Resulta que tu mujer es una guarrilla
El tren avanza hacia Madrid, pero el verdadero destino es la degradación. Con Fran al otro lado de la línea y un desconocido dispuesto a todo, Bea descubrirá que su vestido largo es solo el principio de su exposición.
Este relato se puede leer solo o bien leer el relato anterior Amistad y Ayuda. Puedes hacerlo antes o después. Disfrutad en cualquier caso.
Durante los siguientes días seguimos jugando a tres bandas, aunque el objetivo principal era la sorpresa, algunos datos sí que le fui desvelando a Bea. Fran yo seguimos hablando y planeando nuestro siguiente paso.
Para llegar a Madrid debería tomar el tren, los dos nos veríamos en Murcia el viernes a las 9 de la mañana, allí tomaríamos un Altaria. El tren siempre me ha parecido el transporte más morboso, y con un sin fin de posibilidades.
El viaje tenía la duración adecuada para poder darle algo de sal, en cuatro horas nos daría tiempo a disfrutar del paisaje y de Bea.
Bea a pesar de ser las 9 de la mañana estaba radiante, un vestido largo hasta los pies como mucho vuelo que realzara su pechos, tal y como habíamos convenido debajo debería de haber una sorpresa, aunque todavía no lo habida comprobado medias y unas sensuales bragas.
El momento bien valía la inversión, por lo que había reservado en preferente, nos daría algo más de intimidad y espacio, aunque mi idea no era tan obvia como ella pensaba.
Un par de horas después de la salida propuse ir a tomar algo al vagón cafetería, la verdad estaba bastante desconcertada ya que no le había pedido nada sexualmente peligroso, incluso aunque ella se acercara como una gata en celo en varias ocasiones.
Nos pedimos un par de cafés y nos retiramos de la barra para disfrutarlos, pero lo que no sabía Bea es que estaba a punto de comenzar su vertiginoso fin de semana.
- Putita mía me haces un favor, le dije
- Para eso estoy aquí, me contesto, que deseas Darneb
- Ves ese caballero de la barra, le dije marcando un silencio para que pudiera mirar, ve hacia él y ofrécete. No te será muy dificil conseguir ponerle, luego me acercare yo y cerrare el trato, vamos a qué esperas.
Bea con su mirada felina dejo su café a medias y se fue hacia nuestro desconocido, como era de esperar no tardo en atraer su atención.
El hombre me miraba entre frase y frase como buscando mi aprobación o algo, después de cinco minutos me acerque.
Sin mediar palabra con ninguno tome a Bea por la cintura notando en la cara del individuo cierto recelo y temor, pero rápidamente lo tranquilice.
- Buenos días, Bea me decía que se moría de ganas por hablar con usted y quien soy yo para impedirlo, dije, una mujer tan sensual debe ser para compartir, no piensa, preguntante retóricamente.
Con esa rotura de hielo normalice la situación de nuevo de un plumazo, aunque mis intenciones reales no era normalizar ni mucho menos, si no más bien provocar.
Después de algunos intercambios banales sobre el tiempo, el viaje y alguna nimiedad más volví a centrar el tema.
- Carlos me has dicho que era tu nombre, puedo leer tus pensamientos y estoy seguro que mueres por saber lo que esconde este vestido.
Los dos se quedaron helados con mi comentario, el quizás más que Bea, elle se esperaba algo aunque quizás no esto. Los ojos de Carlos a pesar del schock dejaban claro que no me había equivocado y que deseaba no solo descubrir lo que ocultaba el vestido pero mucho más.
- Carlos, Bea es una guarilla y estaría encantada de enseñarte no solo lo que hay debajo pero lo que hay dentro, a que si Puti Bea.
- Me estáis tomando el pelo, dijo nuestro nuevo amigo, os queréis quedar conmigo o qué.
Le dije a Bea que lo sacara de dudas y que metiera su mano dentro de sus pantalones para confirmarlo, mientras ella lo hacía hablaba con él con total naturalidad de lo puta que era mi amiga y de las ganas que tenia de que la montara en los baños del tren.
Podía notar como el corazón de ambos palpitaba sin contención a ritmo de mis palabras y de sus gestos.
- Vamos Carlos que esta puta te va a dar una alegría que nunca olvidaras, le decía guiándole con la mirada a los baños.
Empalmado pero desconfiado, nada puede ser tan bueno o sí. Los tres en amor y compañía nos dirigíamos al baño, como me gustan esos baños amplios en los trenes.
Bea sin tener que recibir una sola orden entendió mis intenciones, y casi antes de que yo cerrara la puerta tras de mí, estaba arrodillada y abriendo la bragueta de nuestro asustado amigo.
El susto se le paso pronto y lo cambio por una terrible erección, mirándome incrédulo por semejante regalo que le daba la vida.
- La chupa bien verdad, le dije, eso sí que no se te corra rápido Bea, déjale energía para que folle.
Mientras Bea chupaba con ahínco la polla del desconocido yo aproveche para llamar a Fran y hacerle partícipe.
- Fran buenos días, oye tu mujer fantástica, ya está de rodillas comiendo su primera polla del día, dije para ser oído.
Bea no paro de chupar pero sus ojos se clavaron en mí, Carlos no se movió pero sus ojos se llenaron aún más de incertidumbre.
Bea chupaba, Carlos disfrutaba y yo charlaba con mi amigo comentándole la jugada, sin dejar de hablar le tendí un condón a Bea. Ella ya era experta en ponerlos con la boca como la mejor de las putas.
Bea y chupaba a su excitado protegiéndole la polla con el preservativo a la misma vez, mientras yo me deleitaba de lo buena que era con Fran.
- Bea suave que no queremos que el señor se corra, que te tiene que follar.
Las miradas de Bea eran oro puro, sus ojos me miraban desde abajo con severidad y lujuria.
La cara de Carlos me decía que o le sacaba los labios de Bea de encima o se correría sin remedio. Sin mediar palabra la tome por su melena, la lleve contra el lavabo, y levante su vestido para dejar ver su culo.
Separe las piernas de Bea, aparte su braga hacia un lado y metí mi dedo para ver si su horno estaba a punto.
- Esta cachondisima, Fran, dije metiendo mi dedo jugoso en la boca de Bea.
- Vamos Carlos fóllatela, la tienes derretida
A Carlos no se le veía un gran amante, pero eso no era lo que estaba haciendo enloquecer a Bea, ser follada por un perfecto desconocido en un baño de un tren y con su marido al otro lado del teléfono ya era bastante para hacerla perder el juicio.
- Carlos te pasó con su marido,
La voz de Fran se escuchaba perfectamente diciéndole que se la follase como a una fulana, y no se quien se ponía más cachondo si Bea o Carlos, todo esto hizo que nuestro nuevo amigo no aguantara más y se corriera antes de tiempo.
Bea noto que el mundo se detenía, estaba caliente, mojada y a medias.
- Follarme con lo que sea pero no me dejéis así, decía casi entre sollozos
- Oye Fran que la puta de tu mujer no se ha corrido, que hago?
Le pase el teléfono a Bea para que Fran escuchase mejor como gemía y rogaba.
Separe bien sus nalgas con unos azotes firmes, meti mi dedo gordo sin contemplaciones en su ano y la ensarte de un movimiento de caderas.
- Gracias Darneb, gracias decía
Con la mano libre tome su pelo y tense su cuerpo, un dedo en el culo, la polla bombeando, Carlos disfrutando, Fran provocándola para que fuera aún más puta, su cara mirándome a través del espejo y su alma girándose sobre si misma otra vez.
Le hice una seña a Carlos para que le propinara un primer azote y así aumentara el ritmo de sus caderas en este frenético vaivén, los siguientes no tuve que decirle nada, el solo se dejó llevar.
- Fran soy una guarra, gemía, me voy a correr en los baños de un tren.
Bea no se había quitado ni las bragas y estaba siendo follada sin perdón, sus caderas, sus labios, su culo, sus pechos se desbocaban sin remedio. Ella seguía rogando, más azotes recibía más pedía, más polla le daba más quería, más guarra se sentía mas disfrutaba.
Bea se corrió sin remedio dejándose casi morir sobre el lavabo y aun jadeante la tome del pelo y metí mi polla en su boca para descargar en ella.
- Fran se está tragando toda mi leche la putita de tu mujer, te cuelgo y luego te llamamos, que no queremos que derrame nada.
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Una esposa complaciente II
Eva llega a casa desnuda bajo un abrigo de piel, con el cuerpo marcado por la noche y el dinero de sus amantes en la mano.
Comparte:Infidelidad consentidaDominacion masculinaTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Hicimos de una fiel esposa nuestra puta privada
Marta siempre fue la esposa ejemplar, reservada y religiosa. Pero cuando la desesperación la lleva a cruzar esa puerta, descubre que su cuerpo guarda…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
En una playa del sur
Llevan años casados y la rutina ha apagado la chispa, pero ella tiene un plan para reavivar el fuego.
Comparte:Exhibicionismo buscadoTrio mfmInfidelidad consentida
- Hetero: Infidelidad
La fiesta de la buena vecindad... a Doris
Con el marido lejos y el cuerpo encendido, Doris no esperaba que la bienvenida de su nuevo barrio fuera tan brutal.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmDominacion masculina
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa cristina y los chicos de la azotea
Desde la oscuridad de un cuarto abandonado, el silencio solo se rompe con los gemidos ahogados de su esposa.
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo buscado
- Hetero: Infidelidad
Mi esposa en vacaciones (2)
Rodolfo siempre creyó que su matrimonio era monógamo, hasta que descubrió que su verdadera pasión no era tocar a Diana, sino verla perderse en los…
Comparte:Infidelidad consentidaTrio mfmExhibicionismo buscado