Una mujer de uso libre. 3- Trabajo duro
Rosario no acepta excusas ni fachadas de inocencia. En el despacho del director, con las puertas cerradas, Alba descubre que su cuerpo ya no le pertenece, sino que es un objeto de uso común para quienes deciden reclamarlo.
Trabajo de auxiliar administrativa en un despacho inmobiliario gracias a el contacto de una pareja de amigos de mis padres. Al poco de entrar me llegaron rumores de que los otros empleados me acusaban de nepotismo, pero yo me esfuerzo de verdad por ayudar. Rosario, una soltera de cincuenta años, muy seria y muy elegante, es la secretaria del director y la responsable de enseñarme mis tareas. Desde el primer día tengo la sensación de que no le caigo bien y decido aprovechar que la pillo a solas para aclarar lo que pasa.
Al principio Rosario no quiere hablar del tema pero me pongo pesada y acaba diciéndome que pase al despacho del director, que está de vacaciones.
"Las dos sabemos por qué estás aquí, Alba," me dice, tirando de los botones de mi blusa. "Es por estas tetas gigantes que tienes. Todo el mundo dice que eres una cerda."
Yo le explico que no he usado mi cuerpo para conseguir el trabajo y que no puedo hacer nada si a la gente le resulto atractiva. Que yo no voy buscando sexo, pero que tampoco me molesta tenerlo. Lo disfruto, pero no lo voy buscando.
"No vayas de santa, guapa, el recepcionista vio cómo te dejaste magrear por el técnico del ascensor al que te pedí que le llevases las llaves."
Le respondo que es verdad pero que no lo hice por nada especial. El chico tenía ganas y a mí no me molesta que me hagan eso.
"¿Estás mal de la cabeza? ¿Te da igual lo que te haga cualquiera?", continúa Rosario, cada vez más indignada.
Le respondo que sí, me da igual, pero no es que esté loca ni nada. Me gusta que aprecien mi cuerpo y no hace daño a nadie.
"No puede ser. No me lo creo. ¿Te tirarías a cualquiera, sin una buena razón?"
Asiento con la cabeza y me disculpo si le causa alguna molestia, pero no creo que sea razón para perder el trabajo.
Cada vez más enfadada, Rosario llama a recepción y pide que envíen a Tomás, el de mantenimiento, diciendo que hay algo roto en el despacho del director.
Yo me quedo sentada, esperando sin decir nada. Llega Tomás, un hombre de casi sesenta años, gordo, calvo y con bigotillo. Es un poco más alto que yo, pero en general no es lo que la mayoría de gente definiría como un hombre atractivo. Tiene una voz muy cascada porque le tuvieron que quitar un cáncer de garganta, pero siempre es muy discreto y atento, al menos conmigo.
"Tomás, ya conoces a Alba, ¿verdad?"
Tomás responde asintiendo y con un gruñido. Yo le saludo desde la silla.
"Alba dice que le gusta que la usen hombres y que le da igual quién sea."
Tomás nos mira a las dos, confuso, sin decir nada.
"¿Te parece atractiva, Tomás?"
Tomás me mira, sonríe nerviosa, le mira a Rosario, alza las cejas, me vuelve a mirar. Asiente pero me mira con cierta culpabilidad.
"Si Tomás te quiere follar, no tendrías ninguna queja, ¿no, Alba?"
Yo le explico que no quiero perder el trabajo pero que no tengo nada en contra de Tomás en general.
"No te preocupes. Si no me has mentido, aquí no se despide a nadie. Ponte de pie, Alba y apoya las manos sobre la mesa del director."
Miro primero a Rosario, luego a Tomás, me levanto y me pongo frente a la mesa, con las manos apoyadas. Rosario se acerca a Tomás y enreda un poco en su caja de herramientas hasta que saca un nivel largo.
"Y si yo quiero hacer algo, ¿tampoco sería un problema?", pregunta la secretaria, caminando detrás mío.
Le explico que con mujeres no tengo experiencia, pero tampoco problemas. Responde levantando mi falda sobre mi espalda y dándome un azote con el nivel. No para hacer daño, pero lo suficiente para que escueza un poco y deje marca en mis nalgas blancas. Contengo un grito de sorpresa y no protesto. Rosario me azota la otra nalga.
"Cuando yo era joven también me gustaba sentirme deseada", explica mientras me azota y Tomás mira anonadado pero sin atreverse a hacer nada. "Pero no iba por ahí dejando que cualquiera me tocase. Había un propósito. ¿Qué buscas?"
Le explico que no busco nada, que es como me gusta ser. Los azotes empiezan a doler al dar sobre zona ya enrojecida, pero al mismo tiempo me resulta estimulante. Empiezo a notarme un poco húmeda.
"Si le digo a Tomás que te puede follar, ¿le dejarás hacer y ya está? ¿Te da igual que sea pobre, viejo y gordo?"
Asiento, mirando de reojo a Tomás, que parece más excitado por la situación que ofendido por el súbito ataque verbal de la secretaria. Se nota un bulto importante en la zona central de su mono de trabajo y no es difícil percibir que le está costando no tocarse.
"¿Tomás, a qué esperas?", le increpa Rosario, bajándome las bragas y agarrando mis nalgas doloridas. "Mira a ver si le arreglas, que está fatal de la cabeza."
Tomás me mira con cierto miedo, pero muy excitado. Sus mejillas se han puesto casi tan rojas como mi culo tras los azotes y el bulto en su mono de trabajo no puede estar más tenso. Le sonrío y le digo que por mí no se corte. Se pone detrás mío, Rosario se siente frente a mí. Oigo una cremallera abrirse, un cinturón de herramientas tocar el suelo y noto unas manos de dedos gruesos, muy sudadas, acariciar mis nalgas y muslos.
"Dios", dice desde detrás mío la voz cascada del manitas. "Dios", repite mientras separa mis nalgas. Noto su cara sudada apretada contra mi culo y una lengua gruesa y un poco áspera empieza a comerme el coño y lamerme el culo. Yo me acomodo un poco para que llegue mejor a mis zonas sensibles y disfruto de la comida mientras Rosario me mira casi tan excitada como confusa.
"Qué cerda", comenta, inclinándose hacia mí y abriendo varios botones de mi blusa. "Cerda, tetona y con esa carita de no haber roto un plato nunca."
Yo estaba con la mirada perdida y una expresión de extrema placidez. Tomás no sería modelo de portada, pero no era la primera vez que comía un coño y estoy disfrutando de su experiencia. Cuanto más rato está, mejor lo hace, y cuando empieza a masajearme el clítoris no tardo mucho en correrme. Tomás celebra con un gruñido de satisfacción tras beberse buena parte de los fluidos que he ido soltando. Mientras, Rosario mete las manos en mi blusa abierta y empieza a apretarme las tetas y pellizcarme los pezones.
"Pedazo de cerda", dice, antes de darme un beso apasionado, mordiendo mi labio inferior. "Guarra, viciosa."
Yo le devuelvo los besos, viendo como lo que empezó como miedo ante una posible rival cambia a algo más pasional aún. Tomás, disfrutando del espectáculo, tampoco estaba quieto. Sentí algo muy grueso, cabezón y peludo restregarse alrededor de la entrada húmeda y palpitante de mi vulva, rozando los sensibles labios exteriores antes de entrar poco a poco, como con ceremonia. Un gruñido de placer y el tacto de unas pelotas peludas y cargadas contra mis muslos anuncia el momento en el que Tomás me penetra completamente. Para lo gorda que se siente y lo mucho que me llena, la verga del manitas es proporcionalmente bastante corta. Empieza a darme embestidas, cortas pero intensas, mientras apoyansobre mi culo su enorme barriga cervecera, cubierta de sudor.
Los jadeos de Tomás, mis gemidos y los insultos de Rosario forman una peculiar banda sonora puntuada por el rítmico sonido húmedo de la follada que estoy recibiendo. El pobre Tomás, evidentemente necesitado de cariño, aguanta solo un par de minutos antes de llenarme el coño con un buen número de chorros de semen caliente, espeso y en cantidades muy generosas. Su verga sale sola en cuanto se encoje un poco y, como suñi hubiera quitado un tapón, un canal de lefa mezclada xon mis fluidos brota inmediatamente, manchando el mono del manitas, que estaba tirado en el suelo y librando así la alfombra del director. Tomás, un poco en pánico, limpia lo que puede con unos trapos que lleva y se vuelve a poner el mono, ahora mismo muy pringoso, después de recolocarme la ropa interior y la falda con un gesto que se me antoja galante dadas las circunstancias.
Mientras el manitas estaba ocupado limpiando su parte del desaguisado, Rosario me seguía comiendo la boca y jugando con mi pecho como si fuesen dos enormes bolsas anti estrés. Apenas le puedo dedicar una sonrisa de satisfacción y un guiño al pobre Tomás, antes de que la secretaria le ordene abandonar el despacho. Ella rodea la mesa del despacho, se quita la falda, mostrando un conjunto de lencería de seda con liguero y medias oscuras, y se sienta en una de las sillas con las piernas abiertas, señalando con el nivel el suelo frente a ella.
"Joder, qué guarra eres, me has puesto a mil. ¿Has disfrutado siendo follada por ese viejo asqueroso?"
Le reprocho que insulte a Tomás y le confirmo que sí, había sido muy placentero. Me arrodillo frente a ella, donde señala, y añado que ella besa muy bien y también me ha gustado cómo me toca, aunque sea un poco violenta y faltona.
"Cariño, es que no puedo resistirme. Te veo esta cara de angelito y este cuerpo tan obsceno y se me altera la sangre." Usando el nivel, me levanta la barbilla y me mira a los ojos. "Pero quiero que seamos amigas y ahora mismo necesito mucho una amiga", continúa, echando el cuerpo hacia delante y su ropa interior hacia un lado, enseñándome un coño con labios muy gruesos y rojos, brillantes de humedad y rodeados de una mata de pelo castaño rizado. "Vamos a llevarnos bien", añade, dejando caer la herramienta y cogiéndome eel pelo de forma un poco brusca hasta que mi boca está en contacto con su coño.
Yo conozco muy bien la teoría del cunilingus, pero solo lo he experimentado como receptora. Sin embargo, nunca es tarde para aprender y la actitud de Rosario por alguna razón me resultaba estimulante. Al principio no sé muy qué hago, pero la secretaria no me suelta la melena en ningún momento y va criticando lo que hago mal, dándome algún cachete si soy especialmente torpe, pero premiando mis avances con caricias en mi cabeza y expresiones de afecto. Bueno, relativamente hablando.
"Sigue así, cerdita. Qué bien, qué bien, lame más adentro. Besa la perla, deja que se roce con tus encías. Ooooh, buena chica. Aaaash ahí, ahí mi cerdita. Hmmm."
No me esperaba que Rosario fuese una squirter, pero por suerte puedo evitar un desastre mobiliario, a costa de manchar mi blusa. Cuando termina su orgasmo, la secretaria me suelta el pelo y me pide ayuda para levantarse. Le ayudo con la falda, nos besamos un buen rato y ella no deja de apretarme en las nalgas enrojecidas ni de buscar mis pezones bajo el sostén para pellizcarlos. Lo cierto es que solo llevo un par de horas en la oficina y parece que haya ido a la guerra. Estoy despeinada, con el maquillaje corrido y la blusa manchada. Rosario también está con la ropa desoeganizada pero parece mucho más compuesta que yo.
"Ven conmigo al baño, que te ayudo a arreglarte, Alba, guapa."
Sigo a la secretaria y en menos de un cuarto de hora consigue rehacer nuestro peinado y maquillaje, aunque lo de mi blusa no tiene arreglo inmediato. Me deja una suya, que apenas puedo cerrar, y me dice que por hoy vaya para casa. En el ascensor de bajada me cruzo con Tomás, que tras dudarlo mucho y evitar mi mirada, se atreve a darme un beso, al que correspondo encantada antes de salir a la calle, despidiéndome con cariño.
Relatos similares
- Fantasías Eróticas
En el autobus (3)
Sabe que es un error. Sabe que es un desconocido. Pero el recuerdo de sus palabras en el baño la quema desde hace dos días.
Comparte:Bdsm suaveDominacion femeninaHeterosexual general
- Hetero: Infidelidad
Ella con tacones y yo con cuernos (2)
Él espera en casa, sabiendo que cada mensaje de su novia es una orden para degradarlo más. Cuando ella regresa, no busca consuelo, sino un castigo:…
Comparte:Bdsm suaveDominacion femeninaSumision como liberacion
- Hetero: General
Otras dos hermanas ( continuación ) y mi amiga Pil
Pilar no vino a ayudar, vino a conquistar. Mientras las hermanas esperaban su turno, ella llegó para demostrar que en esa casa, las reglas las…
Comparte:Trio mffDominacion femeninaPoder y control
- Hetero: General
Es fea pero me pueden sus tetas
Siempre la tuvo presente, pero nunca la miró de esa manera. Hasta que un domingo de resaca, Lucy cruzó su puerta y demostró que la apariencia era…
Comparte:Bdsm suaveDominacion femeninaDeseo reprimido
- Hetero: General
Un Final Inesperado
Llevaba dos años guardando ese secreto en silencio. Esta noche, sin embargo, Estela no piensa contenerse más.
Comparte:Dominacion femeninaBdsm suaveDeseo reprimido
- Dominación
Mala compañía Vol.1
Blake llegó con la intención de proteger a su familia, pero Petra tenía otros planes. Lo que comenzó como una acusación de infidelidad se transformó…
Comparte:Dominacion femeninaBdsm suaveHeterosexual general