Las vueltas de la vida (2)
El dinero se acaba y la salud mental de su madre se desmorona. Cuando la única salida parece ser un secreto oscuro que Luciana guarda bajo llave, Carolina deberá decidir si sacrifica su orgullo por el bienestar de quien más ama.
Las vueltas de la vida
Primera parte. Capítulo 2
Lo vi alejarse rumbo a Bahía Blanca, alejarse de mi lado, deseando que no fuera para siempre, deseando que tenga el mejor futuro, aunque en el fondo, sabía que esa, podría ser una despedida definitiva, solo el tiempo lo dirá…
Lloré desconsoladamente junto a Mirta, que me abrazó también llorando, me dijo de entrar un momento y preparó el mate.
-Tengo que agradecerte Carolina!
-¿Qué cosa Mirta?
-Que lo hayas apoyado para que acepte ese trabajo, sé lo que Martín te quiere y estoy segura de que si se lo hubieras pedido, se hubiera quedado.
-Mirta, no te voy a mentir, me cuesta y me va a costar mucho su ausencia, pero en ningún momento pensé en pedirle que se quedara, es su oportunidad, su futuro y no podía dejarlo pasar!
-Sin dudas lo querés mucho también!
-Con el alma Mirta! Pero tengo fe en que volveremos a estar juntos! Así lo siento!
Luego de los mates, me fui para casa y me puse a estudiar, si no hacía nada, estaría todo el día pensando en Martín.
Cuando mamá llegó, tomé también unos mates con ella y estuvimos hablando un buen rato, de mí, de Martín, de mi nueva vida y de mi futuro.
A eso de las siete de la tarde, Martín me mandó un mensaje, contándome que ya estaba instalado en el departamento, terminando de arreglar sus cosas y pensando en que cenaría.
Cruzamos varios mensajes, y así lo preferí, escuchar su voz, sin dudas me haría llorar.
Al día siguiente, decidí comprar un cuaderno, donde escribiría lo que me iba pasando y lo que iba sintiendo.
Terminé las cursadas de ese año, aprobándolas todas, y trataría de rendir los tres exámenes finales en diciembre, ya que al no ver a Martín, tenía más tiempo para dedicarle a los estudios.
Con Martín cruzábamos mensajes casi todos los días, donde nos contábamos nuestras cosas, pero sin habernos puesto de acuerdo, no hablábamos de sentimientos, yo no quería decirle lo que lo seguía amando, ni lo que lo extrañaba, ni las ganas que tenía de abrazarlo, de besarlo y de hacer el amor con él, sin dudas, sería mucho más difícil para los dos.
También una vez por semana pasaba a visitar a Mirta o la llamaba por teléfono, sabiendo que había quedado sola aquí, siempre le decía que cualquier cosa, me llamara.
Ese diciembre aprobé los tres finales y con excelente calificaciones, si todo iba bien, el año siguiente, cursaría el último año de la carrera.
Las fiestas de fin de año llegaron y aunque lo pasamos en familia, me faltaba el abrazo de Martín, me imagino lo que deben haber sido para él, las fiestas allá, solo, sin su familia, aunque esa vez, hablamos por teléfono un buen rato.
A mediados de enero, una tarde luego de comprar unas cosas en el centro, pasé a visitar a Mirta y mientras tomábamos unos mates, me contó que Martín le había conseguido un departamento en Bahía Blanca, para que se fuera para allá, y en verdad me puse muy contenta por ella, sé lo que lo extrañaba, y sin dudas, también era un alivio para Martín, tener a su madre cerca.
En una juntada con mis amigas, les conté que Martín de había ido a vivir a Bahía Blanca y las guachas se pusieron contentas, que por fin me lo había sacado de encima, eso me cayó re mal, tan mal que con lágrimas en los ojos, me levanté y me fui, no parecían mis amigas.
Salí del bar triste y enojada con ellas, tomé el primer taxi que encontré y me fui para casa.
De camino dos de mis amigas me llamaron por teléfono, pero no quise atenderlas, no quería hablar con ellas.
Ya en casa, Maite, una de ellas, me mandó un mensaje, que recién leí cerca de las dos de la mañana y decía: “Perdón Caro por lo que pasó esta noche, fuimos unas boludas, no tendríamos que haberte dicho todo eso sabiendo lo que sentís por ese chico. Espero puedas perdonarnos”
No contesté ese mensaje, en el que ni siquiera lo había nombrado, refiriéndose a él como “ese chico”, por el momento no quería saber nada de ellas, si no podían entender y respetar mis sentimientos, no sabía hasta que punto eran mis amigas.
Ese diecisiete de abril, fue el día más tristes de mi vida, estábamos con mamá tomando unos mates en casa, al llegar de la facultad, cuando sonó su teléfono y al atenderlo, una voz de mujer le dijo a mamá, que mi padre se había descompensado al salir del trabajo, que había caído en la calle y que en una ambulancia lo estaban llevando al hospital, que lo habían tenido que reanimar, pues su corazón se había detenido. Cortó la comunicación y salimos las dos, así como estábamos para el hospital.
Al llegar al hospital, nos dijeron que lo habían llevado a la unidad coronaria, indicándonos donde era, para poder tener allí, alguna información de papá.
Mamá estaba abatida, casi que no podía estar de pie. Nos sentamos en la sala de espera frente a la sala, esperando que alguien nos dijera algo.
Casi una hora después, un médico salió y preguntó por los familiares de Juan Arroyo, le dije con la mano que éramos nosotros, y se acercó para darnos la peor noticia, el corazón de papá, se había detenido para nunca más latir.
Fue un golpe muy bajo para mí, pero sobre todo para mamá, que tuvieron que atenderla, pues al recibir la noticia, se descompensó también.
Dos días estuvo internada y luego volvimos a casa, recién ahí, esa noche cuando mamá se quedó dormida, hablé por teléfono con Martín, para contárselo.
No pude evitar las lágrimas durante la llamada y aunque nunca se lo decía, le terminé diciendo que nada me hacía más falta en ese momento que un abrazo suyo y Martín me dijo que le hubiera gustado estar a mi lado en ese momento tan difícil, pero le dije que entendía que su trabajo no le permitía hacerlo.
A partir de allí, Martín me llamaba varias veces a la semana, para ver como andábamos mamá y yo.
Mi vida, de repente, había dado un giro inesperado, la partida de Martín me había afectado y mucho, pero la muerte de papá, me destrozó, tanto que ese año no pude seguir cursando el último año de la carrera.
No tenía cabeza y tampoco quería dejar a mamá tanto tiempo sola, desde la muerte de papá, no había levantado cabeza, la tristeza embargaba sus días.
Para colmo de males, el sueldo de papá, era el principal ingreso de la casa, aunque mamá había cobrado el seguro por fallecimiento, el sueldo de ella, alcanzaba tan solo para sobrevivir, por lo que decidí, ponerme a buscar trabajo.
Me puse a buscar algún trabajo, pensando que al año siguiente, me permitiera volver a la facultad.
Lo primero que conseguí, fue como vendedora en una casa de ropa, pero la dueña me dijo que tan solo sería tres o cuatro meses, una de las empleadas había tenido su hijo y cuando ella regresara, mi trabajo terminaba. Tenía que trabajar ocho horas, pero como en ese tiempo no iba a la facultad, no tuve problema con el horario.
El diez de octubre de ese año, dejé de trabajar en la casa de ropa, aunque la dueña me dijo que lo había hecho muy bien, y que si volvía a necesitar una empleada, me volvería a llamar.
Nuevamente me puse a buscar trabajo, pero tan cerca de fin de año, ya empecé a buscar un trabajo de medio día, para que me permitiera retomar y terminar la carrera.
A mediados de noviembre, vi un aviso pegado en la vidriera de un bar buscando empleadas y decidí preguntar.
Expliqué mi situación y el encargado me dijo que podía ofrecerme un turno de seis horas, desde las dos de la tarde, hasta la ocho de la noche como mesera y al decirle que para mi estaría muy bien, en ese mismo momento, me dijo que podría trabajar allí desde el mes de diciembre.
Eso me puso contenta, dentro de lo que podía estarlo, podría por fin terminar la carrera y llevar dinero a casa mientras tanto.
Antes de comenzar a trabajar, tuve que ir unos días a ver cómo sería mi trabajo, conocer a mis compañeros y compañeras, y probarme el uniforme, que consistía en una camisa blanca con el logotipo del bar y un delantal marrón, el pantalón, podía ser un jean o un pantalón azul.
Al llegar a casa, se lo conté a mamá y las dos nos sentimos aliviadas, un ingreso más en casa, aunque no fuera muy abultado, nos permitiría estar algo más tranquilas.
La última semana de noviembre, aunque no cobraría por esos días, fui al bar para aprender lo que sería mi trabajo y el primero de diciembre, comencé a trabajar oficialmente, mi trabajo sería como mesera junto con tres compañeros, aunque nos iríamos turando, siendo siempre cuatro, por la cantidad de mesas que tenía el bar, en el local, en la vereda y en el patio trasero.
Rápidamente me adapté al trabajo y por suerte los compañeros y compañeras, eran buena onda, sobre todo Luciana, con la que congeniamos enseguida, de mi misma edad y al igual que yo, estudiante universitaria, pero de psicología.
Ese fin de año no fue ni parecido a los que había vivido en mi vida, estando las dos solas, casi que fue como cualquier otro día.
Ese verano, como recién había comenzado a trabajar, no tuve vacaciones, pero no me importó, y en el mes de marzo, volví a la facultad para cursar el último año de la carrera.
Si bien retomaba los estudios, al estar trabajando ya no pasaba tanto tiempo en casa, y lo que más lamentaba, era dejar sola a mamá, que desde la muerte de papá, no había vuelto a ser la misma.
Todo parecía volver a encausarse poco a poco, al estar tantas horas fuera de casa, mamá había vuelto a ocuparse de las muchas cosas, que el año anterior, era yo quien las hacía, limpiar, cocinar, lavar la ropa y salir a hacer las compras.
Una noche de finales de marzo, al llegar del trabajo mamá me dijo que la tía Liliana la había llamado por teléfono para avisarle que el fin de semana largo del dos de abril, vendría a casa, porque necesitaba hablar con mamá.
No le dijo los motivos, pero presentí, aunque no se lo dije a mamá, que tenía que ver con la casa donde vivíamos.
El primero de abril llegó la tía, que no veíamos desde hacía unos años, se quedaría dos días en casa y luego de contarnos algunas novedades de su vida, mientras tomábamos unos mates, antes de que me fuera a trabajar, nos dijo:
-Margarita, Carolina, el motivo por el que he venido, es porque estamos en un gran problema que no podemos resolver.
-¿Qué pasó Lili?
Preguntó mamá, preocupada.
-Hace poco más de tres años, Julio pidió un préstamo hipotecario para montar el negocio con un socio, durante un tiempo funcionaba bien, incluso tuvieron que contratar dos empleados, pero todo se torció luego de un robo que los dejó tecleando y para rematarla, unos de los empleados le hizo un juicio y tuvieron que pagar mucho dinero. El negocio luego de eso, ya no fue lo mismo y tratando de remontarlo, acumularon más deudas, el tema que eran más los gastos que los ingresos y decidieron cerrarlo, teniendo que indemnizar al empleado que quedaba.
-Ay Lili! ¿Y ahora Julio se quedó sin trabajo?
-Estuvo un par de meses sin trabajo, hasta que consiguió como conductor de un remis, pero las deudas nos están ahorcando y si no le pagamos al banco la deuda atrasada, nos van a ejecutar la hipoteca y perderemos la casa…
-Lili! Qué situación!
-Por eso es que necesité venir a hablar con vos, nuestra única salida, sería vender esta casa, sé lo que significará eso para ustedes, pero no tenemos otra salida.
-Te entiendo Lili! Y sé que la mitad de esta casa te corresponde, y que desde que estamos aquí hemos dejado de pagar alquiler, y si esa es la salida, tendremos que buscar otro lugar para vivir.
-Lo siento mucho Marga, te juro que si la situación no fuera esta, nunca te diría que te fueras!
-Ya lo sé! Pero sos mi única hermana, y no podría permitir que te quedaras sin tu casa! Pongamos la casa en venta, con Caro buscaremos algún lugar para alquilar.
-Se los agradezco y les pido mil perdones por esto, pero no tenemos otra manera de juntar ese dinero!
Como si poco fuera, nuestra situación daba varios pasos para atrás, tendríamos que volver a alquilar, pero entendía a mamá, es su única hermana y no iba a permitir que se le complicara su vida, supongo que también, por haber estado viviendo allí tanto tiempo sin pagar alquiler.
Antes de que la tía Liliana se volviera para Carmen de Patagones, fueron a una inmobiliaria y pusieron la casa en venta, y en el tiempo en que tardara en venderse, empezamos a buscar con mamá, un lugar para mudarnos.
Increíblemente, dos semanas después, de la inmobiliaria llamaron a mamá para decirle que había un interesado en comprarla, no tanto por la casa en sí, que no era grande ni nueva, sino por la ubicación y el tamaño del terreno.
Mamá habló por teléfono con su hermana, para contarle, y si luego de verla, el interesado la terminaba comprando, mi tía tendría que volver a viajar para firmar los papeles de la venta.
Cuando el interesado vino a verla, nos dijo que definitivamente la compraría, que su idea era hacer allí una casa mas grande, ya vería si ampliarla o directamente hacerla nueva.
Por suerte nos dijo que no había problema en desalojarla inmediatamente, que nos daba tiempo de buscar un lugar y mudarnos.
Rápidamente, tuvimos que conseguir con mamá, un lugar para vivir, y encontramos un pequeño departamento, que el dueño tenía detrás de su casa a un precio razonable.
La tía Liliana viajó nuevamente, se firmaron los papeles en la inmobiliaria y el comprador transfirió el dinero a las cuentas de mamá y de la tía, que ese mismo día, se volvió a su casa, aunque tendría que volver una vez más, cuando se firmara la escritura definitiva del traspaso.
Esa semana empezamos con mamá a preparar nuestras cosas para la mudanza, hicimos el contrato de alquiler y ya teníamos las llaves de nuestra nueva casa.
El día que me tocó franco en el trabajo, fuimos las dos y la limpiamos a fondo y una semana después, contratamos un camión de mudanzas y desocupamos la que fuera nuestra casa en los últimos años.
A mamá le costó mucho deshacerse de las cosas de papá, pero el departamento era más pequeño y no nos cabían tantas cosas.
Una nueva etapa, comenzaba en nuestras vidas y a mamá pareció afectarle el cambio, volvió a venirse abajo y para colmo, yo seguiría estando fuera de casa por muchas horas.
Si bien con la mitad del dinero de la venta de la casa estábamos un poco más aseguradas, seguíamos cuidando los gastos, la inflación nos irían comiendo poco a poco ese pequeño capital, ya que algunas cosas habíamos comprado, un lavarropas nuevo, el viejo estaba hecho pelota, una heladera mediana, pero con freezer, un poco de ropa para las dos y una bicicleta para mí, así no tenía que depender de los colectivos para moverme.
El trabajo en el bar seguía muy bien, si bien el sueldo no era gran cosa, las propinas ayudaban un poco. Los compañeros cambiaban cada cierto tiempo, seguramente al conseguir un trabajo mejor, pero con Luciana seguíamos compartiendo turno y se podría decir que nos hicimos amigas, incluso fuera del horario de trabajo, nos encontramos para tomarnos una cerveza o cenar.
Mamá no levantaba cabeza, cada día la veía más bajoneada, como sin ganas de nada, hasta le tenía que insistir para que comiera bien, y eso me preocupaba, estaba ya en el último año de la carrera, si volvía a dejarlo para estar más tiempo con ella, no me recibiría tampoco ese año y necesitaba hacerlo para poder conseguir un mejor trabajo como contadora.
Faltaban un par de semanas para las vacaciones de invierno y una noche al llegar a casa, me encontré a mamá sentada en el sillón, con los ojos hinchados de llorar, con la mirada perdida y como sin fuerzas, le hablé y me miraba como ausente, como si no me viera o escuchara y al mirar junto a ella, sobre el sillón, dos blíster de medicamentos, sin ninguna pastilla, al mirarlos, me di cuenta de que era de clonazepam, le pregunté cuantas se había tomado, pero no pudo ni siquiera decírmelo.
Me asusté tanto, que sin perder tiempo y así como estaba, la saqué de casa, nos subimos a un taxi y la llevé a un hospital, llevando los blíster vacíos.
En la guardia conté lo que había sucedido y la ingresaron en urgencias.
Casi un par de horas después, una médica me dijo:
-Le hemos hecho un lavaje de estómago, le colocamos un suero y se quedará internada para poder controlarla.
-¿Está consciente doctora?
-En este momento no, pero sus signos vitales están estables. ¿Ella tiene algún problema anímico o de salud?
-En verdad desde que mi papá falleció el año pasado no ha estado bien, para colmo tuvimos que dejar la casa en que vivíamos!
-Sin dudas esos cambios le han afectado, ya te lo dirá el médico de piso, pero seguramente esté cursando una depresión y tenga que recibir atención psiquiátrica y psicológica.
-Hace un tiempo lo vengo pensando, pero las veces que se lo comenté, no quiso hacerlo.
-Creo que si ha llegado hasta esta situación, esa atención será necesaria! Pero quedate tranquila que está bien! Seguramente duerma varias horas! Yo te diría que vayas a descansar y vuelvas mañana temprano, dejá tu número de teléfono en la enfermería de la terapia intensiva, así te pueden llamar por cualquier cosa.
-Muchas gracias!
-Tranquila que va a estar bien, pero necesita atención.
Me despedí de la amable doctora y me fui al segundo piso, hablé con la enfermera de la terapia, le dejé mi teléfono y me dijo que el horario de visita, al día siguiente, era de doce a doce treinta del mediodía.
Llegué a casa, ni ganas de comer tenía, me saqué la ropa para darme un baño y me largué a llorar desconsoladamente, por suerte había llegado a tiempo, no quería ni llegar a pensar en que hubiera pasado si mamá lo hubiera hecho horas antes.
¿Cuántas personas queridas se iban a ir de mi vida? Primero Martín, después papá, ¿cómo haría para seguir si mamá también me dejaba?
Al día siguiente, le expliqué al dueño del bar lo que había ocurrido con mamá y me dijo que me tomara una semana para poder estar con ella, y esa semana tampoco fui a cursar a la facultad.
Dos días estuvo en terapia, luego la pasaron a una habitación común donde estuvo tres días más, pero el tratamiento psiquiátrico lo tendría que hacer sí o sí, el psiquiatra que la atendió me dijo que era más que urgente, estaba en una condición mental muy delicada y podría volver a pasar algo inesperado.
Antes de que le dieran el alta en el hospital para volver a casa, busqué un psiquiatra y una psicóloga para que atendieran a mamá, y como ella no tenía cobertura médica, el tratamiento lo tendríamos que pagar nosotros, pero no me importó, usaría el dinero de la venta de la casa, la salud de mamá estaba en primer lugar.
Luego de dos días en casa, la acompañé a la consulta con el psiquiatra, me pidió que la esperara afuera y luego de casi una hora, me hiso pasar.
-Señorita, hemos hablado con su madre y ha entendido que necesita atención para poder estar mejor.
-Muy bien doctor! Dígame lo que hay que hacer y lo haremos!
-En este caso, el tratamiento necesario debe ser intensivo, y hemos acordado que estará internada unos días en una clínica, para que la puedan atender.
-Muy bien doctor! Así será!
-Señorita, le voy a pedir su número de teléfono para poder avisarle el horario de internación.
-Muy bien doctor!
Nos pusimos de pie, el doctor saludó a mamá, que seguía como perdida y antes de que saliéramos, el doctor me dijo en voz baja, que a las dos de la tarde me llamaría.
Llegamos a casa sobre el mediodía, preparé algo rápido para comer, y luego junté y ordené todo.
A las dos en punto, me llamó el doctor, me dijo que me alejara de mamá para que no escuchara y lo que me dijo, me hizo estallar las lágrimas, mamá estaba peor de lo que pensaba y necesitaría estar tratada, medicada y contenida las veinticuatro horas del día, que la internarían esa misma tarde a las seis, que preparar un bolso con varias mudas de ropa y efectos personales, ya que en una primera instancia estaría un par de meses en la clínica.
No pude dejar de llorar mientras hablaba con el médico, pero era lo que había que hacer, lo necesario para que mi madre pudiera salir de ese pozo y volver a estar bien.
De regreso de la clínica, no pude evitar llorar un largo rato, el médico al recibirnos, acompañó a mamá hasta dentro de la clínica y yo lo esperé, a pedido suyo, en la sala de espera, y al volver me dijo que durante un mes no podría verla, es decir hasta mediados de agosto, pero que él me informaría de su estado y de su progreso.
Al día siguiente, volví a la clínica y en la administración, me comunicaron los honorarios de la estadía en la clínica, más los honorarios de los profesionales que la tratarían, el psiquiatra, un psicólogo, un médico clínico y las enfermeras, la medicación y algunos otros gastos que podrían surgir, como algunos estudios de laboratorio y alguna otra ropa.
Era un montón de dinero, pero eso no me importaba, si Dios quiere, ese año terminaría la carrera y podría conseguir un buen trabajo, y si ese dinero se gastaba en la salud de mamá, pues ya luego podríamos remontar nuestra situación.
Ese mes fue muy duro para mí, nunca en la vida me había sentido tan sola y la única persona con al que hablaba, era con Luciana, mi compañera de trabajo, que me escuchaba, me hacía compañía y me aconsejaba.
Pasaron los treinta días, el psiquiatra me iba diciendo cada semana como iba la salud de mamá, que en un examen médico, le habían descubierto un problema de tiroides y de hipertensión, para los que comenzaron a tratarla, pero contando los días, con la esperanza de poder verla y abrazarla, el médico me dijo que no estaba evolucionando como esperaban y que estaría treinta días más.
La puta madre, el dinero de la casa, poco a poco se iba terminando, lo único que esperaba es que alcanzara para el tratamiento de mamá, y ya luego veríamos.
Pasaron quince días, y en un llamado del psiquiatra, me comunicó que a mamá la tendrían que operar de un pólipo intestinal, una operación que no revestía peligro, pero que podría llegar a complicarse, si se lo dejaba pasar, por lo que la internarían dos días, para luego volver a la clínica.
Y fue con esa operación, que el dinero que había en la cuenta, casi se terminó, incluso si mamá tenía que pasar otro mes en la clínica, no alcanzaría para cubrir el costo de su internación.
Trataba de seguir con mi vida, estudiando y trabajando, pero lo que más me costaba, era volver a casa y estar sola, extrañaba a horrores a mamá.
La operación de mamá fue sin problemas y volvió, dos días después, a la clínica psiquiátrica, donde el doctor, en esa llamada telefónica, me dio la peor noticia, mamá estaría al menos un mes más, pero podrían llegar a ser más tiempo.
Esa noticia me hizo largarme a llorar desconsoladamente, el dinero que quedaba no alcanzaría para cubrir ese tiempo que mamá tenía que seguir en internación, y todas mis alarmas saltaron. ¿De dónde podría yo conseguir ese dinero? Intentaría conseguir un préstamo bancario, no tenía a quien pedirle dinero prestado.
Faltándome tan poco tiempo para terminar la carrera, no quería llegar a pensar en volver a dejarla para trabajar todo el día y conseguir más dinero.
Una tarde en el trabajo, en un descanso no pude evitar las lágrimas, y en un momento Ignacio, el dueño del bar, se me acercó y me preguntó:
-Carolina, ¿estás bien?
-Perdón Ignacio! Tengo algunos problemas que me están agobiando, pero ya me lavo la cara y vuelvo al trabajo!
-Tranquila! ¿Es por el tema de tu mamá?
-Sí Ignacio! Tiene que seguir internada, encima hace unos días la tuvieron que operar, nada grave, pero esa operación y el costo mensual de la clínica, me han dejado sin dinero, y la verdad no sé qué hacer!
-Si querés, puedo adelantarte dos o tres sueldos, como para sacarte del apuro!
-No quiero abusar Ignacio!
-No estarías abusando! Yo te lo estoy ofreciendo! Sos la mejor empleada del bar y si puedo darte esta pequeña mano, quiero hacerlo! Mi situación no es tan holgada, luego del divorcio, la mensualidad que le paso a mi ex esposa por nuestros tres hijos, no me deja mucho margen, pero puedo adelantarte ese dinero para que puedas salir del paso! Sé que vos no me vas a fallar!
-Eso dalo por seguro Ignacio! Me estás dando una gran mano y te lo agradezco de corazón!
Volví al trabajo, un poco más reconfortada, aunque esa noche hice cuentas y aunque disponer de tres sueldos me ayudaba, al ser un trabajo de media jornada, no era mucho, y así y todo, no alcanzaba a cubrir un mes de internación de mamá.
Un par de días después, le pedí a Ignacio que me tuviera en cuenta para trabajar los días que tenía franco o para cubrir hasta las once de la noche, si algún compañero faltaba, para juntar unos pesos más, todo lo que pudiera.
Una semana después, el psiquiatra me citó en la clínica para ese viernes a las diez de la mañana, por lo que tendría que faltar a la facultad.
Llegué a la clínica minutos antes de las diez y el doctor ya me estaba esperando, me hizo pasar al consultorio y hablamos un momento.
-Carolina, te hice venir hoy, porque luego de que conversemos un momento, podrás ver a tu madre por quince minutos, al menos por esta vez, luego veremos. Ella va mejorando, aunque lentamente, vamos viendo ciertos progresos.
No pude evitar las lágrimas, mientras me iba contando el estado de salud de mi madre, y me decía en ese momento que estaría al menos un par de meses más, con lo que eso significaría económicamente, pero en ese momento no pensé en eso, tan solo quería abrazar a mamá.
-Gracias Doctor! Muero por verla!
-Te pediría que la trataras como si nada hubiera pasado, con la mayor naturalidad, como si se hubieran visto ayer, y también, que evites decirle que la extrañas y que querés que salga lo antes posible, tiene que seguir sintiendo que estar aquí, es en este momento lo mejor para ella.
Sequé mis lágrimas, respiré hondo varias veces y pasé con el doctor a una sala, que supuse el comedor, por las mesas y sillas dispuestas por todo el lugar.
-Tomá asiento Carolina, ahora regreso con tu madre.
Minutos después, la vi entrar, tuve que hacer fuerza para no llorar, me puse de pie y la recibía con una sonrisa.
Nos abrazamos, me dio un hermoso beso en las mejillas y nos sentamos a conversar.
Como me había dicho el médico, le hablé animadamente, contándole que todo iba bien en la facu y el trabajo y ella me contó un poco de sus días allí.
Los minutos pasaron volando y cuando me quise dar cuenta, el doctor venía a buscar a mamá, la visita se había terminado, y con una sonrisa, me despedí de ella, diciéndole que pronto volvería a visitarla.
Salí de la clínica bastante desanimada, creí que faltaba poco para que vuelva a casa, aunque la había visto animada, no podía dejar de pensar en el dinero que haría falta, y en la manera de conseguirlo.
Ese fin de semana, trabajé ambos días, incluso cubrí a un compañero el domingo por la mañana, con lo que entré a las ocho de la mañana y salí a las ocho de la noche.
El martes nos volvimos a encontrar con Luciana, ya que el lunes había sido su día franco. El día estaba lluvioso y a eso de las seis de la tarde, se largó a llover torrencialmente, por lo que en ese momento en el bar, solo había una mesa ocupada, sin dudas esperando que dejara de llover para irse.
Me fui a la sala donde solemos descansar, me senté y no pude evitar las lágrimas.
Cuando Luciana vino a sentarse conmigo, estuvimos conversando, le conté de mi situación económica y de que Ignacio me había adelantado tres sueldos.
Llegó la hora de irnos y no paraba de llover, en bicicleta hasta casa, tenía casi veinte minutos y llegaría empapada.
Luciana me propuso dejar la bici en el bar, y quedarme esa noche en su casa, que estaba a solo tres cuadras del bar, y terminé aceptando.
Llegamos al edificio y entramos las dos, era un departamento en el tercer piso, más bien pequeño pero muy bien arreglado, con todo lo necesario para vivir.
Luciana me dijo que se daría un baño, y le dije que mientras tanto yo preparaba el mate.
Cuando salió del baño, me dijo que se tenía que cambiar para salir, aunque seguía lloviendo, y me dijo que me quedara, que cenara lo que había en la heladera y que me sintiera como en mi casa.
Volvió a la cocina ya cambiada, eran las nueve menos diez de la noche y me dijo:
-Caro, a las nueve y cuarto o nueve y media, me encuentro con alguien!
-¿Algún pretendiente?
-No exactamente! Te voy a contar algo que nadie sabe, nadie! Ni de mi familia ni de mis amigos, pero a vos te lo voy a contar…
-Contame Lu, nunca nadie se enterará por mí!
-Seguramente te habrás preguntado alguna vez como es que, viniendo de una familia laburadora que no le sobra nada y trabajando media jornada en el bar, puedo vestir ropa cara, zapatos y zapatillas de marca, incluso poder bancar este departamento…
-En verdad Lu, nunca pensé en eso!
-Caro… todo esto me lo puedo permitir porque tengo otro ingreso, y en verdad es mi principal fuente de dinero, lo que me permite todo esto, además de tener también mis ahorros.
-¿Y en que trabajás Lu?
-Bueno…, quizás no podría decir que es un trabajo como tal, pero bueno… lo que hago es tener encuentros con hombre por dinero!
-Jodeme!
-Sí Caro, aunque no me gusta la palabra, me prostituyo…
-No te puedo creer!
-La verdad es que no me enorgullece, es por eso que nadie lo sabe! Pero te lo cuento a vos porque quizás hacer algo así, te podría sacar de los apuros económicos por el tema de tu mamá!
-Tampoco se lo conté a nadie, pero Ignacio, sabiendo lo de mamá y mi situación, me adelantó tres salarios, para poder pagar el mes de internación, ya que no llegaba de ninguna manera…
-Por eso te lo digo, quizás sea una forma de poder salir adelante en este tiempo difícil para vos…
-La verdad es que no sé si podría hacer algo así! No sé si me animaría…
-Te voy a contar como empecé yo! Aldana, una compañera de la facu, me lo contó, ella lo hace para bancarse la carrera, y después de pensarlo unos días, decidí también hacerlo! No te voy a decir que me resultó fácil al principio, creo que tenía las mismas dudas que vos, pero tomé coraje y acepté un encuentro con un cliente de ella. No te puedo explicar lo nerviosa que estaba, pero por suerte fue un tipo tranquilo, le expliqué que era mi primera vez y estuvo bien, la verdad.
-¿Y desde cuando lo hacés?
-Hace cosa de un año, y la verdad es que, al menos hasta ahora, no he tenido problemas, la mayoría de los hombres, son de buena posición, profesionales, casi todos casados y con hijos, y lo que menos quieren son problemas, todo es muy discreto, siempre en hoteles o departamentos.
-¿Por eso alquilaste el departamento? ¿Para que los hombres puedan venir aquí?
-En realidad no, ningún hombre sabe donde vivo, ni a que me dedico, ni siquiera mi verdadero nombre, para esto me llamo Roxana y tengo un teléfono que uso solo con mis clientes, que por suerte son bastantes, con lo que me aseguro unos buenos ingresos!
-La verdad es que me sorprendés! ¿Y que serían buenos ingresos?
-Mirá Caro, para que te des una idea, con cuatro, llamémosle servicios al mes, gano lo mismo que en el bar! Y con cada cliente estoy más o menos una hora, hora y media, solo con algunos un poco más
-¿En serio?
-Sí Caro, y por lo general tengo tres o cuatro servicios por semana, a veces algunos más, así que imaginate lo que gano.
-No te puedo creer!
-Pensalo! Puede ser una solución para vos en este momento! Esto no quiere decir que te dediques a esto por siempre, pero te puede servir hasta que tu mamá salga de la clínica, o hasta que te recibas y consigas un buen trabajo!
-No sé…
-Pensalo Caro! Ya me tengo que ir! Vuelvo a más tardar en un par de horas! Sentite como en tu casa!
Nos despedimos, salió del departamento y me dejó pensando, y claramente, bastante alterada.
Yo no podría hacer algo así...
Continuará…
Continúa en
- Relato #217092— title-regex: contiguous parts (1 -> 2)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
La Vanidad de Ana (Libro 1, Capítulo 1)
David siempre ha sido el rey de la casa, pero esta noche su arrogancia cruza la línea. Mientras el joven Albert sirve sus bebidas, David susurra un…
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Nuevamente con la vecinita hija del pastor
Katy volvió al pueblo con el cuerpo intacto y la mente llena de dudas. Don Lucio sabía que el río era su secreto, y esta vez no pensaba dejarla…
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Secuestrados Parte 1
El paraíso se convierte en prisión cuando el motor de una lancha rompe el silencio de la cala.
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Antonella 2
El olor a antiséptico no lograba borrar el recuerdo del caos. Antonella sabía que el camino hacia su hija pasaba por la garganta de su propio…
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalPoder y control
- Hetero: Infidelidad
En esta empresa se ha metido una puta
La oficina se vacía a las ocho de la noche, pero la verdadera reunión apenas comienza. Con las persianas cerradas y el silencio a su favor, ella no…
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Depravando a Livia: capítulos 5 y 6
Valentino no te pide permiso, te da órdenes disfrazadas de oportunidad. Y mientras Jorge espera tu cena romántica, tú ya estás sentada en el Ferrari…
Comparte:Infidelidad ocultaPresion emocionalPoder y control