El engaño del chat me explotó en la cara
Carlos creía controlar la fantasía desde la pantalla, pero al ofrecer a su esposa a un desconocido, cruzó un límite que no podía volver atrás. Ahora, escondido en la oscuridad, es testigo mudo de cómo la mujer que ama se entrega a otro hombre con una pasión que a él le negó, y su propia culpa se mezcla con una excitación que no sabe cómo manejar.
Carlos llevaba tiempo sintiéndose insatisfecho en su matrimonio, quizás era por la rutina, por llevar muchos años juntos, no lo sabía. Él consideraba que todavía estaba bien, media 175 cm y pesaba 87 kg, tenía algo de panza, pero al ir a jugar de pádel y alguna salida en bicicleta creía que todavía se mantenía algo en forma. Aunque amaba a su esposa Laura, la rutina y la monotonía se habían instalado en su relación, especialmente en el ámbito sexual, ya que sin saber por qué cada vez tenían relaciones de forma más esporádica y de forma muy mecánica. Y eso que su mujer todavía se estaba de buen ver, Laura media 163 cm y pesaba unos 55 kg, tenía el pelo largo y castaño, con ojos color almendra y unos buenos pechos de talla 90. Ambos tenían 32 años y aunque se habían casado hacia 3 años, llevaban juntos desde los 21. Carlos sospechaba que él había sido su único hombre en su vida, aunque Laura nunca se lo confirmo al cien por cien.
Una noche, aburrido y buscando distracción, Carlos decidió entrar en un chat de su provincia. Pasó horas intentando entablar conversación con alguna mujer, pero no tuvo suerte. Frustrado y motivado por el morbo de ver qué decían otros hombres ante una mujer, cambió su usuario y decidió hacerse pasar por una mujer para ver si conseguía más atención. Bajo su nueva identidad femenina, pronto se vio rodeado de hombres interesados en charlar con él. Esta no era la primera vez que Carlos lo hacía; en otras ocasiones había adoptado una identidad femenina para hablar de situaciones picantes, disfrutando del morbo que le provocaba. Ante diferentes situaciones que él provocaba le servía para hacerse la paja de turno y quedarse tranquilo y relajado.
Tras varias conversaciones triviales, comenzó a hablar con un hombre maduro de 48 años, Antonio, que tenía una forma de hablar que le intrigaba, era una mezcla de educado, pero se le intuía que era un viciosillo como la mayoría de los hombres que le hablaban. Antonio trabajaba y vivía en Rubí, justo al lado de donde Carlos vivía, en Ripollet, de vigilante en un polígono. La conversación empezó de manera inocente, hablando sobre intereses comunes y la vida diaria, pero Carlos tenía la intención de poco a poco derivar la conversación hacia temas más íntimos y sexuales para excitarse y hacerse una paja rápida.
- Hola, ¿cómo estás? -preguntó Antonio iniciando la conversación.
- Hola, bien, ¿y tú? -respondió Carlos, manteniendo su nueva identidad femenina.
- Bien, gracias. ¿De dónde eres? -preguntó Antonio.
- De Ripollet. ¿Y tú? -dijo Carlos.
- Yo trabajo y vivo en Rubí, estamos cerca. ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? -preguntó Antonio.
- Me gusta leer, ver películas y salir a caminar. ¿Y a ti? -contestó Carlos tras su personaje femenino.
- Me gusta mucho el cine. ¿Has visto alguna película interesante últimamente? -preguntó Antonio.
- Sí, vi una comedia romántica hace poco. Fue bastante divertida. ¿Te gustan las comedias? -respondió Carlos.
- Sí, me encantan. Aunque también disfruto de las películas de acción. ¿Cuál es tu género favorito? -dijo Antonio.
- Me gustan las comedias y los dramas. -respondió Carlos.
- ¿Cuántos años tienes? – preguntó Antonio haciendo un cambio radical de tema.
- 33, ¿y tú?
- Tengo 48, espero que no te importe la diferencia de edad – dijo Antonio.
- Para charlar no me importa- respondió Carlos.
A partir de aquí fue cuando Antonio cambio ya de tema directamente y empezó ya su sutil tiramiento de caña típico y torpe que se utilizan en estos chats.
- Cambiando de tema… ¿qué buscas por aquí? – dijo Antonio.
Aquí Carlos ya empezó con su personaje.
- Sólo charlar y pasar un rato divertido por aquí. ¿Y tú?
- Hablar con chicas guapas como tú y si hay suerte vernos y quedar algún día. - respondió Antonio.
- Yo no creo que pueda quedar, estoy casada – dijo Carlos tras su identidad femenina.
- ¿Cómo eres? – le pregunto Antonio ignorando la negativa anterior.
- Soy morena, 160 cm, 52 kg y 90 de pecho. Pelo largo y liso, con ojos oscuros. -se inventó Carlos.
- Eres un pibón – respondió Antonio de golpe.
- Muchas gracias, jejeje – dijo Carlos - ¿Y tú? ¿Cómo eres?
- Mido 1,75, voy rapado, peso 90 kg con algo de barriguita pero estoy en forma.
- No estas mal para tu edad – respondió Carlos.
- Pues quedemos, jajajaja – dijo de golpe Antonio.
- ¡Jejeje, no que estoy casada! – dijo Carlos bajo su personaje femenino.
-
Antonio empezó a llevar la conversación a un terreno más sexual de golpe.
- Qué es lo que más te excita en la cama, si no te importa que te lo pregunte. -dijo Antonio.
Carlos, disfrutando del morbo de la situación porque Antonio empezó a preguntar cosas más sexuales, probablemente al indicar que no quedarían, respondió con una mezcla de curiosidad y travesura.
- Me gusta cuando un hombre toma el control, pero también disfruto siendo yo la que lleva la iniciativa, especialmente ponerme encima y mirando los ojos. -escribió, sintiendo un extraño placer al adoptar esta nueva personalidad.
- Eso suena muy excitante. ¿Alguna has quedado con alguien del chat en persona? -preguntó Antonio directamente descartando seguir con la conversación sexual por el momento.
- No, nunca he llegado tan lejos. ¿Y tú? -respondió Carlos, ahora más intrigado.
- Sí, un par de veces. -contestó Antonio.
- ¿Qué tal fueron esas experiencias? -preguntó Carlos, queriendo saber más.
- Fueron bien. Da mucho morbo empezar a hablar con alguien por aquí y quedar finalmente y acabar follando. -dijo Antonio, recordando.
- Puedo imaginarlo. Debe ser muy morboso. -respondió Carlos, sintiendo que la conversación se calentaba.
- Va venga. Oye, ¿por qué no quedamos un día de estos? Me encantaría conocerte en persona. -sugirió Antonio.
Carlos, sintiendo un extraño placer ante la insistencia de Antonio, decidió llevar la situación un paso más allá.
- No sé si sería una buena idea… -escribió Carlos, dejando la frase en el aire.
- Vamos, ¿qué puede pasar? Solo un café y si no te sientes cómoda nos vamos. -insistió Antonio.
- Es que no puedo ser infiel… -respondió Carlos, disfrutando del poder que sentía al mantener la atención de Antonio.
- No tienes que hacer nada que no quieras. Solo me gustaría conocerte. -persistió Antonio.
Carlos, consciente de que estaba disfrutando demasiado de la situación, decidió aprovechar el momento para dar un giro inesperado a la conversación.
- Bueno, quizá no pueda quedar yo, pero tengo una amiga que podría estar interesada. -escribió, sintiendo un morboso placer al pensar en ofrecer a su esposa Laura como parte del juego.
- ¿En serio? ¿Cómo es ella? -preguntó Antonio, mostrando interés inmediato.
- Te voy a describir a mi amiga Laura. Tiene 32 años, pechos talla 90, pesa unos 55 kg aproximadamente, es castaña y tiene el pelo largo. Estoy segura de que te encantaría conocerla -escribió Carlos, describiendo en detalle a su propia esposa.
- ¿Y por qué querría quedar conmigo? – respondió Antonio.
- Su marido es un gilipollas y le va esto de quedar con otros tíos. Lo hace alguna vez al año para romper la rutina y suele quedar con gente del chat. Y si tienes suerte puedes ser tú el próximo. – contesto Carlos excitándose cada vez más por el hecho de ofrecer a su mujer.
- ¿No le importara la edad? – dijo Antonio.
- ¡Para nada! Alguna vez lo ha hecho con maduritos me ha explicado. – se inventó Carlos.
Carlos, al estar ofreciendo a su mujer y dejarla como una mujer infiel le excito enormemente, sin darse cuenta tenía la polla a reventar y no paraba de acariciarse. A partir de aquí, Antonio se mostró muy interesado y pidió ver fotos de Laura y de ella. Carlos, previamente le envió algunas fotos de una chica que encontró en una red social que cumplían la descripción de su personaje. Y posteriormente envió fotos de Laura que tenía guardadas en su ordenador, fingiendo que eran de su supuesta amiga. Tras intercambiar fotos y descubrir cómo era físicamente Carlos, que vio que era un tipo bastante del montón y feo de cara, además de tener una barriguita cervecera. Carlos muy excitado decidió llevar la situación un paso más allá, sintiendo un morbo creciente al pensar en cómo Antonio podría seducir a Laura. Le da morbo imaginarse este tipo feote intentando tirar la caña a una tía como Laura.
- Ella está bien, ¿verdad? -escribió Carlos, disfrutando de la situación.
- Sí, está buenísima y tú también. Me encantaría conocerla ya que tu no quieres quedar conmigo. -respondió Antonio con entusiasmo.
- No, no… yo no voy a quedar, pero te voy a dar algún consejo para quedar con Laura. Para seducirla, te recomiendo que empieces con algo suave. A ella le gusta que la hagan reír primero, así que podrías hacerle alguna broma. -sugirió Carlos, detallando con precisión los gustos de Laura que es mucho de la broma.
- Buena idea. ¿Y luego? -preguntó Antonio, ansioso por más consejos.
- Luego, sé muy atento con ella. Le encanta que le presten atención y que le hagan sentir especial. Puedes comentarle lo hermosa que es, especialmente su sonrisa y sus ojos. Le gusta que la piropeen -continuó Carlos, sintiendo un extraño placer al imaginar a Antonio siguiendo sus consejos.
- ¿Algo más que deba saber? -inquirió Antonio, cada vez más interesado.
- Sí, si logras que se sienta cómoda, ves a por ella. Le gustan que le muerdan los pezones y como a todas, una buena comida de coño. Dile que se lo harás diferente a su marido para llamar su atención, que está muy desatendida. -añadió Carlos, disfrutando cada detalle y pensando que era cierto que no tenían sexo y algo desentendida sí que estaba.
- Gracias por los consejos. ¿Crees que debería decirle algo en particular? -preguntó Antonio.
- Dile que estás interesado en conocerla más allá de lo físico. A ella le importa mucho la conexión emocional. Si lo haces bien, estoy seguro de que estará interesada en ti. -dijo Carlos, con una mezcla de curiosidad y morbo.
Finalmente, Carlos le pasó el número de teléfono de Laura, sintiendo una extraña emoción al imaginar lo que podría suceder y como le vendría Laura indignada porque un desconocido, mayor y feo, le estaba diciendo para quedar.
Carlos se despidió y cerró la conversación con un sentimiento de culpabilidad por poner a Laura en medio y morbo, esperando ver cómo reaccionaría Laura. La situación le excito tanto que inmediatamente, tras cerrar la conversación se masturbo soltando un enorme chorro.
Pasaron unos pocos días sin que Laura mencionara nada, lo que hizo suponer a Carlos que había ignorado el mensaje de Antonio y no le dio más importancia al asunto. O quizás ni se había atrevido ni a contactar con Laura.
Sin embargo, el morbo de la situación seguía presente y decidió volver al chat y repetir su papel de mujer, pero otra distinta esta vez, para excitarse con la conversación para su paja de turno. Accedió al mismo chat y navegando entre los usuarios, reconoció el nick de Antonio. Varios hombres le abrieron conversación, pero Carlos no les hacía caso porque tenía curiosidad en hablar con Antonio por cómo había sido la reacción de su mujer cuando él la contactó. Decidió esperar a que Antonio le iniciara la conversación y, finalmente, Antonio lo hizo.
- Hola, ¿qué tal? -preguntó Antonio, iniciando la conversación.
- Hola, muy bien, ¿y tú? -respondió Carlos, manteniendo su identidad femenina.
- Todo bien, gracias. ¿Cómo te llamas? -preguntó Antonio.
- Me llamo Ana, ¿y tú? -dijo Carlos tomando una identidad femenina nueva.
- Antonio. ¿Eres de por aquí? -preguntó Antonio.
- Sí, soy de Montcada. ¿Y tú? -contestó Carlos.
- Vivo cerca, en Rubí. ¿Y qué haces por aquí? -dijo Antonio.
- Nada, charlar ahora que tengo algún momento libre – respondió Carlos.
- ¿Sólo charlar? – dijo Antonio con picardía.
Carlos, sintiendo una mezcla de curiosidad y nerviosismo, decidió introducir el tema que más le interesaba.
- Si, ¿Qué has hablado con muchas mujeres últimamente por aquí? ¿O has quedado con alguna? Se te ve con experiencia y lanzado por aquí. -preguntó Carlos siendo muy directo, deseando saber cómo había ido con su mujer. Quería comprobar si se había enfadado mucho cuando su mujer pasó de él, como suponía Carlos.
- No mucho, hace tiempo que no quedaba con nadie, pero el otro día conocí a una chica por aquí. Me pasó el contacto de su amiga y acabamos quedando -respondió Antonio.
Carlos sospechó que se refería a su mujer y sintió una punzada de morbo y sorpresa, mientras lo pensaba se quedó congelado y necesitaba saber más. No podía ser posible que se refiriese a Laura.
- ¿En serio? ¡Qué fuerte! Cuéntame más. -respondió Carlos, intrigado y un poco nervioso por saber si hablaba a Laura.
- Pues empezamos a hablar ella y yo. Y tras unos mensajes por WhatsApp y algunos días hablando, decidimos quedar. Al principio, ella estaba a la defensiva porque no sabía quién era yo, pero le dije que una amiga me la había recomendado por chat. - dijo Antonio
- ¿Una amiga? – pregunto Carlos muy sorprendido y alucinando porque hablaba de su mujer y la amiga era él.
- Sí, una amiga suya me habló de ella en el chat, por eso obtuve su contacto. Con la chica que quedé ya no hablé más ese día, y ella se pensaba que era una broma y yo pensé que todo acababa aquí. Durante un par de días no me hablo, pero colgaba fotos en su estado de WhatsApp por lo que vi que no me había eliminado y empecé a enviarle comentarios de las fotos que colgaba, aunque no me respondía. Así que al cabo de unos días me atreví a volverla a saludar y ella estaba más receptiva. Mantuve conversaciones triviales, ablando sobre sus hobbies, el trabajo y nuestras vidas en general. Ella al principio se creía que era una broma, pero a los pocos días ya había buen rollo y se olvidó de donde venia mi contacto. - relató Antonio.
- Y luego, ¿qué pasó? - pregunto Carlos impaciente.
- A los pocos días, me atreví a conversar sobre temas más picantes. La chica no estaba cómoda al principio, pero poco a poco fue cediendo. Incluso me compartió que con su marido lo hacían pocas veces, que él siempre estaba con el ordenador y encima lo hacía rápido y mal, como para correrse rápido y listos. Incluso me conto que sólo había estado con él y eso me sorprendió, porque su amiga me había dicho que había quedado con otros tíos, algo no me cuadraba, pero seguimos hablando. Es la típica chica clásica que no había estado con otros tíos para no buscar problemas, pero se notaba que lo necesitaba. ¡Y aquí estaba yo! Jajajaja!
- ¿Y qué más? - pregunto Carlos excitado y rabioso que dijeran eso de él.
- Tras desahogarse sobre su vida sexual le comenté que su foto de perfil era muy guapa y empezó a estar más receptiva. Entonces, le pedí fotos. – explico Antonio.
- ¿Y te las envió? - dijo secamente Carlos.
- Al principio, no quería, pero al final empezó a compartir fotos. Comenzamos intercambiando fotos normales, pero luego le envié una mía en bañador y le pedí una a ella también. Finalmente, Laura cedió y me envió una foto en bikini.
- Vaya, ¿y eso cómo siguió? – dijo Carlos sentándose muy excitado y preocupado por la infidelidad de su mujer.
- Así, fuimos subiendo de nivel. Le pasé una foto de mi polla, lo que enfrió la conversación, creo que no le gustó. Pero esa misma noche, ella me envió una foto de sus pechos. Y esa misma noche continuamos enviándonos más fotos. Yo seguía enviando fotos de mi pene y, finalmente, ella se animó y me envió más fotos suyas desnudas. Tampoco muy explicitas, con desnudos delante del espejo con diferentes poses, pero me dieron un morbazo brutal.
- ¿Y cómo terminó todo eso? - Carlos recordó una noche en particular en la que Laura estuvo encerrada en el baño mucho tiempo, dijo que se estaba depilando y que no entrara en el baño. Ahora, Carlos empezaba a atar cabos porque nunca se cerraba en el baño. Y a su vez, le sorprendió mucho esa actitud de Laura, estaba alucinando.
- Le dije a la chica para quedar aprovechando la excitación del momento. Y me dijo que, si algún día se escaqueaba de su marido, nos podríamos ver.
- ¿Y cómo continuó la historia? - preguntó Carlos.
- La invité a la cabina de vigilancia del polígono donde trabajo, con la excusa de conocernos en persona. Le aseguré que estaríamos solos y que, si surgía algo más, podríamos dejarnos llevar. Aunque estaba convencido de que no se presentaría, me sorprendí cuando apareció. - seguía explicando Antonio.
- ¿De verdad? ¿Y qué pasó? - comentó Carlos estando cada vez más flipado con la situación.
- Dudó un poco al principio, pero finalmente aceptó. Fue una puta pasada. Vino vestida de jugadora de pádel, porque era la excusa que le había dicho al marido. Al verla con las mallas ceñidas y el top me puso a mil. Sinceramente no me esperaba que viniese, la chica está muy por encima de mis posibilidades. ¡Vaya, que fue una pasada! – relataba Antonio.
- ¿Pasada en qué sentido? – tenía curiosidad Carlos.
- Bueno, todo. Desde el momento en que llegó, empezamos a tontear. Nos quedamos hablando un rato, y luego las cosas empezaron a calentarse. Se le notaba que venía con ganas, muy mal la tenía que tratar el marido porque estaba buenísima.
- ¿Así que pasó algo más?
- Sí, estuvimos juntos en la cabina que es bastante amplia. Fue la ostia. No me lo esperaba, pero ella se entregó completamente. Menos mal que su amiga me dio consejos y los aplique para ver si me salía bien. Y estuve flipando por follarme a una mujer como esta.
- Wow, eso sí que es una sorpresa. – dijo Carlos una punzada en el estómago por ver que su mujer por su culpa se había volcado a otro hombre. Tenía ganas de vomitar… y de pajearse por igual.
- Sí, la verdad. Ahora estoy deseando que vuelva ser sábado para volver a quedar. – dijo Antonio.
- ¿Ah volveréis a quedar? – preguntó Carlos alucinando por otro posible encuentro.
Carlos sintió una punzada de celos y arrepentimiento, muy hecho polvo viendo lo que había provocado y sin poder imaginarlo, pero algo de morbo le dio la situación. Estaba muy interesado en ver lo que podía pasar por lo que preguntó con picardía:
- Quizás me apunto a un trío. ¿Dónde está ese polígono?- tras su identidad femenina.
Antonio, siguiéndole la broma, respondió con sorna:
- ¡Claro que sí, apúntate! Trabajo los fines de semana de vigilante en el polígono Rubí Sud. Tengo una cabina en un edificio donde nunca hay nadie los fines de semana. Solo entran por error un par de camiones al día. Allí siempre estoy solo, ja ja ja.- dijo Antonio mientras escribía la dirección de donde estaba a modo broma, siendo consciente que no vendría.
Carlos cerró la conversación, consciente de que Laura había mencionado tener un partido de pádel mañana sábado, por la mañana. Atando cabos, se dio cuenta de que Laura aprovechaba como excusa su partido de pádel para encontrarse con Antonio.
El sábado, Carlos se despidió de Laura, que la dejo mientras se estaba vistiendo para ir a jugar pádel, le sorprendió ver que antes de subirse las mallas se puso un tanga bastante erótico, no uno deportivo para jugar a pádel. Dudaba si decirle a Laura que lo sabía todo y parar esa situación, pero le daba mucho morbo ver qué pasaba con su Laura.
Tras ir al parking se subió al coche y se dirigió al polígono. Estaba hecho polvo y muerto de celos, pero la duda de si era Laura quien se estaba encontrando con Antonio, cosa que estaba seguro, pero lo necesitaba ver. Además, le sorprendía que la situación le estuviese dando mucho morbo, celos y asco por igual.
Aparcó un poco lejos para acercarse caminando de escondidas y no ser descubierto. Detectó la cabina que le describió Antonio y se acercó, escondiéndose por las afueras. Encontró un buen ángulo para ver lo que pasaba dentro desde fuera, ya que había una gran cristalera. Dentro de la cabina había varias mesas y un sofá. Cuando miró adentro disimuladamente y sigilosamente, vio a Antonio estirado en el sofá, con el móvil viendo algo… seguramente una serie por lo que se oía.
A esto, vio un coche que se acercaba y vio a Laura llegar, Antonio salió a recibirla. Carlos se escondió al otro lado para no ser descubierto, pero antes de esconderse, vio cómo Antonio le daba un beso apasionado a Laura. Aquí ya tuvo su primera punzada en el estómago.
Carlos se escondió detrás de un arbusto, nervioso y expectante. Tras un rato, vio a Laura y Antonio entrar en la cabina tras estar hablando un par de minutos al lado del coche de Laura. Carlos dudaba si asomarse a la ventana de la cabina, pero finalmente decidió hacerlo tras unos minutos de espera para no ser descubierto.
La imagen que vio le dejó impactado: Antonio estaba de pie y Laura, agachada sin el top con los pechos al aire, le chupaba la polla. Veía como se recreaba tragándola entera, era una polla normalita, pero iba intercalando lametones por el tronco y llegando a los testículos que también lamia. Miraba la cara de Laura, con el pelo recogido en una coleta, como tenía cara de placer y muerto de envidia porque a él se la chupaba poco y solo eran un par de lametones y rápidamente Laura se apartaba.
Tras unos minutos así, Antonio la levanto, le dio la vuelta y la empujó suavemente contra el sofá, bajándole hasta los muslos las mallas y el tanga que llevaba y penetrándola desde atrás. Laura gemía con placer, sus manos aferrándose al borde del sofá mientras Antonio la tomaba con fuerza. La tenía cogida por las caderas y puntualmente la levantaba para agarrarle por los pechos y morderle el cuello. Aquí vio que Laura tenía una cara de trance increíble, estaba flipando que un tipo feo se folle a su mujer y le guste más que cuando lo hace con él. Así permanecieron algunos minutos ente embestida y embestida.
Luego, la levantó y la llevó a una de las mesas tumbándola boca arriba, quitándole las mallas y el tanga, abriéndola de piernas y empezando a hacerle una comida de coño. Lo hacía con mucho esmero porque Laura no paraba de chillar. Carlos era consciente que eso a Laura le gustaba mucho, al menos cuando lo hacían a menudo al principio de su relación, pero ahora cuando Carlos se lo intentaba hacer le decía que mejor no, y en cambio ahora estaba aquí toda desinhibida con este tipo maduro y feote. En todo momento Laura no paraba de chillar, no podía imaginar cuantas veces había llegado al orgasmo, porque pudo ver que Laura con la comida de coño se arqueaba loca de placer y varias veces tenía espasmos.
Antonio se puso de pie delante de ella, y tras un intenso morreo que se dieron los dos, se colocó encima y la penetró de nuevo. Esta vez mirándola a los ojos. Los gemidos de ambos llenaban la cabina, aumentando en intensidad. Laura se arqueaba de placer de nuevo, moviendo sus caderas al ritmo de Antonio. Entre embestida y embestida, aprovechaba para inclinarse y morderle los pezones mientras la cogía por las muñecas y puntualmente le daba un leve bofetón.
En ese momento se escuchó un gemido abrupto de Antonio, indicando que ya se había corrido. Y sorprendido que haya dejado todo su jugo dentro de su mujer sin condón ni nada. Esto le dio un asco enorme y se sintió más humillado.
Carlos vio cómo finalizaban la follada que habían tenido. Ambos se sentaron en el sofá uno al lado del otro un par de minutos sin decirse nada y respirando profundamente por el cansancio de la follada. De golpe, Laura se levantó y dijo que volvía a casa antes de que regresara su marido y que no sospeche nada, y se vistió rápidamente. Antes de irse, le dio un beso a Antonio y este le devolvió el beso mientras le masajeaba las nalgas que acabo con un cachete cuando Laura lo dejo de besar. Antonio, sonriendo, le dijo:
- A ver cuándo repetimos.
Ella, sonriendo, respondió:
- Ya veremos.
En ese momento rápidamente Laura se subió al coche y se fue, y Antonio se volvió a estirar al sofá retomando la serie donde la había dejado.
Carlos, escondido debajo del ventanal, sintió una mezcla de celos, arrepentimiento y una perturbadora excitación. Carlos se quedó llorando bajo el ventanal, consciente de que había desencadenado algo que no podía deshacer. Su corazón estaba destrozado, pero también se daba cuenta de que algo en esa situación le había dado un morbo que no podía negar. Se odiaba a si mismo.
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