfrutado con él. Recordó su cara de felicidad mientras esperaba el ascensor. También recordó ese beso que se habían dado en la puerta antes de irse. Se avergonzó al recordar que mientras se besaban sintió su vagina mojarse.
Cogió el móvil para distraerse un rato y vio que tenía una solicitud de amistad de Instagram. Era de Jacinto. Al aceptarlo vio que estaba conectado y se sintió rara al ver que se ponía algo nerviosa. Viendo su perfil, vio que la mayoría de sus fotos eran de gatos, perros y no tenía ninguna foto suya. Aquello le dio mucha ternura y no pudo evitar compararlo con el perfil de su cuñado en el que todo eran fotos de él; en el gimnasio mostrando su cuerpo, en la playa fardando de moreno y como no, con muchas chicas.
Vio que le llegaba un mensaje de WhatsApp y era de Jacinto.
Jacinto: “Espero que no le moleste que le escriba. Gracias por aceptar mi solicitud de Instagram”
Lo imaginó muy nervioso y con dudas de si escribir ese mensaje o no y decidió contestarle.
Patricia: “Claro que no me molesta que me escribas, cielo. Que tal estás?”
Jacinto: “Bien. Estuve estudiando un rato. Hoy fue el mejor día de mi vida gracias a usted”
Patricia: “Deberías confiar mas en ti, cariño. Eres un chico muy cariñoso y dulce. Me alegra que te sientas contento “
Jacinto: “Usted tampoco puede dormir?”
Patricia: “La verdad es que no “
Jacinto: “Yo tampoco y bajé a dar un paseo “
Patricia: “Y por qué no puedes dormir?”
Jacinto: “Me da vergüenza decirlo pero no puedo dormir porque pienso en usted”
Patricia: “No tiene que darte vergüenza decirlo. Eso es algo bonito “
Era una locura, pero sin pensarlo mucho, cuando Jacinto le dijo que estaba en la calle dando un paseo y que vivía cerca, pensó en decirle si quería volver a su casa. Y terminó diciéndoselo. Él, sin poder creérselo había aceptado y allí estaba ella junto al portero automático para abrirle el portal en cuanto la avisara.
Hacia mucho tiempo que no sentía esos nervios y le avergonzaba saber que eran provocados por un crío de dieciocho años con aspecto de adolescente sin ningún tipo de experiencia con otra chica.
Al verlo le sonrió y poniendo el dedo en la boca le pidió silencio. Él la miraba con incredulidad sin poder creerse que estuviera allí de nuevo.
Lo llevó de la mano a la habitación.
- No podemos hacer ruido – le dijo – Está mi hijo durmiendo.
Volvieron a besarse como aquel beso de despedida en la puerta de casa. Pero este beso no era de despedida y dejaron que sus cuerpos sintieran sin tener que reprimirse. Patricia lo besaba con deseo, él la besaba con deseo y torpeza. Una torpeza que encendía el cuerpo de ella al saber que su boca era la única que había probado aquella saliva dulce que se derramaba por sus barbillas dada la ansiedad y nula experiencia del crio.
- Perdone pero no sé besar – le dijo avergonzado limpiando la barbilla de su maestra en las lides del sexo.
- Ya aprenderás, cariño – le dijo excitada – Me gustan tus besos.
Quitándose la camiseta larga, quedó totalmente desnuda y él miró sus tetas.
- Bésame los pechos, cielo – le pidió – Que eso sí que sabes hacerlo de maravilla.
Y entre que tenía los pezones aún sensibles de esa tarde y lo excitada que estaba, tuvo que taparse la boca cuando el crío comenzó a mamárselos con tanta avidez.
- Quién bien lo haces, mi niño – lo apretaba contra sus pechos y sentía sus pezones como piedras deshacerse entre sus labios – Te gusta mamarlos?
- Me gusta mucho.
- Joder! – exclamó quitándole la camiseta – Necesito acariciarte, mi niño.
A Patricia le resultaba fascinante como aquel crío podía provocarle aquellos orgasmos cuando sus pequeños dedos se movían curiosos por su coño. Pero lo que mas le asombraba era que cuando él se corría entre temblores, su polla en forma de arco seguía igual de dura.
Nadie en su vida la había follado así. El crío se había corrido tres veces dentro de su coño sin tener que sacarla y lo seguía sintiendo igual de duro que como al principio.
- Dios, es increíble, mi niño! – lo abrazaba asombrada al sentir que volvía a follarla – Así mi niño, sigue follándome hasta que te vacíes de todo.
- Me corro otra vez – comenzó a temblar entre los brazos de esa mujer – Cuando me hago pajas no me pasa esto – le dijo besando sus pechos después de correrse y siguiendo duro.
- Y por qué crees que es, mi niño? – preguntó asombrada y maravillada.
- Es que al correrme siento que su coño se aprieta a mi pene y me gusta tanto que no se me baja.
- Mi coño aprieta tu polla porque también me corro cuando eyaculas, cielo – gimió muy cachonda – Así, nene… Déjate en mi pecho y muévete cuando lo necesites.
Juntos descubrieron que la única manera de que se le bajara era haciéndole una mamada y al eyacular ella apartarse. Si mantenía la boca alrededor del pene, este seguía duro.
- Es fascinante – le dijo alucinada después de que el crío hubiera eyaculado en su boca dos veces seguidas – Estos testículos no dejan de fabricar leche? – se los besó con deseo.
Se abrazaron y a Patricia le encantaba como Jacinto le daba muchos besos en la cara mientras la miraba.
- Es muy guapa, Patricia – le dijo sonrojado.
- Hemos follado toda la noche y me vas a seguir tratando de usted? – le sonrió – Se que me ves muy mayor para ti pero puedes tutearme, cariño.
- Vale, gracias.
- Tus padres te riñen si duermes fuera de casa?
La cara de felicidad que tenía dormido apoyado en sus pechos le hizo sonreír. Era la primera mujer a quien había besado, follado, la primera que le había hecho conocer lo que es sentir que le hicieran una mamada y ahora… Ahora era la primera mujer con quien dormía.
Al despertar se quedó sorprendida al ver que el crío la tenía agarrada muy fuerte como si temiera que en mitad de la noche lo abandonara y su boca mamaba de uno de sus pezones aún estando dormido. Su pene, como si tuviera vida propia, cabeceaba contra su muslo buscando el contacto de la piel femenina que hasta ese día no había conocido.
Le dio pena despertarlo al verlo tan relajado pero, excitada como estaba con aquellas succiones en el pezón y el roce húmedo del pene contra ella, la hizo llevar la mano al coño y se masturbó mirando el miembro que tanto le estaba gustando.
Su vagina estaba demasiado sensible y no tardó en correrse.
Miró la hora y ahora sí debería despertarlo porque tenía que llevar al niño al colegio. Dándole besitos lo fue despertando y le encantó ver la cara que puso al verla.
- Cielo, dentro de un ratito tengo que levantarme para despertar a mi hijo – le hablaba en voz baja mientras acariciaba su cara adormilada.
- Si… si… Perdona – intentó separarse como no queriendo ser una molestia.
- Espera, cariño – le pidió agarrándole el sexo erecto – Deja que te ayude con esto.
Le hizo una mamada y cuando eyaculó se separó de él.
- Date una ducha rápida mientras le preparo el desayuno a mi hijo – le besó – Me gustaría tener mas tiempo y poder desayunar contigo pero no puede ser, mi niño.
- No pasa nada – le dijo – Yo iré para casa y desayuno allí antes de que lleguen mis padres del hospital y luego me voy al instituto.
- Eres un sol – lo miró – Tus padres trabajan siempre de noche?
- Si, normalmente si.
- Si quieres puedes dormir conmigo esta noche.
- Me dejas? – preguntó ilusionado.
- Si pero me tienes que prometer que estudiarás antes por la tarde.
- Estudiaré toda la tarde – la abrazó – Me gustó mucho dormir contigo.
- Y a mí contigo, cielo.
(Continuará)
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