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El Encargado del Parking espabilado

Encontrar un móvil desbloqueado es una suerte, pero usarlo para entrar en la vida íntima de una desconocida es un juego peligroso. Carlos no busca solo sexo, busca el poder de romper la rutina de una mujer 'buena' desde la oscuridad de su cabina.

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El Encargado del Parking espabilado

Carlos, nuestro protagonista, tenía unos 50 años, con una barriga prominente, calvo y con una apariencia poco atractiva. Carlos era el encargado nocturno del parking. Era una zona curiosa, porque era en una zona de oficinas y al lado tenía un restaurante, por lo que había mucho movimiento durante el día, pero por la noche apenas entraban coches. Esa era la jornada en la que trabajaba Carlos, le iba muy bien porque no hacia el huevo como él decía. Así aprovechaba toda la noche en la cabina para ver series o incluso porno y masturbarse como un adolescente. Incluso en alguna ocasión se había traído alguna puta. Al no ser muy agraciado muchas conquistas no había tenido, pero estas pocas también las había traído alguna vez al parking. Digamos que le sacaba el máximo partido a las horas en que estaba trabajando en el parking, al ser la noche, apenas había movimiento de vehículos, por que trabajar lo que se dice trabajar, no lo hacía mucho.

Un día como cualquier otro estaba haciendo su ronda nocturna cuando encontró un móvil abandonado cerca de una de las columnas del parking. Decidió probar suerte y, para su sorpresa, al dibujar una “M” en los 9 puntos de la pantalla de bloqueo, el móvil se desbloqueó. “La gente no tiene en cuenta la seguridad”, pensó con una sonrisa.

Empezó a cotillear el móvil, descubriendo que la propietaria era una tal Ana de unos treinta y pico. Por las fotos que vio era mona y madre de familia, parecía la típica chica bien con trabajo estable y más bien clásica. Miraba a ver si tenía Tinder o algunas fotos comprometedoras para que le sirviese para su paja habitual, pero no había ningún material.

A partir de aquí, curioso y con una mezcla de intenciones, abrió WhatsApp. Vio varias conversaciones abiertas y decidió leer varias de ellas. La propietaria del móvil, Ana, tenía varias amigas con las que hablaba, pero tenía una idea a probar y para hacerlo debía de encontrar la presa perfecta, alguna chica con lo que no hablaba a menudo, por si tenía confianza con ella y se llamaban. Además, en todo momento había el riesgo de que se diera cuenta que había perdido el móvil e inhabilitar la tarjeta y perder el acceso.

¡Para su idea encontró una conversación que le llamó su atención! Era una mujer llamada Marta, interactuaban solamente para felicitarse los aniversarios, fiestas y cosas similares a nivel individual y tenían un grupo en común que por lo que dedujo Carlos eran compañeras de la universidad, pero también un chat muy poco activo y por el estilo que el chat individual, felicitaciones, intercambio de fotos de hijos y poca cosa más.

Carlos entró en el perfil de Marta y vio su foto: era muy guapa, aparentemente debería medir algo más de 160 cm, y debería pesar menos de 60 kg, tenía el pelo liso y moreno, y se fijó que los pechos deberían ser de talla 90. Revisando las conversaciones, Carlos descubrió que Marta estaba casada y tenía hijos, como lo evidenciaban las fotos familiares y los mensajes de felicitaciones de fiestas. Al igual que Ana parecía la típica chica buena y clásica.

Haciéndose pasar por Ana, Carlos comenzó a escribirle:

- ¡Hola Marta! Cuánto tiempo sin hablar. ¿Cómo estás?

- ¡Hola Ana! Sí, ha pasado un tiempo. Estoy bien, gracias. ¿Y tú neni, cómo estás?

- Estoy bien también. Ya sabes, la vida sigue. ¿Qué has estado haciendo?

- Lo de siempre. Trabajo, la casa, los niños. La rutina de siempre —respondió Marta.

- Sigues en el mismo trabajo – pregunto Carlos haciéndose pasar por Ana.

- ¡Si, si! De administrativa en ese antro. Tu igual, ¿no? – pregunto Marta.

- Si toda igual nena – dijo Carlos sin tener muy clara de que trabaja Ana.

Carlos vio su oportunidad y decidió llevar la conversación hacia donde quería:

- Entiendo perfectamente. A veces la rutina puede volverse monótona, ¿no?

- Sí, totalmente. Pero ya me he adaptado a ella. Es lo que hay. Trabajo, niños y la pareja de aquella manera. – dijo Marta.

- ¿Qué os pasa? – pregunto Carlos

- Nada… los años. ¿No te pasa a ti lo mismo?

Carlos sonrió, sabiendo que había abierto la puerta:

- Bueno, tengo que confesarte algo. Hace tiempo, encontré una manera de romper con la rutina. Algo que nunca te conté antes.

Marta, intrigada, preguntó:

- ¿En serio? ¿Qué es?

Carlos, disfrutando del control de la conversación, respondió:

- He estado teniendo relaciones con otra persona. Solo esporádico para romper la rutina, sin compromisos.

Marta, curiosa pero también un poco a la defensiva, respondió:

- ¿De verdad? ¿Está bueno? – vaya estupidez de pregunta pensó Marta cuando la hizo.

Carlos vio la oportunidad de profundizar:

- Bueno, no es exactamente un adonis. Es el vigilante del parking donde suelo dejar el coche para trabajar. Es algo feote, pero folla que te cagas y es discreto.

Marta, aunque interesada, seguía resistiéndose y bastante a la defensiva:

- ¿En serio? No me esperaba eso de ti, Ana. Siempre te he visto como alguien más conservadora.

Carlos decidió intensificar el juego:

- A veces, incluso las personas más conservadoras necesitan escapar de la rutina. Este hombre sabe cómo complacer a una mujer. Aunque no lo parezca, es increíblemente habilidoso, sabe muy lo que hace. Cuando necesito romper la rutina y que me den caña lo aviso y quedamos. Es solo buen sexo que es lo que necesito. Tú, ¿no harías lo mismo?

Marta, tenía curiosidad, pero seguía resistiéndose:

- No sé, Ana. Estoy casada y no quiero arruinar mi matrimonio por un polvo, y por un tío cualquiera. Además, hace mucho que no estoy contenta con mi cuerpo desde que di a luz. Ya me incomoda que me vea mi marido desnuda para que me vean otros.

Carlos, decidido a convencerla, respondió:

- Entiendo tus preocupaciones, pero te aseguro que vale la pena. Además, Carlos es muy discreto y sabe cómo hacerte sentir deseada. No tienes que preocuparte por tu cuerpo, él sabe cómo apreciarlo.

Hubo un momento de silencio antes de que Marta respondiera:

- No Anna, mejor que no. No quiero hacer algo de lo que me arrepienta después.

Carlos decidió enviar una foto:

- Mira, sé que esto es arriesgado, pero te prometo que vale la pena. Aquí tienes una foto para que te hagas una idea de porque me gusta estar con este tío.

Carlos envió una foto explícita de su erección, más o menos normalita, pero busco un plano para que se viera más grande de lo que él la tiene, sabiendo que sería un incentivo poderoso.

Marta no respondió y Carlos pensó que había ido demasiado lejos y la había cagado, ya había perdido la oportunidad de engañar a alguien. Así que se fue a ver una serie en la cabina.

Al cabo de unas horas Marta respondió y Carlos se quedó sorprendido y super feliz de ver que todavía seguía el juego.

- ¡Eso es… impresionante! – respondió Marta.

A continuación, ella siguió la conversación:

- Por mucha polla que tenga, no estoy segura. Creo que paso.

Carlos no cedió:

- Piensa en ello como una aventura. Algo que puedes hacer y luego dejar atrás. Si decides hacerlo, puedo darle tu número a él y que hable contigo directamente. Así puedes conocerlo mejor antes de tomar una decisión.

Después de un largo silencio, Marta respondió:

- Está bien, Ana. Dale mi número y que hable conmigo. Pero esto tiene que ser muy discreto. ¡Y no aseguro que pase nada!

A Marta la había ganado la curiosidad y Carlos lo sabía, tenía muy claro que debía jugar muy bien sus cartas.

Carlos sonrió, sabiendo que estaba ganando:

- No te preocupes. Él es muy discreto. Te aseguro que no te arrepentirás.

Carlos guardó el número y, al día siguiente, envió un mensaje a Marta desde su propio móvil:

- Hola Marta, soy Carlos, el vigilante del parking. Ana me habló de ti. ¿Cómo estás?

Marta respondió rápidamente, aún con nerviosismo:

- Hola, Carlos. Sí, Ana me contó algunas cosas. No estoy segura de esto, y creo que al final paso.

Carlos sabía que la curiosidad era su aliada:

- No te preocupes, podemos tomarlo con calma. ¿Te gustaría conocerme mejor antes de decidir? – intervino Carlos con miedo de que no se acabara el juego y el ganase.

Marta respondió con frialdad y a la defensiva:

- No estoy segura, Carlos. Esto es muy nuevo para mí y no quiero complicaciones. Mejor no.

Carlos, astuto, decidió añadir un poco de presión, vio que todavía tenía acceso al móvil de Ana y podía jugar a dos bandas. Y sacaría la carta de los celos y la presión grupal:

- Entiendo tu preocupación. Pero Ana me dijo que también lo han hecho dos amigas más del grupo, y todas quedaron encantadas. Puedes preguntarles a ellas. ¡Venga anímate!

Marta, intrigada pero aún dudosa, preguntó:

- ¿De verdad? ¿Quiénes?

Carlos, sabiendo que tenía que jugar bien sus cartas, respondió:

- Te lo diría, pero prefiero que se lo preguntes a Ana directamente.

Utilizando el móvil de Ana, Carlos confirmó la historia a Marta, cuando esta se lo pregunto. Previamente vio que en el grupo de amigas de la universidad también había una tal Laura y Patricia, y las introdujo en la historia:

- Sí, Marta. Carlos también estuvo con Laura y Patricia. Las tres nos encanta follar con él para salir de la rutina. Pero no les digas nada a ellas, que no al igual que tu no quieren que nadie se entere.

Marta, enfadada, respondió:

- ¡Maldita sea, Ana! Dijimos que esto debía ser confidencial. ¿Ellas no sabrán nada?

Carlos, haciéndose pasar por Ana, respondió:

- No, no Marta, ellas no saben nada, no les he hablado de que te he pasado el contacto. Lo siento, Marta, como has preguntado pensaba que lo querías saber. Pero te aseguro que no se lo digo a nadie. De hecho, fue Laura quien me lo presentó, ella fue quien en un día que quedamos me hablo de él como te estoy haciendo yo ahora. Solo quiero que tú también lo experimentes, a nosotras nos va de perlas como válvula de escape.

- No sé, Ana. Me pone muy nerviosa. – dijo Marta.

- Deberías probarlo. ¿Qué es lo peor que podría pasar? – aquí Carlos empezaba a ver que ya la tenía convencida.

- Bueno, supongo que tienes razón. ¿Y de qué hablo con él? ¿Qué le digo que sí y ya está?

Aquí Carlos decidió probar algo, por si al final no avanzaba el tema, al menos tener material para algunas pajas.

- Dile lo que quieras. Tal vez podrías empezar jugando con él y enviándole alguna foto. Cuando no he podido quedar con él, lo hecho alguna vez para jugar y da morbillo, como previa puede ir bien – dijo Carlos haciéndose pasar por Anna, aquí ya dudaba si Marta accedería.

- ¿Una foto? No sé si podría hacer eso…

- Algo sencillo. ¿Qué tal una foto de tu escote? – mientras decía esto Carlos ya estaba mega excitado y no paraba de acariciarse la polla.

- ¡Bueno… me lo pienso que voy a duchar a los niños! – dijo Marta.

Marta, después de pensarlo un rato y cuando está sola en el sofá de su casa mientras los niños y su marido duermen. Decide enviar una foto tímida de su escote, sin intermediar ninguna palabra.

- ¡Wow, Marta! Te ves increíble. – dijo Carlos que estaba adormilado en su cabina y se despertó de golpe.

- Gracias, Carlos. Me alegra que te guste.

- ¿Tienes más fotos así? Me encantaría verlas. – dijo Carlos mientras ya tenía su polla en su mano.

A lo que Marta algo sonrojada y excitada ante la situación respondió:

- Bueno… tal vez una más.

Marta se sentía como una reina, hacía tiempo que nadie le pedía cosas así y volverse a sentir deseada le excitaba mucho, aunque el tipo fuera feo le empezó a gustar la situación. Además, si sus amigas lo habían hecho porque ella no, se dijo a si misma.

Así que decidió ponerse frente el espejo, levantarse el vestido que tenía y hacerse una foto por delante y por detrás en que se le veía el tanga que llevaba.

Carlos al ver la foto vio que estaba ganando el juego, además de estar mega excitado y tenía la polla a explotar. Por lo que decidió hacerse una foto de la polla, pero con un plano que se viera más grande lo que es.

- Marta, eres impresionante. Aquí tienes algo para ti.

Marta empezando a estar excitada le respondió:

- Vaya, Carlos… no esperaba provocarte esto.

Lo siento si es demasiado, pero me tienes realmente excitado. - dijo Carlos realmente caliente.

Marta después de unos momentos de duda y de excitación, decide continuar: - Está bien. Tal vez una última foto.

A lo que Marta se saca completamente el vestido para poderse hacer una foto de sus pechos que han sido lactantes hace pocos años y esto le genera inseguridad pero se anima y se hace para enviársela a Carlos.

Marta, eres simplemente perfecta. – dijo Carlos sin poder aguantar y sacando un chorro de su polla tras ver la foto.

Aquí acabo todo, Marta se despidió de Carlos con un sentimiento culpa y de excitación. Estaba muy confundida.

A lo que Carlos rápidamente escribió: - ¿Cuándo quedamos?

A la mañana siguiente Carlos recibió respuesta de Marta. Y pensaba que ya lo tenía todo ganado y fue un jarro de agua fría cuando vio su comentario.

- No estoy segura de esto, Carlos —escribió Marta.

- Entiendo. Pero te prometo que te haré sentir increíble. Sé que, como tus amigas, estas en una etapa en que estás insegura con tu cuerpo por ser madre, pero te aseguro que eres hermosa. De todas eres la más me ha gustado, ya viste anoche como me ponías. Para mi eres perfecta. – dijo Carlos siendo consciente que era su última arma, jugar con esta información que había sacado de las conversaciones que tenia Ana con el resto de las amigas y con Marta.

Marta, tocada por sus palabras, respondió:

- Gracias, Carlos. Quizás te visite, pero no prometo que pase nada.

- Te espero esta noche, nadie nos molestara hoy en el parking – dijo Carlos mientras pasaba la localización del parking a Marta sabiendo que ya era su último cartucho.

Carlos, ya estaba satisfecho, al menos con las fotos ya tenía material para algunas pajas.

Preparo la cabina del parking por si venia, pero finalmente tenía pocas esperanzas. Era ya la noche y como muchas otras se puso en la cabina a ver una serie.

Al cabo de unos minutos pudo oír pasos que venían de la entrada del fondo del parking y una silueta que se acercaba. Se fijo y reconoció a Marta, aquí fue cuando empezó a flipar de que le hubiese salido bien el juego, y se tuvo que centrar para que los nervios no lo traicionasen, debía controlar la situación para que acabara bien.

Salió a recibirla fuera de la cabina y la vio sonriéndole, pero visiblemente nerviosa. Llevaba un vestido holgado de color azul, no definían su figura, però ya la vio el otro día con las fotos que le envió. Llevaba el pelo recogido en una coleta y un suave perfume floral que no pudo identificar cual era. Cuando la vio de cerca aprecio que era mucho más guapa de lo que había visto en las fotos, y por supuesto que las putas y ligues que había traído alguna vez a esa cabina. Ella era el número uno en su ranking de chicas de la cabina, pensó en su interior.

Carlos la recibió con una sonrisa cálida, flipando con lo buena que estaba y alucinando con que su engaño estuviera funcionando de nuevo.

- Así que tú eres Marta —dijo, su voz ronca con un toque de deseo.

Ella asintió, sintiendo una mezcla de nerviosismo y excitación. Carlos la cogió de la mano y la guió dentro de la cabina, cerrando la puerta tras ellos. Sin perder tiempo, se acercó a ella y comenzaron a hablar.

- ¿Cómo estás? —preguntó Carlos.

- Un poco nerviosa, la verdad —respondió Marta.

- No te preocupes, solo quiero que te sientas cómoda. Ana me ha hablado mucho de ti también cuando me paso tu contacto.

- ¿En serio? ¿Qué te ha dicho? – dijo Marta reaccionando de golpe, pareciendo que se despertaba de golpe del embrujo de Carlos.

- Que eres una mujer increíble. Y viendo tu foto de perfil, tengo que decir que estoy de acuerdo.

Marta sonrió, algo sonrojada. No estaba acostumbrada a los halagos y se notaba. Esta ha sido y será su punto débil. No entendía como podía haber maridos que no atendían debidamente a sus mujeres con lo buenas que estaban. Marta para romper el hielo víctima del nerviosismo le dijo:

- Gracias. ¿A qué te dedicas además del parking, Carlos?

- Soy el vigilante de este parking en el turno de noche, pero también hago algunos trabajos de mantenimiento. Por ejemplo, en este parking.

- Entiendo. Bueno, este lugar parece estar bien cuidado. – dijo Marta como parte de una conversación insulsa.

Carlos sonrió, y se aproximó a ella y le dijo mientras la cogía de las manos:

- Gracias. Me esfuerzo en ello. Entonces, Ana me dijo que buscabas algo para romper la rutina como le pasa a ella, ¿no?

Marta, aún dudosa, respondió:

- No estaba buscando nada en específico, pero supongo que algo diferente no vendría mal. Si mis amigas lo han probado y están contentas porque yo no.

Carlos comprobó que la carta de utilizar las amigas había funcionado en ese momento se fue acercando un poco más y rozó suavemente su brazo con los dedos:

- A veces, un pequeño cambio puede hacer una gran diferencia. – dijo Carlos mientras la acariciaba el brazo.

Marta, sintiendo el contacto, no se apartó. Carlos la tomó de la mano, sus dedos entrelazándose con los de ella.

- Solo quiero que te sientas bien —dijo, su voz baja y tranquilizadora.

Marta, aunque nerviosa, comenzó a relajarse un poco, pero albergaba alguna duda todavía:

- Está bien. Solo… no estoy segura de querer hacer esto todavía.

Carlos decidió volver a jugar la carta de las amigas y se acercó más, su voz suave y persuasiva:

- Podemos ir despacio. Solo lo que tú quieras. Siempre la primera vez cuesta más, lo vi también en tus amigas cuando vinieron. Y tú eres la que más me gusta de todas, no se lo digas a ninguna de ellas.

Marta asintió, permitiéndole que la guiara, no quería ser menos que sus amigas, con lo que Marta se acercó más a Carlos.

Carlos la acercó más y vio que ya estaba venciendo así que empezó a besarla suavemente su cuello mientras sus manos recorrían su costado con dirección hacia sus pechos. Que los empezó a acariciar por encima del vestido.

Sin perder tiempo, la acercó y la besó con intensidad. Marta respondió al beso, sus inhibiciones desvaneciéndose rápidamente.

Carlos la desnudó lentamente subiendo el vestido que llevaba y sacándoselo por la cabeza. En ese momento Marta se quedó con un sujetador blanco y un tanga a juego. Carlos la volvió a besar, disfrutando cada momento mientras sus manos recorrían su cuerpo. Marta lo aparto un momento para desabrocharse el sujetador a lo que Carlos empezó a mordisquear sus pechos y a acariciar el coño de Marta por encima del tanga. Marta gemía suavemente, su piel erizándose bajo el toque experto de Carlos. En ese momento Carlos se apartó un momento y le dijo:

- Eres hermosa- susurró, antes de besar su cuello y bajar lentamente, dejando un rastro de besos hasta llegar a sus pechos. Sus manos trabajaban en sincronía con su boca, acariciando y apretando, arrancando gemidos de placer de Marta. Con esto ya sabía que había ganado y la tenía a su merced.

En ese momento Carlos se apartó de nuevo para bajar el tanga de Marta viendo un primer plano de su coño. Un coño, que se veía con los labios hinchados por la excitación, con el pelo recortado en una fila de pelos ordenados, no lo tenía depilado per si cuidado. Cogió a Marta de la mano y la acompaño a estirarse al sofá.

Carlos empezó un camino de besos en el cuello que fue bajando hacia abajo. Cuando llegó a su entrepierna, Marta estaba ya al borde del éxtasis. Carlos la complació con habilidad haciéndola una buena comida de coño, sus movimientos eran precisos y apasionados, de algo le había servido las practicas que había hecho con diferentes putas a lo largo de los años. Marta se arqueó, sus gemidos estaban resonando en la cabina mientras Carlos la llevaba al límite y más allá. Hubo un momento que a Marta se le escapo un gruñido diciendo: - Joder! ¡Que comida de coño! No pares cabrón – estaba desatada ella también.

Después de hacerla llegar al clímax, Carlos se levantó y se desabrochó los pantalones, liberando su erección. Sin perder tiempo, Marta le empezó a chupar la polla sin necesidad de que se lo pidiese. Mientras se la comía, Carlos aprovecho para irse sacando la ropa para estar más cómodo, inevitablemente se quedó con los calcetines solamente. Se pudo recrear bien, recorriendo con la lengua su polla y poniéndosela toda a la boca, en algún momento la recorría con la lengua hasta llegar a los testículos que se los lamia también. En este momento a Carlos le vino un flash sobre que estaría pensando Marta sobre el tamaño real de su polla, pero no dijo nada así que siguió.

Al cabo de unos minutos veía que ya le faltaba poco para correrse y la quería penetrar, así que la levanto y le abrió de piernas sobre el sofá. En este momento la penetro con dificultades por su barrigota, era una posición incómoda para él. Notaba que no podía hacer entrar toda la polla por la barriga y que Marta iba moviendo su pelvis para intentar que pudiese entrar del todo. Estuvieron así, algo incómodo para Carlos, unos pocos minutos. Tenía a Marta cara a cara y la iba besando, pero se fijó que Marta tenía los ojos cerrados y la cabeza girada. Pensó que seguramente a pesar de follar con él, debería estar pensando en otro, esto le hizo gracia.

Finalmente, Carlos se cansó de esta posición, así que la giro y la puso a cuatro patas y aquí pudo volver a tener otro primer plano de su coño. Antes de penetrarla le dio un azote en el culo al que Marta ni se inmuto, la penetró con fuerza, arrancando un grito de placer a Marta, en esta posición no le molestaba su barriga. Sus movimientos eran rítmicos e intensos, provocando que en cada embestida Marta esté más cerca del clímax una vez más. La tenía cogida por la cintura y la seguía bombeando, a lo que Marta, al igual que en la comida de coño, volvió a soltar un gemido ensordecedor. Ante este gemido, Carlos no se pudo aguantar y se corrió dentro de ella. En ese momento, pensó si hacia bien corriéndose dentro de ella ni se le había pasado por la cabeza utilizar condón, aunque segura que esa niñita pija no tendría ninguna enfermedad.

La cabina se llenó de los sonidos de su pasión, los gemidos y jadeos de Marta mezclándose con los gruñidos de Carlos. Finalmente, ambos llegaron a los clímax juntos, sus cuerpos temblando de placer. En ese momento Carlos se sentó en el sofá al lado de ella y empezó a mirar mientras como se daba la vuelta y se sentaba también. En ese momento Carlos la sonrió y Marta se levantó de golpe y se vistió a toda prisa, todavía respirando con dificultad. Carlos la volvió a mirar con una sonrisa, satisfecho con su noche.

- Espero que hayas disfrutado -dijo, mientras ella se levantaba y cogía el bolso toda seria.

Marta asintió, sabiendo que había vivido una experiencia que nunca olvidaría.

- Quizás repita -dijo ella, dejándolo abierto, lo dijo sin mirar a Carlos con un susurro casi imperceptible.

A lo que Carlos respondió: - Eso espero! ¡Cuando quieras!

Marta se fue rápido por donde había venido. Carlos no sabía cómo había ido al irse de aquella manera le pasaba de todo por la cabeza. Aunque finalmente pensó: “Que me quiten lo bailao, vaya polvo me hechao” y empezó a sonreír que le hubiese salido bien el juego.

Justo en ese momento escucho un sonido y vio que era el móvil de Ana, que había recibido un mensaje de Marta en el que decía:

- Tía ya está, ya lo he hecho. Ha sido brutal, hacía años que no me comían el coño así ni me follaban de esa manera. Con mi marido siempre es uno rápido y muy de vez en cuando sin nada más. Tenías razón para follar y sentirte bien, va bien Carlos. Aunque como decías es bastante feote, cuando me miraba a la cara cerraba los ojos y pensaba en otro. Me he ido rápida porque tenía vergüenza, pero no descarto repetir.

Carlos empezó a sonreír y para evitar problemas le dijo:

- ¡Genial guapi! ¡Me alegro! Recuerda que a partir de ahora es nuestro secreto y no volveremos a hablar de ello.

Horas después, Carlos se dio cuenta de que ya no tenía acceso al móvil de Ana. Pero ya no importaba, porque Marta ahora solo hablaba con él directamente.