Xtories

Karma 5

La oficina se vacía, pero los secretos de la empresa y de sus propios corazones se multiplican. Mientras Oscar busca la verdad en los servidores, Ana busca la verdad en su matrimonio, y ambos descubren que el mayor riesgo no es el hackeo, sino lo que ocurre cuando la memoria vuelve a cobrar vida.

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2013, Mayo 14,

18.30 hs.

¿Y ahora qué hacemos? La voz de Ana saca a Oscar de sus recuerdos.

Ahora no hacemos nada, vemos si se repiten los patrones en Villa Dolores, aunque mucho me temo que sí.

Al llegar al hotel les espera otra sorpresa, no hay multitudes en la puerta.

Luego de tomar un baño, se reúnen para cenar y preparar el día siguiente.

Esta vez lo haremos diferente. Como es muy probable que el método sea el mismo, empieza por bajar de nuestro sistema la información de las fechas de los viajes a Villa Dolores de nuestro staff, esta vez pídele a los hoteles donde se hospedaron, el registro de las reservas de esos días para compararlos. Es muy probable que sean muy próximas a las de Laguna Chas.

¿Entonces mañana no voy contigo?

Tienes que venir, pero primero nos vemos en el bar del hotel al mediodía, cuando tengas todos los datos, si llego a encontrar el mismo problema, puede ser necesario auditar la contabilidad de toda la empresa para estar seguros de que fuera del hackeo está limpia y el único problema es ese.

2013, Mayo 14,

22.00 hs.

Pasan a las habitaciones a descansar de un día intenso, pero nada está más lejos de la intención de Ana, que aprovecha para bajar toda la información pedida y una vez recibida pedir a los hoteles los registros de esos días.

En cambio Oscar, sentado en un sillón con un vaso de vino en la mano, vuelve a sumergirse en su memoria. Viejas historias cobardemente escondidas en lo más profundo de sus recuerdos más oscuros. Momentos de su vida en los que falló a sus amigos y que trató de compensar contratándolos en su empresa, como también sucedió con Ignacio.

Dicen que los casamientos son contagiosos y quizás sea cierto, porque desde el día de la boda de Alberto y Mirta, la novia de Nacho, Marta, comenzó a presionarlo para seguir el camino de su amiga.

Hijo de Haideé, una mujer de fuerte carácter personal, de gran creencia religiosa y siempre dispuesta a dar una mano, era el más bajito de todos al igual que su padre, del que heredó la voz y para orgullo de su abuela, La Beata, también heredó su puesto en el coro de la parroquia. Pero su escaso metro sesenta lo compensaba con creces por su desenfado y simpatía.

Vivían en la casa de la esquina opuesta a la de Alberto, sobre la misma calle. Una modesta casa de ladrillos de techos altos con solo dos dormitorios, un baño y un pequeño office, donde su suegra, oficiando como enfermera improvisada, aplicaba inyecciones a las damas de la familia.

Separados de este ambiente y cruzando un patio, una modesta construcción de madera y techos de chapa albergaba la cocina y un pequeño comedor donde pasábamos largas tardes de invierno jugando a las cartas. En un pequeño fondo con piso de tierra lucían orgullosos un limonero y un mandarino.

De niño lo llamaban el ángel. Poseía una voz prodigiosa y era el encargado de cantar los solos en las misas de los domingos a las ocho, a las que concurría su madre.

A medida que fue creciendo y forzando la garganta para complacer a su progenitora, su voz se le fue apagando, dejándole luego del desarrollo una reconocible ronquera.

Cacho, su padre, también conductor de micro urbano como su futuro suegro, era un morocho cachondo de risa fácil y mano inquieta con las mujeres al que su esposa nunca pudo encarrilar.

Tampoco pudo lograr Haideé que Nacho progresara en la escuela secundaria parroquial y desde ahí, cumplir su sueño de tener un hijo médico. La disciplina secular lo agobiaba y solo logró alcanzar su potencial, cuando su resignada madre lo anotó en tercer año de la escuela pública.

Pícaro, atrevido, encarador y teniendo las tardes libres, comenzó a trabajar de cadete a los quince años en las oficinas de un promotor de seguros. Al alcanzar la mayoría de edad, dejó los estudios, se independizó y abrió su primer local propio. Una pequeña oficina sobre la segunda avenida más importante del vecindario.

No tardó mucho Marta en divulgar entre la pandilla sus deseos de imitar a Mirta, su mejor amiga. Cosa que no entusiasmaba gran cosa a su novio, ya que a diferencia de Alberto, Nacho llevaba una vida sexual activa y placentera, a decir del varón en rueda de amigos, sobre todo según él, desde que disponían del local propio con un buen sillón. Cosa de la que socarronamente dudábamos, dada la gran diferencia de físico y carácter entre ellos.

En ese entonces, Marta tenía una figura exuberante, producto de su gran afición al ejercicio físico y su genética individual, que la había provisto de un buen par de tetas erguidas y un gran culo rematado por un provocador tatuaje de alas en su cintura. Tal como pudimos comprobar en la orgía egipcia.

Más alta que su novio, inquieta, con una madre histérica y controladora y un padre pasota, necesitaba imperiosamente escapar del entorno en que vivía.

Finalmente Nacho, cansado de los reclamos, rindió la plaza y seis meses después de su amiga organizaron la boda. Eso sí, los rumores habían corrido y no hubo despedidas de soltero. Por lo menos con una gran fiesta.

Para esa época, casi todos vivían con sus padres, lo que hacía, salvo para Nacho, bastante dificultosa la intimidad con sus parejas. Tampoco la economía era boyante como para gastar en hoteles, por lo que se aprovechaban a pleno todas las oportunidades que se presentaban.

Una de ellas era la gran autovía circundante. Una trinchera de trescientos metros de ancho con solo dos carriles por mano y el resto parquizada con frondosos árboles centenarios, que en las cálidas noches de verano albergaban a las cachondas parejas.

Este vergel tenía distribuidas regularmente a todo su largo, casitas de estilo alpino destinadas a los guarda parques. Muchas de ellas usadas solo como depósito de herramientas y lugar de descanso de la jornada.

Una de ellas, ubicada a tres calles de la suya, era atendida por un simpático jardinero solterón, que la usaba de aguantadero con más de una casada del vecindario. Hombre que no dudaba en prestarles las llaves cuando la tenía desocupada.

Llaves que eran asignadas entre las parejas en forma regular y equitativa y retiraban bajo una maceta de la entrada.

Dos semanas antes de la boda de Marta y enterados de que la pareja a la cual le tocaba estaría ocupada ayudando con los preparativos de la boda, decidieron tentar suerte Oscar y su pareja. Llevaban más de un par de semanas de abstinencia y estaban necesitados de más intimidad que solo pajas perdidas y mamadas.

Al acercarse al refugio comprendieron cuán equivocados estaban. Desde el interior emergían por la abierta y enrejada ventana, los sonidos inconfundibles de una gran follada.

Se acercaron sonrientes y cachondos a espiar la jodienda y pudieron apreciar la escena al asomarse a la abertura. Iluminada solo por la luz de la luna, la alada cintura de Marta oscilaba su grandioso culo, sentada sobre la figura de su pareja de la que solo veían los pies.

Les extrañó que teniendo su piso usaran el servicio de la cabaña, aunque luego, al poder contemplar el tamaño de la estaca que perforaba a la mujer, no tuvieron dudas de quién se trataba. Una vez más la calentura se impuso sobre la razón y desoyeron el mensaje.

Tampoco ayudó que Liliana, completamente sacada por la brutal escena, se aferrara a la reja y empinando la grupa le pidiera atención, pedido que barrió todos sus prejuicios morales, provocando que enajenado, saque su polla de su incómodo escondite, le corra la braga y la ensarte como a un fiambre.

Una cópula brutal, donde debí darme cuenta que en la cabeza de mi novia, yo no era el protagonista principal de la historia.

Reflexiona con amargura, mientras deja el vaso vacío sobre la pequeña mesa a su lado y se dirige al baño a lavarse los dientes, para irse luego a la cama e intentar un casi imposible descanso

2008

Se completa el organigrama de la empresa

Por imperativo de Haideé, la boda se realizó en la parroquia de barrio y la fiesta en el ateneo parroquial vigilada muy de cerca por la celosa madre y en la cual su marido se dio el gusto de frotarse con todas las mujeres que se lo ponían a tiro aprovechando que su esposa le había aflojado las marcas.

Al volver de las sierras, se instalaron en el viejo dormitorio de Nacho y cambiando la pequeña oficina por una más amplia, Marta se unió como promotora a la incipiente compañía de seguros. De la cual quedó a cargo años después, cuando el negocio de seguros entró en baja y Oscar, saliendo una vez más al rescate de sus amigos con los que creìa estar en deuda, lo incorpora como vendedor suplente a su empresa que estaba en pleno crecimiento.

Finalmente Julio el hijo de José y fortachón como él, fue incorporado como encargado de la seguridad de la compañía.

Con todo el organigrama base montado y para evitar innecesarios choques entre sus dos vendedores estrella, Oscar dividió las ventas por zonas geográficas equilibradas entre población y poder adquisitivo, para que nadie adujera preferencias por el otro, incorporando gradualmente a los viejos amigos en diversos cargos de ambas estructuras.

Con una sola excepción, la de Ana, que recuperada su vieja amistad con Oscar, luego de dos años intensos de poco contacto y dada su formación contable, fue designada como auditora general de la empresa con línea directa a presidencia, lo que devino para Oscar en una gran tempestad de pareja, solo amainada, por el compromiso formal de casamiento ante ambas familias, lo que tampoco fue nada fácil de solventar, dada la historia personal de ambos padres de la pareja.

Una historia confusa, sobre un conflicto que tuvo su origen, -según se rumorea entre las veteranas vecinas- durante un baile de carnaval, donde se comenta que el padre de Liliana tuvo la poca fortuna de aceptar una apuesta para humillar a un patán. Decisión que le provocaría una incertidumbre que marcó toda su vida.

Nov. 2009, Viernes 13

Enterarse, más de veinte años después, que su hija quiere comprometerse con el hijo de La Mole, le es muy difícil de digerir, saber que se tiene que reunir con él, para ponerse de acuerdo en lo que aportará cada familia a la boda, directamente insoportable.

El día de la reunión, sentado a la mesa con angustia en el alma y el rostro amoratado y enfrentado a la pasividad de Segundo, no puede evitar el sentimiento de ser un pobre idiota al que le están tomando el pelo en su propia cara. Tan abstraído está, que se le escapan las miradas de fuego de su mujer cada vez que cruza los ojos de su oponente, miradas que no se escapan de una sonriente Ángela, que mujer como las de antes, disfruta de ver a su otrora arrogante enemiga, doblegada por el macho que la complace en la cama cada dìa.

Reunión infructuosa, en la que Juan no está dispuesto a aceptar que la empresa de Oscar y sus ganancias, queden fuera de los acuerdos previos al matrimonio, el cual además incluye hacerse cargo, a partes iguales por cada familia, de proveerles una casa completamente amueblada. Encuentro que termina repentinamente, cuando Juan ya no puede soportar más el regateo y la sensación de que le están tomando el pelo, se levanta furioso de la mesa y se encierra en su dormitorio ante la sorpresa de todos.

Al salir de la casa de sus futuros suegros, Ángela y Segundo se despiden de Juanita con un beso, la cual aprovecha la ocasión para deslizar un pequeño papel en el bolsillo de la camisa del varón.

Papel con un mensaje, que al llegar a casa comparte con su esposa.

El sábado a las 10 de la noche, el domingo no hay partido.

Segundo mira a su esposa azorado esperando su decisión, la que esta concede con un leve movimiento vertical de su cabeza.

Todo sea por el bien de nuestro hijo.

¿Estás segura?

No, pero puedo soportarlo, sobre todo después de ver los recuerdos que le dejé en la cara a ese infeliz.

Y se marcha a su habitación, dejándolo con la boca abierta.

Nov. 2009, Sábado 14

El sábado y sin saber a qué atenerse, Segundo se presenta vestido con un pantalón vaquero ajustado a sus caderas y una remera de mangas cortas entallada, que a los cincuenta y cuatro años que hoy tiene, aún marca una importante musculatura.

Como era costumbre en el pasado, encuentra la puerta de la sala de descanso abierta y al cruzarla, casi se le saltan los ojos. Juanita, vestida con un vestido muy parecido al de aquella primera vez y marcando un cuerpo de escándalo producto de su afición al gimnasio, -que nunca había dejado-, lo espera parada sema sentada en el borde del pequeño escritorio, con las piernas entrecruzadas y las manos hacia atrás apoyadas sobre la tapa, sacando pecho y luciendo un escote para el infarto.

Pasa y cierra la puerta. ¿O te has vuelto tímido? Le ordena resuelta.

¿Qué es lo que pretendes con esto? Tenemos una vida hecha y lo suficientemente feliz como para ponerla en juego por un capricho.

No es un capricho, por culpa de mi padre nunca pude despedirme de ti como se debe. Si vamos a ser familia no quiero tener materias pendientes contigo.

Lo de ser familia ya no depende de mí, es tu marido quien tiene la última palabra.

Tú pórtate bien, demuéstrame que sigues siendo el mismo y déjame el resto a mí. Ven acércate.

Segundo se acerca despacio, como pidiendo permiso y cuando está al alcance de su mano, Juanita descruza las piernas. Lo toma del cinturón, lo arrastra frente a ella y se cuelga de su cuello mirándolo a los ojos.

Nunca debí obedecer a mi padre, no sabes las veces que me arrepentí de ello. Fuiste mi primer hombre y eso nunca se olvida.

Entonces lo besa, un beso dulce, lleno de sentimientos. Sentimientos que a Segundo le llegan y lo llevan a responder como si los años no hubieran pasado. Beso que se vuelve pasional y desenfrenado, cuando las manos de segundo levantan el vestido mientras las manos de Juanita se afanan en despasar el cinto y bajar el pantalón del hombre junto con la ropa interior.

A los tirones la tanga vuela y mientras los vientres se frotan, Segundo retrocede arrastrándola de las nalgas hasta caer sentado en el sillón. Con el objeto de su deseo aferrado con pasión, Juanita queda de rodillas frente al varón, lo mira con lujuria descontrolada y agachando la cabeza, abre la boca tomando posesión de su trofeo.

Boca golosa que, cuando Segundo reacciona, viola salvajemente tomándola de la cabeza hasta llenarla de esencia, manjar que la sumisa mujer traga diligente, para luego comprobar, que tal como sucedía en el pasado, la erección permanece intacta.

Sin mediar palabras, Juanita se levanta con una sonrisa y luego de morrearse con el hombre en forma intensa intercambiando sabores de lujuria, se monta sobre su regazo y se empala con un grito que proclama añoranza. No median más palabras, la mujer está enajenada y lo cabalga con fiereza hasta quedar derrengada por un orgasmo que la traspasa, descansa unos minutos agradecida y reanuda la jodienda.

Cópula que comienza lenta, sentida. Cópula de despedida que se vuelve violenta cuando Segundo la desmonta, la pone de rodillas y mientras la fornica con placer extremo para ambas partes tomándola de las caderas y abriéndole las nalgas con los pulgares, observa el marrón asterisco besuqueando, como si estuviera llamando a su viejo compañero de batalla.

Excitado por el recuerdo, el varón acelera el ritmo y cuando la mujer estalla en un orgasmo violento, saca su daga empapada y subiendo un par de centímetros la empala sin compasión.

Finalmente Segundo recapacita, se siente usado y extorsionado. piensa en Angelita y pierde el control, acelera el ritmo y mientras la percute con pasión descontrolada, comienza a gritar con fiereza al ritmo de la enculada.

Hazle…entender…al idiota,…que la empresa…no entra… en el trato.

Hazle…entender…al idiota,…que la empresa… no entra…en el trato.

Media hora después, el hombre se guarda la polla y se retira del lugar dejando a la mujer derrengada tapada con una manta. A pesar de su indignación sale con una sonrisa, sabe que es una despedida y que su amada Angelita, le demandará mismo tratamiento para lavar la afrenta.

2013, Mayo 15

07.00 hs.

¿Cómo te ha ido en las presentaciones? Pregunta Oscar a Beto para romper la tensión de la mesa durante el desayuno.

Hay varias empresas interesadas, pero siempre y cuando dejemos de trabajar con la acopiadora. Es la empresa más grande de la zona y no quieren tener choques con ellos. Hablando de este tema, ¿pudieron resolver el problema? -Pregunta sin poder evitar un leve tono de ansiedad en la voz.

Por suerte sí, -contesta Oscar en un tono inusualmente apagado- todo se reducía a un trabajo interno del jefe de contaduría haciendo uso de la clave especial. Ya le pasamos el informe a los directivos y de paso actualizamos el programa y la seguridad. Lo que no entiendo -agrega - es en qué les puede traer problema a los otros exportadores trabajar con nuestros programas.

Yo tampoco lo entiendo, pero es mencionarle a la acopiadora y ya no quieren saber nada. No hubo forma de hacerlos entrar en razón, esta es una pequeña ciudad y todos están relacionados de alguna manera.

Teniendo en cuenta la hora en que llegaste debe haberle llevado mucho tiempo tratar de convencerlos. -Acota Ana sin poder evitar un cierto tono ácido en su voz.

Puedes preguntar sin ironías, no tengo nada que ocultar. Si te unieras a mi grupo de Facebook, verías que mis seguidoras de la zona me han hecho un agasajo.

Tendrías que haber avisado. Podríamos haberte necesitado.

Ja, ja, ja, como si cuando estás con éste necesitaras a alguien más, no me hagas reír. Ni siquiera sé qué hago en este viaje ni que cosa rara se traen entre ustedes con tanto secreto y tanto paseíto. Si no es así, explícame porque seguimos viaje si solo hubo quejas de la acopiadora.

Es muy simple, acota Oscar, ya que estamos por la zona quiero actualizar también los sistemas y las protecciones de Villa Dolores, Armenia y Villa del Mar que es la más grande.

¿Y para qué la necesitas a ella?

Porque si llego a encontrar inconsistencias necesito una visión contable, yo de eso entiendo poco.

Ja, ja, ja, a otro perro con ese hueso, esta tarde me vuelvo. No me gusta hacer el papel de estúpido. Yo no soy furgón de cola de nadie, sigan ustedes con sus secretitos y a mí déjenme en paz. Si no les gusta, a la vuelta hablamos. Adiós, nos vemos el domingo.

Ana intenta replicar, no se le escapa que Beto está nervioso por algo, pero ver la cara de incomodidad en el rostro de Oscar la hace desistir. Nota algo en su expresión que no le termina de cerrar. Como si él supiera que hay algo más en toda esta historia, algo más profundo que lo que descubrieron hasta ahora.

Terminan de desayunar y luego de registrar la salida del hotel, se dirigen al estacionamiento a buscar el vehículo.

Villa Dolores se encuentra a solo sesenta kilómetros de Laguna Chas. Famosa por su acaudalado río y el castillo centenario ubicado en su orilla, hoy albergue de lujo para turistas, es una pequeña ciudad rodeada de grandes campos donde se cultiva la soja.

El viaje dura apenas cuarenta minutos, minutos que parecen horas debido a la tensión y el silencio reinante en el interior del vehículo. Todos son conscientes de que una bomba está a punto de explotar.

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