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Dominaciónjul 2024

PÍLDORAS DE DISCIPLINA(7) Esposa azotada

Ella manda en la oficina, pero en la cama solo quiere obedecer. Cuando su necesidad de dolor se vuelve insoportable, no hay negociación posible: solo hay azotes, vergüenza y un placer que la deja temblando.

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-Santi, cariño ven a por mí, no puedo más.

-Virginia estoy cerrando una venta, ahora te llamo.

-Que no!!! te he dicho que vengas por mi, me ahogo...

-Vamos a ver, tranquilizate, te digo que estoy cerrando una venta, ya sabes lo importante que es.

-Me da igual la venta y la madre que la parió, ven ahora mismo, o no se lo que voy a hacer, te lo juro por lo más sagrado.

Santiago se tuvo que disculpar con la pareja a la que estaba vendiendo un piso de lujo y tuvo que salir en busca de su esposa al trabajo, no era la primera vez que iba a por ella, pero está vez se iba a enterar.

Cuando llegó al centro donde trabaja su esposa,vio a Lola, la mejojr amiga de Virginia, y le preguntó.

-¿Dónde está?

-Está en enfermería, está otra vez insoportable, es tremenda.

-Pero que le pasa...¿ lo de siempre?

-Pues claro, dice que necesita una azotaina como el aire que respira, y ahora que sabe que vienes tú, está que se sube por las paredes.

Lola y Virginia eran amigas desde la infancia, y conocían todos sus secretos, incluso lo más íntimos, Lola sabía que su amiga Virgi como ella la llamaba, pese a ser una mujer nada sumisa, y bastante dominante en muchos aspectos de las vida, era adicta a dos cosas, a los azotes y a su marido, y claro cuando se juntaban ambas cosas, aquello era droga, y además de las duras.

- Le voy a dar una... Me cago hasta en la madre que la parió...

A Santiago le encantaba por supuesto azotar a su esposa, lo habia hecho desde que eran novios, pero lo que no soportaba es que tenía que ser cuando y cómo ella quisiera, pese a ser la azotada, en realidad ella era la que mandaba en el matrimonio, desde luego el papel de malcriada consentida que empezó como un juego, ya había pasado a la vida real.

Entró como una exhalación a enfermería y Virgi en cuanto lo vio saltó como una gacela y se tiró a los brazos de su marido.

Los dos primeros guantazos, uno en cada mejilla, le revolvieron el pelo

-Cuquico, perdoname...

Plasss plasssss plasssss plasssss, tras otros 4 guantazos, la agarró del pelo y la sacó arrastrando de la enfermería, Virgi iba con su uniforme y no le dio tiempo ni a cambiarse, la llevó asi hasta el coche, cada vez que tropezaba le daba un bofetón, antes de llegar al coche tropezó otra vez y le costó 4 azotazos sobre el fino pantalón que la dejaron con el culo ardiendo y dando saltos con una niña.

La metió en el coche de un empujón, algunas compañeras vieron todo, y más de una acabó con las bragas chorreando.

-Cuántas veces lo hemos hablado Virginia, cuántas???

-Necesitaba una azotaina tuya joder, la necesito más que comer, me molesta todo, no soporto que me toque ni el aire, me pongo insoportable, no lo puedo remediar... BUAAAA BUAAAAAA. El llanto no era fingido, le salió del alma.

Su marido la miró y se apiadó un poco de ella, él la había hecho un poco así, en sus años de novios la azotaba y la castigaba como juego y ahora ella lo necesitaba como el aire.

- Cuando lleguemos a la casa prepárate.

Al oir aquella frase casi se corre.

- Lo siento.

- Baby y castigada.

-Baby nooooo

- Baby, calcetas y zapatillas.

- Pero porquéeeee

-Las rabietas te las quito yo, joder que si te las quito.

Lo de introducir ropa de castigo para algunas azotainas, había sido cosa de Virginia, que cuando le gustaba una cosa, no paraba de pensar en ello, y de darle vueltas, hasta que conseguia que todo fuera mucho mejor.

Llegaron a casa, un dúplex en las afueras, y antes de entrar por la puerta, Santi la abrió y metió a su mujer a azotazo limpio, para vergüenza de esta.

- Vete a la buhardilla y ya sabes cómo te quiero, en el rincon y te subes el baby, cuando entre quiero ver ese culo(otra inonovación de Virgi.)

-Pero cucooooo

La mirada de su marido era de cabreo, así que esta vez en vez de patalear, subió a cumplir las órdenes.

Cuando Santi subió se encontró a su esposa de pie en el rincón, era la posición de estar castigada, con el baby levantado, el culo ofrecido y desnudo, con calcetas, zapatillas y coletas, las coletas no se las había pedido, pero ella era muy creativa.

Le acaricio el culo con su mano derecha, y le preguntó al oído.

-¿Necesitabas una azotaina verdad?

Ella no podía ni hablar de lo excitada que estaba y dijo que si moviendo la cabeza.

- Y no te podías esperar a que terminara con la venta, ¿verdad?

Ahora movió la cabeza diciendo que no.

- PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS PLASSS

Cada azote era contestado por un gemido más de placer que de dolor, se le saltaban las lágrimas, sin embargo, sacaba el culo pidiendo más, y claro, su marido le dio más y más y más, le dejaba la marca de su mano en ambas nalgas, y ella estaba tan necesitada que en uno de aquellos azotes, se corrió viva.

-¿Sin mi permiso?

-Lo siento mucho mi señor.

-¿Ahora soy tu señor?

-Siempre lo eres, y necesitaba esto amor mío, ya me conoces.

Entonces oyó como su esposo empezó a desabrocharse el cinturón, era un sonido que la aterraba y excitaba con la misma intensidad, entonces mirándolo de reojo, sin atreverse a perder su posición de castigo, le suplicó a su esposo.

-Cariño con la correa no, te lo suplico.

-Ya va siendo hora de que aprendas a no molestarme en el trabajo.

Santi acabo de quitarse el cinto, lo dobló en dos, y empezó a azotar el macizo culo de su esposa

-SLASHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHH

-¿No querías una azotaina?

-Auuuuuuuuuuuuuuuu para para, ya ya, buaaaaaa buaaaaaaaaaa, lo siento

SLASHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHHHHH SLASHHHHHHHHHHHHH.

La zurra continuó, Virginia se tuvo que apoyar en la pared para no perder la posición, fue un castigo duro, pero muy muy excitante para ambos, eso sí, una acabó ahogada en lágrimas, y el otro extenuado, pero ambos excitados y sedientos de más placer.

Tomaron un poco de aire, Santi se acercó por detrás a su esposa, la abrazó y le besó el cuello para consolarla, esto supuso que ella aumentara su llanto, le encantaba sentirse mimada por el amor de su vida, que mientras la seguía teniendo abrazada por detrás, metió la mano por debajo de su baby que ya se le había bajado, y le le metió un dedo en su coñito, esta vez tampocó lo defraudó, lo sacó calado, luego dos y luego tres, después uno tras otro, se los fue metiendo en el culo, ya iban bien lubricados, así que entraron bien.

Virginia aunque se moría de vergüenza cada vez que su marido le veía el culo desnudo, se lo azotaba, o se lo follaba, en realidad lo estaba deseando, deseaba las tres cosas, ya había hecho dos, y ahora iba a hacer la tercera, así que cuando se dio cuenta de que se estaba bajando el pantalón casi se mea del gusto.

Santi sin soltar a su mujer, la puso sobre la cómoda que había junto a la cama, Virginia se dobló perfectamente en un ángulo de 90 grados, no era la primera vez que lo hacía, la visión que tenía su marido era el de una colegiala vestida con un baby de niña de cuadritos rojos y blancos, que le llegaba a medio muslo, pero levantado para dejar el culo al aire, unas calcetas de punto blancas, que le llegaban hasta casi las rodillas, y unas zapatillas de casa rosas, llevas en cahncla, que le daban junto a las coletas un aspecto aun más infantil.

Santi no se lo pensó mucho, le dió un azote, y enculó a su mujer por detrás, esa primera embestida era para los dos la mejor, esa invasión tremenda, dolorosa y placentera a la vez, la agarró de las caderas, y siguió dándole muy lentamente, cuando la excitación crecía por momentos, con la mano izquierda le amasó una teta y con la otra le azotó de nuevo el culo, uno de aquellos chasquidos producidos por el impacto de la mano con la nalga, fue el detonante para que ambos se corrieran, no a la vez, pero casi.

Cuando ya la había taladrado, le dijo al oído.

- Una semana castigada.

Cuando Virginia oía, sobre todo de boca de su marido, la palabra castigo o castigada se ponía cardíaca, y las mariposas en el estómago le duraban horas, y esta vez no fue menos.

Al día siguiente, aunque al principio estaba muerta de vergüenza, en realidad era la más sonriente y feliz de las compañeras, y en secreto la envidia de muchas, su compañera Lola le preguntó.

-¿Estás ya bien?

-No te das una idea.