Xtories

Menudas vacaciones

Daniel solo quería aliviar una necesidad urgente, pero su mirada accidental lo atrapó en una escena prohibida. Entre los matorrales, el voyeur descubre que la realidad supera cualquier fantasía, y la tentación de no moverse se vuelve más fuerte que su deber.

Escorp737K vistas9.4· 10 votos

Capítulo II: Una excitante sorpresa.

- La verdad es que este trabajo no está mal pero lo que cobro es una mierda. Por lo menos paso la mayoría del tiempo al aire libre, sin tener a ningún jefe tocándome las narices y con este quad que es una pasada.

Daniel era un hombre de unos 30 años, con la cabeza rapada para intentar disimular que tenía una alopecia bastante extendida, de estatura media y más bien grueso. Vestía con el uniforme de la empresa para la que trabajaba, “aventura para todos”, compuesta por una camiseta de color negro con el logotipo de esta en grande en la espalda y otro mas pequeño en el lado derecho del pecho y por un pantalón multibolsillos corto de color caqui, unas botas negras de media caña y una pamela mimetizada para evitar una insolación en días de sol como ese.

En la parte trasera del quad había un cajón negro porta equipajes en el que transportaba la comida y accesorios que le pudiesen solicitar los clientes que eran asignados a su zona de servicios.

Daniel llevaba unos 5 años trabajando para “aventuras para todos” en aquella zona, después de haber tenido que abandonar la ciudad donde vivía debido a algunos problemas con una exnovia y con la justicia.

Cuando se encontraba cerca de la zona del campamento de sus nuevos clientes decidió hacer una parada para quitarse el polvo del camino, sus jefes siempre le insistían con lo importante que era dar una buena imagen y para echar una meada.

Paró su quad junto al camino por el que transitaba, se bajó y se metió entre unos árboles. Ese era un lugar que conocía porque un poco más adelante, entre los árboles, se tenía una maravillosa vista del pequeño lago con su cascada y a veces se sentaba unos minutos para disfrutar del paisaje.

Terminó de orinar y caminó un poco más para dirigirse a su lugar favorito antes de tener que poner su mejor sonrisa y simpatía con unos clientes a los que hasta ahora solo había visto una vez y que parecían agradables, aunque el hombre daba la impresión de ser muy serio y poco amigo de desconocidos.

Aquel día tuvo una sorpresa inesperada y que a pesar de haber pensado en alguna otra ocasión que era posible encontrarse algo así lo pilló por sorpresa.

Cuando llegó justo al punto donde comenzaba a verse el lago vio a una pareja en el agua, ambos desnudos y besándose. Inmediatamente se escondió detrás de unos matorrales sin poder apartar la vista de lo que sucedía. El hombre le daba un azote en el culo a la chica y de forma casi inmediata ella se arrodillaba delante de él, cogía su miembro, el cual por cierto le pareció que tenía un tamaño mucho mas que aceptable y se lo metió en la boca.

Unos segundos después vio como ella se lo sacaba de la boca, lo miraba a los ojos, posiblemente para decirle algo e inmediatamente él le cogía la cabeza con ambas manos y se la metía otra vez en la boca, de una manera un poco brusca a su parecer, pero que a ella no debió de molestarle porque continúo chupándosela con más empeño si cabe y usando las dos manos.

Daniel pensó que no debía quedarse allí mirando, pero ¿Qué podía hacer?, seguro que era peor presentarse allí en ese momento tan…. Intimo, así que decidió que no se[rc1] movería del lugar hasta que terminasen para asegurarse de que cuando llegase no interrumpía nada, era la excusa perfecta para no reprocharse la decisión que había tomado[rc2].

Se puso todo lo cómodo que pudo, teniendo en cuenta el lugar y las circunstancias y se dispuso a “hacer tiempo” hasta que pudiese continuar con su trabajo.

La mujer a la que vio el primer día, cuando los acompañó al lugar de acampada, le pareció muy simpática, reía a cada momento, muy guapa, con una carita angelical y que tenía un cuerpo muy sensual, sobre todo los pechos ya que se podía intuir por el canalillo que se le veía por el escote de la camiseta que debían ser de un buen tamaño, aunque en aquel momento tampoco pudo deleitarse en profundidad, su pareja, aquel tío más bien grande y con cara de pocos amigos, aunque muy educado, todo hay que decirlo, no le quitó ojo de encima hasta que se marchó del lugar.

Ahora que podía verla en todo su esplendor pensó que se había quedado muy corto en la primera valoración que se hizo del cuerpo del angelito rubio, ¿angelito? Un angelito no hace lo que él estaba viendo en esos momentos.

Ella seguía arrodillada delante del hombre, dentro del lago, en un lugar poco profundo ya que el agua no llegaba a cubrirle la más mínima parte de los pechos. Desde su posición, un poco ladeada, podía apreciar un ligero vaivén, de esas increíbles tetas, al compás del movimiento con el que acompañaba a sus manos y a su boca en la felación que estaba practicando.

A decir verdad, no tenía muy claro si ese vaivén lo hacía ella voluntariamente o era producto de las manos que tenía en la cabeza y que parecía que no la dejaban parar, aunque si era así parecía que le gustaba porque el ritmo fue aumentando su cadencia.

- Joder, menuda mamada le está haciendo el angelito. Le está comiendo hasta los huevos – se dijo Daniel a si mismo.

Valeria se había sacado aquel grueso y largo pene de la boca y sin soltarlo de sus manos, comenzó a lamer aquellos testículos que colgaban justo delante de su cara. Cada pocos segundos, con su lengua, partía desde ese punto y sin parar lamía hasta la punta del miembro y volvía a bajar.

Rómulo le soltó la cabeza y arqueando un poco la espalda hacia delante, consiguió coger uno de los pechos. Le ocupaba la mano entera y justo en su palma notaba como se clavaba el pezón, cosa que hizo que aun se excitase más, si es que era posible.

Daniel estaba comenzando a pensar que aquello no estaba bien y que se iba a ir al lugar donde se encontraba su vehículo, esperaría un tiempo prudencial y continuaría el camino hasta llegar al campamento pero….. justo en ese momento el hombre volvió a cogerla de la cabeza y tirando de ella la puso en pie y comenzó a besarla con desesperación, le dio la vuelta, poniéndola de espaldas a él y tras apartarle el pelo del cuello con un rápido movimiento, clavó sus dientes en el cuello de ella a la vez que la agarraba por ambos pechos y le pegaba su miembro al culo, provocando todo esto que la mujer soltase un gemido entre cortado que Daniel pudo percibir aunque muy atenuado.

- Ostias con el angelito, como gime – pensó Daniel – y eso que aun no la ha empalado con ese rabo.

Daniel decidió que se iba a quedar un poco más, por lo menos se estaba alegrando la vista ya que ahora podía verla por completo, desnuda, con el agua por las rodillas y casi de frente a él. De repente, por acto reflejo, agacho la cabeza tras el matorral en el que se escondía ya que le pareció que el hombre miraba en su dirección, aunque un poco más abajo.

Efectivamente, Rómulo había mirado en su dirección, pero no porque se hubiese percatado de su presencia, sino porque en esa orilla del lago había una mesa de madera larga con unos bancos a los lados, de las que ponen las zonas de acampada.

Poco a poco fue empujando a la mujer que no oponía ningún tipo de resistencia ni decía nada. Cuando llegaron a la mesa Daniel tenía una mejor visión tanto del espectáculo en sí como de ellos por lo que en ese momento comprendió la pasividad de ella.

Valeria tenía la cara sonrosada, sus ojos mostraban deseo a través de una mirada que excitó a Daniel, más aun, sin que realmente fuese consciente de ello.

Cuando llegaron al filo de la mesa, Rómulo la giró poniéndola de frente a él y sin decir ni una palabra puso sus manos sobre sus hombros empujándola suavemente hacia atrás hasta que su espalda quedó apoyada sobre la madera. Se arrodilló, cogió las piernas de ella por los tobillos y los elevó hasta que las plantas de los pies quedaron apoyadas sobre sus hombros y al igual que hace un náufrago, tras varios días a la deriva sin agua y encontrarla, metió la cabeza entre sus muslos y comenzó a lamerla, a comérsela.

Justo en el momento en que su lengua pasaba por aquella rajita completamente mojada, y no por haber salido del lago hacía solo unos segundos precisamente, la espalda de Valeria se arqueó de una manera increíble quedando únicamente en contacto con los ásperos tablones de la mesa sus hombros y sus caderas, a la vez que dejaba escapar un gemido, esta vez nada contenido.

- Madre mía, como me está poniendo. Ese gemido si que lo ha soltado a gusto – se dijo Daniel en voz baja mientras instintivamente se colocaba el pene de una manera que le resultase más cómodo tras la erección que acababa de tener.

Rómulo continuó lamiéndola mientras la tenía sujeta por las caderas con ambas manos para evitar que Val se le escapase cada vez que se retorcía de placer.

- Joder cariño, que lengüita tienes, puf – dijo ella en un volumen al que Rómulo no estaba acostumbrado.

- Si que te estás soltando cariño, en casa no gritas de esa manera. Aquí no te avergüenza que te puedan escuchar los vecinos.

Valeria no contesto a esto, como si no lo hubiese escuchado y se limitó a incorporarse un poco, coger la cabeza de su amante con ambas manos y apretar su cara en lo más profundo de su entrepierna lo que provocó que a los pocos segundos tuviese un orgasmo como los que Daniel solo había visto y oído en las pelis porno que veía más habitualmente de lo que reconocería.

Rómulo se quitó los pies de Valeria de sus hombros, la cogió por la nuca, la levantó de la mesa, la giró, poniéndola de espaldas a él y sin soltarla la inclinó hacia delante hasta que ella pudo notar la seca madera contra sus pezones y su lado izquierdo de la cara.

Sin perder más tiempo, Rómulo se acercó a ella hasta sentir en la punta de su pene la humedad y el calor abrasador que surgía del interior de aquella mujer a la que tanto amaba y deseaba.

Comenzó a penetrarla muy despacio, notando como iba abriendo cada centímetro de su interior a la vez que él se inclinaba hacia delante hasta poder morder su espalda mientras con la mano derecha la cogía de la melena para obligarla a levantar la cabeza y poder besarla en los labios justo en el momento en que llegaba a lo más profundo de su interior provocando en ella otro de esos gemidos que tan cachondo lo ponían. A él y aunque lo desconociese, a Daniel que no podía apartar la vista de lo que sucedía sobre aquella mesa que tantas veces había visto durante los últimos 5 años y que a partir de ahora no volvería a ver con los mismos ojos.

- Ostia puta, menudo viaje le está metiendo. Y si ha gemido así con la primera envestida no quiero ni pensar los que va a dar cuando empiece a darle en serio. – pensó Daniel.

Rómulo comenzó a aumentar el ritmo y la fuerza de sus empujones, provocando que los gemidos de Valeria aumentasen en la misma medida. Llegado cierto momento se incorporó, cogiéndola nuevamente de las caderas y tirando de ella hacia atrás, separándola poco a poco de la mesa, quedando ella finalmente inclinada hacia delante, apoyando en la mesa exclusivamente sus manos, con sus brazos extendidos.

A él le encantaba ponerla en esa postura, sobre todo en casa donde tenía un espejo, de cuerpo entero, frente a la cama y donde podía ver como sus pechos se balanceaban con cada una de sus envestidas mientras los pezones erectos rozaban con la sábana de la cama.

Su miembro comenzó a palpitar en el interior de ella al mismo tiempo que notaba más presión.

- Joder que polla tienes, que gusto das – gritó Valeria mientras sentía tal orgasmo que provocó, sin saberlo, que Daniel eyaculase en sus slips.

- Me corro cariño – dijo Rómulo.

Justo en ese momento Valeria se apartó, se giró y se arrodilló frente él, mirándolo a los ojos mientras le decía:

- ¿Qué quieres que te haga tu puta?

- Chúpamela, quiero correrme en tu boca.

- Pues pídemelo bien – dijo Valeria mientras agarraba su miembro con ambas manos y lo meneaba.

- Chúpamela puta, quiero correrme en tu boca.

Ella comenzó a chupársela con frenesí, metiéndose en la boca todo lo que le era posible hasta llegar a notar unas pequeñas arcadas, lo que suponía la mitad aproximadamente. Aquellos chupetones resonaban como si una gran ventosa se despegase con brusquedad.

Rómulo no pudo aguantar más. Valeria noto como se le hinchaba más aun en el interior de su boca, como latía de una forma descontrolada y de repente… notó como su boca se llenaba de calor mientras el cuerpo de él se retorcía y temblaba. Ella no paró y siguió chupando un poco más, hasta que notó que él se quedaba sin fuerzas.

Al sacársela de la boca, un pequeño hilo de la esencia de él cayo sobre los pechos de Valeria. Los dos se quedaron mirándolo y sin mediar palabra ella puso una mano sobre su pecho y lo extendió por su pezón izquierdo mientras volvía sus ojos contra los de él aun de rodillas.

- Joder, joder, joder – dijo Daniel, en un tono más alto de lo que él mismo esperaba, aunque nadie llegó a escucharlo, afortunadamente – esto es digno de una peli porno. Pensaba que mujeres así solo existían en esas pelis. Tengo que buscarme una así.

Tras esto Daniel decidió que era el momento de volver a su vehículo, fumarse un cigarro, solo para hacer tiempo y continuar hasta aquel lago que ahora veía de otra manera y terminar su reparto.

Llegó al campamento unos quince minutos después, dándole acelerones a su quad para ser oído antes de su llegada por si acaso.

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[rc2]