Vacaciones en la República Dominicana (Día 2)
Belén sabía que Fran no podría resistirse a verla bailar con otro hombre. En la playa, el camarero José no solo le ofreció una clase de salsa, sino que puso sus manos donde Fran siempre había querido. ¿Podrá ella controlar el ritmo sin perder el control de su marido?
Día 2:
Aunque Fran pensase lo contrario, durante estos años de sequía libertina, Belén también había recordado en repetidas ocasiones en todas las aventuras que habían vivido.
Si es verdad que después de la última ocasión, se le habían quitado las ganas de buscarlo, pero más de una vez, claro que le hubiera apetecido un buen revolcón como los de antes. El problema era con quien y, sobretodo, como lo afrontaría él.
Cuando decidieron parar lo hicieron porque habían llegado a un punto casi enfermizo. Fran estaba obsesionado con el cornudismo y prácticamente la reclamaba que follase por follar con el primero que se cruzara por el camino. Y así no. Independientemente del placer que pudiera proporcionarle follar con otros, ellos estaban por encima de todo, y aquello que comenzó como un juego divertido no podía ser una obsesión.
Se habían borrado de todas las redes sociales swinger y prácticamente no habían vuelto a ver a ninguno de sus amigos liberales, simplemente evitaban el ambiente para no recaer sin sentido.
Pero claro que había pensado en Leny en cuanto Fran dijo que irían a la República Dominicana. Claro que había pensado también en la posibilidad de tontear con un hamaquero joven y guapo y acabar follandoselo delante de su marido en la habitación del hotel.
Cuando despertó y abrió las cortinas del balcón: “¡guau, qué vistas!¡Qué playaza!”. No le importó que alguien pudiera verla desnuda desde la playa, allí nadie les conocía. Se dijo “hay que ver cómo se ha currado Fran el viaje, como todos los sitios donde vamos a estar sean como este”. Se giró para mirarle, como queriendo compartir el momento, pero Fran aún dormía. Pensó en despertarle con una buena mamada, de hecho el lucía una tremenda erección matutina, corrió las cortinas para que desde la cama se vieran las vistas, se sentó a su lado y con cuidado retiró la sabana que le cubría. Comenzó recorriendo de arriba a abajo con la lengua, ensalivando el glande para tragársela por completo. Fran ya se había despertado, pero se hizo el dormido para dejarla seguir. Belén se lo tomó con calma, estaba disfrutando de la mamada que le hacía a su chico cuando este le dijo, casi susurrando. Siéntate encima, mi amor. Follatela. Ella no lo dudo y colocándose justo encima de él se la clavó sin miramiento.
“Te gustan las vistas?” Le preguntó ella.
“Ahora mismo me parecen increíbles. El jodido paraíso” contestó él mientras ella comenzaba a moverse rítmicamente sobre la iniesta polla de Fran y llevaba su mano al clitoris para masajeárselo.
“Eso es amor, tócate quiero que te corras para mi” le dijo Fran sujetando sus pezones y comenzando a retorcérselos suavemente.
“Oh si, no voy a tardar mucho” replicó ella.
“Estás muy cachonda, ¿eh?… yo también amor, córrete” dijo él.
“Hazlo conmigo, córrete tú también, ahhhh” contesto ella comenzando a convulsionarse y gemir ante el orgasmo que está experimentando.
Fran se apartó al poco, aguantando para no correrse. No quería hacerlo.
Ella ni se lo planteo, ya le conocía de sobra, sabía que era un guarro y que prefería estar todo el día excitado, sin correrse, pensando en sexo como si se autotorturase hasta que llegase la ocasión perfecta. Belén se la limpió y le besó.
Se quedaron abrazados durante minutos, mirando desde la cama el paisaje, mar esmeralda y una playa de palmeras de ensueño.
“¿Me vas a zorrear estos días, amor?” De repente dijo Fran.
“Es lo que quieres ¿no?” Respondió ella.
“Ya lo sabes de sobra, por mi hubiéramos seguido igual” dijo el “pero a ti ¿te apetece?”
“No te puedo negar que no me apetezca dejarme querer un poquito, sobretodo porque mira como te pones y los polvos que me echas, pero no va a ser a cualquier precio, ni con cualquiera, ni a todas horas” respondió ella mientras Fran casi daba un salto de alegria en la cama.
“No me jodas, ¿de verdad?” Dijo él visiblemente excitado.
“Todo se verá, pero no te ilusiones, una cincuentona ya no tiene mercado” respondió ella.
“Una cincuentona tal vez no, pero tú estás muy buena, y lo sabes cabrona, y ya verás como surgen de debajo de las piedras, amor” continuo Fran completamente emocionado.
“De momento hoy me pondré el bikini negro, pero no te emociones, ni me la líes, que te conozco” volvió a decir ella.
“¿Y esta noche? Me dejas presumir de hembra caliente en alguna discoteca ¿qué te pondrás? El vestido transparente?” Siguió Fran visiblemente excitado.
“Ya veremos, no quieras correr, cornudito” sentenció Belén.
Era la primera vez desde hacía mucho tiempo que Belén le llamaba cornudito, aquello era un gran paso, o así lo entendió Fran.
Se arreglaron para bajar a desayunar, el hotel era pequeño y había pocos huéspedes en esa época. Todo parejas, de todas las edades y nacionalidades. Fran echo el ojo a unos rusos (o eso parecían) de unos 30, ella era explosiva, la típica rubia instagramer, el no le andaba a la zaga. Altísimo, bronceado y cachas, o por lo menos eso dejaba ver el collar dorado que sobresalía de su camisa desabrochada.
“Vaya dos buenorros” comentó Fran, “e inaccesibles” le dijo ella. “Pero no ves que tienen como 20 años menos, es que lo tuyo no tiene nombre. Se te da pie y ya estás buscando con quien”
“Oye, oye, que yo no he dicho nada de eso, vamos más me gustaría a mi tener a la rubia a cuatro patas” dijo Fran.
“Jajaja, me parto, pues no te preocupes que si la consigues yo te hago el favor de ocupar al novio, pero yo no pienso mover ni un dedo” respondió ella.
“Mujer, tú eres el gancho. El se encandila, se pone cachondo con la MILF y le pide a su chica que entretenga al marido para poder follarte a gusto” le contesto Fran.
“Si si, y ella resulta ser bisexual y los dos para mi mientras tú miras, ¡más quisieras! Anda déjalo que paso de ti. Y no insistas que es peor” sentenció Belén.
No volvieron a hablar del tema. Pasaron por la habitación a ponerse los bañadores y salieron directos a la playa. Al llegar buscaron unas tumbonas. Un hombre, algo mayor que ellos les atendió y les ubico.
La playa era preciosa y a pesar de estar en playa Bávaro, presumiblemente uno de los mayores centros turísticos de la isla, no había demasiada gente.
Los rusos guapos y otros tantos huéspedes que habían reconocido del desayuno ocuparon otras tantas hamacas.
La mañana fue de vuelta y vuelta y algún que otro baño. Durante todo el rato se veía a Fran visiblemente excitado, con el bañador ligueramente abultado. A pesar de ser nudistas el bikini tanga de su mujer le estaba surgiendo efecto. Y es que Fran veía increíble a su mujer, y lo estaba, a sus cincuenta lucía un cuerpazo increíble. Obviamente se notaba que se lo curraba, su culo era grande, lo justo, para querer perderse en el, y ese tanga que peligrosamente se ocultaba entre sus nalgas marcaba dos cachete de lo más perfectos, redondos y duros. Todavía conservaba perfectamente la cintura y vientre, marcando alguna que otra abdominal y su pecho ¡con lo bonito y bien puesto que lo tiene! Lo ocultaba con un bikini de esos de triángulos pequeños.
Hubo un momento que Fran no pudo evitarlo y le acarició el culo, subiendo la mano por la espalda.
“Estate quieto, que hay gente por todas parte” le recrimino ella.
“Es que no puedo amor, estás demasiado buena” argumento él.
“Se, se, se, anda ponte a mirar a la rusa, que lleva un bikini más pequeño que el mio y enseña más” le dijo ella.
“Y tú las abdominales del ruso” respondió él.
Fran no era de los que aguanta mucho rato quieto así que pasados unos minutos la propuso bañarse. No quiso y fue él solo, dejándola tumbada en la hamaca.
El agua está deliciosa y para su sorpresa muy limpia y sin algas. Estuvo un buen rato, tanto que Belén acudido a su búsqueda. Cuando Fran la vio entrar en la orilla e ir adentrándose hacia él no pudo dejar de admirarla ¡Qué buena está! Se dijo.
Al acercarse a él, Fran la abrazó y besó, ella notó enseguida la erección que tenía su marido.
“Eres un guarro ¿te vas a pasar el día empalmado?” Le dijo cariñosamente.
“No quiero otra cosa, ni creo que pueda reprimirme teniéndote así todo el día” dijo él.
Comieron en el chiringuito que tenía el hotel, el camarero estuvo muy simpático con ellos, independientemente de que fueran los únicos clientes que hablaban castellano, tanto Belén como Fran eran muy extrovertidos y simpáticos. Les recomendó un par de restaurantes donde ir a cenar y otros tantos bares de copas
“¿no estarán llenos de turistas? A nosotros nos gusta mezclarnos más con la gente local” Le dijo Fran.
“Pues en ese lugar no pueden perder X, está aquí al lado. Es mucho más divertido y barato, aunque no se yo si estará a la altura de la señora, no es un sitio muy elegante” dijo el camarero.
A Belén le gustó que el camarero, que solo la había visto en bikini dijera que era elegante, y aunque en seguida se pudo hacer a la idea de cómo sería el antro y lo que estaría pensando Fran con eso de la gente loca respondió “y un jueves habrá ambiente”.
“Todos los días, los dominicanos somos mucho de estar en la calle, mucho mejor que los fines de semana que no hay quien entre, porque viene la gente de los alrededores a tomar y bailar” puntualizó el.
“Pues no se hable más, a cenar comida casera y después a tomar una copa y mover el esqueleto a este bar” cuando lo dijo Fran, hasta a él le pareció demasiado anticuado eso de “mover el esqueleto”.
Belén le miro como diciéndole “ya tenías lo que querías ¿no?” Y se levantó al baño.
A esas horas eran los únicos clientes del chiringuito, y es que ya se sabe que los españoles somos de comer tarde. El camarero que ya tenia recogido todo, se acercó a la mesa donde estaba Fran esperando que Belén volviese del baño, había tenido que ir al de hotel, pues era el más cercano.
“Amigo, tu señora está tremenda, que buen trasero se gasta” le dijo a Fran mientras ponía una botella con algún tipo de orujo y tres vasos de chupito sobre la mesa.
“Eso mismo pienso yo” respondió Fran algo sorprendido.
A pesar de lo buscón que era Fran no se había fijado en él todavía, el camarero, que dijo llamarse José era un mulato jovencito, pequeño y fibroso, algo feúcho para su gusto y el de Belén, pero al verlo por primera vez al otro lado de la barra Fran pensó que sería un buen partido para una noche. El comentario que le hizo sobre Belén le encendió.
“Tu sabes que una hembra como la tuya en un sitio como al que te he enviado puede montar una revolución” dijo de nuevo José.
Fran se le quedó mirando como sin saber que contestar, si le seguía el juego iba a ser demasiado obvio que era lo que buscaba, aunque “una revolución” le pareció hasta que podría ser peligroso.
“Hombre, revolución, revolución, está buena pero no creo que sea para tanto” respondió Fran.
“Ja, ja, ja, montaría una revolución en cualquier parte, está demasiado y se la ve una mujer de sangre caliente” prosiguió José.
“No me asustes que entonces no iremos” intentó redirigirlo la conversación.
“No, no, tampoco es para asustarse. Allí van los chicos y chicas que trabajan en los hoteles y en la playa que viven por aquí. No te asustes, todo muy respetuosos y amigables.” Dijo José.
“Ah bueno, ya pensé que nos estabas enviando a algún antro, donde violaban a las turistas, jajajaja” dijo Fran.
“No amigo para nada. Allá va todo el mundo a divertirse, pasarla bien, bailar y conocer gente. Tranquilo que nadie se propasará con vosotros” le tranquilizó José.
“Bueno, a ver si se anima ella, ya sabes, las mujeres mandan” Fran siguió quitando peso a la conversación a pesar de que se había puesto como un burro imaginándose a Belén rodeada de hombres sedientos de una noche de sexo con una turista europea.
Justo en ese momento de la conversación apareció Belén.
“Vaya, veo que habéis hecho buenas migas” dijo.
“Aquí José me estaba invitando a un licor, también trajo un vaso para ti. Siéntate un rato, no me apetece tanta playa, creo que estoy comenzando a achicharrarme” invito Fran a sentarse a Belén, que se sentó junto a él, José le sirvió un poco de orujo en un chupito y le dijo “De una”. Ella provó antes el licor, estaba demasiado fuerte, parecía un tequila, les miró y dijo “A vuestra salud” antes de llevárselo a la boca.
“Está bueno” dijo al dejar el vaso sobre la mesa. José no tardó en coger la botella de nuevo y servir otro “No, no, con uno ya tengo de sobra”
“Mujer, estáis de vacaciones” insistió.
“Vale, tu echalo, pero no me lo pienso tomar seguido” respondió ella añadiéndole una sonrisa de agradecimiento.
“Le decía a Fran…” se arrancó José
“¡Qué estás tremenda!” apuntillo Fran.
“Jajaja, eso también” puntualizó José “pero no Fran, lo que quería decir es que el local al que os he enviado es muy divertido, se toman unos tragos, se charla, se baila mucho, ¿a ti te gusta la salsa? Seguro que eres buena bailarina” continuó José.
“Uy, yo bailar bailar poco” interrumpió Belén.
“Pues habrá buenos profesores que te enseñen, la salsa se aprende rápido, es cuestión de ritmo” añadió José.
“Pero yo soy un desastre, costará más de una clase” siguió la conversación entre Belén y José.
“Si quieres yo me ofrezco a esas primeras clases, soy un gran bailarín” dijo poniéndose de pie y ofreciéndole su mano.
Hay que decir que a Fran se le había puesto muy dura cuando José había dicho que su mujer estaba tremenda y no había hecho más que crecerle a medida que escuchaba a Belén hablar con José. Ya había vivido muchas veces esta sensación de estar presente pero como si la cosa no fuera con él. Y le encantaba.
“Uy no, José muchas gracias, pero prefiero que me enseñes en otro momento” cortó el intento Belén.
“Venga mujer, anímate, déjame que enganche una buena música dijo dirigiéndose dentro de la barra a poner una canción.
Belén miró a su marido, a estas alturas tenía esa carita de cordero degollado que tantas veces había visto antes, cada vez que habían quedado con algún hombre “Lo estás disfrutando verdad cornudo” le dijo al oido antes de besarle.
“Mucho, mira como estoy” respondió Fran.
“Jajaja, me da a mi que te vas a pasar asi todo el viaje” se rió Belén.
José volvió donde estaban y nuevamente lanzó su mano hacia Belén, tirando de ella para ponerla de pie. Belén miró complicemente a Fran, como diciendo “disfrútalo”.
Sonaba salsa, Belén se hizo de rogar, José intentaba agarrarla a la vista de su marido. Belén se dejó e intentó seguir el ritmo. Nunca se le dio bien bailar. José lo notó.
“Carajo” dijo “con el cuerpazo que tienes y que poco ritmo”.
“Jajajaja, ya te dije que era muy mala” respondió Belén divertida.
“Ven pa’ca que te lleve” dijo tirando de ella y pegándose aún más a su cuerpo.
José parecía buen bailarín y enseguida consiguió que dieran unos cuantos pasos, a pesar de eso Belén no acaba de atinar. Las manos de José estaban ya por su cintura, bajando peligrosamente. “Asi mi doña, mueve ese magnifico cucu que tu tienes” le dijo posando su mano sobre la nalga derecha de Belén. Fran estaba que iba a reventar. Belén le miró sabiendo lo que le estaría pasando por la cabeza. Y Belén se dejo llevar sintiendo el cuerpo de José cada vez más pegado al suyo… Y su polla, completamente dura debajo de su pantalón. Se rozarón en varias ocasiones, José iba animándola cada vez más, sin dejar de lanzarla piropos. Ella le sonreía e intentaba seguirle el ritmo, y parecía que lo estaba disfrutando por como se marcaban sus pezones sobre el bikini. En un giro, su culo quedo pegado a la polla de José, miro a su marido y no dudo en restregarse bien con él para sentir toda su dureza. Fran creía morir de gusto. La canción terminó y Belén no dudó en abrazar a José clavándole las tetas sobre su pecho y dandole un beso en la mejilla.
“Gracias caballero, ha sido un auténtico placer esta primera clase de salsa ¿Qué tal lo he hecho?” Le preguntó.
“Fantástico, mi doña, tienes el ritmo ahí dentro” dijo atreviéndose a poner la mano sobre su vientre “solo hay que sacarlo, pero con un par de clases más seguro que te acaba haciendo disfrutar de un buen baile”
“Cómo me gustaría. Tal vez esta noche si nos encontramos en ese local” le dijo Belén apartándose un poco de él para intentar volver a una situación normal. “Y a ti ¿qué te ha parecido?” Dijo dirigiéndose a Fran. Fran estaba sin palabras, como medio atontado, sin saber que responder a lo que José se le adelantó “Me parece a mi que lo ha disfrutado tanto como nosotros dos”… Y todos se echaron a reír.
Apareció un cliente en el chiringuito a pedirse una cerveza y José tuvo que volver a sus quehaceres. Belén aprovechó para acercarse a Fran y decirle “Vamos a la habitación y fóllame, cornudo, me ha puesto muy cachonda”. No tardaron en hacerlo, poco después de que se marchase el cliente y mientras José continuaba detrás de la barra. Ambos se pusieron de pie, el empalme de Fran era tan evidente como los pezones de Belén marcados en el bikini. “José, nos marchamos ya a echarnos una siesta. ¿Nos veremos esta noche?” Dijo Belén. “Por supuesto, mi doña allá me tendrá esperándola para disfrutar de su tremenda sensualidad” le dijo sin cortarse un pelo, y al comprobar el estado de empalme de Fran, no se atrevió a decirle “Y Fran, si ahora necesita mi ayuda, no dude en decírmelo, desde aquí veo todas las terrazas”.
Entraron precipitadamente en el hotel, en el ascensor Belén metió su mano en el bañador de Fran para comprobar su estado “Como estás cornudito, te ha gustado el espectáculo” dijo besándole… “Uf tanto como a ti” dijo Fran metiendo su mano por el tanga para comprobar que estaba mojadísima. Sobra decir el guarrísimo polvo que echaron rememorando el calentón que se habían pegado los dos con el baile con José. “Zorra” “Calienta pollas””Cornudo””Que polla tenía””Como me gustaría que estuviera el aquí el en vez de tu”…. Esta vez Fran no pudo contenerse y prácticamente se corrió a la vez que Belén. Ambos cayeron rendidos, abrazados y felices por el polvo tan salvaje que acababan de echar gracias a José.
Se despertaron un par de horas después, sobre las 18, el sol ya no pegaba tanto. Y era pronto para ir a ningún sitio. Fran saco el móvil y la enseñó una foto de la piscina infinita que había en el hotel. “Quiero hacerte unas fotos como estas en la terraza ¿Subimos? Porfa porfa” le pidió a Belén.
“Fran, jooood, no has tenido ya suficiente por hoy, no me apetece nada” respondió ella. “Vale, vale… la verdad es que ha sido una pasada… pero mañana antes de irnos tenemos que subir a hacer la foto. ¿Qué hacemos ahora? Nos bajamos a la playa de nuevo?”
“O nos arreglamos tranquilamente y nos vamos dando un paseo a ver si encontramos alguno de los restaurantes que nos ha dicho José” dijo ella.
“Vale” y acercándose a ella “Me vas a llevar a bailar esta noche” le dijo al oído. “Eso no te lo crees ni tu” le respondió. “es que siempre estamos igual, ves, más y más, a por el pleno, y cuando lo tengas, otro y otro más”
“Mujer, es que te he visto tan diosa” refunfuñó él.
“Fran, hacia años que no jugábamos tanto, el baile con José ha estado muy bien, ten paciencia, vayamos poco a poco, disfrutando de cada momento. Yo no te prometo que vaya a ir a más, no me agobies ni me presiones, poco a poco. No has visto como de la nada hemos acabado el mejor polvo en mucho tiempo, pues eso…”
“Si lo entiendo, amor, pero es que te veo y no puedo parar, enseguida me pongo cardiaco. Es lo malo que tiene ser un cornudo” dijo él.
“Muy cornudo” puntualizó ella.
Salieron a la búsqueda de un restaurante, había mucho con muy buena pinta, pero el paseo estaba siendo tan agradable que decidieron seguir andando un buen rato más antes de entrar en ninguno. Belén lucía igual de estupenda, con unos pantalones palazzo de lino blancos y un top, que más bien parecía un sujetador, el pelo suelto y rizado como le gustaba a él. Fran quiso ver como todos los hombres con los que se cruzaban la remiraban, a alguno pillo dándose la vuelta para observar el fantástico culo de Belén en el cual se marcaba perfectamente el diminuto tanga. Estaba feliz por poder pasear de la mano de su diosa y ser la envidia de todos esos hombres.
La cena sencillamente genial, no solo por la comida y el local, habían escogido uno de los sitios que les había recomendado José, Fran estaba sumamente gracioso e iluminado, como si se hubiera encendido después del primer día de vacaciones con su mujer. De hecho el siempre fue asi, pero lo últimos años había pegado un bajonazo. Belén se lo notó y al igual que él, estaba tambien super animada.
Después de cenar, Fran intentó de nuevo ir al bar que les había propuesto José, pero al ver la negativa de Belén, tampoco insistió demasiado para no cagarla. Tan solo llevaban un día y con lo juguetona que estaba Belén mejor hacerle caso. Como sabían que en la azotea del hotel había un bar de copas, propuso ir allí. Para ser un miércoles, no estaba mal, por lo menos había 3 parejas más, aunque nada más entrar vieron que en poco se quedarían solos porque estaban acabando sus consumiciones. La terraza estaba genial, lastima que tan poco ambiente, la piscina les encantó. Fran estuvo de arriba para abajo buscando diferentes ángulos y donde haría al día siguiente las fotos a su mujer. Esta le siguió el juego, porque sinceramente, las fotos quedarían espectaculares. Se tomaron la copa, hablaron un rato con la única camarera que quedaba, bastante aburrida y con ganas de que se fueran para cerrar, y se bajaron a la cama. Al día siguiente les tocaba viajar hasta Santo Domingo.
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