Xtories

¿Mañana vamos a la playa?

Buscaban soledad en la cala, pero encontraron ojos hambrientos. Cuando el barro cubre la piel, las barreras también se caen. ¿Qué pasa cuando la privacidad se rompe y el deseo toma el control?

Nautilus8220K vistas8.7· 6 votos

Cinco y media de la tarde. Terminando una pesada disgestion por la ingesta de una suculenta paella playera y en medio de una tarde de calor sofocante, en la cabeza de Cecilia solo había lugar para una cosa, playa. Al contrario que en la de Fede, sexo. Tras dos o tres intentos de acercamiento, claramente recibidos e interpretados por ella, pusieron rumbo a la costa. Con el calentón que llevo, el agua fría será una buena terapia, pensó.

Las fechas que escogían para sus merecidas vacaciones siempre iban enfocadas a encontrar cuanta menos gente mejor allá donde fueran. Ese año, el acierto fue mayusculo, pues el tiempo era plenamente veraniego en septiembre y la saturación mínima. Lo que dejaba abierta siempre la posibilidad de tener privacidad en alguna de las innumerables calas que allí se encontraban.

Tras un largo paseo sin encontrar un poco de privacidad llegaron a una zona en la que solo se encontraban dos grupos de chicos muy jovencitos. Al pasar delante de ellos Cecilia percibió como la mirada de varios de ellos se iba directa a sus tetas sin el mas mínimo disimulo. Cecilia llevaba un bikini rojo que realzaba su precioso pecho tapado por un pareo que dejaba poco lugar a la imaginación.

Pusieron sus toallas al final de la playa y se tumbaron a tomar el sol. Cecilia se desabrochó el sujetador del bikini cuando se encontraba boca abajo, tapando con las manos lo poquísimo que pudiese mostrar desde esa posición. Ella no lo percibió esta vez, pero Fede si observo como el grupo de muchacho empezaban a comentar entre ellos mientras se acercaban unos metros para tener mejor perspectiva. Los tienes encelados nena- dijo el. Ella se mordió el labio de una manera que Fede reconocía perfectamente, estaba caliente. Pues ahora van a alucinar. Se abrochó el sujetador y salió corriendo en dirección al agua. Su pecho se balanceaba de tal forma que el la parte de arriba del bikini casi no lograba soportarlo. Una vez allí, le hizo un gesto de invitación que el no tardó en aceptar.

Con ambos ya en el agua empezó el juego de Cecilia. Acariciaba el paquete de su chico viendo que la respuesta era casi instantánea. Se le acercaba y frotaba su sexo con el de el. Al mismo tiempo, tres de los chicos que había cercanos a sus toallas decidieron que también querían remojarse un poco. Cogieron un balón y comenzaron a pasárselo practicamente al lado de ellos. En estas uno de ellos golpeó la pelota con tanto impetu que termino postrandola al lado de la caliente pareja. Cecilia se dio la vuelta, la cogió y se la entregó al muchacho que fue a por ella. Cuidado chicos, nos estáis cortando el rollo y me pongo de muy mala leche cuando estoy caliente y me cortan- Dijo Cecilia. Perdón- respondió el chico sin dejar de mirarle a las tetas y con un pronunciado empalme casi a la vista de Cecilia. Se acercó a sus acompañantes, comentó algo en voz baja, rieron y se alejaron un poco. Aquí no vamos a tener mucha intimidad-dijo Fede. Tienes razón, aunque eso tampoco es tan malo. No decías que te gustaba que nos miraran mientras follabamos- comento entre risas irónicas ella. Anda, vamos tras esa cala, esta mañana en el mercado me dijeron que hay una zona de barros que te dejan la piel como la de un bebé.

Efectivamente. Tras un paseo llegaron a una cala en la que la privacidad era total. Y efectivamente, había una cantidad acojonante de barro. Fede, quítate el bañador. En el pueblo me dijeron que sale fatal cuando se lava. Déjalo ahí- comentó señalando una zona de rocas limpias. El no tenia problema alguno con el nudismo, ni corto ni perezoso, se encontró como vino al mundo y restregándose como un niño pequeño por el barro. Cecilia intentaba aplicarse el barro de manera que no se manchará el bikini, lo que dejaba una escena bastante cómica. Quítatelo, nadie te va a ver- dijo el. ¿Sabes que no es mi estilo, y si pasa alguien que? ¿Quien va a pasar? contestó. Ella lo miro con cara de concesión. Ok, pero solo la parte de arriba. Dejó al aire sus pechos tan preciosos y bien colocados como grandes y adictivos. Dejo esa parte del bañador junto con el de su pareja y siguió aplicándose el barro de manera muy selectiva. Empezó por las piernas, pero con cuidado de no mancharse. Joder tío, si hubieses esperado un poco antes de lanzarte como un cerdo al barro ahora podrías aplicármelo sin que yo perdiese media tarde en esto. Antes de que contestará una voz brotó del pico de la cala, si quieres te lo aplico yo. El chaval del balón y un amigo se encontraban postrados ante nosotros en pelota picada. Sin emitir aun palabra alguna, Cecilia se quedó petrificada al ver el tamaño de los miembros que se gastaban los dos chavales. Fue entonces cuando Fede quedó petrificado ante el comentario de ella: Pedid permiso a mi chico. Muchas veces habían hablado de este tipo de experiencias, pero Fede no pensó jamás que Cecilia pudiera llevarlo a algo mas que una fantasía. Por mi bien- Dijo el. Cuidado chicos, no me manchéis el tanga... o mejor.....- mientras hablaba se desprendió de el y lo lanzó con fuerza a la roca ropero que se habían agenciado. Ellos fueron raudos a su presa. Con mucho cuidado empezaron a restregar el barro por su cuerpo. Primero terminaron las piernas mientras Cecilia se hacia consciente del empalme desmedido de cada uno de los dos. Luego empezaron a manosearle el culo, no perdiendo la oportunidad de rozar sus pollas con el. Cecilia estaba ardiendo y Fede no era menos. Llegaron a la zona del ombligo y el mas lanzado se abalanzo con la boca sobre uno de los pezones de ella. El otro se quedó mirando con cara de pedir permiso para realizar la misma proeza que su compañero. Cecilia levantó el brazo y con cara de vicio invitó al muchacho al festín. Se le escaba un gemido corto cuando los apartó de golpe y les dijo: Aun no habéis terminado de ponerme barro. Con cara de desconcierto, ambos empezaron a deslizar sus manos apretando su pecho con fuerza, arriba y abajo. Disfrutando y deleitándose, pellizcando sus pezones. En estas, uno de los chavales empezó a acariciar su rozar su polla con el coño ardiente de ella. Fue ahí cuando, de manera muy sensual pero firme les paró en seco. Chicos, ya lo pasasteis bien, ¿ahora vamos a remojarnos un poco y a bajarnos todos el calentón ok? Ellos asintieron sin mediar palabra. Los cuatro comenzaron a remojarse y limpiarse el barro con las olas. Pasaron algo mas de media hora hablando, conociéndose. Había risas, comentarios subiditos pero nada fuera de lo normal. Fede, me estoy quedando helada, coges mi bikini y nos largamos a casa?. Ok, vuelvo en un pis pas. Al llegar a la roca Fede encontró su bañador, pero no el de Cecilia. La miró y le gritó: la cala a debido llevárselo al otro lado, voy a buscarlo. Ella le contesto que se diera prisa, que tenia frio. Sin dejar de pensar en lo bochornoso que sería que no encontrasen la prenda, pues habiendo poca gente en la costa, había la suficiente como para intimidarla.

Fede recorrió media playa buscando el bañador. Cuando se estaba dando por vencido y regresaba a la cala le pareció verlo entre las toallas del resto del grupo de chavales que acompañaban a los dos valientes. Se acercó y les recriminó la acción. Ellos no pudieron alegar mas que era una broma inocente y se mostraron bastante intimidados.

Pasada media hora ya de su búsqueda regreso con las dos prendas a la cala donde se encontraban. Allí localizó a Cecilia, estaba extraña y exageradamente cariñosa con los chavales. le acerque la prenda, se la puso y se despidió de ellos con un liviano beso en los labios que los dos agradecieron enormemente.

De camino a casa, Cecilia no paraba de acariciarle el paquete de el mientras conducía. Cuando lleguemos a casa te tengo que contar algo.

Una vez en el apartamento se fue a la ducha. Al terminar se acerco a su pareja. Sabes lo que pasó cuando te fuiste?- le preguntó. Cuéntame.

Al desaparecer tu uno de ellos se me acercó y me dijo que lo de mi bikini era cosa de sus amigos. Que lo hicieron para dejarles un ratito a solas y así estar mas cómodos. Se me lanzó a la boca y me metió la lengua hasta la tráquea. Estaba caliente, pero lo mantuve a ralla. Le dejé besarme y lo aparté. Pero se encendió mas. Se acercó con ese enorme pollón e intentó clavármela de una. No te imaginas el susto. Estaba fuera de si mientras su amigo no paraba de mirar cascándosela, se habían transformado en dos pirados. Tenía miedo de que me hicieran algo. Así que me puse en plan golfa. Espera- le dije mientras lo apartaba. Soy mucho mejor con la lengua. Muerta de miedo me lancé a por su polla y empecé a comérsela como nunca. El chaval se calmó en el acto. Pero el cabrón del otro chico aprovecho mi despiste. Cuando estaba a punto de hacerle correrse el otro clavó su lengua en mi coño y empezó a girarla. Di un bote, pero de golpe me puse calentísima. El chico le puso tanto entusiasmo que en menos de 5 minutos ya me había corrido. Al poco el de la polla enorme la sacó de mi boca y me regó toda la cara con su leche. Terminando de limpiarme, apareciste tu. Creo que nunca me calenté tanto tío. Fede la miraba anonadado pero cachondo perdido, pues a medida que desarrollaba su historia iba acariciando y besando su polla erecta. Ahora te toca a ti. Y sin mas empezó a hacerle una mamada como pocas veces le había hecho. Tanto es así que a los pocos minutos no pudo mas, le aparto la cabeza de su tarea, la tumbó sobre la encimera de la cocina y empezó a follarla como un salvaje. Ella se agarró a los muebles por encima de su cabeza y disfrutaron de un orgasmo mutuo que los dejó totalmente agotados.

Tras la cena y las posteriores copas ella preguntó. ¿Mañana vamos a la playa?