Mi primer anal
Las clases de física y química eran solo la excusa; la verdadera lección comenzaba cuando cerraba la puerta. Él creía estar enseñando, pero ella ya tenía planeado cómo sacarle todo lo que ella quería.
Mi primer anal
Me llamo Noah, y el verano pasado descubrí, gracias a mi profesor de apoyo el sexo anal.
Soy Noah, una chica jovencita, delgada (según mi abuela demasiado delgada) y de complexión normal, pelo moreno largo, medio ondulado.
El curso pasado descubrí que las asignaturas de física y química y la de biología no eran lo mío, así que mis padres pensaron que ese año, ya que no íbamos a poder ir de vacaciones, diese clases durante los meses de julio y agosto. Por suerte, no me quitaron ni el gimnasio, algo que me venía de maravilla para despejarme de las clases, así que cuando terminaba las clases particulares, como consuelo solo eran dos días en semana, me iba al gym, ni el salir con mis amigos, siempre que el profesor diera el visto bueno en mis adelantos académicos.
Comencé a primeros de julio, por la tarde, lo de la fresquita era coña porque estábamos a más de 30 grados todos los días. Menos mal que el profesor tenía el aíre acondicionado encendido cuando llegaba a su casa para dar las clases.
El profesor era ya un señor mayor, creo yo, ya que rondaba los 50 años. Vivía solo en un pequeño piso de dos dormitorios, todo perfectamente organizado y limpio. El salón donde dábamos las clases bien iluminado, todo perfectamente colocado, las plantas cerca de la gran ventana, su dormitorio con una de las mejores camas que he visto hecha, todo perfectamente alineado y equilibrado. En la cocina, si quedaban restos de la merienda, ya que yo llegaba sobre esa hora y siempre me ofrecía algo para merendar, aunque siempre se lo rechazaba. El baño, pequeño pero con un olor agradable, parecía que nunca se hubiera usado.
Lo que siempre me llamó la atención es que al profesor le gustaban los videojuegos de coches, en la otra habitación tenía montado un simulador de carreras con una pantalla enorme y unos altavoces para escuchar el sonido de los motores. Era uno de nuestros temas de conversación, porque a mí también me flipan los videojuegos y hablamos de intercambiar juegos, a mí me van más lo de disparos y a él las carreras.
Mi profesor era alto, entrado en carnes, no excesivamente gordo, ya peinaba canas y había algún claro en su cabeza, pero lo mejor que tenía era su gran sentido del humor, algo que era necesario para soportarme a mi, a mis pocas ganas de estudiar y aprender las asignaturas que me costaban tanto ya que las hacía muy amenas, o eso trataba.
Pasaban los días, las tardes se hacían eternas en esas dos horas de clase a pesar del buen trato que me dispensaba el profesor y de que siempre que podía, trataba de hablar de otras cosas.
Una tarde, y qué tarde, estaba viendo el libro de biología, y uno de los temas, al que todavía no había llegado, era sobre el aparato sexual del hombre y la mujer. En unos dibujos bastante explícitos se observaba los genitales de ambos sexos. Traté de desviar el tema sobre los dibujos y el profesor tratando de volver al tema que estábamos dando.
Le pregunté que era el monte de Venus, como si no lo supiese yo, y él apaciblemente, me explicaba en qué consistía. Yo le contesté, sin pensar, que yo no tenía, que me lo depilaba algo a lo que él me contestó que le parecía algo precioso. Seguí desviando la conversación y le pregunté por el ano y que era lo del griego. Me comentó, más o menos así lo entendí, la historia de los hombres de la antigua Grecia y que realizaban el servicio militar desde los siete años hasta los veintiuno y luego tenían las guerras, por lo que conocer mujeres era más tarde en sus vidas y que se tenían que desahogar de alguna forma. Y como los hombres se satisfacían dándose por el culo.
Yo le dije que nunca había practicado el sexo anal y comencé a presionarlo para que me contestase si él lo había practicado, la verdad, no sabía si mi profesor era gay o heterosexual.
Después de mucho insistir me comentó que si lo había practicado con su ex mujer, siendo joven con ella en el asiento trasero de su coche y más tarde cuando convivían juntos.
Mientras el profesor me contaba sus cosas, a mí comenzaba a palpitar mi sexo, y notaba como se iba humedeciendo. No podía imaginar al profesor manteniendo relaciones sexuales de ese tipo.
Yo seguía presionando al profesor con mis preguntas y él se reía de mis ideas cuando de pronto me pidió que me levantase de la silla y me apoyase en la mesa.
Retiró la silla donde yo estaba sentada y se colocó detrás de mi, me bajó los shorts de deporte que llevaba, y comenzó a acariciar mi culo y a abrirlo. Yo me quedé de piedra a sentir sus manos en mi culo y como uno de sus dedos comenzaba a acariciar mi sexo, cuando lo tuvo mojado, comenzó a acariciar mi clítoris mientras su otra mano no dejaba de apretar mi culo. Luego me introdujo el dedo en mi sexo lo me me hizo comenzar a gemir. No sé cómo pasó pero mi profesor me estaba metiendo mano, y yo no sé si por placer o por no esperar esa actitud de mi profesor me dejé hacer.
Comenzó a introducir el dedo más rápido y con su otra mano me subió el top para dejar libres mis pechos que fueron masajeados por su mano libre. Noté como introducía un segundo dedo en mi coñito, que lo aceptó sin problemas, haciendo que mis gemidos fuesen más intensos. De pronto noté como subía el placer y como le avisé que me iba a correr en su mano, caí jadeante sobre la mesa, con los dedos del profesor dentro de mi sexo y este los fue retirando despacio.
Como los tenía húmedos de mi corrida, comenzó a masajear mi ano, en círculos, untando mi corrida en mi agujerito hasta que lo penetró lentamente. Yo traté de incorporarme pero el profesor puso su mano libre en mi hombro para que siguiese apoyada en la mesa. Luego volvió a buscar mis pechos para seguir acariciándolos. Me quité el top para estar más cómoda y que el profesor pudiese sobar a gusto mis tetas que encontró preciosas y perfectas, con unas curvas bien trazadas y un tamaño agradable ya que le cabían perfectamente en su mano.
Su dedo seguía hurgando mi ano, entrando y saliendo, cada vez más rápido, luego me introdujo otro dedo en mi coñito, recibiendo una doble penetración. Cuando sentí ese segundo dedo en mi sexo fui yo quien empezó a moverse para sentir como me penetraba. Después de unos minutos sacó el dedo de mi sexo y lo comenzó a introducir en mi culo. Comencé a protestar, pero el profesor no tenía intención de parar hasta que los dos dedos de su mano me penetraron enteros, luego comenzó a moverlos dentro de mi. Al principio noté cierto dolor y un poco de oposición a que entrasen pero cuando me quise dar cuenta, mi culo aceptaba el mete y saca de esos dos dedos sin problemas y mis gemidos cambiaron de dolor a placer.
El profesor me retiró los dedos para que me subiese boca arriba a la mesa, en un momento, me encontré sentada con las piernas bien abiertas y todo mi cuerpo a disposición del profesor me vio mi sexo depilado y me dijo que era verdad que estaba precioso, volvió a meterme dos dedos en el culo mientras mis pechos y mi sexo eran chupados y acariciados por el profesor. Mis gemidos continuaban y pronto le hice saber que me iba a volver a correr, caí desplomada sobre la mesa, con la respiración agitada, momento que aprovechó el profesor para desnudarse y colocarse entre mis piernas.
Cogió su dura y caliente polla y la comenzó a frotar por mi sexo. Mis labios se abrían al presionar con su polla que recorría desde mi vagina hasta mi clítoris.
Cuando él creyó que era el momento la fue introduciendo en mi coño.
Lentamente, fui sintiendo como su polla me penetraba, no era muy larga, pero si un poco ancha, por lo que costó un poco que me la metiese, pero con paciencia y movimientos lentos pronto toda su polla entró en mi coñito, que la aceptó sin problemas. Me incorporé como pude y vi como esa polla me penetraba, Sus continuos vaivenes la hacían recorrerme entera, casi la sacaba entera, solo dejaba el glande dentro, para a continuación, introducirla hasta sus huevos que rebotaban en mi culo.
Luego me la sacó, me bajó de la mesa, se sentó en una silla y me hizo ponerme encima de él, yo misma cogí su polla y me senté encima, entrando de golpe. Mientras yo me movía sobre aquella polla, él se agarraba a mi culo con una mano, con la otra me apretaba una teta y la otra era devorada por su boca, de pronto, sentí como uno de sus dedos se volvía a introducir en mi culo, pero yo seguía votando sobre aquella polla dura que llenaba mi coño.
Cuando el profesor notó que mi ritmo iba bajando en velocidad volvió a levantarme y a pedirme que me pusiese a cuatro patas en el suelo. Mi culo y mi coño estaban dispuestos para él. Volvió a meterme su polla por el coño y un dedo por el culo, hasta que se separó de mi, me abrió el culo, echó saliva en mi ano y empezó a introducir su polla lentamente, yo apenas me moví, casi no emití ningún sonido, solo recuerdo abrir la boca, apretar los puños y sentir como la polla del profesor se iba introduciendo lentamente en mi culo hasta que quedé totalmente empalada.
Comenzó a moverse cada vez más rápido mientras que sus dedos hábiles comenzaron a acariciar mi clítoris. El placer era enorme, yo me movía también para sentir esa polla recorrer mi culo, hasta que sin poder creerlo me corrí. Creo que fue la tercera vez en un rato. El profesor sacó su polla de mi culo y me hizo tumbarme boca arriba, sentí el frio del suelo, lo que me hizo arquear la espalda, comenzó a pajearse delante de mi con una mano y con la otra acariciaba mis pechos. Pronto me anunció que se iba a correr y descargó su semen en mis tetas. Cuando terminó se incorporó y me ayudó a levantarme del suelo. Jadeante, contemplaba como su corrida resbalaba por mis tetas y mi abdomen. Una vez que nos recuperamos, fuimos al baño donde me limpió con gran dulzura hasta que no quedó resto de nada. Volví al salón, me vestí, recogí mis cosas y me fui a casa, citándonos para la próxima clase.
Acudí puntual a casa del profesor a la siguiente clase, pero las clases de gimnasio las cambié por la cama del profesor.
Una última cosa, aprobé las asignaturas.
Relatos similares
- Hetero: General
Hostel con dos chicas (I)
Carlota sale de la habitación envuelta solo en una toalla, consciente de las miradas. En la habitación, el narrador no pierde la oportunidad: con la…
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalInocencia perdida
- Hetero: General
La pajera (1)
El ascensor se detiene en el quinto piso y la voz de su vecino rompe el silencio: 'Me debes 15 euros'.
Comparte:Primera vezPresion emocionalInocencia perdida
- Hetero: Infidelidad
Mi primer vuelo (1)
Ismael no es solo un piloto; es un cazador que sabe exactamente cómo desarmar a las mujeres.
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Nuevamente con la vecinita hija del pastor
Katy volvió al pueblo con el cuerpo intacto y la mente llena de dudas. Don Lucio sabía que el río era su secreto, y esta vez no pensaba dejarla…
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalTransgresion moral
- Hetero: General
De viaje de novios por una apuesta
Nunca imaginó que debajo de las ropas de una ex monja se escondía un cuerpo dispuesto a todo.
Comparte:Infidelidad ocultaPrimera vezPoder y control
- Hetero: General
Niña Lucía (Joan)
Lucía sabe que su inocencia es una mentira calculada. Cuando Joan llega a su casa, ella toma el control con una ferocidad que lo deja sin aliento,…
Comparte:Primera vezPoder y controlInocencia perdida